Una nueva exclusiva les trae esta su Llanura de Solo-basket (ya que no podemos hablar del Barsa de fútbol…)! Coincidiendo con la Feria del Libro de Madrid (por aquello de concurrir a la cita con las muchedumbres en las casetas) y con la despedida de la temporada en el intrascendente tercer partido de cuartos de los playoffs de este año, la editorial “Basket de hoy y tal vez de mañana” publicará al fin la anhelada autobiografía apócrifa de Ricky Rubio, que con el expresivo título de “Toda una vida” recopilará en cuatro tomos las principales hazañas, pormenores y peripecias de la existencia del genial base. ¿Quién dijo que la alta literatura del basket no va más allá de los post de Remember y las novelas y justificaciones de Plaza?
La obra, a todas luces escrita por un negro –y no precisamente Moiso- , recorre toda la trayectoria de Ricky desde su temprana eclosión hasta su pase por la espalda del segundo cuarto del segundo partido contra el Madrid. Contiene numerosas ilustraciones (en verde y negro), está prologada por Aíto y epilogada (en tono obituario) por Spahija (lo escribió el martes). La obra está patrocinada por Renfe, que la regalará en todos los vuelos domésticos peninsulares por aquello de generar un sobreprecio en el equipaje de mano que coadyuve a subrayar las ventajas del ferrocarril, y adjunta tres boletos de bonoloto, cortesía de Tve para que los espectadores presten más atención durante el corte de los próximos partidos de entre semana. Asimismo se obsequiará a los primeros cien compradores con una exclusiva recopilación de breves ensayos de actualidad, con autores tan eminentes como Moncho Fernández (Lugo: la paz, sus gentes, el tiempo detenido. Narra un apacible ensimismamiento ante la muralla), Sito Alonso (El triple y yo, si no nos acercamos tanto la cancha es más corta), Luis Guill (Inhóspitos viajes remotos: anticipando el sustituto de Vouskill en la poco hollada República del Khanastán, precio 3 euros, del traspaso del jugador, no del libro), Paco Roig (Grandes cuestiones de la Humanidad: quiénes somos, de dónde venimos y, sobre todo, adonde vamos), Alberto Herreros (Grandes civilizaciones: Turquía, donde lo antiguo -fichar paquetes sin contrastar- y lo nuevo -youtube on fire- se encuentran) o el propio Neven Spahija (La defensa del perímetro: para qué. Esa mirada fiera…)
En la Llanura hemos podido acceder a un extracto, del que con facunda vindicta haremos acto seguido síntesis, para fugaz solaz locuaz de lectores avezados y groupies.
¿Por qué Ricky Rubio y no Ricard Blonde? No lo sabemos. Sí es conocida la desmesurada extensión de su brazos, que él desmitifica. “Cuando era más pequeño sí que eran largos. Me ponía de pie y tocaba el suelo con la punta del dedo anular nada menos. Pero luego di el estirón. Por fortuna: imagínese lo que sería tener que botar el balón con unos brazos que llegan al suelo. El riesgo de que te señalicen pie por error. Para los robos no obstante sí estaba bien: el defensor no me esperaba”.
Del colegio Ricky guarda buenos recuerdos. “¿Mi asignatura preferida? Bueno, me gustaban los números, jeje, ahí ya tenemos una primera intuición de lo que habría de ser mi destino. Suspendía mucho, por supuesto, pero solamente por la vocación de sumar más recuperaciones. ¿El basket? No destacaba entonces: mi pelambrera era aún más mullida que ahora y el flequillo me impedía ver el aro. ¿Empezó allí a gestarse su aversión hacia el tiro exterior? Creo que no. Lo que sucede con mi tiro exterior es que necesito mi tiempo, tranquilidad, mirar el aro, apuntar bien, soltar el brazo. En los partidos no se dan las condiciones más adecuadas. Y el aro desde la línea de 3 está muy lejos; no es raro que uno de pequeño no alcance. Ya veremos dentro de dos o tres años, ya.
De su debut en Acebé en Granada guarda buenos recuerdos. “Probablemente mi debut se hizo esperar. Dos temporadas antes ya estaba presto y maduro. Pero Aíto solo da oportunidades a los jóvenes cuando se la han ganado, no así porque sí, porque vaya uno ganando por 30 y falten tres segundos y el público pida a Mirotic. Quizá hubiera quedado algo raro, no digo yo que no: con 12 o 13 años en una cancha acebé, chorreando con mis requiebros a los veteranos de 20 años, a los abueletes de 25 y a los fósiles de 32.”
El campeonato en el que se hizo célebre. Aquel partido mítico contra Rusia en la final aquella no fue para tanto. “La gente ve la botella medio vacía o medio llena: puede que mis estadísticas en aquel match fueran buenas, pero también es cierto que hubo 35 puntos que no metí (más los del equipo contrario, claro, también me habría gustado), 12 rebotes que no cogí (el mero recuerdo suscita que ahora sí coja uno, y muy grande), 5 asistencias que no di (bien es cierto que no me podía asistir a mi mismo), 3 robos que no se me imputaron (hablo de un tipo que se coló, de otro que metió la mano en un bolso y de otro que no abonó su refrigerio)… También se dio mucha difusión a cuando la toqué con el pecho para que no contara el reloj de posesión… ¡no fue por eso! Noté un picor súbito en el omoplato que osé mitigarlo con el balón, con un golpe seco. Era una hormiga, no sé cómo había atravesado mi indumentaria (el de la mopa: limpia pero no fumiga también). Con el toque de balón, por mor de la camiseta por fuera, cayó al suelo. Y ahí quedé yo, buscándola, avanzando en pos del bicho furtivo. El balón botaba por sí solo. Mi preocupación era no dañar al insecto. Una vez advertí que corría hacia la banda pude al fin centrarme en el balón y botar. Sí, habían transcurrido unos segundos…
Ser menor de edad en un equipo profesional no fue fácil, y nuestro héroe no elude el tema. En los desplazamientos, mis compañeros me miraban de soslayo con una mezcla de odio, cabreo y rencor cada vez que el chófer del bus seleccionaba una peli de Disney, o de animalitos perdidos (ya he buscado a toda la fauna acuática, doméstica y por asilvestrar) o de cartoon. Estando yo quedaban proscritos los filmes de violencia, peleas, tiros, sustos y mujeres en bolas. Lo no recomendado para menores de 18 años, vaya. Eso explica buena parte de nuestra pasada temporada tan buena: yo era el único que vencía el sopor de esas proyecciones; los demás dormían, tranquilitos, así estaba el equipo de descansado!
¿No hubo mucha sobreprotección con el tema de las entrevistas? “No: fue buena idea. Estamos hablando de un tierno infante. Susceptible de padecer preguntas capciosas: ¿no es menos cierto que quizás acaso –es un decir- cabe pensar que en ocasiones alguna vez pudiera creerse que los sistemas de Sito Alonso incurren en cierta predilección reiterada que pudiere rayar -pudiera ser- el exceso por los lanzamientos desde más allá de seis veinticinco? Se abusa del triple, claro que sí. O ¿qué opinión te merece la dirección sosegada, reflexiva, serena y altruista de tu excelso compañero Mallet? “¿De quién, inquiero? Ves? Me lían. ¿Crees que incluso con Jagla en el banquillo el equipo está seguro? ¡Él es capaz de enchufar un lanzamiento desde la silla con tal de no acercarse a la zona! “Jagla es el nuevo Nowitzki, capaz de lanzar desde fuera en carrera y con el defensor a tres centímetros, otra cosa es que enceste, claro”.
Definitivamente la prohibición de entrevistas fue buena idea. Que luego me aparece una periodista hermosa (o no, que en la edad del pavo no hay mucha preselección o distingo) con más curvas que Montmeló, una de esas entrevistadoras top con un idem que esboza poco incipientes turgencias y ya tengo deyecciones involuntarias durante un tiempo –es la edad-, con menoscabo de mi vigor y energía. Tendría entonces que obsequiarla con la camiseta de Norel, no para que se haga fan o para fomentar la mercadotecnia, sino para preterir curvas: la elástica del espigado Norel está a prueba de montículos y badenes, por muy protuberantes que estos llegaran a ser, tal es su largura cual saco.
Los Juegos Olímpicos (de hablar de la final contra EEUU paso, cita guiñando un ojo tras el vocablo último, me paso –guiño otra vez- todo el día recordándola; ¿qué paso? Pregunta omitiendo la tilde. Les hubiéramos dado un repaso (jeje).
La lesión. Sí, fue en la mano. No, no estaba en aquel momento viendo páginas webs de esas.
La temporada. La ausencia del poderoso pivot con nombre de snack y apellido de cacique de la isla de Borneo. La espantada de Bracey Wright. “Hubiera sido uno más a tirar. A lo tonto era un jugador, en su anarquía, disciplinado, previsible: sabías que nunca se iba a jugar una bola estando sin marca, que nunca te iba a decepcionar con un tiro lógico. Con él nuestro estilo libre hubiera devenido en siniestro aquelarre…
Sito Alonso. Le obsesiona la defensa. Hasta el punto de que sabe que si no nos acercamos dentro de la línea de 6,25 tendremos menos distancia hasta nuestra canasta para organizar la defensa. El juego rápido: si puedes tirar una mandarina en el segundo cuatro para qué vas a estar botando y pensando hasta el segundo 21, total, si la mandarina es igual. No por mucho revolver acabas sacando jugo…
El futuro. Oh, el futuro. ¿Seguirá los pasos de Rudy? ¡Espero que no! ¡Menuda leche le metió Ariza! ¿Compartirá vestuario con Marc? Los Grizzlies son un gran equipo, sin duda, con mucho potencial, si voy allí confío en que mis hijos los vean entrando en play off, aunque para ello deba tener gemelos, que sean mejores que yo jugando y que ambos coincidan en Memphis. ¿No sería precipitado el salto? Por qué, si total en la Penya tampoco iba a ganar ningún título. ¿Y si le llama Florentimo o un argentino pulcro le indica que “al socaire de tamaña delectación no ha menos que excogitar deletéreas colaboraciones pulquérrimas ínsitas a la superproducción que va a ser esto y bla bla..? “Sería un cambio grande en la filosofía del Madrid, que por otra parte puede armar –con Oleson, Massey y el pivot este que suena del Lecherio Breogán- un equipo temible en LebOro. Hay que ser respetuosos con la tradición e historia del Madrid. De modo que el base que más le pega seria Shammond Williams.
Ricky Rubio. Un grande sin duda. El nuevo Pete Maravich.