Solapas principales

Million Dollar Pangos

  • El canadiense atendió a Solobasket tras un entrenamiento para mostrar sus sensaciones y pensamientos en un gran momento de forma personal
  • De soñar con Steve Nash a jugar en la Universidad de Stockton y terminar en el ex equipo de Tomás Bellas
  • Pangos se ha convertido, por méritos propios, en uno de los nombres importantes de este inicio ACB

Aquella nevada mañana invitaba a un café caliente para recomponer el cuerpo, las calles de Holland Landing presentaban un aspecto habitual teniendo en cuenta que el mes de enero iba agotando su existencia con el azote del invierno pegando fuerte. En esa pequeña localidad, situada en el sur de Canadá, el frío era una constante con la que la gente tendría que convivir sí o sí, sin tener en cuenta que ese lugar vería llegar al mundo un retoño distinto a los demás, un chaval con las ideas claras pero con la cabeza fría, tan fría como su Ontario natal. El 25 de enero de aquel ya lejano 1993 fue un día de fiesta para la familia Pangos, el pequeño Kevin junto con su hermana melliza ya eran una realidad, aunque seguramente, cuando esa madre cogió en brazos a su hijo por primera vez ni se le pasó por la cabeza que aquel bebé, veintidós años después, se iba a convertir en el chico del millón de dólares.

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Pangos y su padre, dos gotas de agua (Instagram)

El Pangos niños comenzó practicando hockey, el deporte nacional en Canadá, aunque pronto se decantaría por el baloncesto, gracias en parte a la influencia de sus padres, ambos con experiencia en el mundo de la canasta. La carrera de Kevin Pangos comenzó a despegar cuando todavía era bastante joven, el chico desplegaba tanta clase y tan buenas maneras que, siendo base y canadiense, se le vinculó y comparó rápidamente con el nombre de Steve Nash, una pequeña muestra del potencial que exponía en su pubertad, mostrando una muñeca de seda en cada partido con la camiseta de Newmarket, su instituto.

Por aquel entonces, el brillo en los ojos de Kevin se encendía cada vez que una imagen del ya ex base de la NBA pasaba por delante, llegando incluso a copiarle algún movimiento: “Viendo jugar a Nash aprendí muchas cosas. Reconozco que le copio movimientos (risas), pero intento hacer mis propias versiones. Crecí viéndole jugar y fijándome en cada gesto que hacía y siempre pensaba que quería jugar de una manera muy similar a la suya si llegaba a ser jugador profesional”, rememora con una sonrisa.

Soñando con poder botar, pasar o tirar como Nash, recreándose con cada highlight, Pangos siguió su propio camino haciendo lo que más le gustaba y sin demasiadas preocupaciones. Poco a poco se fue sintiendo mejor jugador y preparado para dar el salto a una Universidad como Gonzaga, un lugar que se ha convertido en uno de sus sitios favoritos en el mundo: “Mi vida en Gonzaga era increíble, jugaba al baloncesto, me divertía mucho, tenía muchos amigos… Más que un sitio para estudiar o realizar un deporte, se parece más a una familia. Gonzaga tiene un hueco especial en mi corazón”, señala.

UN BULLDOG DE POR VIDA

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En Gonzaga Pangos encontró la felicidad (basketballbuzz.ca)

En la cultura americana bien es conocido que la Universidad suele marcar un antes y un después en la vida de cada alumno, algo que no fue distinto para Kevin, que no duda a la hora de declarar que esos cuatro años han sido “irrepetibles” sin que se le escape una sonrisilla. Sólo han pasado unos meses desde que cambiara las aulas por el Gran Canaria Arena, pero Pangos no puede evitar acordarse de lo vivido en su college, dejando claro que muchas veces siente añoranza con un claro y conciso “echo mucho de menos Gonzaga”.

Cuatro años dan para muchas cosas, sobre todo, para quedarse impregnado para siempre por el aura y la esencia de Mark Few, su entrenador en los Bulldogs. Para Kev, el secreto del técnico de Gonzaga es, simplemente, que busca gente que crea en el trabajo duro: “Gonzaga busca gente con buen corazón, jugadores sacrificados y con ganas de trabajar duro. El entrenador quiere que el equipo tenga una mentalidad ganadora, que los jugadores se vean capaces de mejorar constantemente”, incide el canadiense. 

En el McCarthey Athletic Center dejó muchas noches de gloria y destellos de calidad, aunque también tuvo que decir adiós a algunos amigos, a los sigue desde la distancia: “Siempre que puedo veo los partidos que el equipo de la Universidad disputa porque sigo teniendo amigos que juegan allí”, sincerándose sobre Domantas Sabonis, al que ve jugando con los mejores del mundo: “Definitivamente, creo que Sabonis tiene sitio en la NBA. Es un jugador increíble y que juega muy duro, estoy seguro de que llegará”, destacaba.

[11.14.11] Kevin Pangos - 33 Points (9 Three Pointers) Vs Washington State (Complete Highlights)

Pangos fue un jugador importante para los Zags, convirtiéndose en una de las figuras referenciales del equipo en poco tiempo. Para un base que admira a Nash no es nada fácil jugar en el sitio que vio florecer a John Stockton, pero ese tipo de cosas nunca le han importado demasiado al canadiense, que en su segundo partido con los Bulldogs anotó nueve triples para igualar el récord de la Universidad que estaba en manos de Dan Dickau, dejando patente que la presión no va demasiado con él. Aún así, Pangos destaca otros partidos por encima de ese como sus mejores en Gonzaga: “Personalmente, dos de los partidos que guardo mejor recuerdo es una eliminatoria ante BYU en el que anoté 21 puntos y uno que le ganamos a Oklahoma State en su pista”.

¿La espinita? No estar en la última Final Four de la NCAA, aunque con el consuelo de haber sido eliminados por Duke, los que terminarían como campeones.

NASH, STOCKTON Y TOMÁS BELLAS

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Hannaa y Pangos pelean por un balón suelto (Foto: Luis Fernando Boo).

Una vez terminado su periplo universitario, el de Ontario no pudo entrar en la lotería del Draft, pero aún así llamó la atención de algunos equipos europeos que se lanzaron a por sus servicios, ya que su talento no escapaba a los ojos de nadie y en Gonzaga había desarrollado cuatro buenos años. Mientras disputaba las Ligas de Verano con los Mavericks saltó el rumor de que el Herbalife Gran Canaria le quería echar el guante, algo para lo que Kevin quiso contar con la opinión de alguien que conoce la isla muy bien: “Antes de decidirme por Gran Canaria hablé con Carl English, él me dijo que el equipo era fantástico y la isla un buen sitio para vivir”. 

A pesar de ello, no fue el único motivo por el que eligió vestirse de amarillo, ya que el conjunto insular le despertaba en su interior cierto deja vú, como si todo le sonara de algo: “Elegí Gran Canaria porque me recordaba mucho a Gonzaga. Los aficionados son fantásticos, el equipo gana muchos partidos… Pensé que éste sería un buen lugar para mí porque podía desarrollar mi talento y convertirme en un mejor jugador teniendo a mi lado un grandísimo entrenador y unos compañeros muy buenos”, parecía que estaba todo decidido por su parte para darle el sí quiero al equipo amarillo.

Sin embargo, Pangos seguramente no contaba en un principio con que la figura de otro base, para bien o para mal, persiguiéndole. La salida de Tomás Bellas sentó mal a la mayor parte del aficionado amarillo, por lo que su sustituto iba a estar y seguirá estando, al menos por el momento, vigilado con lupa. Ese peso con el que Kevin tiene que cargar es algo que no parece importarle mucho, ya que en su rueda de prensa de presentación tiró de la manta para sacarse de la manga un: “no vengo a hacer olvidar a Tomás Bellas, yo quiero ser Kevin Pangos”.

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Bellas busca la canasta defendido por Hersek (EFE)

Esa declaración de intenciones la mantiene a día de hoy, justo después de enfrentarse a Bellas en el Gran Canaria Arena y de ver como la marea amarilla le recibía con honores. No obstante, es consciente de que vivirá en una comparación constante con su predecesor: “Sé que la gente nos compara mucho y es algo normal, porque Bellas estuvo seis años aquí y dejó huella. Yo no estoy intentando hacerlo mejor que Bellas en Gran Canaria, aunque mucha gente piense que uno es mejor que el otro. Quiero ayudar al equipo a ganar y ser yo mismo, nada más. Tomás es muy querido aquí y ojalá yo pueda decir lo mismo”, declaró con toda naturalidad.

De la misma manera, Kevin aclara lo que la gran mayoría saben: “Tomás Bellas es un gran jugador, pero somos bastante diferentes. Mi intención es ser yo mismo siempre y que, así, el equipo gane. Espero que los entrenadores, mis compañeros y todos los aficionados estén a contentos con mi manera de jugar y de comportarme sobre la pista”, mostrando que no le molesta tener siempre una mosca cojonera detrás de la oreja en forma de sombra de Bellas.

Además del nombre del ex base amarillo, el aterrizaje de Pangos generó algunas dudas en cuanto a lo físico y defensivo se refiere, algo que se ha podido ver a lo largo de sus pocos partidos de amarillo, aunque la realidad ha dejado clara que no está tan verde en esos aspectos como se esperaba. En ese sentido, al base norteamericano le gusta pensar que “si no soy muy bueno en algo, haré cualquier cosa que haga falta para ser realmente bueno en eso, así que pienso que puedo ser capaz de ir mejorando mi defensa y mi físico. La única idea que tengo en mente es ser mejor y mejor, cada día”.

UN CAMBIO RADICAL, UNA ADAPTACIÓN EXQUISITA

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Pangos el día de su llegada a Gran Canaria (CB Gran Canaria)

Dejar atrás la vida universitaria para salir de bruces al mundo real suele ser un transcurso de tiempo complicado, lleno de trabas y complicaciones. Pangos dejó los que seguramente sean los mejores cuatro años de su vida, pero ha encontrado en Gran Canaria el antídoto perfecto para esa morriña que siente. Éste es su primer año como profesional, su primera piedra de toque con el mundo más verdadero y real, y está saliendo más que bien parado. “Adoro la isla, el tiempo es increíble, nada que ver en Ontario, y la gente es muy amistosa. Siempre que puedo me escapo para ir a la playa, he podido visitar y conducir por sitios muy bonitos. Me encanta y estoy disfrutando mucho de ella, me siento realmente contento de estar aquí”, una cuestión clave en su felicidad.

Por otro lado, hay tres cosas de la isla que sacan unas carcajadas al de Holland Landing: la comida, su gente y la percepción que tienen las aficionadas amarillas de la plantilla que los claretianos presentan este año. Para Kevin, el mojo picón es algo que le ha “gustado mucho”, pero se declara fan del “pulpo” con mucho afán: “Yo y mi novia hemos ido a varios sitios para probar tanto la comida canaria como la comida española y hemos disfrutado mucho”.

A pesar de ser un jugador importante del Granca en sólo unas cuantas jornadas, dice que pasa desapercibido por las calles todavía; él lo achaca a una cuestión de altura: “De momento, la gente no me reconoce mucho por las calles, quizás porque soy un poco bajito y no les cuadra que sea un jugador de baloncesto (risas). Aún así, los que me reconocen sí que son muy amistosos conmigo y me gusta que sean así, que muestren su cariño”.

De todas maneras, lo que más gracioso le parece es que las chicas que acuden cada jornada al Gran Canaria Arena piensen que este Granca es un equipo de guapos, llegando incluso a mostrarse orgulloso de ello en un tono bastante bromista: “Quizás seamos un equipo de guapos (risas), no lo sé. Trabajamos mucho en el gimnasio para estar más fuertes y musculosos (risas). De ser así, es muy divertido que las chicas nos vean como un equipo de guapos, seguro que todo el mundo en el vestuario está contento de que esto sea así, aunque lo nuestro es el baloncesto y no las pasarelas (risas).

Así respondía Pangos a algunos tweets sobre su pelo cuando estaba en Gonzaga, aunque las chicas de la Universidad no pensaban como las de Gran Canaria: 

Kevin Pangos Hair Tweets

EL UNIVERSITARIO DE MODA

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Kevin Pangos intenta una bandeja (ACB PHOTO)

Esa capacidad para adaptarse tan rápido a la ciudad y al equipo ha conseguido que el impacto de Pangos en la Liga Endesa y en la Eurocup sea inmediato. Evidentemente, a un chico de veintidós años es complicado pedirle regularidad, porque está en una edad en la que todavía está absorbiendo conocimientos, en la que tiene que equivocarse para poder ser mejor jugador, porque esa es la única manera de que siga hacia adelante. Su ética de trabajo es una de las cuestiones que también le están ayudando mucho, ya que la frase “sólo quiero mejorar y ser el mejor jugador que pueda” ronda su cabeza y su boca cada día que pasa.

El ser uno de los nombres propios de esta Liga Endesa que le ha sorprendido por “lo fuerte, duro y bien que se juega, por el talento de sus jugadores” no es el algo que le esté quitando el sueño ni mucho menos: “No pienso mucho en que sea el universitario de moda o algo por el estilo, porque sinceramente sólo me interesa ganar, ser mejor. Los premios y los elogios no son lo más importante. Tengo mi concentración en otras cosas más determinantes cada vez que salgo a jugar. Eso sí, es bonito que la gente aprecie tu forma de jugar, que sepa quién soy y que guste mi forma de jugar”, aunque su juego está enamorando a más de uno, sobre todo a uno que tiene muy cerca cada vez que entrena.

Su mejor partido hasta el momento lo desplegó en Eurocup la pasada semana:

Highlights MHP Riesen 92:89 Herbalife Gran Canaria (Eurocup Round 7)

Para Aíto García Reneses, el mejor entrenador de la historia del baloncesto español, Kevin Pangos es un jugador esencial, un base del que siempre habla con una sonrisa cada. Es evidente que el madrileño ve en Pangos algo especial y quiere explotarlo, por lo que le está dando rienda suelta a todo su talento: “Algo que tengo claro es que me gusta, como a cualquiera, que Aíto crea en mí y me lo demuestre. Como jugador me está dando mucha confianza y me está haciendo aprender muchas cosas, tanto grandes como pequeñas, lo que me convierten en mejor jugador. Durante los partidos me deja jugar y equivocarme, me llama poco para hablar con él, pero en los entrenamientos sí que me habla mucho, me coge aparte y me dice lo que quiere de mí, lo que debo cambiar”. Si Aíto está ahí, detrás del chico, no es por simple cuestión de azar o casualidad; para muestra, un botón.

Otro que se llena la boca de elogios sobre Pangos es Albert Oliver, su compañero de posición. El catalán ha reseñado en muchas ocasiones el potencial del ex de los Zags, compartiendo, además, una característica que les define muy bien y por la que Kev está destacando tanto, por la que es el universitario de moda: el clutch time. “Ya me han contado que Albert ha conseguido anotar muchos tiros importantes en finales de partido y yo, en el poco tiempo que llevo aquí, también he podido comprobarlo (risas)”.

A ello, Pangos añade que Oliver ejerce en muchas ocasiones de tutor, enseñándole y allanándole el camino para que todo le sea mucho más fácil: “Mi relación con Albert Oliver es maravillosa. Albert es un jugador muy inteligente y es muy divertido aprender de él y verle jugar. Normalmente, suele cogerme aparte y darme algunos consejos sobre cosas que puedo hacer para no cometer errores. La experiencia que tiene ayuda al equipo y a mí personalmente también”, terminando de sentenciar, casi sin darse cuenta, de la fe que tienen puesta en él tanto sus compañeros como sus entrenadores.

EL CHICO DEL MILLÓN DE DÓLARES

Ver jugar a Kevin Pangos es como escuchar música clásica, es una verdadera demostración de talento ofensivo con un derroche de clase que terminan en un cóctel de sabor, olor y texturas perfectos. Su potencial es algo que va ir descubriendo, poco a poco irá viendo que es capaz de hacer más y más cosas sobre la pista; cada vez que juega es como si el aura que lleva consigo le diera unas alas que no tiene. Con el paso de los partidos hemos visto a un Pangos muy anotador, pero que cada vez controla mejor los tempos del juego, dando muestras desde ya que su evolución ha comenzado. Su carácter y su forma de entender el baloncesto son cosas importantísimas para creer fielmente a este chico que ama “jugar los momentos calientes de los partidos” y al que no le importa “cometer errores” en esos instantes porque ansía, por encima de todas las cosas “ganar”.

La NBA está en su futuro, aunque todavía no está ni se ve preparado. Kevin sabe que no debe desistir y que su paso por Europa tiene su razón de ser en volver a EEUU para jugar con los mejores del Mundo, pero para ello tiene que currar como nunca con los mejores de Europa. Lo tiene bastante claro y, aunque no cuenta con la certeza de si podrá lograrlo, conoce el camino para alcanzar su gran sueño: “La NBA es una meta que siempre va a estar ahí para mí. Trabajo duro cada día, adoro estar aquí y estoy disfrutando mucho de la experiencia, pero yo quiero llegar a ser el mejor jugador posible y en mi mente está el poder jugar con los mejores jugadores del Mundo; sí, es una meta para mí alcanzar la NBA”.

La vida te enseña que todos los caminos llevan a Roma, pero que nunca hay que desistir cuando se busca una meta o un sueño. Kevin Pangos es un soñador más, pero no de esos que tienen castillos en el aire, sino de los que saben lo que quieren siendo realista y sincero consigo mismo, con la humildad y el trabajo por delante de cualquier cosa. Su talento le ha abierto una puerta muy importante en su carrera, ha hecho una apuesta arriesgada y puede que no la consiga. Lo que sí es cierto es que no va a desistir nunca, te lo dice con su mirada y su forma de ser, te lo dice cada vez que salta a una pista para jugar al deporte de sus amores.

Aquel chico de Holland Landing que soñaba con ser Steve Nash se ha dado cuenta de que sólo quiere ser Kevin Pangos, el chico del millón de dólares.

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Pangos, Wiggins, Tristan Thompson, Bennet, los hermanos Joseph, Olynyk, Stauskas... mas que decente selección que pondría en aprietos a muchas de las tradicionalmente fuertes a nivel mundial.

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