Estación de esquí de Ischgl-Paznaun en plenos Alpes austriacos. Son apenas las 9 de la mañana. El viejo entrenador y su pareja admiran el esplendor del paisaje nevado y las montañas coronadas por las primeras nubes del día, mientras se ajustan las ataduras y se preparan para hacer fueras de pista hasta que caiga el día. Pura felicidad al borde de la jubilación. Y todo ello, a pesar de aquella maldita rodilla que dejara sin operar y que le echara de las pistas como jugador y treinta años más tarde también como entrenador. Y de repente, la llamada. Suena el teléfono y el sarcástico y cuasi septuagenario entrenador sabe antes de contestar que ya no podrá esquiar otra vez. Al menos, no por ahora…

Del otro lado del teléfono, quienes pagan la llamada son la desesperación y el desencanto. La zozobra y la frustración de quien lo ve todo perdido y califica la temporada como fracaso antes de pasar siquiera por su ecuador. De quien ve cómo se desmigaja el enésimo proyecto de reconstrucción a golpe de derrotas y de mal ambiente de cabinas para dentro. Sí, quien llama es el FC Barcelona Lassa. Quien tendrá que dejar los esquís para la próxima estación es un antiguo, pero nunca olvidado amigo; Svetislav Pesic.

Como quien recurre a aquella vieja amistad desvencijada por el paso del tiempo, los compromisos y algún que otro encontronazo con quien toma las decisiones, pero con la que siempre puedes contar cuando la vida te da una de sus vueltas, aquel Barça Lassa dicotómico y triste hacía uso nuevamente del añejo compañero de ilustres e insignes tiempos pasados.

Es el mes de febrero y el crudo invierno europeo se ceba sobre un Barça Lassa que de la mano de Sito Alonso no levanta cabeza. Virtualmente fuera de Europa, la enésima derrota en casa de este año ante los jugones trajeados de Milán precipita unos acontecimientos que al calor de los discursos y el color de las caras se asomaba ya de forma inexorable por el Palau.

Llegaba el viejo amigo con ruedas de prensa socarronas y alegres, aludiendo a los ya famosos coches en los garajes de los jugadores y con más sonrisas en media hora que las que destilaba el cuerpo técnico anterior en media temporada. Cuestión de felicidad que será. Y todo ello con apenas una semana de entrenamientos para preparar el primer título de la temporada en lo que se perfilaba como una nueva oportunidad enviada al limbo de las travesías desérticas en las que se estaban convirtiendo las temporadas blaugranas.

Y he aquí que aparece el efecto. De sobra conocidos son ya sus resultados: tres victorias, tres, para levantar el primer título después de aquel lejano junio de 2014, considerando los trofeos importantes y no los torneos de verano, claro. El efecto, la sonrisa y la simplicidad devolvían al Barça al contaje de títulos sólo diez días después de la destitución del peor entrenador en la historia del equipo (21 victorias y 19 derrotas en 40 partidos…).

La fórmula no tenía muchas ecuaciones ni se basaba en algoritmos kilométricos. El sabio serbio había identificado claramente los problemas de aquel Barça de las máscaras en su escasa implicación defensiva y el poco cuidado del rebote. Con una insistencia quimérica en aquello y una simplificación de esquemas y pizarras, Juan Carlos Navarro levantaba un trofeo allá por el Subtrópico casi tan sorprendido él como el resto del mundo del baloncesto, después de hurtarle una final al claro favorito y sempiterno rival.

Desde entonces, el efecto Pesic se ha multiplicado hasta la invicta potencia para ganar todos y cada uno de sus partidos nacionales. Cinco victorias en ACB con paliza incluida para devolver afrentas europeas frente al Real Madrid, las tres mencionadas de Gran Canaria y sólo el eterno borrón de la competición europea, en la que, desahuciado ya de antemano, el esquiador retornado ha aprovechado para convertir los partidos de Euroliga en una suerte de entrenamientos de laboratorio para aplicar recetas exitosas que le den solvencia y apetito a esta Liga Endesa nuestra. El balance total a día de hoy y a la espera del domingo de resurrección con visita estudiantil es de 11 victorias y 4 derrotas.

Tiremos de refrán y admitamos que las comparaciones siempre son odiosas, pero analicemos también la realidad y de facto se comprueba la idoneidad de Pesic y su efecto. En aquella primera incursión en rueda de prensa de presentación en su segunda etapa como blaugrana aludía el de Novi Sad a que teniendo tres coches en sus garajes, poco o ningún caso te iban a hacer tus jugadores cuando les pedías esfuerzos defensivos o luchar por un rebote. Se ve que el poder de convicción del viejo sabio serbio es mucho mayor que el de su antecesor, pues en los cinco partidos de Liga ACB jugados con él en el banquillo la media de puntos recibida ha bajado de los 82,1 de Sito a los 71,8 actuales. O los jugadores han vendido sus coches o poco poder de convicción tenía el joven Alonso.

Incluso ganando partidos claros como el del jueves pasado, se enerva Svetislav al recibir 33 puntos en un cuarto. Qué más le dará a él que fuese aquella la mayor pachanga de todos los tiempos jugada en formato Euroliga. Ahora que la lista de lesionados no para de crecer y se busca sustituto para Seraphin el trabajo defensivo y la concentración al rebote son armas con las que Pesic no negocia, por poco o nada que se esté jugando en un partido. Sabe él que todos estos minutos de intrascendencia que le han tocado jugar le darán crédito infinito a su equipo cuando vengan los partidos de la verdad.

Pero es que la influencia del efecto no se nota sólo a nivel colectivo. Como estado de ánimo que es, la felicidad lo anega todo ahora por el Palau y se inocula en jugadores siempre sospechosos de poseerla. Como el propio Ante Tomic, que ahora es capaz hasta de romper tableros para llevarse trofeos individuales con actuaciones (seguidas y continuadas) nunca vistas. O el propio Thomas Heurtel, MVP de la Copa que multiplica dobles-dobles como panes para subir sus números en puntos, asistencias y valoración para convertirse ¿por fin? en un base de criterio. ¿Y qué me dicen de Víctor Claver, del que se vuelven a leer y escuchar más piropos que memes?

La temporada de esquí llega casi a su fin con estas nevadas postreras que hacen las delicias de aficionados y amantes de las pistas. Pesic ya no estará en ellas, pero a cambio, con su estilo socarrón y divertido por fuera y militar y elemental por dentro dirige a su Barça hacia unos play offs en los que espera repetir fórmulas y multiplicar el efecto. Tranquilidad y compromiso para volver a recuperar la sonrisa y, como no, la felicidad.