Solapas principales

Bodas de oro de la “Operación Pabellón 1971” del Joventut de Badalona

Bodas de oro de la “Operación Pabellón 1971” del Joventut de Badalona

 

Buena parte de los aficionados merengues viven expectantes la próxima inauguración del nuevo Bernabéu a finales de 2022. También los culés sueñan con un Nou Camp remodelado. Los leones finalizaron su nueva catedral en 2013. Y los colchoneros terminaron su Wanda en 2017. Se ha vuelto a poner de moda que los grandes equipos de fútbol actualicen sus infraestructuras: es un tema cíclico. A finales de los años 60 y primeros de los 70 del siglo pasado, esta tendencia renovadora de infraestructuras se dio en los equipos de baloncesto y el centro de atención mediática no fue ni Bilbao, ni Barcelona, ni Madrid, sino Badalona: allí se produjo la “Operación Pabellón 1971” que dio como resultado el flamante pabellón Ausiàs March (hoy conocido como “Països Catalans”). Celebramos este año las bodas de oro de esa “Operación” y hoy se cumplen 49 años de la inauguración de dicho pabellón: un día en el que la ciudad de Badalona fue el epicentro de las noticias deportivas y congregó a los grandes del baloncesto español (Aíto, Ferrándiz, Morris, Buscató, Emiliano, Santillana, hermanos Margall, etc.) y, en especial, a esos tres personajes que por su “transversalidad” profesionalizaron el baloncesto español: Raimundo Saporta (el hombre fuerte del baloncesto madridista), Dani Fernández (el hombre fuerte del baloncesto catalán) y Anselmo López (el hombre fuerte de la federación de baloncesto). Vale la pena, pues, dedicarle unas líneas a ese gran templo del baloncesto.

Para un club de baloncesto, el pabellón es su casa, es su rostro, es su museo, es el lugar donde miles de aficionados asocian o asociarán las emociones vividas en aquellos partidos que hacen historia. Pero, además, un pabellón deportivo puede ser el patrimonio más preciado del club. El Joventut de finales de los 60 tenía un gran equipo (Lluís, E. Margall, Buscató, N. Margall, Fonso, Gol, Fa, Rojas y Oleart), conseguía títulos (liga de 1967, copa de 1969), su base social crecía a diario, paseaba su nombre por las principales competiciones europeas, etc., pero le faltaba una cosa: ¡no tenía campo en propiedad! Y, además, el campo de la Plana (que era y es del Ayuntamiento) se había quedado pequeño. Dani Fernández, vicepresidente de la Penya en esos momentos, vino a solucionarlo. Para él, contar con un patrimonio propio era la clave para dar estabilidad económica al Club.

¿Cómo fue posible que el Joventut construyera un palacio deportivo de tal envergadura (hoy supondría varios millones de euros) cuando solo contaba con el dinero para mantener —y a duras penas— su funcionamiento ordinario? Es cierto que la Penya ya había destacado en 1962 por ser el primer club de baloncesto español en contar con un campo cubierto (La Plana), gracias al buen hacer del presidente Antoni Mas. Pero ese campo, insistimos, no era de propiedad. El nuevo campo, el Ausiàs March, diseñado por Alberto Barbosa, fue posible gracias a una fórmula genial y creativa: satisfacer un requisito del Ayuntamiento (construir una escuela) a cambio de obtener el permiso para construir el edificio de viviendas más alto de Badalona en ese momento y financiar el nuevo pabellón con la futura venta de esas viviendas. Dani Fernández recordaba así la operación:

El solar estaba calificado como zona escolar y con el compromiso de edificar en él unas Escuelas, como así se hizo; conseguimos que fuese calificado, al propio tiempo, como zona edificable y deportiva. La Sociedad constructora, que yo presidía, cedió gratis el terreno al Club, con lo que, de entrada, la Penya se encontraba con un patrimonio (El Mundo Deportivo, 12.XI.1982, p. 22).

Yo era muy amigo de Josep Padrós, y gracias a él conocí al propietario de los terrenos. Como era constructor le dije que se lo compraba, ya que a él no le dejarían edificar, porque era para equipamientos, y yo haría el campo para la Penya, pisos y un colegio. Convencí al alcalde Felip Antoja y nos dio el permiso e hicimos 135 pisos, y con los beneficios pudimos construir el campo (Badalona 2000, Edición Especial, 75 anys de Penya, 2005, p. 21).

1a_piedra_ausias_march.jpg

Dani Fernández poniendo la primera piedra del Ausiàs March (28.XII.1970) (Foto: archivo familiar)

La primera piedra del nuevo pabellón se puso el día de los Santos Inocentes de 1970. Los movimientos de tierra se iniciaron el 4 de marzo de 1971. Un año y medio más tarde (el 30 de septiembre de 1972), llegó la inauguración del Ausiàs March: ese día, el presidente del Joventut, Antoni Mas, sintetizó con estas palabras la fórmula mágica de la “Operación Pabellón 1971”:

Un acuerdo con el propietario del terreno —previo refrendo del Ayuntamiento— y la construcción de unas escuelas para 700 plazas diurnas y otras tantas nocturnas. Con esta fórmula, esbozada así, superficialmente, el Juventud pasaba, como así ha sido, a ostentar la propiedad del terreno y, por supuesto, del Pabellón, haciéndose, de este modo, con un patrimonio del que había carecido siempre. No he dicho, a todo esto, que esa fórmula resultó viable, gracias a la estrecha vinculación de nuestro vicepresidente, Daniel Fernández, con los medios de la construcción. Ha sido él, sin ninguna duda, el principal artífice de esta maravillosa obra de la que tan orgullosos nos sentimos los directivos y socios del Juventud, y al mismo tiempo, los badaloneses en general (…). Todos confiamos, en que el club, una vez cerrada la que podemos llamar «Operación Pabellón», quedará en situación de ir haciendo frente a sus compromisos económicos sin agobios (El Mundo Deportivo, 30.IX.1972, p. 19).

Para esa fórmula multifactorial, Dani Fernández puso en juego toda su experiencia adquirida en el ramo de la construcción en los años previos: pues, efectivamente, en 1963 había emprendido la reforma de una infraestructura deportiva importante (la Sala Gran Price, Barcelona), en 1964 se había embarcado en la promoción de un colegio (Xaloc, L’Hospitalet de Llobregat) y en 1967 había finalizado la construcción de un “rascacielos” de viviendas (Edificio Autopistas, Barcelona).

Pero incluso contando con esas experiencias, a Dani no le resultó fácil hacer posible este sueño del club verdinegro: necesitó emplear cuatro años en negociaciones y papeleo para poder iniciar las obras (1966-1970), un año y medio en la construcción del pabellón (1971-1972), y cuatro años más para la venta de los 135 pisos (1972-1975) y la puesta en marcha de la escuela Dauradell (1975). Es decir, tal “gesta” requirió diez años de duro trabajo. Pero valió la pena: por fin la Penya contaba con un patrimonio de 40 millones de pesetas que en veinticinco años pasó a valer 650 millones. Así lo celebraba Mundo Deportivo a los pocos días de la inauguración:

La profunda y legítima satisfacción que la gran familia verdinegra siente en estos momentos sabiéndose dueña del más bello palacio deportivo de España e incluso de Europa (…). La denominación que mejor le cuadraría sería la de Palacio. La palabra Pabellón resulta poco sugerente para un edificio de las proporciones y de la belleza de línea e incluso de la suntuosidad del nuevo recinto badalonés (…). A todos nos hubiese gustado mucho que en la placa conmemorativa que descubrió el delegado nacional, señor Gich, hubiese aparecido el busto de Daniel Fernández, vicepresidente del Juventud, y artífice principal de esta magna obra. El club, los socios y los aficionados badaloneses y la ciudad tienen, pues, una deuda de gratitud contraída con el sencillo y campechano Daniel Fernández. Para cuando se decida alguien a dedicarle un homenaje —que debería llegar sin demasiada demora— nosotros nos apresuramos ya a anticipar nuestra sincera y entusiástica adhesión (El Mundo Deportivo, 5.X.1972, p. 23).

Con motivo de los JJ. OO. Barcelona’92, el Ayuntamiento construyó el Pavelló Olímpic (inaugurado el 19 de septiembre de 1991; premio Mies van der Rohe, 1992), que pasó a ser la cancha oficial del Joventut de Badalona, mientras que el Ausiàs March siguió utilizándose para los equipos inferiores. Y en 1996 ocurrió algo realmente doloroso: los dirigentes del Club tuvieron que vender su más preciado patrimonio —el Ausiàs March— al Ayuntamiento para poder sanear las finanzas y conservar la Categoría de Honor (¡que por cierto, nunca se ha perdido!). Esta crisis económica vino a resultas de la mayor gloria deportiva del Joventut: la conquista de la Copa de Europa en 1994, pero esto lo dejamos para otro artículo. Lo que cabe destacar ahora es que el Ausiàs March cumplió el cometido para el que lo había pensado Dani Fernández: dar estabilidad a un club económicamente modesto en los momentos de crisis, que siempre llegan.

En sus casi veinte años de “vida útil” (1972-1991), el Ausiàs March fue protagonista de grandes glorias: 1 Liga Nacional de Baloncesto, 1 Copa del Rey, 3 Copas del Príncipe, 2 Supercopas de España, 4 Ligas Catalanas, 2 Copas Korac y la gran Liga ACB del año 91. Además de todo esto, el Ausiàs March fue testigo del entrañable homenaje que, en junio de 1973, Raimundo Saporta quiso tributar a los dos mejores jugadores de entonces: Emiliano Rodríguez y Nino Buscató. Quizá la mayor gloria del pabellón fue albergar el Eurobasket 1973, evento que anticipó las Olimpiadas de 1992 y que supuso un cambio de tendencia en la selección masculina de baloncesto para que se convirtiera años más tarde en la potencia mundial que es ahora. El Ausiàs March también quiso aportar su granito para los JJ. OO. Barcelona’92: fue designado para acoger el campeonato de boxeo. Por último, el nuevo pabellón fue el gran detonante para que la base social se disparara, especialmente la del público joven, pasando de 1.500 socios en 1969 a más de 3.500 en 1972, un crecimiento realmente asombroso para esa época. Con este curriculum, es normal que algunos aficionados de la Penya nos atrevamos a gritar a los directivos actuales del Club: ¡en cuanto podáis, volved a recuperar el Ausiás March! Fue un pabellón específicamente diseñado para la práctica del baloncesto, fue un pabellón que la FIBA lo bautizó como el mejor pabellón de Europa, fue un pabellón expresamente ideado para ser propiedad de la Penya.

Sirva este artículo para rendir homenaje al pabellón Ausiàs March y a su principal artífice: Daniel Fernández Mercadé. Pienso que la historia de este pabellón puede servir de piedra miliar para que los equipos modestos del baloncesto español se animen a soñar en grande: con creatividad y esfuerzo se puede llegar lejos y plantar cara a los equipos poderosos, como consiguió hacerlo el dream team de la Penya de los años 60 y 70.

03_2009_homenaje_x_80_en_joventut_afc.jpg

Dani Fernández, homenajeado por la Penya cuando cumplió los 80 años (Foto: archivo familiar)

Josep Fernández-Capo, autor del libro “¡Construyendo la Penya!" (libro en promoción (versión electrónica = 0 €) hasta el 4.X.2021).

 

Sobre el autor

 
Antiguedad: 
2 meses 2 semanas
#contenidos: 
2
#Comentarios: 
2
Total lecturas: 
2,101

Comentarios

Estuve en él por primera vez el año pasado y es cierto que exteriormente está como bastante camuflado.
Qué tiempos aquellos de verlo en tv donde parecía entonces un auténtico " Arena" !!

Nunca llegue a ver ningún partido en este pabellón. Pero alguna vez que he pasado delante de el, cuesta pensar que debajo de ese "mamometro" de edificio hay un pabellón de basket de 5.000 personas.
Por la TV, se notaba que era una caldera a presión....