Ni Rey Desnudo, ni Julio César, simplemente Aito.

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POR SUPER-ADMIN
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Creo que todos los aficionados al baloncesto debemos dar gracias a Don Alejandro García Reneses por existir y por seguir existiendo, cuando me consta que su situación financiera- lo mucho que ganó bien lo invirtió- le permitiría vivir más que desahogadamente lo que le resta de vida, a él y a alguna generación más.

En un mundo gregario y gris, donde el poder de la masa ahoga lo individual, espíritus libres como el suyo, mentes afiladas a base de ir contracorriente, pueden servir de inspiración a muchos técnicos, a muchas personas.

No siendo el vil metal lo que le hace permanecer en la brecha, intuyo que solo su amor por el basket, o su deseo de seguir acallando a sus extremos críticos, le mueven a la hora de decidir afrontar el peso de ser entrenador de un equipo de elite, en una liga de elite, con todos los gravámenes que ello implica en sede de responsabilidad, estrés, presión, tensión o depresión.

Desde que apareciera en la escena nacional entrenando al Cotonificio, convirtiendo aquella cancha en infierno de cobardes, haciendo malabarismos con los Cuesta, Quimet Costa, Andrés Jimenez, Jordi Freixanet, Miquel Pou o Brian Jackson de turno, pasando por su primera época verdinegra, donde siguió progresando a costa del Futbol Club Barcelona de Andoni Serra, hasta su época, más prolongada y fértil, al frente del propio club blaugrana, la figura de Aito ha sido fuente de interminables disputas y bizantinas discusiones.

Los románticos le acusábamos de traicionar el espíritu de compromiso antifutbolero que manifestara en la legendaria NUEVO BASKET al inicio de los ochenta; los verdinegros de dejarlos en la estacada y llevarse a Jiménez y Montero y tontear con Villacampa, los culés de no aprovechar los ingentes presupuestos con que el presidente Josep Lluis Nuñez le dotó para alcanzar la verdadera grandeza; los aficionados de los equipos rivales de conducirse como un maquiavélico manipulador, niño mimado de la ACB y su arbitraje y mal perdedor, y, finalmente, los clásicos de aplicar un sistema de rotaciones que no comprendían.

Por donde iba, e incluso en su propia casa, recibía muestras de repulsa, que fueron forjando cierto amargor en su carácter que trascendió a su rostro, a medio camino entre la petulancia derogatoria y el dolor del incomprendido. Su legendario buen humor, esquivo y flemático, solo nos llega a través de los testimonios de quienes bien le conocen.

Pero él seguía adelante, inmunizado ante la injusticia de su trato, parapetado en sus amistades de toda la vida, caminando aislado y en silencio, como un anacoreta en medio de la multitud.

Como suele ocurrir con estos personajes que a nadie dejan indiferente, entre los aficionados se levantaron trincheras en torno a su figura, y así nacimos los aitistas y los antiatitistas.

Cualquier evento que ocurra en su carrera sufre el escrutinio inmediato de ambas hordas, unos para ensalzarlo- si bueno- o justificarlo- si malo; otros para machacarlo- si malo- o metabolizarlo – si bueno.

Y así, respecto de su prolongada etapa blaugrana, los habrá que únicamente señalen los títulos que consiguió, obviando hablar de los presupuestos que disfrutó y soslayando los títulos que no consiguió.

Y los habrá que recuerden únicamente que frustró a la, hasta el momento, mejor generación de jugadores blaugrana, en su legítimo anhelo de levantar el máximo cetro continental, oscureciendo su impresionante palmarés nacional.

O en relación con su segunda estancia en el Bressol, los habrá que quieran destacar sus logros (una Copa ante el gran dominador nacional en su propio feudo y dos títulos europeos) olvidando sus deméritos (los dos primeros años y no ser capaz, en los dos siguientes, de pasar de semifinales ACB con un gran equipo de la Penya que estaba on fire), y viceversa.

Incluso su fugaz paso por el banquillo nacional puede ser visto en positivo- plata olímpica sin apenas tiempo, este tío es Dios- o menos positivo – con esos jugadores hasta mi abuela.

Y ahora nos encontramos con que en apenas 4 días, el Unicaja de Aito pierde 2 posibles títulos de los 3 en juego durante la temporada.

Y aquí, nuevamente, asistimos a la maniquea exégesis de la realidad aitista:

Visión Hagiográfica. Gran trabajo de Aito que consigue llevar al tercer presupuesto de la ACB a una grandísima final ante el coco de la competición, y en cuanto a la Euroliga, papel discreto pero no se le puede exigir más.

Visión Anatemizadora. Semifracaso en la Copa, sufriendo ante equipos inferiores y cayendo en la prórroga de la final ante un Baskonia más cansado, sin Splitter ni Rakocevic, y reducido a las individualidades de Mickeal, y rotundo fiasco en la Euroliga, cayendo ante un equipo bastante inferior en presupuesto y plantilla.

Sin ánimo de emitir verdades absolutas, resulta evidente, intentando ver las cosas desde una cierta distancia, que el balance parcial- todavía no se ha retitrado- a cierre de ejercicio, de la carrera del Sr. Reneses ha de ser altamente positivo, que es una pauta que todos los proyectos que asumió, a la larga, acabaron mejorando y es una realidad que los equipos de Aito siempre han tenido un sello propio, un aroma a trabajo y modernidad. Aito, desde esas coordenadas hermeneúticas, es un triunfador y un auteur, una combinación tan extraña como ambicionada.

Ahora bien, todos esos activos habilitan un juicio laudatorio, Aito es un gran técnico, de los cinco mejores técnicos españoles de la historia, pero para nada aprovechan para elevarlo a los altares de la arrebatada hipérbole con que algunos de los infatuaitados a menudo se despachan, queriendo meterle a toda costa entre los diez mejores técnicos de la historia del basket europeo, cuando no el mejor; no, para eso Don Alejandro tuvo muchas oportunidades, y las dejó escapar, como en una canción de Los Secretos.

Sea como fuere, lo cierto es que esperemos que tengamos Aito para rato, pues su presencia siempre será garantía de polémica, debate, diatriba y hasta soflama en torno a su enjuta e hirsuta figura.

Ni Rey Desnudo, ni Julio César, simplemente Aito.
 

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