La cruel agresión de Lebron James no es una casualidad

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No es la primera vez que oigo decir que Lebron James, quién se cuida muchísimo por cierto, a sus treinta y pico años está hecho un chaval. Sigue luciendo tipazo y es cierto que de vez en cuando se marca un mate u otra acción atlética bestial. Sin embargo, aunque hay quién se olvida, es humano. Sus músculos ya no pueden realizar muchas repeticiones que supongan grandes esfuerzos físicos con poco tiempo de recuperación. Tampoco puede jugar a un ritmo muy alto de forma contínua sin romperse. Vamos, lo normal para un deportista de su edad, que por muy portento que sea, está ante su decimonovena temporada en una liga tan exigente como la NBA en la que ha combatido en unos 1600 partidos, además de sumar también un puñado con su selección en varios veranos. Eso significa que a lo largo de su vida deportiva ha saltado, ha chocado, ha impactado…¿miles de veces? ¿Más?

Todo aquella o aquel que ha jugado a baloncesto en más alto o más bajo nivel sabe que cuando te haces veterano y no llegas a dónde antes llegabas, cuando no puedes ayudar a tu equipo a conseguir los objetivos en los que antes contribuias o cuando muchos de los rivales que te defienden y te atacan, te pasan por encima cuando antes no lo hacían provoca un enorme choque psicológico para el que tu mente no está siempre preparada. Y no significa que respondas al prototipo de jugador sucio. La frustración dispara tus ansias en un escenario en el que todo ocurre en segundos. El cansancio nubla tus ideas, también tu rapidez de reacción física. Es la eterna frustración del veterano, más si ha sido de perfil físico. Ese que para competir, en un momento dado de rabia y/o de orgullo, puede arriesgar su integridad y también la de su contrincante. 

La temporada pasada, para Lebron y sus Lakers fue un verdadero desastre. Los de L.A. cayeron en primera ronda en los Playoff, -eso sí, con los actuales subcampeones-, en la que bajó sus enteros, quedándose incluso en un 60.9 % en tiros libres. Agotamiento. Venía de jugar sólo 45 partidos en la liga regular. 

Este curso, los Lakers siguen con malas sensaciones a pesar de disfrutar de una nueva superestrella (también coflictiva) en el barco, Russell Westbrook. Los de amarillo sustentan un flojo balance de 9-9. De esos 18 partidos, Lebron sólo ha podido jugar 8 y ahora, se enfrenta a una severa sanción por haberle dado, en acción de rebote en un tiro libre, un cruel y brutal codazo a un desprevenido Isaiah Stewart. El joven y voluntarioso jugador de 20 años ha quedado tan ensangrentado como enfurecido y ha intentado devolverle el golpe a Lebron en varias ocasiones, en una de ellas, prácticamente ha lanzado a su entrenador. Recién empezaba el tercer cuarto con unos Detroit Pistons, uno de los peores equipos de la NBA con 4 victorias y 12 derrotas en su casillero, superándoles por 66 a 77.

Lebron siempre se ha distinguido por su juego espectacular pero también limpio. Si no me falla la memoria, su primera expulsión fue en su segunda etapa con los CAVS y fue por protestar a un árbitro. La frustración de Lebron le ha llevado a agredir de forma cobarde y premeditada a un rival que tenía más empuje, intensidad y fuerza continuada que él, incómoda situación con la que durante tantos años como profesional, ya no digo en el instituto, nunca debió lidiar.

De los 8 partidos en los que ha jugado The King los Lakers han rascado 5 victorias y él se ha ido hasta los 22.8 puntos (promedio más bajo a excepción de su primer año como rookie en el que tenía tan sólo 18 años), 5 rebotes (promedio más bajo de su carrera), 6.1 asistencias (su tercera media más baja) e iguala su récord de faltas por choque con 2.3.

La agresión de James no ha sido producida por casualidad, cualquiera que haya recibido el golpe de un veterano/a o lo haya dado como tal, lo sabe. Viendo lo descolocado que estaba el propio LJ tras el suceso, y su intachable currículum, tengo el convencimiento de que será el único borrón en su fantástica carrera como, si no el mejor, uno de los mejores dos o tres jugadores de la historia de la NBA.

 

Comentarios

Muy interesante reflexión sobre como el (lento, lentísimo en este caso) declive físico acaba impactando en el juego y, sobre todo, en la cabeza de los jugadores (esta jugada me ha recordado un poco al mítico cabezazo de Zidane). A los jugadores con menos físicos, a poco que se cuiden y mantengan algo las prestaciones, se le puede notar algo menos, pero si carecen totalmente de físico (como Navarro o el recientemente retirado Corbacho) se les nota en seguida.

Para Lebron el hecho de no acabar de mejorar el tiro exterior hace que le cuesta cada vez mas romper las defensas, porque se encuentra con gente mas joven y muy física delante, y su tiro no es fiable, con lo que tiene que intentar una y otra vez esfuerzos físicos para librarse de sus defensores. Y ahora lo nota, como ahora está también notando el tema de las lesiones musculares, que ya no se recuperan con tanta facilidad.

En todo caso, es un jugadorazo y aprenderá a encontrar su rol, como Carmelo ha hecho, y quizás trabajará aun mas el tiro exterior para poder jugar de manera (muy) competitiva unos cuantos años más.

Como comparación, un escándalo físico como Karl Malone aguantó muy bien hasta los 37-38 años, pero en su etapa en los Lakers (ya con 40 años) le pasó lo que a James le esta pasando ahora. La mayor diferencia viene de que Malone añadió un tiro exterior a su juego del que carecía en los primeros años, así como una capacidad de pase muy desarrollada para su posición y su época.

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