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Nedzad Sinanovic en Oregón, intentando impresionar al equipo que le elegió en el Draft, los Portland (Foto:OregonLive.com)

El Gran Blanco: Leandro Bredariol, Ondrej Starosta... y Nedzad Sinanovic

  • Solobasket.com, de manos de José Antonio Jimñenez, repasa los diversos intentos del Real Madrid por contar en sus filas con un '5' dominante, algo de lo que carecen los blancos desde la marcha de Sabonis a la NBA
A las pruebas me remito. Nedzad Sinanovic (29 de enero de 1983) es el enésimo intento del Real Madrid por contar en sus filas con un pívot dominante, algo de lo que carecen los blancos desde la marcha de Arvidas Sabonis a la NBA a mediados de los 90.

Nedzad Sinanovic

Mucho ha llovido desde que el lituano se fuera al estado de Oregón y diversos los ‘experimentos’ llevados a cabo por el club merengue. El último, el del bosnio que hace tres años todavía no sabía que sería un codiciado objeto de deseo. Y es que nada más conocerse que había en el mercado un center de su altura (2.20), muchos fueron los que corrieron para ver si merecía la pena trabajar apostar por un chico que comenzó a practicar este deporte tras cumplir la mayoría de edad.

Su historia es tan sencilla como fulgurante. Se entrenó unas semanas con Unicaja, para luego ser elegido por los Portland Trail Blazers en el draft de 2003 (con el ex equipo de Fernando Martín y Drazen Petrovic participó en distintas Ligas de Verano, con resultados un tanto discretos). No tuvo la capacidad para ganarse un contrato en la mejor liga del mundo, lo que le obligó a retornar al Viejo Continente. De vuelta a Europa, juega en el Pepinster antes de fichar por el Real Madrid, conjunto donde destaca más por su altura que por sus cifras. En la capital de España trabaja a destajo para pulir todos esos defectos que lo conviertan en una referencia bajo los tableros... a la espera de saber si se convertirá en un jugador seleccionable por Mario Pesquera (la Federación Española de Baloncesto sueña con su nacionalización de cara al Europeo de 2007, que se disputará en nuestro país, siempre y cuando no decida portar la elástica de su Bosnia natal). Es complicado vaticinar qué sucederá con el bosnio. Lo que sí es del dominio público es la suerte que corrieron sus antecesores, no demasiada buena a fuerza de ser sinceros. Recordemos lo que sucedió con cada uno de ellos: El primero, un brasileño poco amante del sacrificio; el segundo, un checo al que las circunstancias deportivas siempre le dieron la espalda.


Leandro Bredariol

Llegó a España muy joven, siendo todavía un adolescente. Sus 2.18 lo convertían en un auténtico diamante en bruto, dada la escasez de jugadores altos con talento en el deporte de la canasta. Sin olvidar su condición de comunitario, lo que le convertía por derecho propio en una inversión de futuro más que interesante. Pero, ¿por qué fichó el cuadro merengue a un brasileño que apenas sabía jugar al baloncesto? Muy sencillo, para intentar contrarrestar el poderío en la competición domestica de otro gigante: Roberto Dueñas. Sin embargo, desde muy pronto se pudo comprobar que este chico no sería ni mucho menos el antídoto buscado. Falto de coordinación, poco amante al trabajo y con poco o nulo afán de superación, se limitaba a portar la camiseta del cuadro capitalino en su filial, con números más que discretos, posar con Roberto Carlos cuando la prensa deportiva se lo requería... pues lo de coger rebotes, anotar y defender no iba con él. Así, era lógico que se cansaran de alguien que antes de abandonar nuestro país tuvo tiempo de participar como secundario en una película española (El corazón del guerrero, se llamaba el film del debutante Daniel Monzón). Eso sucedió en 2000. Desde entonces, su rastro parece haberse evaporada. Tanto como su capacidad para ganarse la vida jugando al baloncesto.


Ondrej Starosta

Distinta fue la trayectoria en el club de la calle Concha Espina de Ondrej Starosta, pívot de 2.15, nacido el 28 de mayo de 1979. Diferente, pues el checo sí tenía (y tiene) cualidades. Arribó procedente del Pepinster belga, avalado por unas virtudes que lo situaban en la primera plantilla en un par de temporadas. Sus números en la EBA así lo hacían indicar, pero la convulsa situación deportiva vivida por el actual campeón de Liga a comienzos del presente milenio no le dieron ni siquiera la oportunidad de reivindicarse sobre el parquet. Eso, y su condición de extranjero, le cerró del todo las puertas de la entidad más laureada de la península ibérica. Y es que no estaban las cosas para que un chaval ocupara una plaza destinada para alguien obligado a marcar diferencias. Tras su adiós, deambuló por conjuntos de segunda fila en el concierto europea, hasta firmar un suculento contrato el pasado verano con un conjunto de Euroliga: el Strasbourg galo.




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