Crear un equipo aspirante al anillo cuando juegas en un mercado pequeño es difícil. Hacerlo sin elecciones altas en el draft, muy difícil. Conseguirlo sin un jugador Top 10 de la NBA empieza a ser un milagro. Los Pacers no sólo lo han logrado, sino que este verano han conseguido reforzar su plantilla a un nivel que casi nadie podía sospechar. Las incorporaciones de Luis Scola, C.J. Watson y Chris Copeland, la vuelta de Danny Granger tras su lesión y la progresión de sus jóvenes valores -principalmente Paul George– hacen que la hegemonía de Miami en la NBA esté en entredicho incluso en su propia conferencia.

Las debilidades del juggernaut Pacer.

En 2012-13 Indiana fue un equipo de contrastes. Los Pacers realizaron la mejor defensa de la NBA, permitiendo tan solo 96.6 puntos por cada 100 posesiones. Además, fueron el equipo que mejor reboteó, capturando el 53% de los rechaces disponibles. Sin embargo su ataque fue el número 19 (de 30) de la NBA.

Esto es un contraste mortal. Desde 2007 ningún equipo con un ataque de mitad de tabla para abajo ha conseguido llegar a las Finales NBA, y antes de esa fecha las excepciones han sido contadas. Si bien el mantra dice que los campeonatos los ganan la defensa y el rebote, la realidad sugiere que quien no tenga además un ataque solvente probablemente se quedará por el camino.

Además de la muy limitada efectividad ofensiva del ataque Pacer, la segunda debilidad flagrante de Indiana ha sido su banquillo.

No es que sea necesario profundizar en este aspecto si uno ha visto jugar a Indiana, pero los datos lo corroboran completamente. Con Paul George en pista, Indiana anota 7 puntos más que el rival por cada 100 posesiones, mientras que cuando George descansa es el rival quien anota casi 2 puntos más que los Pacers en las mismas 100 posesiones. Para cada titular de Indiana (Hill, Stephenson, West, Hibbert) sucede lo mismo: el equipo gana holgadamente con él en pista y pierde cuando descansa. Por contra, cuando se mira la segunda unidad (Augustin, Green, Young, Hansbrough, Mahinmi) la situación es justamente la opuesta. Por ejemplo, Indiana anota 5 puntos menos que el rival con Mahinmi en pista, y casi 10 más cuando el pívot está en el banquillo.

Para echar más leña al fuego, en Playoffs la situación se radicalizó. Por ejemplo, Indiana metía 22 puntos menos que el rival por cada 100 posesiones en las que Roy Hibbert descansaba.

Ante esta situación, el entrenador Vogel hizo lo que cualquiera que quiera ganar partidos haría: jugar mucho con los titulares y poco con los suplentes. En la pasada temporada regular el quinteto titular de Indiana llegó a jugar 1200 minutos juntos, sólo superado en toda la liga por los titulares de Oklahoma City. A modo de contraste, ninguna combinación de 5 hombres de los Celtics en la temporada regular 2012-13 llegó a jugar 260 minutos juntos.

La búsqueda del equilibrio

Es curioso observar estas lagunas abismales en el juego de un equipo que puso a Miami contra las cuerdas hace dos meses, llevándolos hasta un séptimo partido en las Finales de la Conferencia Este.

Y es aterrador comprobar cómo ese mismo equipo ha conseguido en este periodo subsanar dichas lagunas.

El desastroso banquillo de los Pacers ya no existe. D.J. Augustin, Gerald Green, Sam Young y Tyler Hansbrough ya no están en Indiana, y al único al que se va a echar levemente de menos es al intenso Hansbrough. Por contra, las nuevas incorporaciones (Danny Granger incluido tras volver de su lesión) fortalecen enormemente no sólo la diversidad del ataque de Indiana, sino también su profundidad de banquillo.

Danny Granger es un contrastado anotador de volumen que liberará a Paul George de parte de la excesiva responsabilidad ofensiva que el fantástico alero tuvo que asumir la pasada temporada. La vuelta de Granger probablemente llevará al banquillo a un Lance Stephenson que creció enormemente como jugador el año pasado y que se perfila como un de los mejores sextos hombres de la liga. C.J. Watson es un base mucho más multidimensional que D.J. Augustin (algo no especialmente difícil por otra parte), y que en 2013 lanzó por encima del 40% en triples. Otra incorporación por encima del 40% en triples es el ex-Knick Chris Copeland, que tendrá que refrendar en su segunda temporada el talento ofensivo que mostró como rookie. Copeland también tendrá que intentar probar que no es el coladero defensivo que parecía en New York.

Finalmente, la incorporación que puede resultar decisiva tuvo lugar hace escasos días. La llegada de Luis Scola proporciona a los Pacers una vía de anotación interior más allá de West y Hibbert de la que carecían por completo. A estas alturas de su carrera Scola es un hándicap en defensa, pero en ataque es un jugador muy polivalente. Posee un gran juego de pies, un efectivo tiro de media distancia, se mueve como los ángeles sin balón y es incluso capaz de asistir con solvencia. Es de esperar que, con la posibilidad de un anillo en el horizonte, veamos este año a un Scola más motivado que en su paso por Phoenix tras ser amnistiado por los Rockets hace algo más de un año.

Es igualmente destacable que en la operación Scola, Indiana ha conseguido una razonable flexibilidad económica a corto plazo, algo fundamental cuando en el horizonte acechan las renovaciones de Stephenson y George, este último probablemente por el máximo. Por otra parte, este es el último año del matador contrato de Granger (14 millones de dólares en 2014), y hacia febrero los Pacers deberán decidir si mantener al alero hasta el final de temporada o bien usar su valioso expiring contract para traspasarlo si la oferta adecuada aparece sobre la mesa.

Los Pacers de la temporada 2013-14 serán un equipo con muchas más variantes ofensivas que el año pasado. Su defensa esta temporada probablemente no será la mejor de la NBA, pero tener a Hill, George y Hibbert en el equipo así como a Vogel en el banquillo ciertamente garantiza estar entre las mejores. Si Indiana consigue construir un ataque en el Top 10 de eficiencia ofensiva de la liga, es posible que Miami ceda el trono del Este antes de lo que todos pensamos.