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Carramimbre CBC Valladolid: es duro ser una ardilla poscovid

  • ¿Como vive el aficionado medio de las ardillas la incertidumbre del ascenso?

Pasan las semanas y el embrollo de los ascensos de LEB Oro a ACB, lejos de solucionarse, se haya en un punto muerto que, a todas luces, juega en contra de las aspiraciones de Guipuzcoanos y Vallisoletanos en lo que a jugar en la máxima categoría del baloncesto español el próximo curso se refiere. La situación actual, con una ACB cerrada en banda a los nuevos ascensos, pero sin decantarse por una posición clara para evitar así enfrentamientos con el CSD, deja a los aspirantes en un limbo burocrático y lo que es peor, atados de pies y manos a la hora de confeccionar la estructura de la próxima temporada.

Por resumir brevemente ya que sobre el tema ya se ha escrito largo y tendido, tenemos:
1º Una ACB que se niega a hacer efectivos sus descensos y, por tanto, a aceptar los ascensos evitando así una liga de 20 equipos el próximo año. Reanudando su competición para disputar el título, pero no los descensos.
2º Una FEB que, tras demorar su decisión semana tras semana (puede que buscando es paraguas del CSD para amparar su decisión) decide que se finalice la competición y, legítimamente, considera a CBCV y GBC aspirante al ascenso de categoría.
3º Dos equipos (pucelanos y guipuzcoanos) que, a fecha de hoy, han recibido manual de instrucciones por parte de la ACB con los requisitos a cumplir para optar al ascenso. Estos requisitos, entre otras lindezas, obligan a ambos clubes a sacar el talonario desde ya sin tan siquiera confirmar que su plaza estaría asegurada cumpliendo esos requisitos.

Con este escenario nos encontramos, y a partir de ahora voy a centrarme en Valladolid, con una ciudad que sin duda vivió momentos de baloncesto mejores, pero también mucho peores. Una ciudad a la que se le ha puesto un caramelo en la boca que, y no nos engañemos, ni el más ferviente de los seguidores de las ardillas se podía imaginar en el inicio de la temporada. El tren ACB ha parado en la estación Pisuerga y la proclama generalizada dentro del mundo de la pelota naranja es que hay que subirse sí o sí, pues este tipo de ocasiones no se deben dejar escapar.

Parece claro que el sentimiento del aficionado pasa por volver a tener un equipo en ACB lo antes posible, pero no debemos obviar ciertas señales que podrían augurar que ese paso aún no debe darse. El CBCV es un club muy joven, fundado en el verano de 2015, que desde el minuto uno ha luchado contra la política del “vivir por encima de tus posibilidades” (tumba del mítico CB Valladolid) plantando batalla a los delirios de grandeza con austeridad y cabeza en sus movimientos. Tanto Hansen como su equipo son sabedores de que un paso demasiado largo puede traer un traspiés, perdiendo de un plumazo todo lo conseguido durante estos años.

Desde hace tiempo se venía hablando que tanto la realidad del baloncesto profesional como la intrínseca que se vive en Valladolid, obligaba a buscar un compañero de viaje poderoso a la hora de afrontar esa vuelta a la élite de un club de la ciudad. Ese compañero debía de ser el Real Valladolid y el devenir de los acontecimientos ha precipitado ese entendimiento entre entidades. Está previsto que esta semana se anuncien más y más concretos datos sobre cómo se va a desarrollar ese principio de acuerdo anunciado hace días. Sin duda esta coalición abre las puertas a soñar con algo que, de otro modo, sería completamente utópico. El dinero del fútbol se antoja necesario para que el CBCV siga creciendo, tanto si es en ACB como si al final es en LebOro
Por suerte o por desgracia, en Valladolid hemos aprendido que no todo empieza y acaba con la ACB y ojo, no quiero ser malinterpretado, de la 83/84 a la 14/15 (con la excepción de la 08/09) son 30 temporadas las que disfrutamos de esa competición por estos lares y reconozco que es algo especial. Si el paso a dar ahora es dejar que fragüen los cimientos que tan bien han sido colocados en esta construcción que es el CB Ciudad de Valladolid, bienvenida sea la medida. El ascenso a ACB es un derecho que merece ser optimizado y rentabilizado a largo plazo. Tendremos que esperar unos años para saber si las medidas que se van a tomar en los próximos 15 días serán correctas o no, lo único que está claro es que, ocurra lo que ocurra, Valladolid tiene que seguir apoyando este proyecto para llegar de verdad al lugar donde estuvimos.

José A. Verdejo

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