Sentido común

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Desde hace años, la NBA promueve un seminario para sus jugadores novatos en el que enseña a los jóvenes cachorros de la Liga, básicamente, cómo evitar problemas durante su vida deportiva y más allá. Los temas fundamentales del mini-curso versan sobre inversiones financieras: “cuidado con los vendedores de humo”, “cuidado con las mujeres perversas” y “cuidado con las drogas”, les vienen decir a los chicos antiguas estrellas de la Liga.

En una ocasión asistí como oyente a uno de estos seminarios. No me pareció algo fuera de lo común, ni nada que yo ya no hubiera vivido en unos cuantos seminarios de índole financiera: los estadounidenses, en este tipo de seminarios, son capaces de elevar cosas tan obvias como “no entreguéis vuestro dinero al primer charlatán que os venda un plan de inversiones” a la categoría de clase magistral; y pagan por decir eso unos buenos honorarios a los conferenciantes, por cierto.

Pero, al margen de esto, el seminario en cuestión que promueve la Liga NBA me parece una buena idea. Los novatos, y sobre todo los criados y formados en los Estados Unidos, recién incorporados a la Fraternidad, necesitan saber algo acerca de lo que la NBA define como los peligros de “ahí afuera”. No suelo escribir afirmaciones contundentes, pero estoy convencido de que un chico de 19 ó 20 años procedente de una universidad norteamericana está mucho menos preparado para la vida profesional en la NBA –y sobre todo para los peligros que acechan “out there” que un chaval europeo. A los 18 años, una joven estrella europea lleva probablemente unos cuantos años viajando por esos mundos de Dios, conociendo otros lugares y otras culturas. Mientras que un chaval de la NCAA, salvo rarísimas excepciones, considera un viaje de Kansas a California como un viaje a otra dimensión.

Pues bien, resulta que dos novatos, Mario Chalmers y Darrell Arthur, que estaban inscritos en este seminario de 2008 que pivota alrededor de tres conceptos: “no drogas”, “no mujeres fáciles” y “cuidad vuestra pasta”, han sido pillados in fraganti –presuntamente con unas chicas y fumando marihuana en la habitación de uno de ellos- y expulsados fulminantemente del seminario. Me cuentan que fue el propio Comisionado David Stern quien llamó, totalmente enfurecido, a los organizadores del evento, ordenando que los dos chavales fueran expulsados del seminario y enviados de vuelta a sus casas. Ambos se enfrentan, además, a castigos adicionales (se habla de 5 ó 6 partidos de suspensión) y tendrán que apuntarse al seminario otra vez el curso que viene.

Hasta aquí, los presuntos hechos. Ahora, el análisis del tema:

Estas reuniones pueden ser un tostón, pero son también una oportunidad para conocer a otros novatos, para escuchar a antiguas leyendas de la NBA, y para aprender, esencialmente, a comportarse. Cosa que estos dos chicos, obviamente, no saben. De modo que repetir seminario les vendrá muy bien. Si están en un evento en el que la cuestión esencial es evitar problemas, no hace falta ser un genio para comprender que no quebrantar las reglas mínimas de convivencia en el propio seminario es el primer paso para ello.

A propósito; mucha gente ha dicho y escrito estos días en los Estados Unidos que los jugadores –todos los jugadores- de la Universidad de Kansas son considerados estrellas en su campus, una suerte de semidioses, y que por eso se ven con derecho a seguir haciendo lo que supuestamente llevaban haciendo en su escuela todo el tiempo. Otros han ido más allá y han señalado, y puede que no sin razón, que lo único que separa a estos dos novatos del 75 por ciento de los jugadores de la NBA, que se dice que supuestamente consumen marihuana, es “que a estos dos pardillos les han pillado con las manos en la masa”. Ignoro si los jugadores de Kansas tenían patente de corso en el campus, si llevaban chicas a las habitaciones o si fumaban maría a granel para celebrar los triunfos. También ignoro si esas cifras de consumo de marihuana en la NBA son ciertas.

Pero lo que sí tengo claro es que lo que separa a Chalmers y a Arthur del resto no es el uso o consumo de marihuana, ni ligarse a unas chavalas ansiosas de interaccionar con celebridades y llevarlas a la habitación. Lo que separa a Chalmers y Arthur del resto de sus compañeros, novatos y veteranos de la NBA, es el sentido común.

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