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Grandes equipos sin anillo: Sacramento Kings 2001/2002

  • Un equipo de un talento espectacular que se quedó a las puertas
  • Su juego de pase y corte se nos quedó grabado

Sacramento Kings estaba preparado para ganar el anillo en la temporada 2001/2002. La gerencia, tras años escalando posiciones en la Conferencia Oeste, había traspasado a Jason Williams para hacerse con Mike Bibby, un base más serio, lo necesario para llevarlos al anillo. Tenían una plantilla de mucha calidad, que se conocía y practicaba el juego más alegre de aquellos años. Bibby-Christie-Stojakovic-Webber-Divac era un quinteto muy consolidado y desde el banquillo contaban con sólidas aportaciones de Bobby Jackson, Hidayet Turkoglu y Scott Pollard. Un banquillo que se quedaba corto, en todo caso. Desde el banquillo, Rick Adelman cumplía su cuarta temporada con los de la capital de California, donde había consolidado el juego de pase al servicio de un ataque impredecible.

Los Kings hicieron una temporada regular excelente, en la que acabaron en cabeza de la clasificación de la liga en la Conferencia Oeste fue muy superior a su vecino oriental. Los de Sacramento acabaron con 61 victorias, por 58 de Lakers y Spurs y 57 de los Mavs de Nash y Nowitzki.

Los playoffs fueron fáciles para los equipos californianos, tanto Kings como Lakers eliminaron a los Mavericks y Spurs, respectivamente, por 4-1. La gran serie del año estaba servida. Los Lakers eran los vigentes bicampeones, con Shaquille y Kobe como grandes estrellas, pero los Kings tenían la ventaja de campo y un gran inconveniente de partida. Stojakovic estaba lesionado y no se sabía su fecha de retorno.

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La serie de la década

Los de Phil Jackson golpearon primero y lo hicieron con contundencia. Contra unos nerviosos Kings, en los que solo Webber y Bobby Jackson estuvieron a la altura, se llevaron el primer duelo y robaron el factor cancha. Tanto Kobe como Shaquille, 30 y 26 puntos respectivamente, resolvían sus acciones individuales, mientras que encontraron el apoyo de un Robert Horry, 18 puntos, que iba calentando la muñeca. Si los Kings perdían el siguiente, la serie estaría casi imposible.

Pero los Kings fueron los de las grandes noches y se llevaron el siguiente partido a base de juego colectivo. 20 asistencias y 5 jugadores con 13 puntos o más pusieron el empate en la eliminatoria. Bibby demostraba la razón por la que se le había fichado, con 20 puntos, 8 asistencias y un ramillete de tiros de media distancia (dónde ha quedado eso) que fueron enterrando poco a poco a los campeones. La serie se desplazaba a Los Ángeles.

El glamour angelino y las estrellas de cine se quedaron anonadados con lo vieron. El equipo del pueblo del interior de California comenzaba con un 32-15 que decantó el partido desde el primer cuarto. Shaquille y Kobe se quedaron en 42 puntos entre los dos, con 44 tiros intentados. Un desastre que demostraba que estos Kings iban en serio y, tras la paliza en Los Ángeles, no se atisbaban soluciones por parte de Phil Jackson. De los jugadores que pisaron la pista en los Kings, 6 anotaron 10 puntos o más y repartieron entre todos 25 asistencias en 38 tiros de campo anotados.

El cuarto partido es uno de los más icónicos de la historia de la NBA. Los Kings, lejos de amilanarse, terminaron el primer cuarto con un 40-20. La serie se le escapaba a los Lakers, que no podían hacer nada ante el vendaval que se les venía encima. Pero poco a poco, con el trío Kobe-Horry-Shaquille recortando las distancias, llegaron con opciones al final del partido. La última jugada, con dos puntos abajo para los amarillos, es historia. Kobe no consigue anotar y el disputado rebote, con un balón que cobraba vida propia, acaba en las manos de Robert Horry, que clava el triple con las luces del tablero brillando. 2-2 y los Lakers estaban vivos. Volvíamos a la capital de California.

 

El quinto partido demostró que las fuerzas estaban completamente igualadas, con unos Lakers que ya se habían recuperado tras su agónica supervivencia en el cuarto choque. Tras una lucha sin cuartel, se llegó a los segundos finales donde la moneda cayó esta vez del lado de los Kings, con Bibby como brazo ejecutor en los últimos segundos, momento en el que los Lakers echaron en falta a O’Neal, eliminado por faltas. Los campeones estaban contra las cuerdas.

El sexto partido fue el de la polémica. En otro igualadísimo partido, fue el día de Shaquille O’Neal (41 puntos) y la diferencia en tiros libres intentados (40 de Lakers, 25 de los Kings). Otro partido decidido en los minutos finales, que acabó provocando el séptimo partido y una indignación mayúscula de los Kings. Quedaba el séptimo y definitivo.

 

Volvíamos a Sacramento para el round final. Otro partido igualadísimo, que se tenía que decidir por detalles. Y el detalle fue el acierto en los tiros libres. Con unos Kings sin banquillo, solo acertaron 16 de los 30 tiros libres de que dispusieron. El partido se fue a una prórroga donde los de la capital de California doblaron finalmente la rodilla contra unos Lakers que lograrían su tercer anillo consecutivo.

 

Epílogo. No hubo más oportunidades

Siempre hay que aprovechar las oportunidades porque no sabes si van a volver. Y los Kings no volvieron a estar tan cerca de la gloria. En 2003 una inoportuna lesión de Webber en playoffs les pesó mucho contra los Mavs en segunda ronda, en la que perdieron 4-3. En 2004 volvieron a caer en segunda ronda, otra vez en el maldito séptimo partido, contra unos Timberwolves de Garnett que les impidieron tomarse la revancha contra los Lakers de Kobe, Shaq, Payton y Malone. Y a partir de 2005 ya no consiguieron superar la primera ronda, para acabar desintegrándose y comenzar un eterno periodo de reconstrucción en el que ahora están.

Los Kings, el equipo del juego de pase, de los cortes y de la sonrisa en la boca. Aquel que mereció un anillo, pero la potencia de Shaquille, el talento de Kobe y el embrujo de Phil Jackson lo impidieron.

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Comentarios

El tristemente famoso sexto partido (sin negar las teorías conspiranoicas) son el claro ejemplo de lo que no hay que hacer nunca, cuando parece que los árbitros han perdido la cabeza y resulta que te pitan todo en contra. Es decir, nunca perder la compostura, aguantar el chaparrón con dignidad, callar y luchar con honor sin bajar la cabeza.
Partido para poner a todos los chavales, y así aprendan a pensar en como llegar a un séptimo partido (o a la siguiente jornada) dar buena imagen a pesar de las injusticias, y no ponerselo en bandeja a los árbitros, por mucha sospechas que despierten. La dureza mental de los ganadores tambien se ve en esos particulares y desgraciados casos.