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Jae Crowder y el valor del entorno

  • Tras su discreto paso por Cleveland, el alero ha encontrado su sitio en los Jazz
  • Al igual que Crowder, muchos jugadores pasan desapercibidos hasta que encuentran la franquicia adecuada

A menos que destiles torrentes de calidad por cada uno de tus poros o tu apellido sea un ilustre James, Durant o Curry, se necesita apoyo de los demás para brillar. Una inmensa cantidad de los jugadores de la NBA son role players y, como tal, su rendimiento personal depende de cómo de engrasada esté la maquinaria colectiva. Solo unos pocos tienen el talento y las condiciones individuales para rendir sea cual sea la situación del equipo. El grueso de la liga está conformado por jugadores con unas cualidades muy definidas que no siempre encuentran el ambiente adecuado y a veces incluso pasan desapercibidos hasta que alguien decide acercar la lupa, examinar y dar oportunidades.

Ese es el caso de Jae Crowder. Sus inicios en la liga, dos temporadas y media con los Dallas Mavericks, presentaron a un jugador decente, con una defensa notable y una cierta habilidad para anotar de tres. Una pieza sin valor añadido como las hay a pares en la competición. Pero Boston llamó a su puerta en plena temporada 2014/15 y su suerte cambió. Brad Stevens, en pleno esfuerzo intelectual por intentar convertir las escasas gotas de calidad y la indiscutible entrega de su plantilla en victorias, decidió darle minutos a Crowder.

En medio del campo de experimentos que fueron los Celtics pre-Irving-Tatum-Horford, el alero supo aprovechar su oportunidad y erigirse como un verdadero pegamento dentro del correoso juego de los Celtics. Su trabajo y su constante lucha le convirtieron en un excelente 3&D (triplista y defensor), jugando más de 30 minutos por partido y promediando 14 puntos durante las dos temporadas completas que disputó en Massachusetts. Un nuevo jugador pasó a formar parte de la constelación NBA y las condiciones en que lo hizo esconden una verdad inevitable: un simple jugador de rotación puede convertirse en fundamental si recala en un sistema que le empuje a ello.

 

Tres equipos, dos mundos

Olvidando sus inicios en Dallas, Crowder ha estado en las filas de dos perfiles de equipos bien distintos. El primero es un conjunto con identidad defensiva, sentimiento colectivo y un entrenador con ideas definidas. El segundo perfil se caracteriza por tener un único foco en ataque, costuras visibles atrás y la falta de un técnico con criterio. No hay que hacer muchas cuentas para intuir dónde puede rendir mejor un jugador de rol.

Boston y Utah recogen ese primer perfil. No es casualidad que Crowder haya desplegado su mejor juego en estos dos equipos: una buena circulación de balón le permite obtener mejores tiros y su capacidad defensiva se intensifica si forma parte de un sistema en el que todos colaboran. Durante su etapa en Cleveland la temporada pasada se encontró con un panorama bien distinto. Allí el ataque dependía en exclusiva de la (permanente) inspiración de LeBron James y, si bien es cierto que éste siempre ha destacado por potenciar a los tiradores que comparten pista con él, Crowder no pudo ofrecer un buen nivel en los Cavaliers. Y es que Jae no es un simple tirador que aguarde en la esquina como lo puede ser Kyle Korver: la presencia física y el movimiento sin balón en cortes al aro son armas que ha enseñado cuando las condiciones se lo han permitido.

Crowder ha demostrado que puede participar con éxito en el movimiento de balón de su equipo. En los Cavs tocó menos el balón que nunca (38.5 toques por partido, por los 53.2 de este año o los 49.3 de media en su etapa en los Celtics), lanzó menos a canasta (7.1 tiros por partido) y se quedó en 8.6 puntos por encuentro. Esta temporada en los Jazz está lanzando 9.5 tiros por partido y anotando más de 13 puntos de media. Suficientes datos para hacernos una idea de qué ambiente es el adecuado para Crowder.

Su faceta defensiva, la que más incidencia tiene en su juego, puede pasar desapercibida o notarse en cada acción también dependiendo del esfuerzo colectivo. El alero no es un defensor de élite que pueda levantar por sí solo la defensa de un equipo, pero sí es un complemento extremadamente útil para apuntalar un buen sistema atrás. Su versatilidad y sus herramientas atléticas le permiten defender a varios perfiles de atacantes y hace gala de la misma versatilidad que muestra en el otro costado, donde puede tanto jugar de exterior como desempeñar funciones como ‘4’.

El año pasado en Cleveland se encontró con un panorama desolador: la franquicia acabó penúltima en rating defensivo -111.0- mientras que los Celtics terminaron la temporada regular con la segunda mejor defensa de la liga. Durante sus dos años completos con los de Massachusetts, Boston aún no había alcanzado la excelencia atrás de la que hace gala hoy en día, pero Crowder participó en la 14ª y 4ª mejor defensa en 2016-17 y 2015-16, respectivamente.

El ejemplo de Crowder sirve para ilustrar la realidad de muchos jugadores que pasan desapercibidos bajo el radar hasta que se les presenta un escenario donde saber rendir. En los propios Jazz encontramos a Joe Ingles, otra pieza que explotó tarde y encontró su madurez bajo la batuta de Quinn Snyder. Otra historia que muestra que un baloncesto colectivo, que lo abarque todo e involucre a todos, es lo más estimulante para un jugador y lo más potable para el aficionado. Y suele hacer descubrir a jugadores que, tanto para los propios equipos como para nosotros, habrían pasado desapercibidos de no recalar en la franquicia adecuada.

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