Solapas principales

Carlos Cabezas, Luís Álvarez, José Álvarez, Larry Spicer y Gerardo Rubio

El Peor Pabellón del Mundo

“El Peor Pabellón del Mundo”, así lo calificó Drazen Petrovic la primera vez que pisó el José Antonio Murado de Albolote, puede que tuviese razón, pero también es cierto que fue el horno donde se cocinaron los sueños de élite de una ciudad, Granada, que con un empresario mecenas se metió, más por cojones que por fundamentos, en la élite de la canasta. Cabe decir, que el Oximesa, después Puleva, nunca vivió un descenso de categoría en aquél vetusto pabellón, aún en pie y en uso, enmarcado en una nave industrial en un polígono a las afueras de Granada.

Mi primer contacto con el baloncesto fue en el año 1983, el día de mi noveno cumpleaños, mi tío Luis Carlos hacía malabares con la antena del “transistor” para poder escuchar la Cadena SER, estaban dando al Oximesa, no recuerdo el rival, en el pabellón del Estadio de la Juventud  (aún no existía el del Albolote). Después de los bocatas de “pan bimbo con apis”, las patatas fritas y las fantas de naranja, tras recibir los regalos de rigor (dos o tres, antes era otra cosa), me puse a escuchar el baloncesto, y todo cambió para mí. Aprendí el manejo del transistor, memoricé lo del 1080 Mhz para escuchar a aquel tipo que narraba con tanta pasión los partidos y nombres como los Hermanos Álvarez, Carlos Cabezas, Rodríguez Franco, Ibánez (que me hacía mucha gracia, porque decía que era un primo lejano de mi padre al coincidir con su segundo apellido) y Clavero comenzaron a quedar grabados en mi pequeña cabecita. Visitar el nuevo Pabellón José Antonio Murado en Albolote (más allá de los confines del cole, tan lejísimos) se convirtió en un sueño.

Siempre recordaré la primera vez que pisé el pabellón, mi padre, Guardia Civil de profesión, tuvo que hacer un servicio en el pabellón y pidió permiso a su superior para llevarme, antes con un “mi capitán, que llevo al chavea a ver el baloncesto” bastaba. Así fue como pisé por primera vez, a finales del año 83, el Pabellón José Antonio Murado, una nave industrial con canastas, parquet y asientos. A mis ojos, una fábrica de sueños grandiosa, donde cabían ¡¡¡2000 personas!!!. Además, fue curioso porque me senté al lado de mi padre… en el banquillo de los jugadores, junto a esos “gigantes que jugaban”, el asombro me paralizó y me impidió moverme, pero aquél partido no lo olvidaré jamás, un partido de Primera B contra RC Náutico de Tenerife (no me pregunten el marcador, yo era un chaval de 9 años en una nube, el resultado fue lo de menos).

OXIMESA-PREMIA 1983

A partir de entonces empecé a vivir el basket muy activamente. Aluciné cuando en el año 84 mi padre me trajo un póster gigante de la selección que iba a los JJO de Los Ángeles 84 firmado por todos los jugadores (nunca supe cómo lo consiguió) -- póster se perdió en una de tantas limpiezas que nuestras benditas madres hacen a traición mientras estás en el colegio con la excusa de “pintar la habitación” --, compraba compulsivamente cómics y Gigantes del Basket, veía cada fin de semana los partidos en la tele, me enganché a la NBA de la mano de Ramón Trecet los viernes de madrugada… pero eso son otras historias.

La que nos centra se vive en el Pabellón José Antonio Murado, casi siempre a través de las ondas de radio, y muy pocas veces presencialmente. Los esfuerzos de José Antonio Murado por tener contentos a los jugadores (uno de los privilegios era tener barra libre en el Pub Basket en Pedro Antonio de Alarcón según pude saber años después) dio como fruto un sólido plantel que se mantuvo durante años, los Álvarez, Clavero, Cabezas, Ibáñez, Franco… fueron el núcleo del basket granadino muchas temporadas. El año que Murado fichó una maravilla llamada Larry Spicer en el año 1986, se consiguió, el 18 de Mayo en Ciudad Jardín frente al todopoderoso Caja de Ronda, el ascenso a la ACB (liga que se fundó tan sólo tres años antes) el marcador 81-93, con un Spicer imparable (31 puntos), bien secundado desde el perímetro por Clavero (19 puntos) y José Álvarez (21 puntos).

Mucha culpa tuvo el ambiente asfixiante de la cancha de Albolote, donde el espectador estaba, literalmente, con un pie dentro de la pista. Cuando echo la vista atrás hoy día, y pensar que nunca sucedió nada, me doy cuenta que el respeto, antes, estaba por encima de las pasiones.

 En Albolote, los parroquianos del basket, cuando el partido estaba “complicado”, en los tiempos muertos le daban una palmadita al árbitro en el hombre para decirle “árbitro, a ver cómo salimos de esta, eh?” y no pasaba nada; incluso, y esto lo he visto con mis propios ojos, se pararon algún que otro contraataque rival agarrando (sí, agarrando) del brazo al jugador rival… y no pasaba nada, como aquella mañana frente al Tenerife número 1 de Alexander Gomelsky (con un joven Trifón Poch de ayudante), cuando un aficionado propició una pérdida de balón de Beirán o Herrera, no lo recuerdo bien, para que Grbovic metiera un triplazo desde media cancha sobre la bocina que nos dio la victoria… mítico.

El basket de los 80 era otra cosa, tenía otro sabor, se vivía intensamente, como pudo comprobar el mítico Drazen Petrovic  el 7 de enero de 1989, día que lideró la victoria del Real Madrid frente al Puleva de Grbovic por 108-116, con un duelo entre los dos máximos anotadores de la liga. Aquella noche, en la que Puleva Granada le jugó de tú a tú al Madrid, Grbovic anotó 25 puntos, José Álvarez 24 puntos y Hartshome 33 puntos, pero los 42 puntos de Petrovic, los 19 puntos de Biriukov, los 21 de Rogers y los 18 de Antonio Martín le dieron la victoria al equipo blanco. Aquél partido, que viví en primera persona, fue menos igualado de lo que el marcador final mostró, el Madrid tuvo controlado el encuentro en todo momento, con ventajas de hasta 19 puntos con un desesperante Drazen Petrovic que lo metía todo. Grbovic, que fallaba tiros insólitos en él, tuvo un mal día desde el perímetro y no brilló. Los hermanos Álvarez fueron los artífices de la remontada en la segunda mitad, a la que Hartshome y Grbovic se sumaron con más acierto al final.

Los partidos, siempre calientes contra Mayoral Maristas o Caja de Ronda, los vecinos ricos de Málaga, se han escrito con letras de oro en la historia del baloncesto granadino, además de la primera victoria frente al Barcelona de los Solozábal, Epi, Sibilio, Andrés Jiménez, Trumbo, Kenny Simpson, Wallace Bryant, Juanito de la Cruz, Ferrán Martínez… por 76-74. El Barça se proclamaría campeón de liga aquella temporada 86-87.

Pero el mayor hito vivido en el Pabellón José Antonio Murado, al menos para mí, fuera de partidos puntuales, fue el playoff por la permanencia en la ACB que se vició contra CajaBilbao en la temporada 1990-91, la última que viera el Pabellón Murado en la élite. Fue la primera vez, en la historia del baloncesto español, que un equipo remontaba un 2-0 en una eliminatoria a cinco partidos, los marcadores fueron:

26/04/1991    Cajabilbao - Puleva Baloncesto Granada         95 - 78                 

28/04/1991    Cajabilbao - Puleva Baloncesto Granada         82 - 72                 

03/05/1991    Puleva Baloncesto Granada - Cajabilbao         95 - 82                 

05/05/1991    Puleva Baloncesto Granada - Cajabilbao         68 - 66                 

08/05/1991    Cajabilbao - Puleva Baloncesto Granada         85 - 88                 

Los dos primeros partidos fueron dominados claramente por el equipo vasco, prometiéndoselas muy felices en su desplazamiento a Granada, pero un gran John Ebeling (27 puntos en el tercer partido, 34 puntos y canasta ganadora en el cuarto partido y 29 puntos en el quinto partido en Bilbao) y un magistral Eduardo Clavero  (28 y 29 puntos en el tercer y quinto partido), arengados por unos 1000 aficionados en los partidos en Albolote, lo consiguieron. El quinto partido lo viví pegado a la radio, arrodillado en mi dormitorio con el aparato en mis manos, sufriendo por los 41 puntos de Mark Simpson, imparable alero de los bilbaínos, que fue el que erró el triple final que le dio la salvación a Granada y que condenó a la ciudad de Bilbao a 13 años de travesía por el desierto, con la desaparición del CajaBilbao en 1994, la creación del actual Bilbao Basket que en 2004 volviera a la élite.

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Pabellón José Antonio Murado en la actualidad (Foto: granadaenjuego.com)

En el año 1991 el Ayuntamiento de Granada construyó el Palacio Municipal de Deportes, y el José Antonio Murado pasó a ser pista de entrenamiento, usada para competiciones menores e incluso para futbol sala. Sigue en pie, remodelado y en vigencia, y siempre vivirá en el recuerdo de los apasionados del baloncesto granadino que pudimos pisarlo. Es uno de los monumentos deportivos de la ciudad que debiera ser mejor tratado, pero eso es harina de otro costal.

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Comentarios

Wendell, gracias por tu palabras. Modifico la posición de Simpson. Quain, efectivamente, era el poster del BEX, una maravilla que coronó mi dormitorio durante casi una década.

Magnifico! el poster del que hablas, supongo seria el que edito el aptrocinador el banco exterior de España el BEX, saco un poster con foto individual de cad jugador con fondo negro y su firma debajo! el poster mas bonito de la historia!!!!!!

Emotivo y nostálgico artículo, cuando leo este tipo de escritos parece que voy atrás en el tiempo...solo una cosilla, Mark Simpson no era escolta, era un alero de 2,03