1. ¿Qué lesiones pueden calificarse como específicas de la práctica del baloncesto?

  2. ¿La altura de los jugadores predispone hacia algún tipo de patología?

  3. ¿Existen diferentes lesiones en Baloncesto en función de si se practica de forma amateur o profesional? ¿Y entre niños y adultos?

  4. ¿Qué técnicas novedosas se han incorporado a la medicina deportiva, en concreto en referencia al Baloncesto?¿Existe alguna técnica o terapia destinada a la prevención de estas lesiones?

 

¿Qué lesiones pueden calificarse como específicas de la práctica del baloncesto?

Hablar, a día de hoy, de lesiones específicas de un deporte en concreto es bastante complicado. Si bien es cierto que cada deporte tiene sus lesiones más frecuentes y características.

Si hablamos en términos de frecuencia sin lugar a dudas la lesión más frecuente durante la práctica del baloncesto es el esguince de tobillo. En todos los estudios científicos realizados tanto a nivel de baloncesto americano como en europeo sale como la lesión más frecuente de todas.

Otras lesiones también frecuentes (y cada vez más en los últimos años) especialmente en jugadores no profesionales son las tendinopatías de tendón rotuliano y de tendón de Aquiles. Estas tendinopatías toman un especial interés por el hecho de que resultan bastante complicadas de tratar ya que debe encontrarse cuál es el factor que las desencadena. Toda tendinopatía es el resultado de una sobrecarga en un tendón que no trabaja de manera correcta.En los casos comentados suele ser debido a un defecto en la pisada, una alineación incorrecta de los ejes de las extremidades inferiores, errores de entrenamiento, cargas de trabajo inadecuadas…

NO debemos menospreciar tampoco en frecuencia las lesiones musculares, especialmente las de la región posterior de la pierna (gemelos) y las del muslo (isquiosurales), ya que son las lesiones que, si sumamos los días de baja deportiva que generan a lo largo de una temporada, provocan una mayor pérdida de partidos y entrenamientos a nuestros jugadores.

Si nos centramos en las lesiones más características y propias del baloncesto se deberían tener en cuenta las lumbalgias, las fascitis plantares y las reacciones de stress o fracturas de stress dela extremidad inferior como pueden ser las del 5º metatarsiano, las de tibia, las de peroné o incluso las del escafoides tarsiano.

En cuanto a las lesiones traumáticas destacan, sin ninguna duda, las lesiones de los dedos de la mano, ya sea en forma de contusión directa con el resultado de la típica capsulitis o incluso fractura o lesiones tipo “jersey finger” por movimiento brusco de las articulaciones de los dedos que consiste en una avulsión o arrancamiento de tendón flexor profundo, generalmente del dedo anular como causa de una hiperextensión forzada o el “malletfinger” (o dedo en martillo) que consiste en la avulsión del tendón extensor de su inserción en el dorso de la falange distal y que se produce por una fuerza que afecta bruscamente la falange distal quedando el dedo en flexión a ese nivel con el resultado de una imposibilidad de realizar la extensión de esa región del dedo. Puede ocurrir también con arrancamiento óseo o con ruptura sólo del tendón.

 

¿La altura de los jugadores predispone hacia algún tipo de patología?

Esta pregunta podría resultar un tanto engañosa ya que la altura en sí misma no condiciona un mayor riesgo de lesión, pero sí cabe tener en cuenta que los jugadores más altos son también los que más masa deben mover en sus desplazamientos y este hecho sí que condiciona una mayor incidencia de problemas físicos e incluso un mayor tiempo de recuperación por la sobrecarga que supone su readaptación a la actividad.

Los jugadores más grandes tienen cierta predisposición a las lumbalgias y a las secuelas residuales tras un esguince de tobillo por la propia sobrecarga mencionada anteriormente. Otra patología a tener en cuenta son las lesiones de la articulación escápulo-humeral, que son poco frecuentes pero muy invalidantes

¿Existen diferentes lesiones en Baloncesto en función de si se practica de forma amateur o profesional? ¿Y entre niños y adultos?

Este también sería un tema de debate muy interesante, ya que por un lado, los jugadores profesionales suelen estar sometidos a muchos controles por parte de médicos, fisioterapeutas y preparadores físicos y, aparentemente, deberían tener menos lesiones, pero también es cierto que el nivel de exigencia, de partidos y de entrenamientos es mucho más alto.

En cuanto al jugador amateur, su nivel de exigencia es algo más bajo en cuanto al número de entrenamientos y partidos y en cuanto a la intensidad pero en cambio se encuentran mucho más desamparados en el ámbito de controles, programas de prevención o técnicas de diagnóstico y tratamiento inmediatos, lo cual provoca que su índice de lesiones aumente y que la duración de éstas sea más larga.

Se podría decir que el jugador amateur tiene un índice más elevado de lesiones en general básicamente por los errores de entrenamiento o la falta de control. Entre las lesiones más frecuentes del jugador amateur destacan las mismas que se han comentado anteriormente, es decir, los esguinces de tobillo y sus secuelas derivadas, las tendinopatías de tendón rotuliano y Aquiles y las lesiones musculares (éstas últimas generalmente por déficits en el calentamiento o por contracciones explosivas con el músculo en “frío”).

La diferencia principal entre niños y adultos se encuentra, principalmente, en la intensidad del juego. Así, cuanto más adultos más intensidad, más contacto físico y de mayor intensidad y, por tanto, más índice de lesiones.

Algunas de las lesiones características de los niños (no sólo en baloncesto) derivan básicamente de la sobrecarga excesiva son provocados por un exceso de tracción del tendón sobre la fisis de crecimiento dando lugar a lo que se llaman las apofisitis por tracción.

Las apofisitis por tracción aparecen en zonas de inserción de las estructuras músculo-tendinosas en el hueso. La tracción repetida microtraumática de una estructura músculo-tendinosa sobre el hueso desencadena un proceso inflamatorio que se traduce por un cuadro de dolor y que suele evolucionar a la curación con el cese de la tracción. Es muy frecuente en adolescentes. El propio proceso de crecimiento es por sí mismo un factor de riesgo de las lesiones por sobreuso. Esta tensión sobre las inserciones musculares en el hueso se verá acentuada en aquellos casos en que exista una malalineación del aparato locomotor o déficit de flexibilidad del niño o adolescente. Entre ellas destacan la enfermedad de Osgood-Schlater que se trata de una pequeña avulsión del tendón rotuliano a nivel de su inserción en la tuberosidad tibial anterior (TTA), la enfermedad de Sever que es la  apofisitis por tracción del tendón de aquiles sobre la apófisis posterior del calcáneo o la enfermedad de Sinding – Larsen – Johansson que se trata de una apofisitis del polo inferior de la rótula debida a una sobrecarga excesiva del tendón rotuliano en su región de origen.

Otra de las patologías características de los niños deportistas por sobrecarga repetida puede ser a nivel lumbar con la temida espondilólisis, que es una reacción o fractura por stress de la “parsinterarticularis” o istmo del arco posterior y puede ser unilateral o bilateral del cuerpo de las vértebras. Mucho más frecuente en las vértebras lumbares.  Cuando la espondilolisis debilita el hueso de la parte posterior de la vértebra, se acompaña de un deslizamiento anterior del cuerpo de la vértebra afectada, sobre la vértebra inferior que se llama espondilolistesis.

Otra de las patologías que deben tenerse en cuenta en jugadores en formación especialmente del género femenino son las lesiones del ligamento cruzado anterior, que en los últimos años ha sufrido un incremento considerable.

 

¿Qué técnicas novedosas se han incorporado a la medicina deportiva, en concreto en referencia al Baloncesto?¿Existe alguna técnica o terapia destinada a la prevención de estas lesiones?

Es muy importante tener en cuenta que la herramienta principal y más novedosa en el momento actual es la prevención y cada vez son más los estudios científicos que así lo demuestran. Esta prevención no se basa, como se realizaba hace unos años, sólo con un calentamiento antes de los partidos y con unos (pocos) estiramientos al final del mismo.

Esta prevención se realiza mediante unos protocolos de trabajo específico y de pruebas complementarias que proporcionan información del estado del jugador para poder así actuar en función de este estado, ya sea a nivel cardiovascular (para evitar síndromes de sobreentrenamiento), a nivel de problemas tendinosos (mediante pautas o protocolos de ejercicios excéntricos o concéntricos en función del momento de la temporada en que nos encontremos) o a nivel serohemático mediante analíticas de sangre repetidas para poder monitorizar los diferentes parámetros y evitar así problemas metabólicos por poner algunos ejemplos.

La tendencia en el momento actual no es la de adecuar protocolos de actuación conjuntos a una plantilla o grupo de jugadores si no más bien todo lo contrario. Los estudios realizados aconsejan individualizar cada vez más los tratamientos, los entrenamientos y los protocolos de prevención en función de las características concretas de cada jugador. Para ello es preciso conocer previamente las características de los jugadores ya sea mediante tests de campo (courseNavette o yo-yo test), tests de fuerza y explosividad, screening de los tendones con un riesgo mayor de lesionarse mediante ecografía (tendón rotuliano y tendón de Aquiles) o bien realizar un pormenorizado estudio de la marcha y de la pisada para poder adaptar, en caso de que sea necesario, unas plantillas correctoras para evitar problemas de sobrecarga.

Para que se entienda mejor pondremos un ejemplo. Es probable que un base se beneficie más de realizar protocolos de prevención para evitar las lesiones en los movimientos de aceleración brusca o explosivos y en cambio, estos mismos protocolos no nos resultan de utilidad en un pívot. Aun así existen algunos protocolos que, en general, deberían realizar todos los jugadores como puede ser una pauta de estabilización lumbo–pélvica o un correcto mantenimiento de la flexibilidad de los principales grupos músculo-tendinosos (cosa que brilla por su ausencia especialmente en el deporte formativo).

Es decir, de lo que se trata principalmente es de fomentar las actuaciones que eviten que la lesión se produzca ya sea a base de los típicos vendajes protectores o mediante protocolos específicos para cada jugador en función de cuál sea su punto “más débil”.

El Dr. Carles Pedret Carballido es Doctor en Medicina y Cirugía por la Universitat Autònoma de Barcelona
Especialista en Medicina esportiva por la Universitat de Barcelona. 
Miembro del consejo de redacción de la revista Apunts. Medicina de l'Esport.
CB Valls