POTENCIAL

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Visto lo visto, al final resultó que el recién finalizado Torneo de la NCAA quedó sellado justo en el instante en el que el comité de selección decidió, durante el célebre Selection Sunday, que North Carolina sería cabeza de serie número uno en el Sur. En realidad, todo estaba este año visto para sentencia mucho antes de que se jugaran los partidos del Bracket.

El choque por el título también quedó cerrado muy pronto. El 34-11 de UNC sobre Michigan State, mediado el primer tiempo, era contundentemente revelador. Los 55 puntos anotados en los primeros 20 minutos (record de la NCAA, por cierto) ya indicaban que Carolina era el indiscutible campeón; y con todo merecimiento además. Claramente.

En UNC, Wayne Ellington, el MOP del Torneo, anotó 19 tantos: con algunos tiros de 3 realmente espectaculares. El base Ty Lawson robó 8 balones y jugó como un líder: además, su papel subió como la espuma de cara al draft de la NBA del próximo mes de junio. El engranaje de Carolina del Norte funcionó tan bien que los 18 puntos y 7 rebotes de su pivote estrella, Tyler Hansbrough, fueron, según muchos analistas, tan sólo una nota al pie.

No para mí. Para mí, este partido nos demostró dos cosas: una, la inequívoca condición de superestrella de la NCAA de Tyler Hansbrough; y dos, Carolina del Norte ha sido un gran equipo de baloncesto durante toda la temporada. Tyler, apodado Psycho-T, ya era, al empezar el partido del lunes pasado, uno de los mejores jugadores universitarios de la era moderna. Pero cada mes de Marzo, durante los últimos tres años, al hombre se le había negado, como si fuera una maldición, el santo grial; la copa sagrada que convierte a los grandes jugadores en mitos: su trofeo de campeón.

Ahora, con un título de la NCAA en su bolsillo, Hansbrough es ya uno de los mejores jugadores de la historia reciente de la Liga Universitaria. Se ha colocado en un olimpo exclusivo: al nivel de otros jugadores excepcionales como Carmelo Anthony o Christian Laettner. El curriculum de Psycho T como jugador universitario es sencillamente impresionante: máximo anotador de todos los tiempos en la Conferencia ACC, dos Final Fours, cuatro selecciones consecutivas en el mejor quinteto de la ACC (un record, por cierto), y cuatro veces elegido para el equipo All-American (otro record más). Ah, y un título de campeón. Por eso, no dejo de esbozar una media sonrisa cada vez que leo a alguno de esos linces que escriben sobre baloncesto universitario asegurar que Tyler Hansbrough está muy sobrevalorado. Todas las opiniones me parecen respetables, por supuesto. Pero algunas de esas opiniones respetables son, sencillamente, grotescas.

Escrito lo cual, el siguiente paso de esta estrella rutilante de Carolina del Norte es, naturalmente, su entrada en el baloncesto profesional, en la Liga NBA. Y aquí la pregunta que me hace todo el mundo, desde el hijo de mi vecino, que es un forofo de todo lo que significa NBA, hasta los amigos que mantienen este blog es: ¿por qué aparece Hansbrough tan abajo en las predicciones del draft de la NBA?. Mi respuesta es siempre la misma y no deja de tener un cierto toque de Perogrullo: el chico está tan abajo en los pronósticos porque no puede estar más arriba. Me explico.

Al margen de toda la alegría, de todo el confeti y de todo el champán, hay un hecho incontestable: Tyler Hansbrough hizo un enorme sacrificio volviendo a jugar un cuarto año con el equipo de los Tar Heels. Sacrificio en términos de dinero; y en términos de desgaste de imagen también. El año pasado, Tyler podría haber estado entre los puestos 20 al 30 de la primera ronda del draft de la NBA. Ahora, en la elección de este año, el consenso es que su nombre se sitúa entre el puesto 25 y el 35: es decir, entre los últimos puestos de la primera ronda y los primeros lugares de la segunda.

La forma más sencilla que tienen algunos expertos de analizar esta situación es apelar a la llamada “maldición de los seniors”, una especie de axioma que viene a decir lo siguiente: “cuánto más tiempo está un (muy buen) jugador en su universidad, más caen sus posibilidades en el draft de la NBA”. Este paradigma, sin ser matemática pura, es una manera muy sencilla de explicar algo que no es especialmente fácil de entender para mucha gente que se (nos) pregunta: ¿por qué un jugador al que se le considera el mejor en la Liga NCAA luego no tiene un reconocimiento similar en las proyecciones de la NBA?.

Siempre digo que esa es una duda muy razonable. Y trato de responderla en base a la experiencia. La ex cátedra se la dejo a los otros; a los que saben de verdad. Veamos: sucede que los tiempos han cambiado mucho: tanto para la NCAA como para la NBA. Hace 30, 25, incluso hace 20 años, un jugador con el curriculum vitae de Tyler sería un indiscutible Top 10. O siendo muy, muy pesimista, sería un Top 15. Sin discusión. Hoy en día, sin embargo, la NBA elige a sus novatos en función del potencial. Potencial: ¡cuántas barbaridades ha cometido la NBA moderna en tu nombre!.

Pues eso; precisamente por el potencial –o por la falta de potencial, en este caso- es por lo que a Hansbrough le condenan todas las quinielas de los scouts y ojeadores de la NBA al furgón de cola del draft. Sencillamente, al chico ya no le ven mucho más potencial. En su caso, afirman los grandes expertos, “lo que hay es lo que ves y lo que ves es lo que hay”. Tyler, dicen los informes, es un chaval que dará siempre el cien por cien; un jugador fuerte, duro y agresivo. Pero esos mismos informes aseveran, con rotundidad, que su potencial de futuro, el mayor activo con el que puede contar hoy en día un novato que aspira a ingresar en la fraternidad profesional, simplemente no existe.

Probablemente los expertos tengan razón. Lo que significa que, para el novato Hansbrough será muy difícil situarse entre las 20 primeras elecciones del draft. Es un hecho irrefutable: hace ya mucho tiempo que los equipos de la NBA no eligen, en las posiciones más importantes del draft, a nadie que no se proyecte como una futura estrella. Pero, sin duda, a medida que vayan cayendo elecciones -muy probablemente en la parte trasera de la primera ronda- algún equipo querrá darle a este muchacho una oportunidad. Y tratará de hacer de él un buen jugador reserva; un buen sexto o séptimo hombre de equipo. Un especialista que, sin ningún género de duda, ayudará mucho a su equipo durante la temporada NBA.

Ese es el horizonte del gran Psycho-T. Cualquier otro escenario más halagüeño se antoja altamente improbable. El hombre, ciertamente, no es una superestrella. Tampoco es esa Gran Esperanza Blanca que muchos llevan esperando que aparezca algún día, sobre todo desde que Larry Bird colgó las botas. Hansbrough es un jugador que va a trabajar duro dondequiera que fiche; noche tras noche. Su ética de trabajo es incuestionable: por eso ha mejorado su juego, de manera clara, y año tras año, en el baloncesto colegial. Captura rebotes. Defiende con inteligencia. Ha mejorado, también, su tiro exterior durante sus cuatro años en Carolina.

Eso es lo que hay: valores muy notables del juego que harán de Tyler un buen jugador de NBA, y además con una previsible larga carrera en la Liga. Porque una cosa sí que es rotundamente cierta: a Tyler Hansrough no le va a ocurrir lo mismo que le sucedió a Christian Laettner, la estrella de Duke. Gracias a esa falta de potencial, el chaval no va a tener que soportar toda aquella inmensa, terrible, presión que tuvo que soportar Laettner cuando decidió incorporarse a la NBA. Hansbrough va a llegar a la Liga sin presión alguna.

Pero, ocurra lo que ocurra el próximo mes de junio, Tyler Hansbrough nos ha dejado ya su sello en el baloncesto universitario. Ha dominado la competición de una manera rotunda, a veces devastadora. Ha sido un jugador impresionante. Un líder silencioso que ha sido capaz de llevar a su equipo a la cima de la montaña. Un joven ejemplar que sacrificó varios cientos de miles de dólares con la noble intención de graduarse y de conquistar un título de campeón. Por todo eso, Tyler Hansbrough permanecerá en nuestra memoria para siempre: como uno de los mejores jugadores universitarios de toda la historia. Como un grande de este juego.

Que luego, para las gentes de la NBA, el chaval no tenga ese preciado potencial no deja de ser sino una simple, singular, y puede que hasta macabra, paradoja del destino.

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