Tú, cuya mano me ha bañado
de un fuego transparente las espaldas,
cuyos ojos en claros naufragios hundieron
algunos principios elementales de mi alma,
tú eres mi patria.
LA MEMORIA
Dicen que la memoria es el talento de los tontos, pero ¡ay de aquel que no tiene nada que recordar!, hasta recordar lo tonto es recordar, que recuerda el que sintió, y sintiendo es como vivimos.
En Basketaldia el recuerdo lo impregnaba todo, a veces incluso la disección del presente, que siempre presente estaba.
Lo llamaban perspectiva
Tú, que no tienes apellido,
que no sé si eres pájaro o si alcándara,
que de todos tus brazos las letras de plomo
cayéndose han ido, como si fueran nueces vanas,
tú eres mis padres
y mi patria.
LOS AMIGOS
Decir amigo es decir juegos, escuela, calle y niñez.
Basketaldia fue nuestro desván de juegos, un espacio eterno e imposible, que vino a dar sentido a muchas vidas de aficionados, un don que siempre nos acompañará.
Fue nuestra escuela y nuestra calle, en ellas quedaron atrapados aquellos niños que nunca quisimos dejar de ser, y que el amor por el baloncesto hizo como que se mantuvieran vivos.
Decir amigo no se hace extraño cuando se tiene sed de veinte años y pocas penas, y el alma sin medias suelas.
Tú, que ni tú te acuerdas dónde
tendiste a orear las nubes blancas,
que de tantos amores que tienes confundes
el nombre de todos los días de cada semana,
tú eres mi Dios
y mis padres
y mi patria.
EL TELEFONO
Era el cordón umbilical, que nos conectaba con el remoto estudio.
De aquel aparato manaba el milagro, la placenta del encuentro con los amigos, los recuerdos y la belleza.
Imaginábamos caras, gestos y alientos, con él en nuestras manos el reloj volaba hacia la madrugada, el tiempo detenido de puro delirio.
Nunca estuvimos más cerca del sueño de la eternidad que con aquel teléfono, en la penumbra, soñando baloncesto.
Tú, que tan dulcemente besas
que el cielo bocabajo se volcaba,
y que no se sabía de quién ya la lengua,
de quién la saliva, de puro sabrosa y templada,
tú eres mis leyes
y mi Dios
y mis padres
y mi patria.
EL ENCUENTRO.
Fue hace dos años, con motivo y ocasión de la Copa del Rey celebrada en Vitoria.
Tuve el inmenso honor de dirigir aquel programa, casi tan inmenso como el de poner caras a aquellas extrañas voces que invadían mi casa en la noche de los viernes, y compartir con ellas unos cuantos momentos inolvidables,
Decir amigo es decir lejos, y antes fue decir adiós, y ayer y siempre lo tuyo nuestro, y lo mío de los dos.
Tú, que apacientas calaveras
por las praderas de la verde África
y a los rojos leones les echas de pasto
las rosas de leche de aquella luna de Sumatra,
tú eres mi ejército
y mis leyes
y mi Dios
y mis padres
y mi patria.
LA BELLEZA.
En Basketaldia reivindicamos el espejismo de intentar ser nosotros mismos.
Nos alistamos en ese viaje hacia la nada que consiste en la certeza, de encontrar en la mirada ………….
Y, sobre todo, buscamos la Belleza, que, como todos sabemos, es la única protesta que merece la pena en este asqueroso mundo.
Hasta siempre, Josean.
Eres mi ejército y mis leyes
y mi Dios y mis padres y mi patria,
y el ejército y Dios y las leyes y todas
las patrias y padres se creen que tú no eres nada:
que no eres nada.