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Scott Bamforth: Desde Albuquerque con amor

A Scott Douglas Bamforth la vida no le ha puesto las cosas fáciles, y sin embargo tras muchas batallas parece que le corresponde a los esfuerzos con una sonrisa. Tal como nos relataba Daniel Barranquero en 2014, Bamforth ha vivido auténticos calvarios. Ahora en su primer mes de competición, es el jugador más valorado de la Liga Endesa, con promedios de 17 puntos, 4,5 rebotes y 4,2 asistencias para un total de 22,8 de valoración media.

Un 12 de octubre de 1989 llegaba al mundo nuestro protagonista en su Albuquerque natal, poco tardaría en absorber el espíritu competitivo y la cultura del esfuerzo. Su padre John le inculcó la pasión por el deporte, siempre había tiempo para jugar al baloncesto un rato; hasta el trágico 12 de mayo de 2002, ese día la vida de Scotty B (como le llamaban cariñosamente) dio un vuelco y cambió por completo. Su padre John había muerto, y con él la alegría de su madre Elizabeth, que se refugió en la bebida para tratar de superar el trauma.

Todo había cambiado, Scotty B necesitaba tomar las riendas de su vida, transformarse a sus 12 años de edad y madurar de golpe. Aprendió a conducir ilegalmente para llevar a su madre a casa de su abuela, dejó de ir a clase para encargarse de las facturas, la manutención de la casa y de su propia madre. Hasta que, dos años después, un 29 de diciembre de 2004 su madre también fallecía dejando a su hijo pequeño absolutamente devastado.

“Con 12 pierdo a mi padre y con 15, a mi madre. Me quedé impactado, hundido. Resultó durísimo para mí. Aunque muriesen jóvenes, me enseñaron mucho. Mi padre sobre los deportes. Mi madre, a ser buena persona.”

EL BALONCESTO, LA VÁLVULA DE ESCAPE

Entonces llegó al instituto y encontró un refugio a su dolor en el baloncesto, por aquel entonces era un chico poco dotado para el deporte de la canasta, bajito, lento y sin ninguna cualidad que le hiciese destacar. Pero su tesón y su capacidad de trabajo dieron rienda suelta a su talento. Muchas noches, ante la imposibilidad de dormir, terminaba en el gimnasio del instituto, haciendo pesas y poniéndose en forma; poco tardaron sus entrenadores en darse cuenta de que tenían ante sí a un chico especial.

Su válvula de escape se convirtió en una de sus razones para vivir, pronto comenzó a destacar y llevó a uno de los institutos más mediocres de Nuevo México a convertirse en el mejor del estado. De ahí a la NCAA, en donde coincidió con Damian Lillard, en la Universidad de Weber State.

Todo parecía ir a mejor, y aunque el recuerdo de sus padres y su experiencia le habían transformado, la vida le sonreía. Formaba una de las parejas más temibles del país junto a Damian Lillard, y era uno de los líderes del equipo. Compartía su vida con la mujer que amaba, que se había ido con él a la universidad, y además estaba a punto de tener un hijo. Su primer hijo.

Pero la vida estaba a punto de ponerle a prueba de nuevo, a su mujer le detectaron una preeclampsia, un trastorno que ponía en riesgo la vida de su primer hijo y la de su mujer. Con la vida de ambos en riesgo, los galenos decidieron provocar el parto y reducir riesgos. Las complicaciones eran elevadas, y ambos tuvieron que pasar una temporada en el hospital, pero a fin de cuentas todo salió bien. El calvario había pasado, y los dos pilares de su vida ya estaban en ella.

“En toda esa semana casi ni dormí. Era del entrenamiento al hospital una y otra vez. Iba a verle porque tenía miedo de que dejara de respirar, parecía muy enfermito. En el global de esos 7 días, dormí unas 10 horas. Y me tocó jugar varios partidos. Lo hice sin presión, con mi hijo así lo que menos importaba era la cancha. Simplemente jugué al baloncesto y me fue muy bien. Un momento bonito pero a la vez muy difícil para mí.”

El año siguiente, ya sin Damian Lillard a su lado, Scott tomó las riendas del equipo y lideró a los suyos desde el exterior consiguiendo, además, mejorar el récord de triples de la universidad, que tenía su buen amigo hasta ese momento.

La etapa universitaria tocaba a su fin, y el draft sería el próximo paso, con su título universitario bajo el brazo y feliz tras una bonita etapa en Weber State. Los Jazz le llamaron para participar en los entrenamientos previos a la elección, sin embargo la puerta de la NBA no se abría ante él. Fue una decepción para Bamforth, que esperaba seguir los pasos de su amigo Lillard, sin embargo su camino le dirigiría a otro lado.

El sueño NBA se desvanecía, pero el baloncesto le tenía guardada una plaza especial. Tocaba poner rumbo a España.

TRES EQUIPOS, TRES CIUDADES Y LA REGULARIDAD

Desde su llegada a España, Scott Bamforth ha destacado sobre todo por dos cosas: tener una capacidad anotadora fascinante y mostrar un liderazgo que transmite confianza. Allí por donde ha pasado ha dejado su impronta. Especialmente en Sevilla, donde es una auténtica estrella y se le recuerda con un cariño especial.

En Sevilla comenzó una aventura que, de la mano de Aíto Garcia Reneses, rápidamente le colocaría bajo los focos. Bamforth era uno de los veteranos de un jovencísimo equipo plagado de estrellas, y tan solo tenía 24 años. Ejerció su papel a la perfección; su madurez estaba por encima de la del resto, la vida se había encargado de ello. Con su seriedad en el campo, y su eterna sonrisa fuera de él, se metió a los aficionados en el bolsillo.

Tras un primer curso notable en Murcia se fijaron en él, y si bien su temporada no fue la esperada, no dejó de enamorar. Una temporada en la que se vio arrastrado por la irregularidad del equipo, y la que muestra los peores números de su carrera profesional. Pese a todo, en Murcia le adoran.

Su irregularidad en el juego le llevaba de nuevo a Sevilla. Los andaluces habían pasado un verano convulso, la continuidad del club estaba en entredicho, y confiaban en Scott Bamforth para que volviese a ser el referente exterior de un conjunto que le necesitaba como agua de mayo. Sus números volvieron a guarismos previos, era el líder de nuevo, pero no conseguía la tan ansiada regularidad en su juego.

En verano, y para suplir la importante marcha de Dairis Bertans, la dirección deportiva de Bilbao Basket se marca un objetivo claro: conseguir a Scott Bamforth y convertirle en su referente exterior. Dicho y hecho.

La temporada en Bilbao no podía comenzar de mejor forma, Carles Duran ha dado confianza a Scott Bamforth y le ha dotado del protagonismo necesario. Pero su papel no se ve reducido al de un mero anotador, Bamforth es conocedor de la importancia de su rol y genera tanto para sí como para el resto. Suma en todos los apartados estadísticos, y hasta el día que menos destaca en el apartado anotador, consigue brillar en el juego con sus capacidades.

Cuando más quema el balón más aumenta su responsabilidad, y Bamforth está encantado. Prueba de ello es el MVP del primer mes de competición que se le ha otorgado, tanto en la Liga Endesa, como Solobasket. Miribilla ya se ha enamorado de uno de sus nuevos estiletes, y él se ha impregnado rápido del espíritu de los Hombres de Negro.

Scott Bamforth sonríe, la vida no se lo ha puesto fácil, pero él ha conseguido erigirse en cada mal momento para poder seguir brillando.

VÍDEO: Scott Bamforth junto a su familia en Bilbao, narrando su dura historia personal. (Movistar+, Clubbers):

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Comentarios

Vaya historia de superación, se merece que le vaya muy bien y no sólo en el baloncesto. Para mí Albuquerque ya no es ciudad exclusivamente de Walter White...

Muy grande Scott Bamforth. Ya me pareció un jugadorazo cuando llego a Sevilla. Creo que en Murcia deberían haber apostado por él un segundo año, y ahora en Bilbao está demostrando que es un jugador Euroliga, donde acabará pronto indudablemente.

Persona que se gana el cariño de los equipos por los que pasa independientemente de su juego, y habiendo pasado por cosas como esas. Este es el tipo de gente que admiras involuntariamente

A tus pies Scott!!!