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El mejor jugador de la historia de los Chicago Bulls

Elaborar una lista con los mejores jugadores de la historia es tarea ardua y, probablemente, muy polémica. Es muy complicado contar al 100% con una objetividad estricta, y nuestro subconsciente siempre hará que nuestros gustos guíen nuestras elecciones, aunque tratemos de evitarlo. Pero como con todo, cuanto más se reduce el campo a estudiar más se simplifica la hipótesis y la posterior ejecución de la demostración, lo que nos ha llevado a analizar cada franquicia de manera individualizada, creando un serial con los 30 mejores jugadores de la historia... contando con un individuo por franquicia. Hoy llega el turno de los Chicago Bulls y, para sorpresa de nadie, el elegido es el mejor jugador que jamás se haya calzado unas zapatillas de baloncesto: Michael Jordan. 

EL RESUMEN DE SU CARRERA

Las habilidades técnicas de Michael Jordan no tienen parangón, pero fueron su no menos deslumbrantes capacidades físicas las que colocaron al deporte en una posición central en su vida. Tras pasar su infancia en Wilmington, un pueblo de North Carolina, en el instituto probó suerte con el fútbol americano, el béisbol y el baloncesto, siendo finalmente éste último el que le llevó a ser una pieza codiciada por los reclutadores de algunas de las universidades más prestigiosas del país. Jordan se decantó por jugar a las órdenes de Dean Smith precisamente en North Carolina y allí no tardó en dejar sus primeros destellos de magia. Anotó el tiro ganador en el partido por el título de la NCAA en 1982 y al año siguiente recibió varios premios que le reconocían como el mejor jugador de todo el circuito. Su sitio era la NBA, y después de tres temporadas en la Universidad -aunque volvió años más tarde para terminar sus estudios de Geografía- dio el salto desde la tercera posición del Draft de 1984. 
 
Su impacto en el mundo profesional fue inmediato. En su curso de novato con los Chicago Bulls promedió 28.2 puntos por noche que le sirvieron para hacerse con el galardón al rookie del año y para elegido en el primero de sus 14 All-Stars. Pero a pesar de sus números, los primeros años de Jordan en la liga no fueron sencillos: se perdió casi toda la temporada 1985-86 por una lesión en el pie y después de alcanzar los 37.1 puntos de media en el curso siguiente, una cifra completamente absurda, se encontró con un muro impenetrable llamado Detroit Pistons. La férrea defensa de los Bad Boys utilizó brazos, uñas y hasta dientes para frenar con éxito a la estrella encargada de recoger la batuta de director de la NBA de manos de Larry Bird y Magic Johnson. Jordan y los Bulls tardaron en descifrar a los Pistons, pero cuando finalmente lo hicieron en 1991 comenzaron a construir una de las mayores dinastías en la historia de la competición. 
 
La lágrimas de Mike abrazado al trofeo de campeón, minutos después de arrasar a los Lakers en las Finales, ofrecían la imagen de algo único, de una hazaña irrepetible, pero la historia se repitió en las dos siguientes temporadas. El hechizo se rompió cuando una serie de problemas ajenos al balón -la muerte de su padre, problemas con el juego, el incansable azote de la fama- desembocó en la primera de sus tres retiradas. Tras finalizar una corta y no demasiado exitosa en las ligas menores de béisbol Jordan decidió volver al baloncesto profesional en la recta final de la temporada 1994-95 (perdieron en semifinales de Conferencia ante Orlando) y entre 1996 y 1998 consiguió su segundo three-peat antes de retirarse de nuevo. Y de nuevo volvió a picarle el gusanillo: regresó para jugar las últimas temporadas de su carrera, esta vez con los Washington Wizards y, esta vez sí, para despedirse de forma definitiva. El 16 de abril de 2003 en Philadelphia, segundos antes de que terminara el partido, Jordan abandonó la cancha; los vítores y los aplausos se sucedieron durante varios minutos, y aún así se quedaron cortos. 
 

Best Of Michael Jordan's Rookie Season | The Jordan Vault

¿POR QUÉ ES EL MEJOR JUGADOR DE LA HISTORIA DE LA FRANQUICIA?

Jamás una pregunta tuvo una respuesta tan sencilla. ¿Por qué es Michael Jordan el mejor jugador de la historia de los Chicago Bulls? O, mejor dicho, por qué es Michael Jordan el mejor jugador de la historia de la NBA? Muy pocos han tenido un aura mística como la que ha rodeado al eterno número 23, no solo durante sus años en la liga sino en el imaginario colectivo de los aficionados al baloncesto. No todos han podido disfrutarle en directo, pero absolutamente todos, viejos y jóvenes, neófitos y veteranos, saben quién es Jordan y cuál es su lugar dentro del Olimpo deportivo. Sobre ningún jugador se ha vertido más tinta, se han editado más videos ni se han pronunciado más palabras de elogio. La cantidad de partidos y canastas legendarias que acompaña a su mito -¿quién es capaz de retirarse siendo la imagen de la liga, volver y ganar tres títulos más de forma consecutiva?- le colocan en una escalón inalcanzable cuando miramos con perspectiva histórica
 
Mencionábamos antes los aplausos de la afición en su último partido como profesional, pero éstos no son nada comparados con el calor y el cariño que destilaba de las gradas del United Center una noche de enero de 2003. En el último encuentro de Jordan -vestido con el uniforme de los Wizards- en la que fue su casa, el rugido del pabellón se extendió durante más de cuatro minutos y probablemente seguiría en estos momentos de no haber empezado el partido. Ese fue el efecto que tuvo en una Ciudad del Viento cuyo nombre es inseparable al de uno de los deportistas más influyentes de todos los tiempos y uno de los iconos de la cultura popular del siglo XX. La figura de Jordan trascendió los límites de una cancha del baloncesto para hacer aún más global el producto de la NBA, para protagonizar la clásica película Space Jam y para alterar la concepción de los jugadores desde el punto de vista empresarial gracias a sus multimillonarios contratos con Nike y al lanzamiento de su propia línea de zapatillas. 
 
Todo se ha dicho ya sobre este jugador y, aun así, siempre quedan cosas por añadir. Para terminar esta "justificación" de por qué Jordan está donde está vamos a mencionar un par de sus logros puramente deportivos: seis veces campeón de la NBA con sus respectivos seis trofeos al mejor jugador de las Finales; 5 MVPs de temporada regular;10 apariciones en el mejor quinteto de la temporada y nueve en el defensivo; un galardón al mejor defensor del año; y 10 trofeos de máximo anotador de la temporada. La lista sigue y sigue. 
 

COMPLETAMOS EL PODIO DE LEYENDAS DEL EQUIPO

Chicago no ha sido una franquicia especialmente exitosa más allá de su gloriosa época en los 90. Los Bulls están actualmente inmersos en una reconstrucción que no termina de despegar y la última gran etapa del equipo fueron los años de Tom Thibodeau al frente del banquillo. Con Luol Deng o Joakim Noah como piezas centrales, en la tercera posición del podio encontramos al líder de aquel equipo y al MVP más joven de la historia: Derrick Rose.
 

Best Of Scottie Pippen Early Career Highlights

 
Rose ha conseguido batallar su terrible historial de lesiones y se ha convertido en un jugador respetable desde su papel de veterano, especialmente tras su buen dsempeño en la temporada 2018/19 con los Minnesota Timberwolves, pero durante un tiempo demasiado fugaz fue la gran esperanza para resucitar a unos Bulls huérfanos de liderazgo desde la marcha de Jordan. Con un estilo eléctrizante y una potencia física abrumadora para un jugador de su posición, Rose registró unos promedios de 25 puntos y casi ocho asistencias en el curso 2010/11 que le sirvieron para hacerse con el premio al mejor jugador de la temporada un año antes de sufrir el primero de sus muchos problemas en las rodillas. Con siete años disputados con la camiseta de los Bulls, Rose figura en el décimo puesto de la lista de anotadores de la franquicia, pero su gran baza no fueron los números, sino las sensaciones y las esperanzas que depositó en una afición que vio como una de las nuevas caras de la liga se apartó involuntariamente de la foto cuando apenas había empezado a disfrutar del éxito. 
 
El segundo puesto está reservado para un jugador que siempre fue segundo en todo, pero cuyo papel privilegiado en los libros de historia de la NBA nadie pone en duda: Scottie Pippen. Jugador versátil y polivalente donde los haya, Pippen tardó en aclimatarse a jugar al lado de Jordan; cuando lo hizo se destapó como su mejor socio posible, uno que hacia el trabajo sucio y que se mostraba perfectamente conforme con encargarse de esas tareas. En la única temporada completa que disputó en Chicago sin el escolta a su lado (1993-94) se fue hasta los 22 puntos de promedio, pero su mejor versión la alcanzó al lado de Jordan; juntos formaron una asociación devastadora en ataque y en defensa que también supieron trasladar a la perfección al Dream Team de Barcelona. Scottie está en el segundo puesto en la lista histórica de los Bulls en puntos, asistencias y robos, además de tercero en rebotes y cuarto en tapones. 
 

 

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