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Mindaugas Kuzminskas: un monarca en la Costa del Sol

  • El alero lituano quiere hacerse un hueco en la élite del baloncesto europeo

Hace aproximadamente 800 años, una figura de origen incierto, asentada cerca del mar Báltico, lograba hacer posible lo imposible: unir a todos los clanes/facciones de la zona en un solo reino. Su nombre era Mindaugas, y así empezaba la historia oficial de Lituania como estado de facto. Poco tiempo después, lograría contener el avance teutón con su conversión oficial al cristianismo, lo que dotaría al nuevo reino lituano de legitimidad y protección papal. Desde ese preciso momento, pasaría a ser conocido como "Mindaugas, el Gran Monarca de Lituania". La leyenda de los grandes caballeros lituanos había comenzado. Actualmente, se pueden apreciar estatuas en honor al primer benefactor en la actual capital del país, Vilna.

Hoy, en pleno 2015, ver a otro Mindaugas deslizarse por la cancha del Martín Carpena para finalizar un espectacular coast-to-coast que hunde la moral del contrario, es asistir a la coronación de un nuevo rey. El estreno del Unicaja en esta edición de Euroliga ante el Brose Baskets no fue en absoluto cómodo. El equipo alemán puso contra las cuerdas al conjunto dirigido por Joan Plaza en diversas fases del encuentro, pero allá donde hubo letargo y confusión, siempre aparecía el. Con su juego versátil y eléctrico, de pulso hiperactivo, Kuzminskas consigue inyectar energía renovada al equipo, sobre todo cuando más la necesita. Así fue como el Unicaja lograría recuperar el control del partido para terminar imponiéndose en el resultado final. El lituano alcanzaría los 18 puntos, 5 rebotes y 3 asistencias en tan solo 22 minutos de juego. Números que reflejan mucho más de lo que aparentan, y que ocultan la madurez de un caracter ganador. Un caracter que se ha ido forjando a fuego lento con el paso del tiempo.

Nacido en Vilna en el otoño de 1989, el ascenso de Kuzminskas al estrellato tuvo como gran punto de partida su estancia en la prestigiosa "Sarunas Marciulionis Basketball Academy", un centro de formación para jóvenes promesas procedentes de todo el país, dirigido por la leyenda que le da nombre. Fue allí donde lograría moldear un talento natural para practicar este deporte, a base de duros entrenamientos, sacrificios constantes y asimilación de fundamentos.

La vida en la academia no es nada fácil si tenemos en cuenta la disciplina que Marciulionis imparte a sus pupilos. Llevar una existencia ordenada y una dieta saludable es condición indispensable para todo aquel chico que aspira a ser un atleta de élite. Ser adolescente no sirve como excusa. Así se lo hace entender "Saras" a los padres que acuden a recoger a sus vástagos, y así fue también con Kuzminskas. Solo la referencia impuesta por su hermano mayor, Saulius Kuzminskas, que por aquel entonces ya debutaba en Euroliga con el Olimpija Ljubljana, servía como motivación para emplearse a fondo y mejorar cada día. Él era igual o mejor que Saulius, y debía demostrarlo.

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El joven Kuzminskas ha realizado un gran final de partido (Foto: Zalgiris)

Sus buenas actuaciones en diversos torneos de categorías inferiores y en clubes como el BC Sakalai y el BC Perlas, le brindarían la primera gran oportunidad profesional: firmar un contrato con el BC Siauliai, equipo importante de la primera división lituana, en 2008. Tener protagonismo en la LKL (Lithuanian Basketball League) a tan temprana edad era un hito considerable que reflejaba lo especial de un talento único. Con su fichaje, dos años después, por el histórico Zalgiris de Kaunas (su último año en el Siauliai lo disputaría en calidad de cedido), templo absoluto del baloncesto lituano, Kuzminskas demostraba una progresión sólida y constante, como la del mejor fondista keniata. Cada año era un poquito mejor, una pizca más protagonista, un escalón más ambicioso. Incluso los New York Knicks llegaron a enviar ojeadores hasta Lituania para seguir de cerca la evolución del alero.

En junio de 2011 toda esa ambición se volcaría en el Adidas Eurocamp de Treviso, una de las mejores plataformas a la hora de exhibir jóvenes talentos europeos que buscan encandilar a los ojeadores NBA llegados del nuevo continente. Kuzminskas acudiría a aquel evento (en el que, por cierto, coincidió con sus actuales compañeros en el Unicaja: Nemanja Nedovic y Edwin Jackson) buscando elevar su cache de cara al draft celebrado pocas semanas después. Durante las largas e intensas sesiones celebradas en el Eurocamp, Kuzminskas despertaría juicios ambiguos. Por un lado, era evidente su gran inteligencia y versatilidad, elementos inscritos en su ADN baloncestístico casi desde los inicios; pero por otro, se subrayaba una timidez preocupante en cancha, como si reprimiera maximizar todo el talento disponible por una falta excesiva de egoísmo. Para los ojeadores, aquel joven rubio de sonrisa inocente no contaba con la agresividad suficiente para hacerse un hueco en la mejor liga del mundo. Le faltaba "mala leche", dicho de manera muy coloquial. Que finalmente no fuera drafteado por ningún equipo NBA provocaría una desilusión amarga en el joven crack. Neutralizada, en cierto modo, por la motivación para seguir creciendo y trabajando.

Mientras tanto, Mindaugas Kuzminskas seguiría encadilando a propios y extraños con sus ráfagas de genialidad en el Zalgiris, alcanzando su punto álgido con el equipo en 2013, tras vencer al Lietuvos Rytas en la Final y ser nombrado MVP de la serie. Aquel verano su vida cambiaría para siempre. Por un lado, el seleccionador nacional, Jonas Kazlauskas, le escogería para formar parte de la escuadra lituana de cara al Eurobasket; y por otro, el Unicaja de Málaga le haría una oferta demasiado tentadora como para ser rechazada. Los directivos malagueños podían intuir que Kuzminskas guardaba en su interior mucho más de lo que aparentaba a simple vista. Era como un resplandeciente diamante enterrado en el barro, esperando ser pulido. Solo que ni él mismo podía sospecharlo. Así pues, había que empaquetar las maletas y cambiar la fría Kaunas por la soleada y paradisiaca Málaga.

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Kuzminskas se cuelga ante el CAI Zaragoza (Foto: ACBMedia)

Kuzminskas aterrizó en un equipo inmerso en un profundo estado decadente. Tras ser una de las grandes referencias del baloncesto español y europeo en años anteriores, el Unicaja había perdido todo su brillo debido a la inestabilidad institucional y a la concatenación de errores deportivos. Se sucedían entrenadores, jugadores y filosofías, pero no se resolvía el problema. Lo más grave de toda esta situación es que el Martín Carpena, antaño fortín inexpugnable, se había transformado en un pabellón para almas en pena. El infierno verde pasó a ser el silencio verde. La llegada de Kuzminskas (entre otros), y la de su nuevo entrenador, Joan Plaza, era la enésima intentona de enderezar un barco navegando a la deriva.

Por la capital de la costa del Sol parecía caminar un chico con aspecto de príncipe, cuya misión era devolverle la gloria a un imperio en llamas. Desde el primer momento, la afición había depositado su ilusión en el alero lituano, consciente de que esta vez si, contaban con un proyecto de renombre entre manos. Su habilidad para aportar en múltiples aspectos del juego, unido a ese estilo tan "americano", con vuelos constantes en dirección al aro, descubrían a un jugador distinto. Su famosa jugada remontando la línea de fondo para finalizar en contundente mate empezaría a convertirse en seña de identidad. Una acción que ya realizaba en el Zalgiris, pero que explotaría hasta sus últimas consecuencias en Málaga. Era su particular copyright.

No obstante, las críticas a su caracter cosechadas en el Adidas Eurocamp de 2011 le seguían acompañando. A Kuzminskas se le exigía más de lo que daba. Debía ganar en agresividad y canalizar esa fiera competitividad innata que caracterizó a otros grandes compatriotas del pasado: Sarunas Marciulionis, Arvydas Sabonis, Sarunas Jasikevicius, etc. Sonrisas y cariño con el aficionado fuera de la cancha, pero ausencia de compasión dentro de la misma. En lo primero cumplía con creces, pero lo segundo se le seguía resistiendo. Momento clave fue la Copa del Rey 2014 celebrada en Málaga, y en la que los anfitriones caerían contra todo pronóstico ante el CAI Zaragoza a las primeras de cambio. Aquel encuentro vio a un Kuzminskas en estado de trance durante toda la primera mitad, que sorprendentemente apenas vería minutos en la segunda parte debido a una controvertida decisión técnica de Plaza. Era como si el técnico catalán buscara enceder una chispa en el ánimo de Kuzminskas, un desafío a su caracter que el imberbe alero debía aceptar. Obligarle a dejar de ser tan "amable" repercutiría favorablemente en el equipo de cara al futuro. Nunca sabremos que motivó realmente al estratega barcelonés, pero lo cierto es que aquella experiencia sirvió para que su pupilo diera un paso al frente en madurez.

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Mindaugas Kuzminskas (ACB PHOTO/ M. Pozo)

La temporada siguiente, ya en la 2014-2015, el equipo continuaría evolucionando y recuperando su sitio de prestigio en la ACB. Jugadores como Granger, Toolson o el propio Kuzminskas elevaron el nivel general de juego. Tanto es así, que durante toda la primera vuelta, el Unicaja fue lider indiscutible de la clasificación liguera. Los cantos de sirena provenientes del "Eden baloncestístico" - la NBA - llegaban hasta territorio malagueño. Aquellos que una vez le desecharon, ahora acudían con interés a preguntar. Los Angeles Lakers, Utah Jazz...fueron varias las franquicias que sondearon la situación de Kuzminskas. Su madurez deportiva y el impulso a un caracter antaño retraído (en cancha), generaba simpatias al otro lado del charco.

"Necesito hablar menos, trabajar más y demostrarlo en la pista. Me siento bien, con confianza para hacer cosas diferentes."

Afirmaba el propio jugador. Una especie de disciplina mental impuesta que se mostraba como un libro abierto.

La temporada finalizaría con un Unicaja que puso toda la carne en el asador en semifinales de liga ACB ante el Barcelona, que necesitó de un quinto y tenso partido para finiquitar la serie. Daba la sensación de que el equipo quemaba etapas favorablemente, elevando el nivel competitivo año tras año. Una mejora que era directamente proporcional a la evolución de Kuzminskas como jugador de baloncesto. Aquel chico rubio llegado de Vilna se había convertido en un hombre. El extrañamente frío Carpena recuperaba su calidez de siempre gracias, en parte, a las maravillosas jugadas dibujadas por el lituano. Un tapón en contraataque, mates en tráfico, ese triple en transición, una combinación con Fran Vázquez. La magia regresaba para quedarse. Así pues, el Unicaja ejercería la opcion de su contrato para retenerle un año más en la tierra del espeto y el boquerón. La NBA podía esperar.

Pero antes debía disputar con la selección lituana su tercer gran torneo internacional consecutivo, tras el Eurobasket de 2013 y el Mundial de 2014: el Eurobasket de 2015. La Lituania que se vio en la pasada y reciente competición europea fue un equipo que, ante todo, se basó en la fortaleza del bloque para compensar cierta falta de talento. Una sólida y rocosa maquinaria construida por Kazlauskas, en la que precisamente Kuzminskas contaba con un papel clave: aportar el toque anárquico y creativo que tanta falta hace para llegar lejos en un evento de estas características. Así lo demostró en los cruciales enfrentamientos ante Italia en cuartos, y Serbia en semifinales. Duelos en los que se impuso el país báltico contra todo pronóstico gracias a la magia de "Kuzmi". Verle demandar el balón y romper esquemas impuestos resultó una satisfacción casi atávica. Fue como asistir a la eclosión definitiva de un jugador que hace uso de todo su talento. Atrás quedaba la timidez del imberbe, desterrada y empujada por el desparpajo de un futuro rey. La reciente medalla de plata con su selección es una experiencia que le ha cambiado para siempre.

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Kuzminskas

Esta temporada 2015-2016, que acaba de empezar, está siendo un adelanto de lo que aguarda el futuro más próximo. El recital ofrecido ante el Real Madrid en Supercopa, o el Brose Baskets en Euroliga, muestra a un Kuzminskas dispuesto a convertirse en el mejor alero de Europa, por encima de cualquier competidor. Y en sus manos está conseguirlo, llevado en volandas por una ciudad que le adora. La simbiosis emocional del lituano con Málaga es total y absoluta. Infranqueable. Para comprobarlo solo es necesario acercarse a Los Guindos, nido de formación del equipo, y preguntarle a la chavalería allí concentrada por su jugador fetiche. La respuesta, en la mayor parte de las ocasiones, será unánime: Mindaugas Kuzminskas. Este debe ser su gran año, y la afición es plenamente consciente de ello.

Hace ya muchos siglos se inauguraba la leyenda de los grandes caballeros lituanos. En el escudo nacional se encierra el legado del "Vytis", término que se puede traducir por "caballero blanco", en honor a tan noble figura que ha forjado la historia del país.

Abran sus ojos y pongan mucha atención. Allá por la pista galopa a trote firme un caballero de porte señorial, rubia melena, y rostro sincero. Llegó siendo un príncipe y quiere ser coronado rey. Su nombre es Mindaugas Kuzminskas, y el Carpena es su reino.

 

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