Izan Almansa y la paradoja del nómada del baloncesto moderno

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POR JESÚS QUERO
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Foto: acb Photo / Borja B. Hojas

El Real Madrid ha hecho oficial lo que era un secreto a voces desde junio: la desvinculación de mutuo acuerdo de Izan Almansa. El interior murciano pone rumbo a la Universidad de Gonzaga, en la NCAA, como también estaba previsto. A corto plazo, el movimiento es impecable, en el roster blanco no tenía hueco en la rotación de Pedro Martínez, rechazó salir cedido a un proyecto de zona media-baja de la ACB y en Spokane le espera un programa universitario de primer nivel mundial acompañado de un contrato NIL de seis cifras. Sin embargo, más allá de la conveniencia a corto plazo, la firma por los Bulldogs deja al descubierto una trayectoria tan estrambótica como sintomática de los tiempos que corren.

Izan Almansa: el ‘jugador cobaya’ de la nueva era

Izan Almansa se ha convertido, quizás sin pretenderlo, en el primer gran laboratorio itinerante del baloncesto global. En apenas cuatro años, su plan de carrera ha sido un mapa sin rumbo fijo: cantera del Real Madrid, experimento comercial en la Overtime Elite, escaparate individualista en el extinto G-League Ignite, baloncesto físico de adultos en Australia (Perth Wildcats), fugaz retorno a la casa blanca alternando el primer equipo con la Liga U, y ahora, con 21 años, desembarco en la NCAA.

Izan ha probado absolutamente todas las carreteras secundarias inventadas en el siglo XXI para atajar hacia la NBA. El problema es que los atajos no siempre acortan los plazos, sobre todo si hablamos de maduración técnica de un jugador en formación. Queriendo esquivar el aprendizaje “lento” de la formación universitaria o el peaje de minutos contados en Europa, su viaje alrededor del mundo le ha terminado devolviendo a la casilla de salida: la universidad estadounidense… pero a los 21 años.

¿Qué le aporta el ecosistema de Mark Few?

Si dejamos a un lado el mapa de carreteras previo, la elección de Gonzaga es, desde el punto de vista estrictamente táctico, brillante. Mark Few es probablemente el mejor arquitecto de interiores versátiles de la NCAA moderna. Por sus manos han pasado perfiles como Domantas Sabonis, Chet Holmgren, Brandon Clarke o Drew Timme.

El baloncesto de Gonzaga es dinámico, con un ritmo de juego alto y basado en la lectura espacial. Para un jugador con los fundamentos, el rebote ofensivo y la capacidad de pase en el short roll que tiene Izan Almansa, el ecosistema de los Bulldogs es el idóneo caldo de cultivo donde evolucionar. Va a disponer de 30 minutos por noche, volumen de tiros y la libertad necesaria para pulir ese tiro de media distancia que tanto se le ha atragantado en el baloncesto profesional.

La lección del laberinto

El caso de Izan Almansa, coleccionista de MVPs en mundiales y europeos con las categorías inferiores de la Selección Española, deja una lección evidente sobre la mesa, y al descubierto un mal endémico de los tiempos que corren: el dinero inmediato de las nuevas vías de desarrollo y las promesas de un draft acelerado pueden llenar la cuenta bancaria a los 18 años, pero a menudo despistan lo fundamental, la formación de un jugador de baloncesto completo.

Gonzaga le dará a Izan la estabilidad y el protagonismo en un equipo importante que lleva buscando desde que salió de Valdebebas por primera vez. Ojalá encuentre en Spokane el sosiego que su carrera pedía a gritos. Pero su trayectoria quedará como el gran aviso para las futuras promesas: por mucho que la industria invente rodeos multimillonarios, el baloncesto no entiende de prisas.

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