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Entrevistando a Kobe Bryant<br>Foto: Charly Mula

El efecto mariposa: análisis de la renuncia de Kobe Bryant a los JJOO

  • Kobe Bryant ha anunciado su renuncia al combinado estadounidense en los próximos JJOO
  • Reflexionamos sobre la importancia de esta decisión y las consecuencias que puede tener

El brillo de la estrella se apaga. Fija en Los Ángeles, resplandeciente con el uniforme púrpura y oro. El último uniforme que vestirá. El último con el que veremos a Kobe Bryant pisar una pista de baloncesto.

Anoche, tras la derrota cosechada ante los Utah Jazz, Kobe lo anunció, una vez hablado con Jerry Colangelo y Mike Krzyzewski. Su adiós está fechado. No ha lugar a más despedidas. El 13 de abril, Kobe Bean Bryant se despedirá de las canchas ante los Jazz, en el Staples Center, su casa. Con este mensaje, Kobe cerraba las puertas a la selección, a participar en unos Juegos Olímpicos.

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Kobe Bryant                    Foto: Charly Mula
Kobe Bryant Foto: Charly Mula

Cuando anunció su retirada el pasado 30 de noviembe, dejó abiertas las puertas al combinado nacional, en un último servicio a su país y al baloncesto. Una despedida inmejorable, en el marco de unos Juegos Olímpicos y con la selección estadounidense como máxima favorita para alzarse con el oro, el que sería el tercero en el palmarés de Kobe. Mas no lo considera necesario. No quiere más despedidas, más homenajes. Quiere descansar. Quiere dejar de alargar esta agonía física, este suplicio sobre la cancha que está siendo orden del día en su final de carrera.

Kobe Bryant dice adiós y da paso a los jóvenes. Así lo justifica él, al menos. “Desde que anuncié mi retirada, he podido ver a los jugadores jóvenes con otra perspectiva. Ellos son el futuro de este deporte y quienes merecen competir en Río. La gente necesita verlos a ellos. Y son los que harán ver a los aficionados por dónde va a ir este deporte en el futuro”, decía Kobe al anunciar su retirada.

Su renuncia abre un nuevo marco para la selección estadounidense. Un combinado necesario de motivación para ganar y mostrarse superiores ante los demás, con el sempiterno riesgo de ser dominados por la confianza y la autocomplacencia. Un fracaso es más sonado que un triunfo. El último servicio de Kobe era el arma más mortífera a la que podría enfrentarse cualquier otra selección, en particular el combinado español, que llegará con la motivación de saber que es, también, la despedida de su generación de oro.

Sin embargo, el adiós de Kobe deja huérfana a la selección estadounidense. En pleno proceso de cambio, con la marcha de Krzyzewski cuando finalice el torneo olímpico, los EEUU necesitan retroalimentarse para no caer en errores del pasado. 2008 fue la redención. 2012, la confirmación de una nueva era. 2016 aspiraba a ser el adiós de la leyenda, de uno de los mejores jugadores que ha dado el baloncesto, de un depredador que apeó a España del oro en 2008, donde silenció a todos los asistentes y a aquellos que disfrutamos del mejor encuentro FIBA desde nuestros hogares.

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Kobe Bryant machaca el aro ante España (Foto: FIBA.com)
Kobe Bryant machaca el aro ante España (Foto: FIBA.com)

Kobe Bryant era el símbolo necesario para alcanzar la gloria. En este momento, más que su aportación en la cancha, era básica su meta aportación, el miedo y respeto que infunde ante sus rivales. Era tener un pabellón aplaudiendo y coreando al mito. La presencia de Kobe Bryant se traducía como el punto y final al idilio que ha vivido la selección estadounidense tras los fracasos de 2004 y 2006.

Krzyzewski debe tomar ahora una decisión, que puede antojarse clave para el futuro de la selección. Si opta por continuar el cambio paulatino que estaba sufriendo el USA Team en los últimos torneos, como el Mundobasket de España, puede verse con un vestuario sin un líder claro. Ha funcionado, desde luego, ya que el equipo americano no ha visto peligrar su dominio, mas la selección ha dejado frío a algunos aficionados por la falta de un referente claro.

Hay nombres para ocupar el lugar que deja Kobe Bryant, siendo el de Stephen Curry el que encaja en más aspectos, aunque su origen burgués en muchas ocasiones ha generado controversia con sus compañeros, que no lo ven como uno de los suyos. Un estilo fino, pulcro y delicado, la perfección en el tiro y la elegancia sobre el parquet son armas de doble filo si acuden pesos pesados como LeBron, Carmelo o Chris Paul. Son leyendas y Curry sólo ha comenzado a forjar la suya, aunque a pasos agigantados.

Es cierto que el prisma que abre Curry en el baloncesto FIBA es, a día de hoy, inimaginable. Y es más que posible que, con él en pista en los Juegos Olímpicos, las televisiones se vean obligadas a colocar los dos rombos en una de las esquinas de la retransmisión. Las características de su juego no son sólo trasladables al ritmo del baloncesto FIBA, si no que lo hacen aún más letal. Su rapidez a la hora de armar el brazo y su capacidad para lanzar desde cualquier parte de la cancha y de cualquier manera son inigualables. Si nadie en la NBA  había visto algo como Curry, en el mundo FIBA no están aún preparados para enfrentarse a ello.

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Stephen Curry (Foto: FIBA)

Y esto es, a su vez, un peligro. Kobe Bryant era el diplomático ideal para este bendito problema, sirviendo de conexión entre presente y futuro. El hombre admirado por todos, reverenciado, la leyenda en activo, el jugador a la que las estrellas actuales le piden que les autografíe las zapatillas.

¿Cómo lidiar ante este problema? Krzyzewski deberá decidir si volcar el peso de su juego en Curry y su capacidad para crear, creando un estilo de juego cuasi clónico al expuesto por Steve Kerr en los Warriors, con Curry como creador y ejecutor. Aún así, la elección de los compañeros en este aspecto debe ser muy cuidada. Con Harden este sistema estaría destinado al fracaso, pues el escolta de los Houston Rockets necesita el balón para generar a buen nivel y ha demostrado en contadas ocasiones que él no quiere ser segundo plato. Limitarlo a un rol de tirador o rol secundario podría ser tan peligroso como pedirle que se esfuerce en defensa. Una suerte de bomba en un vestuario que, repito, podría no aceptar a su nuevo líder.

LeBron James, por su parte, parece el candidato perfecto. Su dominio físico en cualquier posición del baloncesto FIBA lo hace imparable. Como cuatro, podría adoptar el rol de Green en el esquema de juego, aunque tendría que aceptar no sólo compartir galones, si no cederlos. Y su paso al puesto de cuatro sería el paso definitivo de Anthony Davis al puesto de pívot, dotando al quinteto del USA Team de una capacidad física sólo vista en el Dream Team del ’92.

Aún así, la inclusión de LeBron abre otra brecha. Durant o Carmelo han demostrado ser tanto o más decisivos que el alero de los Cavaliers en FIBA, y deben formar parte del combinado. Esto deja a Draymond Green prácticamente al margen de la rotación, cuando su polivalencia se antoja clave en el esquema.

La reflexión es inabarcable, en definitiva, teniendo en cuenta el exceso de talento con el que cuenta ahora mismo la NBA – para beneficio de los espectadores, por supuesto-. La presencia de Kobe Bryant fue clave en los triunfos olímpicos de 2008 y 2012.  Su marcha deja sin líder a un vestuario que necesita seguir a alguien, mas no a un cualquiera. Necesitan a una leyenda, alguien venerado por todos. Uno de los suyos. Y Curry, por ahora, no lo es.

El panorama para el USA Team es potencialmente paradójico: cuentan con más talento que nunca, pero carecen de peso en el vestuario. Krzyzewski ha demostrado saber lidiar con el equipo y no se va a dudar de él a estas alturas, menos aún en su última cita. Quizás deba ser él el punto de apoyo sobre el que gire toda la estructura, ante de que Popovich ponga todo patas arribas y comience una nueva etapa, que debe mirarse con cautela y recelo, pues en este ecosistema propio que se genera entono al vestuario del USA Team hay poco espacio para más depredadores.

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Mike Krzyzewski y sus ayudantes<br>Foto: Charly Mula
Mike Krzyzewski y sus ayudantes<br> Foto: Charly Mula

Por si fuera poco, surgen bloques al otro lado del Atlántico y perduran otros que quieren derribar el dominio norteamericano. Serbia no pudo ni toserles en 2014, España fracasó cuando Krzyzewski había formado un juego interior para placar a los hombres altos de Orenga (recuerden, Ibaka, Reyes y los hermanos Gasol), y Francia quiere probar las mieles de la gloria olímpica. Y no sólo eso, pues la amenaza también nace en su propio huso horario: Brasil tiene madera para pelear en la zona con todos y cada uno de los pesos pesados americanos, aunque siempre ofrecen dudas y decepcionan. Y Argentina, la eterna Argentina, cierra, otra vez, su ciclo dorado. Demasiados gallos en el mismo torneo.

En conclusión, el ciclo se repite. Del Dream Team pasaron al dominio sostenido y vacío, sin aporte especial al juego, sin deslumbrar y siendo señalados. De ahí, a la redención, al reencuentro con el dominio, al abuso. Y al reinicio. El talento perdura, incesante en lo que parece, cada vez más, una fábrica de jugadores de ensueño, prediseñados y preparados para dominar el mundo del baloncesto. Pero unirlos no es fácil. Todos los imperios terminan cayendo. ¿Será Río de Janeiro el escenario ideal para ello?

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A falta de lesiones y renuncias sale un equipo temible:
Curry, Paul, Irving
Harden, Westbrook
Durant, Carmelo, George
Lebron, Griffin
Davis, Cousins