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Amaya Valdemoro: el adiós a un mito

  • Amaya Valdemoro pone punto y final a una brillante carrera deportiva

Es definitivo, apenas unos días antes de acabar 2013, Amaya Valdemoro (Alcobendas, Comunidad de Madrid, 18/8/1976) anuncia su retirada, la madrileña dejará definitivamente las canchas y el baloncesto femenino español perderá una jugadora pero ganará un mito. Porque la retirada de Amaya Valdemoro es algo más que el punto final a la carrera deportiva de una jugadora; es el adiós a un mito, a una pionera y por extensión, a una generación.

La Generación

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Palau y Valdemoro en 2003 (Foto: FibaEurope)
El adiós de Valdemoro supone prácticamente el punto final a la primera gran generación del baloncesto femenino nacional, aquella nacida en los 70 y que ya sólo cuenta con Laia Palau (USK Praga) como última representante.

Es la generación que se preparó a conciencia para defender el pabellón español en los Juegos Olímpicos de Barcelona de 1992 y que un año después conseguía alzarse con el Eurobasket de Perugia. Son nombres como los de Marina Ferragut, Betty Cebrián, Mar Xantal, Pilar Valero o la gran amiga de Amaya, Elisa Aguilar.

Su espejo y lucha sirvió para inspirar a toda una nueva hornada de jugadoras, que son las que precisamente ahora defienden con honor y buenos resultados la camiseta de la selección. Porque aquellas, que tras el éxito del 93 vivieron una travesía por el desierto que se cerró diez años después, en 2003 con el bronce en Francia para no volver a dejar de pisar el podio hasta el tropiezo de 2011, siempre con el protagonismo de la generación del 70, una generación irrepetible, la generación pionera, que culminó su vida deportiva con el oro, veinte años después, en el Eurobasket del pasado verano.

La Pionera

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Valdemoro en el Comet (Foto: WNBACards.com)
Y es que si por algo se ha distinguido Amaya Valdemoro es por convertirse en una auténtica pionera del baloncesto español, y no sólo del femenino.

Como hiciera Fernando Martín en los 80, Valdemoro cogió las maletas y se marchó con la firme intención de triunfar en la liga estadounidense, la WNBA. Lejos de la cobertura mediática que posee la liga en la actualidad, prácticamente en la clandestinidad, el Houston Comets se alzó con el título cuatro veces consecutivas, tres de ellas con la madrileña en el equipo (98, 99 y 2000).

Lo cierto es que la relevancia de Amaya trasciende más allá de los minutos jugados y de los títulos. Fue la primera vez en que el foco se centraba en una jugadora española que además, abrió las puertas de entrada a las jugadoras que años más tarde marcharían hasta los Estados Unidos para probar suerte –como hicieran Anna Montañana y Núria Martínez en el último lustro, por ejemplo–.

Algo parecido sucedió cuando marchó a Rusia, donde encontró el lugar que por talento merecía y que por juventud se le había negado en la WNBA. Allí creció deportivamente para convertirse en una de las jugadoras más determinantes del continente europeo, abriendo de nuevo la senda a la emigración deportiva que años más tarde se ve continuada por los apuros económicos que se sufren en España.

El Mito

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Líder en la cancha (Foto: FibaEurope)
La que para muchos es la mejor jugadora española de baloncesto de la historia, ha alcanzado la categoría de mito, trascendiendo más allá de lo puramente deportivo.

Para darse cuenta de la relevancia de Amaya Valdemoro, no hay más que darse un paseo por su palmarés: Títulos de la WNBA, de la Liga Rusa, de la Liga Española, Euroligas, medallas con la Selección Española con récord de internacionalidades (258).

Pero el éxito de Valdemoro va más allá de lo que reflejan los números. Amaya ha sido el espejo en el que se han reflejado gran parte las jugadoras españolas que han surgido en los últimos quince años, una mujer admirada tanto por su talento en la cancha como por su carácter. Porque como decía el viejo John Wooden, el éxito no tiene tanto que ver con ganar sino con la satisfacción de hacerlo lo mejor que eres capaz. En eso, Amaya no tiene parangón.

Porque siempre fue capaz de levantarse después de haber caído; por tomar la responsabilidad en los momentos en los que se deciden los partidos o por liderar siempre a sus equipos, dentro y fuera del parqué. Por eso, una jugadora se convierte en mito.

La Jugadora

Amaya Valdemoro

(Foto: Juan Carlos García Mate ©)
Poco más queda que añadir a la inmensa figura de Amaya Valdemoro. Tan sólo, quizá, que sobretodo ella fue una jugadora de baloncesto.

Es posible que muchos no vayan a recordar que la trayectoria oficial del Amaya Valdemoro en suelo español se cerró con derrota. La que sufrió el Real Canoe –a la postre, su último equipo– en la Fase de Ascenso a Liga Femenina frente al Stadium Casablanca. Aquel partido, con la madrileña mermada físicamente, supuso la imposibilidad para el Canoe de lograr el pase a la siguiente ronda y seguir luchando por el ascenso.

Aquella fue una espina clavada en el alma de Amaya, que casi de manera milagrosa había conseguido recuperarse para la práctica del baloncesto después de romperse las dos muñecas y que había vuelto a España tras una traumática experiencia en Turquía.

Por eso, aquella no podía ser la despedida para la mujer que sobretodo fue una gran jugadora de baloncesto. Y así, apenas dos meses después de su último partido de Liga; España, con la dupla Valdemoro-Aguilar como abanderadas, alzaba el título de campeón del Eurobasket, en lo que simbólicamente significaba el adiós a la más grande. El adiós a Amaya Valdemoro.  

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El último éxito (Foto: FibaEurope)

 

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Una de las deportistas (y no solo en baloncesto) europeas más importantes de la historia.

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