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Joel Embiid: madurez y tristeza

  • Obligar a Embiid a madurar está siendo un error.
  • Los jugadores deben ser, sobre todo, felices.
  • ¿Cuál es la solución del conflicto?

La temporada de Embiid estaba siendo rara hasta este momento y no había justificación posible. El pívot de los 76ers tiene una facilidad pasmosa para producir números, pero, aun con eso, el eye-test que muchas veces se olvida señala que algo no está funcionando bien. Que por muchos partidos de alta anotación y rebotes que tenga, hay algo fallando. Una cuestión mental que no deja a Embiid ser el jugador que ha sido hasta ahora.

Obligar a Embiid a Madurar está siendo un error

Periodistas, pero sobre todo aficionados, consideran a Embiid un payaso. Episodios como los gestos de la avioneta frente a Toronto en las semifinales de Playoffs que acabarían con él llorando, o la “pelea” con Karl-Anthony Towns que acabó en un par de partidos de suspensión no le han ayudado a tener buena reputación pese a todo el talento que tiene. Así que Philadelphia dijo esta temporada basta. Fin a las tonterías. Adiós al trash talking.

Lo que no sabían es que estaban cometiendo un error tremendo.

Embiid es un jugador pasional, uno de esos que necesitan expresarlo todo en pista. Pero por encima de eso, en muchas ocasiones no deja de ser un niño grande que se divierte en una pista. Su vida ha sido lo suficientemente traumática como para simplemente dejar todo atrás en los momentos en los que se viste de corto y pasarlo bien. ¿Reírse del rival? No es bonito, pero si se lo pedía el cuerpo, lo hacía. ¿Entrar en una batalla con el pívot contrario para motivarse? Más de lo mismo, y cada vez que lo hacía salía vencedor.

Todo eso cambió esta temporada tras el altercado con Towns. Desde ese momento, noche tras noche, es un Embiid apático, con rostro serio, el que juega los partidos. Nada de gestos ni decoraciones. Nada de gritos. Salir, jugar, y a la ducha. Seriedad en las ruedas de prensa y en entrevistas. Una figura de Embiid que es desconocida para todo el público, porque jamás se había mostrado así ¿Madurez? ¿Consecuencia de la bronca que le caería tras enfrentarse con Towns? Sí. Y hasta parecía positivo: silencio en pista, buenos números, y victorias.

No fue hasta el partido frente a los Nuggets del día 11 de diciembre cuando se supo qué estaba pasando: Embiid no quiere ser una distracción para el equipo. Así que todos esos episodios de Trash Talking, piques, y gestos, ya no están. No quiere ser el centro de atención porque se desvía demasiado la de todo el equipo, y eso es inadmisible. Busca ser maduro, y el problema está en que, en pleno proceso de evolución, también han acabado con su personalidad y dominio.

los jugadores deben ser, sobre todo, felices

Este párrafo anterior no surge de la imaginación del autor de esta nota. Es una entrevista que Embiid tiene con un insider de Philadelphia, donde admite que se le ha pedido madurar y él se ha comprometido a ello. El inconveniente es que no está cómodo, porque necesita el ruido para obtener esa motivación extra y dominar.

Justo antes de contar lo que está sucediendo, el periodista le pregunta por el gesto que hace durante el partido frente a Denver para animar al Wells Fargo Center a seguir gritando. Lo considera una reacción que el año pasado realizaba prácticamente todas las noches, y que este no puede hacer. Es una reacción natural, instintiva, propia de su juego. Sabe que para dar lo mejor de sí mismo necesita sentir a los fans detrás, necesita notar que tiene la atención. Y entonces, se crece.

Embiid y Jokic

Joel Embiid y Nikola Jokic (Foto: NBA)

Aun con eso, también sabe que ser el centro de atención no es positivo. Y por el bien del equipo, de la franquicia, y del suyo propio, está intentando hacer caso a lo que le han propuesto desde arriba: madurar.

Esto es dramático porque hay una parte de su cabeza que se esfuerza en trabajar, en estar callado, y totalmente concentrado en ganar. Y al mismo tiempo, otra parte suya, la más irracional e infantil, le pide gritar. Le pide celebrar los mates como un enfermo. Le pide buscar al rival y tratar de meterse en su cabeza. Le pide meterse al estadio en el bolsillo o ganarse el odio de la afición enemiga. En definitiva, le pide disfrutar del baloncesto y lo que sucede a su manera.

En un mundo ideal, la versión madura de Embiid consigue mostrar todo su dominio desde el silencio y la poca atención. Lástima que ese mundo en el que adquiere la personalidad de Tim Duncan jamás vaya a existir. No es negativo tampoco, pero la franquicia de Pennsylvania, y en concreto sus dirigentes, debe comprender algo: la mejor versión de Embiid es cuando se desata y se viene arriba. Por esa misma razón, por tener demasiada pasión, nunca será el líder de la plantilla. Para eso están Horford y Simmons. Pero sí es el jugador con más talento y opciones.

¿Cuál es la solución del conflicto?

No es una pregunta sencilla de responder. En la misma entrevista Embiid afirma que todo esto no funciona, que él no está bien así, pero que va a seguir trabajando en ello. Aunque no crea que sea la solución, quiere madurar por el bien común. E igual el problema está en que un Embiid serio no es lo que Philadelphia necesita.

Si la NBA permite algo es la diversidad de personalidades y figuras. No todos los jugadores van a hacer una gira de despedida como Wade o se van a ir casi sin avisar como hicieron Nowitzki o Ginobili. Dentro de ese amplio espectro, personajes como Embiid son necesarios. Animan la liga, te garantizan diversión e intensidad. Querer transformarlo en lo que no es, casi de la noche a la mañana, y sin que el jugador muestre demasiada confianza en ello, es absurdo.

El contrapunto tampoco es justificar la pelea con Towns o más de un pique innecesario que ha tenido. La clave debe estar en el equilibrio: ser un niño cuando necesite serlo, y mantener la cabeza fría cuando el contexto lo reclame. Entre la madurez silenciosa y el comportamiento infantil hay un punto medio, que es a lo que franquicia y jugador deben aspirar.

Y, evidentemente, si no está feliz, la solución urgente es parar de intentarlo. Pensar en otro modelo, pero dejar de limitar a un jugador que tiene calidad para estar todavía más alto entre los mejores de la NBA.  

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Comentarios

Es una de las pocas estrellas con carisma que quedan en la liga, el más joven hasta la llegada de Doncic, una vez se le pase el duelo por la tontería que hizo con Towns tiene que volver a ser el mismo.

Es que es difícil seguir siendo niño y mantener la cabeza fría. De hecho muchos de sus errores evitables en momentos trascendentes de los partidos devienen precisamente de esa falta de concentración propia de su distraída personalidad. Seguir siendo excéntrico no casa demasiado con los altos niveles de competición. Aunque cualquiera sabe...tal vez no convenga demasiado reeducarlo.

Soy simpatizante desde hace ya muchos años del equipo de Philadelphia, y es que yo también pienso que el circo está en otros sitios y lugares.
Que Embiid está triste ? No le conozco y por descontado que no lo sé. En cualquier caso su nivel continúa siendo pues el que se espera de él. Creo que Boston Celtics sabe y conocen realmente este nivel...
Que está triste ? Es que alguno de los espectáculos que ha protagonizado en jornadas anteriores, pues...
Sí que veo a Joel Embiid más serio, triste ? ...

O sea que los Xixers ganan pero el chico no es feliz. Casi que me me voy preocupar. Cuanta gente de Yaundé se conformaria con un poco de lo que tiene Joel !