Solapas principales

Talento y anarquía en Hollywood

  • Ensayo sobre los anárquicos Lakers de la temporada 1997-98

A muchos aficionados de los Lakers, y de la NBA en general, les resultará sorprendente saber que, antes de los campeonatos, del éxito, la algarabía y el champagne que envolvieron al equipo a principios de la última década hubo un conjunto que concentró más talento y expectativas que cualquier otro roster. Sólo dos años antes.  Sí,  una plantilla superior a aquella que bajo el triunvirato Shaq-Kobe-Jackson gobernó con mano de hierro la liga y se llevó tres entorchados.  Un roster que en la temporada 97-98 podría superar en calidad a los de la época del showtime con Magic, Kareem o Worthy

Aquella plantilla, aunque suene a exageración e incredulidad, posiblemente reunía más calidad que las archiconocidas de 2000, 2001 y 2002. Los resultados, evidentemente, fueron muy dispares. Y para explicar esta confusa paradoja, hay que hacer una introspección en profundidad de todas las circunstancias y el contexto que rodeó al equipo. Un adentrarse en los teje-manejes internos de la franquicia,  con la perspectiva que nos ofrece el paso del tiempo.

En primer lugar, la confección de aquellos Lakers vino precedida de un viraje abrupto en el proyecto deportivo, que dejaba atrás la etapa anterior e iniciaba una nueva andadura en el verano de 1996. Hasta ese punto, el plantel que acababa de finalizar la temporada 1995-1996, había experimentado el segundo regreso a las canchas de Magic Johnson, en un acusado declive de sus aptitudes físicas (para entonces tenía 37 años y llevaba cuatro años alejado de las pistas), que le llevaron a jugar en la posición de ala-pívot, es decir, más cerca del aro para disimular su aspecto fondón.

Junto a la relevancia mediática de Magic (no tanto deportiva, aunque tampoco podemos hablar de fracaso), los otros protagonistas de aquella escuadra eran el pívot serbio, Vlade Divac, el alero anotador Cedric Ceballos, jugadores de rotación y oficio como Sedale Threatt, Corie Blount o Elden Campbell, y dos estrellas de futuro que casaban con la mentalidad playground y desenfadada de la época: Nick Van Exel y Eddie Jones. El primero, era un base eléctrico y rapidísimo que comenzó ganándose el cariño del Forum por sus volcánicas e inesperadas rachas de tiro (cuando parecía que todo le podía entrar), y su magnética capacidad para acumular canastas sobre la bocina. El segundo, Jones, era un swingman muy atlético que provocaba palpitaciones gracias a sus mates en contrataque, considerado el “nuevo James Worthy” según algunas voces autorizadas. Entrenados todos por Del Harris.

Resultado: 53 victorias y 29 derrotas en liga regular. Segundos en la división Pacífica, gozando de ventaja de cancha para los Playoffs, pero siendo apeados contra todo pronóstico por los Houston Rockets en cuatro encuentros. Mediocre imagen del equipo. No estaba a la altura de su historia y su legado.

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Magic Johnson intercambiando impresiones con un colegiado (Foto: Miqui Forniés)
Magic Johnson intercambiando impresiones con un colegiado (Foto: Miqui Forniés)

La directiva al completo se reunió: el propietario, Jerry Buss, el general manager y director de operaciones deportivas, Jerry West, y el entrenador del equipo, Del Harris. Acordaron que era necesario establecer cambios radicales en la configuración del roster, y que ya iba siendo hora de optar verdaderamente al campeonato. West tenía un proyecto interesante, lo había dibujado y planeado en su mente, pero sabía que su aplicación llevaría de una logística complicada, de un acierto milimétrico en las operaciones, y porque no, también de una pizca de suerte.

Era público y notorio que el pívot más dominante de la NBA, Shaquille O`Neal, se convertía en agente libre a cierre de la temporada 1996, y rumores insistentes hablaban de que no se encontraba a gusto en los Orlando Magic, la franquicia de Florida. Cada vez ganaba más enteros la idea de que Shaq pudiera poner rumbo a otra ciudad. Uno de los culebrones más mediáticos de la NBA en los noventa, estaba servido. Recordemos que, en aquellos momentos de tanta incertidumbre por su futuro, el de Newark se encontraba concentrado con la selección de baloncesto norteamericana en Atlanta, lista para arrasar en los Juegos Olímpicos.

Las relaciones entre Shaquille O`Neal y Brian Hill, el entrenador de Orlando, estaban muy deterioradas. En un punto crítico. Una circunstancia que nos remite a lo ocurrido con Dwight Howard y Stan Van Gundy hará cosa de dos años. El caso es que el Orlando Sentinel, uno de los periódicos de mayor importancia en la ciudad, publicó una encuesta en el que se le preguntaba a los lectores si se debía despedir a Hill como condición para que Shaq se quedara en el equipo. El 82 % de los participantes respondió que “no”. El contexto descrito nos ofrece una muestra clara de cuan caldeadas estaban las cosas.

Como consecuencia, parecía claro que "The Big Diesel" estaba forzando su marcha del equipo, y los Magic no iban a recibir absolutamente nada a cambio. Con el paso de las semanas, fue ganando enteros el rumor de que los Lakers habían llegado a un acuerdo con el jugador, en un contrato que se firmaría a razón de más de diez millones de dólares, el doble de lo que ganaba en Orlando.

Finalmente, el rumor resultó ser cierto y la operación se hizo oficial. Jerry West, visiblemente excitado, presumía de adquisición con declaraciones como esta:

“No puedo explicarlo. Siempre he pensado que el nacimiento de mis hijos es algo que no se me olvidaría nunca, pero la euforia que me produce esto, el hecho de que firmara con nosotros, es algo que se sitúa a la misma altura”.

Llegaba a Hollywood la joya de la corona

Años después, preguntado por la verdadera razón de su marcha, O`Neal respondería lo siguiente:

"Un 50 % estuvo motivado por el egoísmo. En aquel momento tenía muchas cosas en la cabeza…películas y álbumes…cosas que no podía dejar escapar. Otro 40 % fue por la encuesta del Sentinel y el hecho de que yo era muy sensible y susceptible a esa edad. El 10 % restante fue que Bob (Bob Van der Weide, entonces presidente de los Magic) y la organización estuvieron lentos a la hora de igualar la oferta de los Lakers".

Un testimonio bastante revelador.

Pero volviendo al tema que nos ocupa, el otro punto de focalización importante en la reestructuración de la plantilla, era la última y definitiva retirada de Magic Johnson, que ponía punto y final a una era.

A partir de ahí, West continuó edificando y haciendo magia en los despachos. En el draft de ese mismo año, se hizo con los derechos de un imberme pero desafiante Kobe Bryant, uno de los talentos más prometedores del país y elegido en la décimo-tercera posición de la primera ronda por los Charlotte Hornetts. A cambio, los Lakers mandaron a Vlade Divac a Charlotte. Las dos columnas principales del conjunto en el siguiente lustro, ya estaban levantadas.

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Divac se fue de los Lakers para dejar hueco a Kobe Bryant, llevando al bálcanico a vestir la camiseta de los Hornets

En 1997, los Lakers siguieron añadiendo retoques de importancia al roster y se hicieron con la adquisición de Rick Fox, un alero que estaba dando un buen rendimiento en Boston. Para hacerle hueco, decidieron traspasar a Cedric Ceballos después de que disputara ocho partidos con la casaca oro y púrpura, ese mismo año. Van Exel y Eddie Jones seguían en el equipo. Además, jugadores jóvenes pero de gran proyección como Derek Fisher o Robert Horry (bicampeón con los Rockets), se unían al proyecto. Retoques finales como el de Jon Barry (hijo del mítico Rick Barry), y la veterana ayuda de Elden Campbell o Corie Blount, completaban el fondo de armario.

Los todopoderosos y talentosos Lakers eran una realidad, otra vez. La liga se frotaba las manos.

Al inicio de la temporada 1997-1998, las apuestas situaban a los titánicos y dinásticos Bulls como máximos favoritos para hacerse con el anillo. El hecho de haber ganado los dos últimos campeonatos y de contar con la estrella más deslumbrante del universo NBA, Michael Jordan, se convertían en razones de peso suficientes. Junto a ellos, aparecían los Utah Jazz como vigentes subcampeones. Equipo sólido, muy difícil, casi imposible de vencer en su cancha. Otros planteles muy a tener en cuenta eran los aguerridos Pacers de Reggie Miller y compañía, los Spurs de Robinson y un novato Duncan, o los rocosos Miami Heat de Mourning y Tim Hardaway.

Pero muchos analistas coincidían en señalar que los Lakers, a pesar de su juventud, acumulaban un talento superior al de todos sus contrincantes y un desparpajo inigualable, aunque temerario en muchas ocasiones. Un quinteto inicial donde se situaban Van Exel, Eddie Jones, Rick Fox, Robert Horry y Shaquille O`Neal, con Kobe Bryant como sexto hombre de lujo, muy a su pesar. Calidad en cantidades industriales.

El punto de inflexión del equipo fue el encuentro que disputó y ganó ante los vigentes campeones, los Chicago Bulls, el 1 de Febrero de 1998 en el Forum de Inglewood. Vapulearon a Jordan y compañía con un marcador final de 112-87 a favor de LA. A partir de ese momento, se les empezó a tomar muy en serio. Phil Jackson, entonces entrenador de Chicago, llegaría a declarar:

“Nos aplastaron en el tercer cuarto. Han salido y nos han destrozado”

Otro momento cumbre de la temporada fue el All-Star Game de Nueva York, disputado en el célebre Madison Square Garden, donde los Lakers se vieron representados por hasta cuatro jugadores en el partido de las estrellas (Van Exel, Jones, Kobe y Shaq). Un hecho mayúsculo, que no se producía desde 1983, cuando Philadelphia mandó a su cuarteto mágico, formado por Moses Malone, Erving, Cheeks y Toney

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El Madison Square Garden de New York (Foto: Álvaro Paricio)
El Madison Square Garden de New York (Foto: Álvaro Paricio)

Pero no todo era color de rosa en el vestuario angelino. El equipo jugaba un baloncesto muy atractivo, radical, desafiante y alocado, donde aparecían grandes dosis de creatividad y anarquía, pero que mostraba su reverso tenebroso cuando las cosas no salían bien y la falta de disciplina se adueñaba del ambiente. Muchas ocasiones, la paciencia de Del Harris se veía superada y explotada. Era incapaz de controlar y educar a un compendio de egos, cada uno de su padre y de su madre, más pendientes de cualquier otro menester que del baloncesto. Nick Van Exel, el supuesto base del equipo, lanzándose triples imposibles que le hubieran significado una ejecución inmediata de haber estado bajo las órdenes de Bobby Knight, y empeñado en acumular sanción tras sanción por sus enfrentamientos violentos con el organigrama arbitral. Shaq, más atento a su carrera de rap (su segundo álbum, Respect, se lanzó en Septiembre de 1998) que a otra cosa, en muchos tramos de la temporada. Kobe, descontento por su situación de jugador suplente y exigiendo un cambio cuanto antes. Y Eddie Jones…bueno, Eddie con finalizar bandejas iniciando el salto desde la línea de triple, ya tenía suficiente.

La más absoluta anarquía hecha equipo de baloncesto

Con todo y con esto, la franquicia terminaría con un record impoluto de 61 victorias por 21 derrotas, la mejor temporada regular desde 1990, y con dos de sus jugadores clave, Shaq y Van Exel, que se habían perdido un combinado de 40 partidos entre ambos. Por si fuera poco, venían de ganar 22 de los últimos 25 partidos disputados. Es decir, disfrutaban de la mejor racha del año.

El caso es que el equipo arrasó en sus dos primeras series de postemporada, contra Portland y Seattle, para plantarse en las Finales de Conferencia ante los cerebrales Jazz de Karl Malone, Stockton, Hornacek, y el rígido y malhumorado entrenador, Jerry Sloan. En un principio, diversos medios concedían el titulo de favoritos a los Lakers, por frescura, por talento, por juventud…motivos todos ellos respetables e incluso correctos.

Pero cuando los Jazz se hicieron con los dos primeros partidos de la serie en su cancha, todo el mundo sospechaba que el desastre llamaba a la puerta. Algo no cuajaba en los Lakers, que se veían irremisiblemente superados, táctica y técnicamente, una y otra vez por los pupilos de Sloan, en un recital sublime que no supo contrarrestar Del Harris, muy inferior como estratega.  Shaq fue el único que dió la cara en aquellos encuentros, pero los restantes all-stars se vieron anulados y maniatados por completo, incapaces de aportar una tercera parte de lo que debían mostrar, por caché y aptitudes baloncestísticas.

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Kobe Bryant botando la pelota (Foto:Miqui Forniés)
Kobe Bryant botando la pelota (Foto:Miqui Forniés)

 

La gota que colmó el vaso fueron las burlonas y despreocupadas declaraciones de Nick Van Exel después del game 2. En un entrenamiento realizado al día siguiente de perder el partido, el equipo al completo hizo la habitual piña y gritó el cántico de camaradería: “Lakers, Lakers, Lakers”. Mientras, Van Exel, que se había unido al corrillo con desgana, albergaba otros planes en mente y soltaba el inadecuado chascarrillo: “Cancún, Cancún, Cancún”. Dando a entender que el equipo no tenía posibilidades de remontar la serie, y que era hora de ir pensando en las vacaciones.

Finalmente, al cabo de pocos días, los Jazz completarían un barrido vergonzoso para las expectativas angelinas, y Shaq, profundamente molesto por el comportamiento del base, habló con Jerry West y le exigió que Van Exel nunca más se atreviera a vestir la camiseta de los Lakers.

Dicho y hecho, ya que fue traspasado ese mismo verano.

Al año siguiente, la tendencia disfuncional seguiría, y no cambiaría hasta la llegada de Phil Jackson en la 1999-2000. Ya sin Van Exel y Eddie Jones, con la mejor versión nunca vista de Shaq, el advenimiento como superestrella de Kobe Bryant (que ya era titular indiscutible), y la instauración de una filosofía de juego distinta -el triángulo ofensivo-, se enterraba el proyecto anterior.

El resto es historia. Pero esta es otra de esas lecciones que el baloncesto y el deporte siempre se gusta en darnos, y es que, por mucho talento y calidad que uno pueda concentrar al mismo tiempo, este se torna totalmente inútil si no viene acompañado de orden, responsabilidad y trabajo duro.

Los Lakers de 1998 nunca aprendieron esa lección.

The Los Angeles Lakers 1997-98- Don't Ever Forget This Squad

FUENTES:

- Los Ángeles Times

- Orlando Sentinel

- Basketball Reference

- Sports Illustrated

- SLAM Magazine

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Comentarios

Gran recuerdo de esos Lakers que tanto me defraudaron contra los Jazz. No creo que Del Harris fuera mal estratega, como bien dices bastante hacía con lidiar con Nick The Quick, un O´neal que estaba de subidón y un jovencito de 18 de años que trabaja como nadie en los entrenos para acabar siendo un icono. Siendo justos con Harris, (yo fui injusto en la valoración que hize en el 1999 de su etapa en Lakers), con la perspectiva del tiempo el equipo de Harris jugaba adaptado a las caracteristicas de sus jugadores por aquel entonces, era un equipo en el que Shaq estaba madurando y Kobe haciendose. Phil hizo un gran trabajo pero llegó en un momento mas apropiado para lograr un equipo campeón. Los Jazz del 97 y 98 era un equipo madurado y trabajado en los años anteriores como si fuera un equipo europeo con la disciplina de Sloan, además Stockton y Malone estaban en el mejor momento de sus carreras. Equipos con talento "indisciplinado" como aquellos Lakers no tenian ninguna oportunidad en una serie de 7. Sólo otra máquina de jugar baloncesto de equipo con probablemente el más grande MJ conocedor del juego impidió que fueran campeones.

Buen artículo, pero, por favor, es triángulo ofensivo. Mágico era el cuadrado futbolístico de Luxemburgo de ingrato recuerdo.

Hola mike4. En efecto, tienes razón, el término correcto para referirse a ese patrón de juego es "triángulo ofensivo". Creo que escuché lo de "triángulo mágico" en alguna retransmisión televisiva, se me quedó y de ahí el lapsus, jeje. En cualquier caso, ya está corregido. Un saludo y gracias por tu comentario.