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Jeremy Lin (NBA Media)

NBA Inside: Las sombras de los Knicks

  • Ni Carmelo Anthony, ni Jeremy Lin. La esperanza de los Knicks reside en el cambio de la forma de obrar desde las alturas.

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Jeremy Lin (NBA Media)
Resulta curioso que en Nueva York, la ciudad que nunca duerme, habiten tal cantidad de sueños. La fantasía, ese supremo nivel de la imaginación, suele concentrarse de forma especialmente llamativa en un punto, tan majestuoso en apariencia como traumático al adentrarse en él. El Madison Square Garden es foco de luz. Pero también de sombra.

La pretensión de entender a los Knicks mediante la razón es quimérica. Es un ente con demasiados rincones. Muchos de ellos oscuros y alejados de la coherencia. Una gigantesca sala plagada de espejos que reflejan imágenes, en la que es ardua tarea discernir cuál de ellas es la original. La auténtica.

Mientras caminan, cual equilibrista, por el fino cable que separa la ilusión (PlayOffs) de la decepción (no jugarlos), los Knicks no se alejan un ápice de su controversia. Pareciera como si les resultase incómodo permanecer un curso, aunque fuera uno sólo, manteniendo una senda cuerda. La presencia de James Dolan en las alturas alimenta esa constante sensación de fragilidad.

Dolan, domador de egos y creador de títeres, es un personaje peculiar. Sin bastarle el lodazal al que llevó a los New York Rangers (NHL), su mente ideó unos Knicks lujosos. En lo puramente económico, es cierto que el apellido 'lujo' ha sido fiel socio de la franquicia. Lástima que su nombre sea 'impuesto' y su rendimiento deportivo un absoluto fiasco.

Ni David Stern pudo reprimir sus instintos. Defendió hace unos años (2007) que la forma de gestión de la franquicia, una de las más seguidas del deporte a nivel mundial, no era precisamente un modelo de inteligencia a imitar. En segundo plano, Larry Brown, Don Cheaney o Lenny Wilkens asentían indirectamente. El último en unirse a la extensa lista ha sido Mike D'Antoni, ajusticiado esta temporada. Pero por encima de todos ellos, el ilustre Isiah Thomas, tan brillante como jugador como desafortunado cuando actúa vestido de etiqueta. Un horror.

En Nueva York, la fábrica de sueños precede siempre a la fábrica de pesadillas. De forma cíclica y casi matemática. El último episodio, de muchos, el pasado curso. Cuando Dolan, encaprichado de Carmelo Anthony, descompuso un bloque por él. Un año más tarde, y tras no pocas batallas internas, Carmelo sonreía irónicamente antes del salto inicial del que sería primer partido de la era post-D\'Antoni. La sonrisa de la muerte, pudo llamársele.

Fanáticos del vaivén, los Knicks encadenan grandes rachas de victorias con desesperantes secuencias de derrotas. Ambas elevadas al infinito por un monstruo que todo lo devora. Y es que la ausencia del término medio es algo casi indestructible cuando se trata a la franquicia. Del cielo al infierno no va un proyecto, ni un año. Ni siquiera una racha de resultados. En ocasiones basta un cuarto de un partido para hacer crecer a la bestia. Y una vez madura, lo enturbia todo.

Precisamente de un nacimiento prematuro, como tantas otras ocasiones, nació la historia de Jeremy Lin. Ese aniñado chico de Harvard que, de la noche a la mañana, portó la sangre de los elegidos en sus venas. Su irrupción, a comienzos de febrero, se convirtió en el acontecimiento del año. Su explosión (38 puntos) ante los Lakers engordó el movimiento. Pero fue la ausencia de Carmelo Anthony, por entonces lesionado, la que lo hizo posible.

35 partidos han sido suficientes. En realidad, seis o siete bastaron. Racha de victorias con Lin protagonizando el enésimo sueño americano. Para qué más, puros Knicks. Fama, dinero y titulares. Los éxitos a medio y largo plazo, si es preciso, que se los disputen otros. El regreso de Anthony certificó que en baloncesto no siempre dos más dos son cuatro. Con más talento y variantes, pero con menos química, los Knicks decayeron. De nuevo al alambre.

No es que Anthony, maravilloso jugador y mil veces salvador de un equipo sin alma, sea la fuente del mal. No. Pero su conexión de ego no ha resultado satisfactoria en un vestuario en el que Amar'e Stoudemire ha perdido peso casi al doble de velocidad, que ya es decir, que se deterioró su fiereza de cara al aro. Un equipo no lo forman cinco jugadores sino cinco compañeros. Porque por muy buenos que individualmente puedan ser, si no consiguen ser lo segundo difícilmente alcanzarán lo primero, comúnmente clave del éxito.

En Nueva York sobran actores y faltan papeles ajustados a un buen guión. Porque iluso es quien espera a un Baron Davis plomizo, al cerebro de JR Smith o un relevo decente de Tyson Chandler. La química no existe. Sólo saltos de trampolín que elevan el alma con la certeza de que luego caerá. Migas de pan para hoy, cuando las hay; que preceden, ya saben, al hambre y las dudas del mañana.

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Mike D'Antoni (Foto: NBA)
Mike Woodson, sustituto de D'Antoni, ejerce como interino. Término real que podría definir, oficiosamente, también a cualquier predecesor suyo en la banda. Con él, los Knicks recuperaron el sabor de la victoria. Posiblemente jugarán los Playoffs, ese santuario llamado Madison Square Garden se llenará y hará vibrar a miles de aficionados durante un par de noches, pues más vida no se les augura. Pero los Knicks seguirán dormidos.

Y es que ni siquiera en la ciudad que nunca duerme parecen poder despertar. Los pasillos del viejo Madison esconden mucha historia, conversaciones e ilusiones. Pero en la época reciente, sobre todo, mucha sombra. Debajo de la ruina, con suerte, un proyecto serio, estudiado, ganador. Una apuesta de verdad por una franquicia gigantesca ahora vestida de niño. De niño caprichoso e inseguro.

Decía Jacinto Benavente que con cada niño nacía la humanidad. Tan cierto como aquello que mantenía Sigmund Freud de que ninguna necesidad era tan fuerte en la infancia como la protección de un padre. La esperanza en Nueva York anda huérfana. Que alguien cuide a los Knicks.

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Comentarios

Creo que disponen de la excepción salarial de 5'58 millones de dólares para renovarle, o si lo prefieren para ir al mercado a por un agente libre contrastado, aunque yo renovaría a Lin por 4-5 millones y tampoco creo que él pida más. Con tiempo para acoplarse los unos a los otros y un sistema de juego bien definido, más la actual defensa agresiva que ha implantado Woodson, yo no tocaría mucho más. Un center para dar descanso a Amar'e y Chandler y apostar por jóvenes con ganas para la segunda línea, pues supongo que Melo, Amar'e, Chandler y Lin si están bien se jugarán sus 30-35 minutos seguro por noche.

El problema es que no les será fácil renovar a Lin, entre Chandler, Amare y Carmelo se les papan muchos millones. Y de pescar agentes libres .... no se, yo los veo un rival muy peligroso a un partido por que mancos no son pero no les veo un gran futuro a corto o medio plazo

Muy buen artículo, aunque me parece demasiado pesimista. Los Knicks son claramente uno de los equipos que más pueden mejorar de cara al año que viene, tanto por potencial económico como deportivo, lo único que necesitan es renovar a Lin, acertar con el entrenador (si no viene Phil Jackson o Byron Scott yo seguiría con Woodson) y dar estabilidad al proyecto. Nada más. Obviamente habrá que hacer retoques en la plantilla, pero nada de grandes traspasos. Por el bien del equipo y de los aficionados espero que por fin encuentren la regularidad durante unos años. Ojalá.