Mi compañera de viaje me fuerza a volver a cambiar mis planes. En esta zona sólo hay dos lugares donde poder comprar lo necesario para reparar un mountain bike, uno en Tailandia y otro en Vietnam. Esto me obliga a volver a los planes iniciales e ir primero a Vietnam antes que a Laos.
Cruzo la frontera y empiezo a ver por todos lados lo que ya me habían avisado: motos. Motos por todos lados. Mi objetivo primordial es llegar a Ho Chi Minh (Saigon) y allí poder reparar o sustituir el cambio de piñones. Metro que avanzo hacía mi destino también hace crecer mi tensión. ¡Qué forma de conducir! ¡Qué locura! ¡Aquí no existen normas de circulación! Prácticamente….¡no se paran ni en los semáforos! Eso sí, con milagros constantes. Motos en 10 direcciones diferentes pero no hay ningún tortazo. ¡Qué tensión! ¡Ni en los partidos más tensos que he jugado o dirigido estaba tan tenso!
Comiendo baguettes y descansando un poquito, visito las tiendas para poder hacer la reparación necesaria. Mientras, sigo encontrándome con ciclistas que me vuelven a confirmar que el viento es de norte a sur (yo tengo que ir de sur a norte) en todo Vietnam, y no solo eso, sino que es muy fuerte. Me llegan a poner los dientes largos diciéndome que ellos han podido ir a 40 por hora. Por si no lo sabéis, la media estándar en cuanto a velocidad de los cicloturistas es de 15 por hora, así que imaginar como tiene que ser el dichoso viento para ir el triple de rápido. Me tocará comprobarlo.
La mala suerte llama a mi puerta.
Todo empezó con los problemas mecánicos. Tras pasar 4 días en Ho Chi Minh para solucionar el problema que tenía con el cambio de marchas, empiezan 2 días terroríficos de mala suerte. La mala suerte se estrena por mi culpa. Una vez consigo salir de Ho Chi Minh, recuerdo que me he dejado algo encima de la cama y toca regresar al sprint. Entrar y salir de Ho Chi Minh soportando sus 5 millones de motos. Por suerte, llegué a tiempo de encontrar lo mio en la basura del hotel unos minutos antes que la sacaran a paseo. En dos días tengo 7 pinchazos, en ambas ruedas, eso es mucho tiempo perdido y más golpes a mi estado anímico. Bastante mosca, desmonto la rueda para ver que pasa. Demasiados pinchazos, quito cubierta, quito camara, me da por mirar en la llanta y en ese momento me desmorono del todo. Llanta rota. Tiene una grieta de 10 centímetros que me avisa que en cualquier momento se partirá en dos. Me desplomo dejandome caer en la cama y lo único que me apetece es ponerme a llorar de pura impotencia que siento con tanto contratiempo en la bici. Estoy aniquilado. Llevo dos semanas de problemas, todo sale al reves, me esta costando superar esto, la soledad empieza a notarse y mi energia para salir de estas situaciones cada día es menor como es lógico. Conozco por casualidad a una chica que habla ingles en este pueblo, algo casi impensable en Vietnam y lo único que se me ocurre es pedirle ayuda, pedirle que me ayude a buscar un bus o a alguien para volver a Ho Chi Minh y comprar una nueva llanta, pedirle si puedo dejar la bici y el equipaje en su casa y en definitiva intentar una solución rápida a esta tortura. Accede sin problemas y junto a su familia me ofrecen toda su ayuda. Dejo todo en su casa y esa misma tarde consiguen parar a una furgoneta que se dirige a Ho Chi Minh. Allí estoy metido, con mi rueda recorriendo los 200 kilómetros que tanto esfuerzo me habían costado, apelotonado con otras 26 personas, dolor de piernas, de culo, todo el cuerpo por no poder moverme, mirada perdida por la ventanilla y pensar… mucho pensar intentando digerir esto. En otro momento podria ser normal, pero cuando ya llevas mucho tiempo en ruta se hace muy cuesta arriba. La furgoneta tras 4 horas me deja en algun suburbio de Ho Chi Minh. No sé dónde estoy. Son las 10 de la noche y en la calle no me gusta el ambiente. Mucha prostituta, mucho movimiento sospechoso y consigo encontrar un hotel donde pasar la noche y esperar al dia siguiente. Fácil, rueda nueva y esta vez, bus para regresar.
Sinceramente en ese momento necesitaba desahogarme, poder estar con alguien querido, poder pasar este mal momento de otra forma que con la soledad de mis pensamientos en cutres habitaciones. ¡Y esa ilusión llegó! Llegó esa escapatoria, ese aire fresco que mi mente necesitaba, ese poder compartir con alguien este mal trago. Si en algun momento de mi viaje necesitaba estar acompañado era este. Nosotros seguíamos con nuestros mails para tenernos localizados, sabía dónde se encontraban ellos, sabía que me estaban esperando y todos estos infortunios no hacían más que retrasar el encuentro, pero finalmente se produjo. Con mi bici reparada llego a Mui Ne, lugar en la costa vietnamita donde se encuentran Jorg y Nicole, unos ciclistas amigos míos que me reciben con un sentido y emotivo abrazo. Nadie como otros amantes de las dos ruedas a pedales sabe lo que es pasar por cosas de estas y solo. Necesitaba esos abrazos, la complicidad de unos amigos. Uno no es de piedra y tras casi 10 meses de soledad conviviendo con mucha gente, pero en el fondo, conviviendo con la soledad de mis pensamientos que si no compartes pueden llegar a desviarse mucho de la realidad y más si son negativos, era el momento de un pequeño cambio. Nos conocimos en Malasia, nos reencontramos en Tailandia, dos veces en Camboya y en Vietnam por quinta vez y ahora si que teniamos claro que nuestro viaje seguiría juntos. No lo habíamos hecho antes por las supuestas diferentes velocidades de nuestra día a día. Ellos tenían pensado ir más despacio y entretenerse más tiempo en cada lugar, algo que han decidido no hacer para poder salir del sudeste asiático antes de lo previsto. Y yo, con tanto contratiempo he perdido muchísimos días y el destino ha hecho que coincidamos ahora de nuevo. Mi cara cambio, mi motivación subio, mi estado de ánimo positivo volvió y los tres estábamos ilusionados con este nuevo aliciente que deparaba nuestro viaje. Se nos notaba. Además de poder relajarme algo más. Poder descuidar mi bici por unos segundos sabiendo que ellos están con ella, ver habitaciones de hotel antes de quedármelas, tener a alguien con quien hablar en la carretera, en los descansos. Esos descansos en los que antes me quedaba embobado con mirada perdida esperando que pasaran los minutos para que mis piernas tomaran aire y que ahora se convierten en interesantes charlas. Para mi, ha sido muy bonito volver a sentir eso que tanto me gusta y defiendo, la fuerza del equipo y la amistad por encima de todas las cosas en la vida. Soy un solitario. Lo soy porqué soy dificil, porqué hago cosas que son complicadas compartir y porqué en este viaje busco unos objetivos personales que sólo puedo cumplir estando sólo. Pero este kit kat esta siendo muy bonito.
Pese a que muchos me decían que no fuera a Vietnam no puedo evitar tener que comprobar las cosas yo mismo. Por desgracia es verdad y lo que más me he encontrado, primero sólo y luego con Jorg y Nicole, ha sido a mala gente o gente mala, como prefiráis. Hasta tal punto que llegamos a intentar ni tan siquiera hablar con ellos. La falta de respeto es continua e inaguantable. Además va acompañada de falsedad, agresividad y descaro. No puedes aguantar que a cada segundo te intenten engañar y sonsacar. Pese a todo no tomamos la solución fácil que sería coger un bus hacia Laos y seguimos kilómetro a kilómetro sobre nuestras bicis.
Por suerte para los vietnamitas, sus paisajes son muy atractivos y diversos teniendo la sensación de estar en Grecia, Suiza o la Costa Brava.
Ahora sí, a Laos donde espero poder ser más positivo.