Solapas principales

Pierre Oriola, el secundario más protagonista

  • Puntualizamos en los tres factores que han permitido a Oriola confiscar la titularidad
  • La llegada de Saras fue fundamental para una optimización en su juego

Hay algo de místico en los jugadores secundarios. Una especie de lucha intrínseca contra sus propios demonios en la que a veces le toca sacar la cabeza al jugador pero muchas son los demonios los que acaban por vencer. La atención de la disputa se desvía a menudo hacia sus compañeros, hacia esos ‘rivales’ dentro del equipo a los que rascarle los minutos, aunque jamás haya sido así. La contienda siempre fue contra ellos mismos, contra su ambición, contra las expectativas generadas o contra las críticas recibidas.

En una de esas batallas vive Oriola, siempre el primero a la hora de poner el pecho ante las adversidades. Su carrera se cimenta a base de esfuerzo y sacrificio, de pasar de ser un jugador más en categorías inferiores a una de las referencias de aquel Huesca de la 13/14. De encontrar su hueco como jugador de rol en la Liga Endesa, a convertirse en el pívot titular del equipo puntero de la Euroliga.

Más allá de las circunstancias que lo han llevado a ocupar dicha posición, el pívot ha dado razones para que se siga confiando en él, no solo por su rendimiento, sino por su capacidad para adaptarse a lo que le solicitaba su entrenador

versatilidad defensiva

La partida de Tomic, por petición expresa de Saras, es una de las principales evidencias del sistema defensivo que pretendía implantar el entrenador lituano. Uno en el que los pívots participen de manera proactiva en la defensa de los pick and roll y en el que las segundas y terceras ayudas lleguen siempre a tiempo para cubrir los huecos a los que se expone el conjunto culé al defender de forma tan abrasiva.

Mientras en las oficinas se debatía si fichar o no a un pívot, Oriola trabajaba para entender lo que necesitaba su equipo. Si bien venía de ser el suplente natural de Mirotic en el puesto de ala pívot, el de Tàrrega esta temporada vería más minutos como ‘5’. La altura, su gran contratiempo.

La capacidad atlética de Oriola para poder adaptarse a todas las defensas de pick and roll fue uno de los puntos explotados por Saras. Su movilidad le permite cambiar en los bloqueos, realizar un flash y volver a por su hombre o incluso hacer un trap y luego rotar en defensa. Abarca todos los registros, y eso, la polivalencia, con Jasikevicius tiene premio.

 

 

Su trabajo, y el del cuerpo técnico, permitieron ‘esconder’ sus carencias en labores de intimidación. Si bien ante jugadores de gran envergadura -Tavares, Milutinov- el conjunto culé apeló de inicio a jugadores más altos, fue el propio Oriola quien acabó aguantando mejor, junto a un sistema de ayudas cada vez más pulido, las embestidas rivales.

optimización ofensiva

La pasada temporada, cuando se desempeñó mayormente en la posición de ‘4’, Oriola exhibió un tiro de tres suficiente para representar una amenaza real y condicionar a la defensa rival. Su acierto -26/68, 38%- fue oro para que Tomic encontrase el espacio necesario para castigar la zona. Esto, sin embargo, lo llevó a un rol más pasivo, en el que se priorizaba su capacidad de liberar espacios, contraria a su mayor virtud, que es la de atacarlos.

Desde la llegada de Saras, las directrices han cambiado. Ahora Oriola juega de ‘5’ y lo hace con un rol diferente. El equipo encontró en él un bloqueador capaz de realizar continuaciones rápidas hacia el aro que castiguen a los pívots de menor movilidad. En lugar de buscarles las cosquillas lanzando de tres, Oriola lo hace explotando su velocidad, donde casi siempre encuentra superioridad.

El capitán del Barça prácticamente ha eliminado los triples de su repertorio -lleva un 3/7 en Liga Endesa y un 0/1 en Euroliga- y se dedica a interpretar las defensas para adueñarse de todos aquellos recovecos en los que se generan puntos ciegos. La lectura de las basculaciones rivales le ha permitido aparecer -que no estar- justo donde el equipo lo requería.

De esta forma, la lectura del juego que siempre había infrautilizado, se convirtió en su activo más asiduo. 

desde un segundo plano

A pesar de haber incrementado sus roles con el correr de los años, Oriola siempre se ha mantenido al margen de los grandes focos. No es Mirotic, pero tampoco pretende serlo. Conocer sus limitaciones es lo que lo ha llevado a donde está, pero también ser capaz de ejercer de pegamento en un equipo.

No necesita que la pelota repose en sus manos, tampoco que se le asignen una cantidad ‘X’ de tiros por partido ni mucho menos jugar una cantidad fija de minutos.

Esa nula necesidad de balón es lo que permite que rinda tan bien cuando comparte pista con estrellas del calibre de Mirotic, Higgins o Calathes. Ante jugadores que crean desde el manejo de la bola, Pierre se ofrece como un complemento ideal para descongestionar las ofensivas y aprovechar la gravedad generada en torno a los demás.

Oriola, como la luna, reluce con brillo de los demás, siendo esa la mayor virtud de un jugador acostumbrado a convivir con estrellas.

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