Mudanza que hace alguien o algo de un estado a otro, como de la avaricia a la liberalidad o de la pobreza a la riqueza. Esto es lo que encuentra uno como segunda acepción del término metamorfosis en el diccionario de la real academia. Una definición que le viene como anillo al dedo a este loco Barça Lassa de esta temporada. Si Kafka estuviera por Barcelona sería el más acérrimo de los aficionados del equipo de Sito Alonso. No se perdería un partido, ensimismado con los cambios que puede experimentar, no ya de un partido a otro o de una racha a otra, sino ya, rozando el culmen de las mutaciones, en un mismo encuentro. Como si del mismísimo Gregorio Samsa se tratara, esta escuadra es capaz de pasar de acomodado comerciante de buen baloncesto y victorias de postín a monstruoso insecto que es pisoteado por el juego de sus rivales. Y para muestras, el partido de hoy. De un -23 en la primera jugada del último cuarto a tener bola para empatar en el último segundo. Tal cual. Puro estilo kafkiano acompañado de la empanada final de un Unicaja que hizo 30 minutos de ensueño y estuvo a un triple de tirarlo todo por el precipicio de los partidos remontados.
De entrada, espesura de un Barça convertido ya desde muy pronto en insecto dominado por el juego interior andaluz. Brooks y Shermadini se despachaban sobre las torres blaugranas, aunque el marcador se movía como el pobre Samsa tras su transformación; poco y mal. Un triple de Salin y el juego vertical de Waczynski ponían un rápido +10 (4-14 min. 8) para un espeso y errático 7-14 al final del primer cuarto.
El segundo acto se venía aun peor para los intereses locales, abrumados por el movimiento de balón malagueño que siempre encontraba un tiro liberado o una ventaja en la penetración para sumar a destajo. Un triple de Alberto Díaz por aquí, una continuación de Augustine por allá y Nedovic por todos lados marcaban un 14-32 después de cinco minutos de pura larva kafkiana blaugrana. La defensa de Unicaja echaba hasta fuera de la línea de tres la pizarra de Alonso y un 2+1 en forma de aro pasado de Dani Díez ponía ya un escandaloso +20 a dos minutos de la pausa grande.
El @unicajaCB está jugando un baloncesto perfecto. #LigaEndesa pic.twitter.com/6kObsRig5d
— Basket en Movistar+ (@MovistarBasket) 14 de enero de 2018
Con el sonar de la bocina se venían los sonidos de viento del aficionado local, esperanzado con aquel atisbo de buen juego de partidos anteriores, pero resignado a ver de nuevo como los equipos que visitan el Palau se pasean por la emblemática cancha de Les Corts mancillando cada martes, jueves o domingo el palacete blaugrana.
A tiempo de pausa y con 27-46 de escandaloso resultado, Unicaja se había dado el gusto de repartirse 14 pases de canasta para los 18 aciertos que llevaba. Del Gregorio Samsa azulgrana poco o casi nada había que salvar al descanso, salvo el acierto de Koponen o la garra de Oriola. Los andaluces habían hecho 32 puntos en este segundo parcial, para reventar paciencias y, una vez más, revertir tendencias. Y eso que habían vuelto Pressey y Sanders, pero ni por esas conseguía el Barça frenar el caudal de pases y de juego sin balón de Unicaja que generaban siempre un tiro liberado o una penetración que los close outs de Alonso no conseguían frenar.
De vuelta de los vestuarios, salía Navarro de inicio para buscar metamorfosis. Dos triples seguidos repiqueteaban remontada, pero sólo le daba al equipo local para ponerse a 13, hasta que Suárez recogía la basura de las lentas rotaciones para subir a +15 tras el 5º rebote ofensivo. Era otro Barça, es verdad. La mutación se iniciaba y había otra actitud, pero el baloncesto que tenía era más o menos el mismo. El enésimo 2+1 castigando las continuaciones, esta vez de Shermadini igualaba revoluciones y volvía a poner arena de costa de sol de por medio. A su vez, las lecciones de Charly Suárez en el rebote ofensivo volvían a poner un lejano +18 (38-56).
El dominio en el juego interior era tan abrumador que Shermadini se permitía varios esfuerzos seguidos para poner de nuevo la veintena malagueña. Ya por ese entonces Heurtel y las necesidades volvían a acaparar posesiones con el mismo resultado de siempre. Quedaban 10 minutos y parecía que estaba el pescado vendido en el Palau (42-63). Hasta que apareció Kafka…
Waczynski ponía el mencionado +23, mientras Moerman y Seraphin compartían confidencias en el palco y la mermada batería de compañeros de las cercanías del tablero se pegaba por reducir una ventaja que Brooks y Augustine mantenían con comodidad, a pesar del esfuerzo de Oriola.
Y he aquí que apareció sobre la cancha Gregorio Samsa en forma, en el día de hoy, de Phil Pressey. El denostado base tejano que parecía salir ya para jugar los minutos de la intrascendencia reventó el partido cuando Unicaja ya lo creía vencido. Antes, entre Oriola y Ribas lo habían acercado a -15 y a partir de ahí, a base de triples metía a su equipo y a la afición en el encuentro. A 2:42 hizo el primero, para un 61-73. Luego, otro, para bajar a 10 y un par de robos para que Ribas pusiera a cinco a los suyos a 46 segundos del final, con un parcial de 10-0. Una nueva bomba desde casi nueve metros del discutido y menudo jugador generaba partido de una posesión, siendo él sólo capaz de dar luz a un aficionado que preparaba silbidos y pañuelos. Mientras, Plaza en el banquillo de al lado, se desesperaba pidiendo cabeza y sentido a sus jugadores. Puro Kafka en forma de baloncesto.
Llegaba el Barça Lassa incluso a tener posibilidad de alcanzar la quimera del empate, con dos libres y 72-76 en el marcador. Anotando el primero y tirando el segundo a fallar, el instant replay le daba la última bola al Barça. Ver para creer. Ya sin tiempos muertos con los que ordenar o desordenar jugadas, el balón le llegaba de nuevo a Pressey para un triple liberado desde la esquina que se quedaba en el hierro de delante y daba la victoria y el billete para la Copa del Rey a Unicaja. Un partido de baloncesto al más puro estilo Franz Kafka. Puro estilo Barça Lassa.