Crecí en Hospitalet de Llobregat, municipio de Barcelona o tierra de nadie. Lo hice como todo el mundo, a base de topicazos. En la tele, en la calle… los personajes más duros marcaban ira, rabia y venganza como mejor gasolina para tomar las mejores decisiones ante las más grandes frustraciones. Era, supuestamente, también una cucharada de liderazgo para esquivar un posible rechazo.

Las pasadas navidades volvía a mi ciudad para disfrutar nuevamente del Torneo Júnior de Hospitalet. Allí tuve la ocasión de quedar con Audie Norris. Estuvimos una tarde entera viendo baloncesto de cantera y, cómo no, hablando de mil anécdotas suyas. Norris jugó de 1982 al 85 con los Portland Trail Blazers de Clyde Drexler, Kiki Vandeweghe, Kersey o Mychal Thompson.

Al principio tiré de morbo y le pregunté si se vio en alguna pelea involucrado de aquellas que tanto se daban en los 80 “realmente no eran peleas de verdad, era como air punches (puñetazos al aire) pero sí, en mi año de rookie, con Tom Chambers. Aquella misma noche coincidimos en un pub. Acabamos haciéndonos amigos en la barra” bromeó “también con Kelly Tripucka cuando él estaba en los Pistons. Empezaban a ser los 'Bad Boys' pero sin Rodman. Bill Lambeer era sucio pero a la vez inteligente, sabía que era su juego. Fue duro ser rookie” acabó.

Y antes lo fue más. ‘Atomic dog’ llegó de puntillas a la mejor liga del mundo desde la modesta Jackson State con unos interesantes 16.1 puntos y 10.2 rechaces. Una lesión en su pierna derecha le permitió tan sólo jugar 30 partidos en su primera temporada NBA, de hecho, ni siquiera pudo participar en el Rookie Camp. “Mi familia había organizado una fiesta en casa para ver la ceremonia. Así que allí estaban mis amigos, compañeros de equipo de la universidad, coaches… sólo tenía noticias de que podía acabar elegido por Milwaukee Bucks. Yo no podía ni ver la tele, estaba muy nervioso. Cuando llegó la posición número 20, la cual pertenecía a los Bucks, éstos eligieron a un muy buen escolta llamado Paul Pressley. En ese momento se me cayó el cielo encima, me marché a la calle a dar un paseo y que me diera el aire”. Norris llegó a pensar que no tenía crédito para optar a una posición lo suficientemente alta como para poder cumplir su sueño. Las franquicias sabían que estaba lesionado “con una fractura de la anchura de un pelo en la parte inferior de mi pierna. Los doctores de entonces me habían visto y no sabían cómo recuperarme. Estaba perdido, pensé que ya nadie me elegiría. Sin embargo, de golpe oí gritos. Mis hermanos y amigos habían salido a buscarme ¡Los Trail Blazers me habían elegido en el puesto 37! Nos pusimos a bailar allí mismo, en la calle”. Audie se juró hacer lo que hiciera falta por recuperarse lo mejor y antes posible y enfrentarse a los mejores jugadores de baloncesto del mundo.

Sin embargo, aquella NBA era otra. Menos equipos y, claro, unos 100 jugadores menos. Había una mayor selección de talento así que se preservaba una gran exigencia para optar a un rol relevante dentro de cualquier equipo.
Más obstáculos para Norris, los Portland de entonces eran un conjunto de calidad que alcanzaron los playoffs las tres temporadas en las que él estuvo: “Sí, entonces los equipos no podían ganar un campeonato contando con un Big Three  -tres superestrellas de la liga- como tienen ahora los Miami o los tuvieron los Celtics; entonces hacían falta 4 o 5, mira los Lakes o Celtics de entonces. Todas las veces que jugamos playoffs nos vimos las caras con los Lakers de Magic Johnson. Cuando veía el cruce yo ya pensaba, OK, vacaciones. Sin embargo también te diré que en mi último año anoté el tiro ganador contra los Dallas de Aguirre, Blackman, Sam Perkins… para pasar de ronda. Una pena, no sirvió de nada, pues en la NBA no iba a tener minutos suficientes para desarrollar más mi juego y decidí ir dejar la NBA” lamentó. Su muñeca no era la mejor de sus virtudes, las lesiones le seguían dando problemas. El sueño NBA se había esfumado y no sabía nada de Italia, su próximo destino. Ira, rabia, frustración, dudas pero… ¡no! Ese sentimiento de rechazo no le tumbaría así que decidió jugar con la misma o más energía que en la NBA. Transformó esos malos sentimientos en energía positiva sólo así trabajó tan duro. A partir de aquí todos sabemos la historia, Norris se hizo una leyenda en Europa, más concretamente en la ACB, más concretamente en el Barcelona donde es considerado por todo el mundo como el mejor jugador norteamericano que se haya enfundado la camiseta azulgrana. “Siempre intenté ser, por encima de todo, duro físicamente y mentalmente ante todos los problemas que llegaran, ante jugadores más grandes, más rápidos o con cualidades mejores a las mías ¿Recuerdas a Spub Webb? Aquel tío, a pesar de su físico (1.70 de altura y poco más de 60 kilos) era realmente duro. Como Michael Anderson en la ACB. Muy duros, tenían mi respecto” sentenció.

Han pasado muchos años pero Audie sigue luchando, ahora por traspasar esa energía y conocimiento entrenando en España. “Tengo ambas experiencias, la del basket Europeo y el de la EE.UU. Tan sólo necesito una oportunidad para demostrarlo. No hablo de ser entrenador principal aunque sea algo que me gustaría conseguir en un futuro. Puede empezar desde abajo. Siempre hay muchas cosas que aprender”. Efecto boomerang, después de tan largo camino, se encuentra en una situación parecida a cuando salió de su Mississipi natal siendo muy joven o cuando tuvo que cruzar el charco por primera vez hacia el viejo continente. Aquellos duros tiempos en los que tuvo que demostrar a todo el mundo que podía, han vuelto a repetirse.

Paseando con él te das cuenta que le reconocen allí donde va y lo admiran sin importar al equipo que perteneciera. Tiene carisma, la gente ve baloncesto cuando lo ve a él, incluso aquellos treintañeros y cuarentañeros que se descolgaron del deporte de la canasta hace más de una década. “Creo que puedo ayudar mucho a los chavales jóvenes. Hoy en día se obvian cosas muy básicas en los hombres grandes para que sean sólidos como es la defensa, postear y etc. Por ahora no me han dado una oportunidad pero seguiré trabajando para conseguirla”. Hoy por hoy clubes, Federaciones, instituciones… dan la espalda a un fenómeno baloncestístico como él. Es una amarga sorpresa, pues corren tiempos en España en los que nuestro deporte  anda más huérfano que nunca de identidades.

Me pareció justa la dirección de Kevin Macdonald en su documental -Marley- sobre… Bob Marley. Mostraba al icónico cantante jamaicano como un humano. Con su maravillas y sus miserias. Una vivencia junto a él que va más allá de la marketinizada imagen que le resume adhirido a drogas o dar zarpazos a una guitarra cualquiera bajo la sombra de un cocotero. Un fenómeno que vino del fango y que supo transformar el rechazo por sus cercanos más cercanos -por ser mestizo y no negro- y por sus cercanos más alejados -su padre, por ser mestizo y no blanco-. Cuenta el montaje que como resultado de un nuevo y más grave desplante de su progenitor un joven Marley decidió no alimentar sus frustraciones uniéndose al nido de violencia que corría por las ciudades de su Jamaica, y que, en cambio, cogió su guitarra y compuso “The stone that the builder refused will always be the head conerstone”. Si un día se sienten de alguna de forma parecida, les aconsejo que la escuchen, seguro afrontarán sus frustraciones de una forma constructiva como lo hizo Audie y como estoy seguro que lo está haciendo en estos momentos. Suerte, my man.