Solapas principales

Kyrie Irving, el hombre tras la mente

  • La "Pequeña Montaña" que ha seguido el camino que él ha querido seguir.

Russell Crowe en Una mente maravillosa desempeña un papel magnífico. No es, per se, ni un papel. La realidad y la ficción se camuflan en un filme camaleónico que no puede dejar indiferente a nadie. Al final, aunque se trate de buscar una explicación para su desconocida profundidad abismal, la mente humana es imposible de discernir. Es un laberinto infinito de misterios y cuestiones sin abarcar, y que además llevan a la confusión de muchas formas distintas. Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, era una persona que se adelantó a su tiempo en sus métodos, en sus teorías, y en sus creencias. Pues sin conocer a Kyrie Irving, fue capaz de definirle con la precisión de un neurocirujano que anida en su mente. 

Admitió que uno es esclavo de lo que habla, y dueño de lo que calla, y que la libertad del individuo ha decrecido conforme ha avanzado la civilización. Que la idea de progreso rectilíneo no puede ir asociada a la libertad personal, siguiendo pautas más propias del postmodernismo. Y si algo es Kyrie Irving, es un espíritu libre. Un espíritu que no debe ser coartado y enclaustrado en las convicciones actuales sobre el mundo moderno. Más aún desde que se re-bautizara como Indio Sioux y adoptara la denominación de "Pequeña Montaña". 

Esto explica que situaciones como las vividas en la pretemporada en el TD Garden, donde estaba limpiando el aire -y el aura, posiblemente- del pabellón con incienso, hayan sucedido con más frecuencia desde 2018, cuando dio este paso y adoptó la cultura de su madre, descendiente de la tribu Lakota, que vivían en los márgenes del río Missouri. Para Kyrie, por tanto, nada es trivial. Todo tiene un sentido, y un por qué. Aunque la mayoría de las veces el resto del planeta sea incapaz de entenderlo.

El recorrido vital de Kyrie Irving

Cuando decidió abandonar Cleveland, después de ganar un anillo con LeBron, ser humillados por Kevin Durant, y olvidándose de las promesas fallidas que dio a un niño que le preguntó si alguna vez haría como LeBron y les abandonaría -hay niños que aprenden a la fuerza lo traicionero que es el transcurso de la vida-, todo el mundo aludió su imperiosa necesidad de salir del nido, de escapar de la sombra de The King, a la necesidad invidual de Kyrie de crear su propio rumbo. De dirigir su propio navío. Y en Boston, el buque se fue a pique. Al menos, en cuanto a su incidencia en el equipo se refiere. 

Al igual que hizo en Cleveland, prometió y repitió que en Massachusetts era feliz, y que quería quedarse en los Celtics. Lo que deja caer que aquí hay un patrón. En su primer curso, y con Hayward lesionado, los Celtics llegaron a las Finales de Conferencia, en las que tuvieron que verse las caras ante los Cavs de LeBron. Un re-encuentro envidiable y precioso, si no llega a ser porque lo consiguieron sin él. Al año siguiente, dieron a entender que podían cargarse a los Bucks del MVP, provocaron que Paul Pierce soltara todo tipo de barbaridades por su boca en primetime, y al final fueron eliminados 4 a 1.

 

 

Y ahí es cuando firmó por los Brooklyn Nets. Tras su proceso de reconstrucción, Brooklyn dio un paso adelante. Según han contado ellos mismos, la idea de juntarse para jugar entre KD y Kyrie surgió en el All-Star de 2019, y desde entonces la lluvia de ideas y de equipos se fue intensificando. Y finalmente Kevin Durant acordó unirse a los Nets, y Kyrie llegó al día siguiente como continuación. Una nueva pareja se preparaba para dominar la NBA. Aunque tuviera que ser un taburete de una sola pata, una moto con una única rueda, o una estantería sin baldosas durante su primer año. Estaban incompletos. Faltaba el que, antes de su lesión, era el mejor del mundo. Pero eso no le importó a Irving. 

Debutó con 50 puntos, destrozando todos los récords de precocidad con la franquicia del barrio de Brooklyn, y dejó caer lo bruto que podía llegar a ser al lado de Durant. Pero mientras uno estaba lesionado toda la temporada, el otro, el base, iba y venía, visitando a los trabajadores de la enfermería con más regularidad que la que acostumbra a tener un niño con sus abuelos. La pesadilla física de Kyrie Irving era un sinvivir, y la historia de nunca acabar. Con la pandemia, no acude a Orlando, los Nets dan vergüenza y pena, y se preparan para llegar con fuerza al inicio de la temporada 2020/21. Y el debut no podía ser más prometedor.

En sus primeros partidos portando la elástica de los Nets al mismo tiempo, Kevin Durant y Kyrie Irving demuestran por qué son carne de campeones. Por qué les colocan en las Finales. Y por qué Durant puede acabar llevándose el MVP. Destrozan a unos Warriors que, todo sea dicho, no da para más, y el día de Navidad, en el re-retorno del base al TD Garden, vuelven a pasar por encima a unos Celtics que nada tienen que hacer ante la engrasadísima maquinaria en que se han convertido los Brooklyn Nets. Pero entonces, cuando todo parece que va bien, llegan los problemas. 

Empieza a equilibrarse el contador de victorias y derrotas, y para reciclar y preservar la salud de Kevin Durant de la mejor manera posible, también deciden reservarle en algunos partidos. Así se plantan, el día 7 de enero, con 4 derrotas en los últimos 6 partidos. Y se anuncia que Kyrie Irving no jugará ante los Philadelphia 76ers por “personal reasons”. Motivos personales que, son personales, y en teoría, no son asunto de nadie, y pueden ser de todo tipo. El siguiente encuentro, ante los Grizzlies, también vuelve a pérderselo por la misma causa. Y así se empiezan a acumular los encuentros, uno tras otro. Y hay mucho misterio alrededor de todo el asunto. Hasta que el día 11 se filtra un vídeo que deja pocas dudas de cara al espectador.

Al día siguiente, que se celebra simultáneamente el cumpleaños de su padre y de su hermana, que además cumplía 30 años -que no es cosa menor-, los Nets debían jugar ante los Nuggets. Y Kyrie, nuevamente, vuelve a perderse ese partido. Y entonces, la NBA empieza a investigar. En esta grabación se ve a Kyrie Irving, sin mascarilla o distancia de seguridad de ningún tipo, rodeado de más de 15 personas -el límite, teóricamente, para la NBA en ese momento-, y que si bien está claro que son “personal reasons” es una infracción grave y clara de los protocolos de seguridad ante el coronavirus de la NBA, que está sufriendo -lo que muchos imaginábamos pero esperábamos que no llegara- para adaptarse a la situación epidémica, y que evidente debía suponerle una multa. Como acabó sucediendo. 

 

 

Al final, entre el salario al que renunció por los 7 partidos perdidos, más la multa de la propia NBA por la fiesta en la que estuvo, se ha quedado sin un millón de dólares de su sueldo. Y cuando ha vuelto, tanto Nash como Marks han destacado que apreciaban la labor que estaba desempeñando Kyrie para situar su mente en el lugar más adecuado para rendir a buen nivel, con el que por supuesto se conecta con Kevin Durant y James Harden. La gran amenaza del Este. Y sin fantasmas de por medio.

La persona tras la polémica

Porque si algo ha demostrado Kyrie es que, para él, el dinero no es lo principal. A veces también parece que hasta el baloncesto le es secundario -y no habría nada negativo en ello si esto no repercutiera en su juego-, pero ya ha quedado claro que Kyrie, a nivel de persona, tiene fundamentos. Cae en la trampa más que extendida de la Tierra Plana en Estados Unidos, entre otras cosas, que es una auténtica idiotez sin fundamento científico, pero en el ámbito social es un jugador como pocos. Pues aboga por ayudar a quien necesita ayuda, pero sin un marketing por el medio. Porque la caridad que se hace con campaña publicitaria no es más que interés sucio, vacío y barato. Un continente sin contenido.

Kyrie nunca ha posado con las campañas que ha hecho. Con las ayudas que ha prestado. Y nunca las ha anunciado él mismo. Cabe hacer aquí un paréntesis, pues la información siempre llega a los periodistas de alguna manera, pero nunca ha sido él quien ha dicho nada sobre estos asuntos de manera directa. Su trato con la prensa, bueno, es ya un asunto para otro momento. Pero hay que destacarle que en el último año, cuando se necesitaba el apoyo de los que mejor posicionados están, ha estado a todo, y en todas partes.

Donó más de 300 mil dólares a Feeding America, una organización sin ánimo de lucro que cuenta con más de 200 bancos de alimentos a través de todo Estados Unidos. Al igual que City Harvest, una organización situada en Nueva York que se especializa en recoger los alimentos que se desechan, estando aun en un estado óptimo para su ingesta, y donada a posteriori a comedores sociales e instituciones sociales sin cobrar un cargo por los productos. Organización a la que Kyrie donó otros 250 mil dólares. Al igual que se alió con Nike para que a la Reserva India Sioux de Standing Rock, localizada entre Dakota del Norte y Dakota del Sur, la sexta reserva de tierra más grande de todo el país, le llegaran 17 palés de comida y mascarillas para atravesar mejor la pandemia. O decidió dar un millón y medio de dólares para ayudar a aquellas jugadoras de la WNBA que decidieran no participar en su burbuja, y no pasaran mal el quedarse sin su sueldo particular. Y ya más recientemente, según palabras del propio Stephen Jackson, ex-jugador de la NBA y amigo cercano del fallecido George Floyd, Kyrie decidió comprar una casa a la familia de Floyd, para que así no volvieran a tener problemas de ningún tipo.

La personalidad de Kyrie Irving es, por tanto, indescifrable. Una complicación en determinados asuntos en convivencia, probablemente; un agujero negro para los periodistas de la NBA, siempre interesados en informar sobre los últimos sucesos; y un misterio para el aficionado más grande que la localización del Santo Grial de Cristo, para el que ni Harrison Ford tendría respuesta. Con Kyrie Irving, siempre es más sencillo elegir mal que hacerlo sabiamente, como diría Kazim.

No queda otra que sentarse, y observar. Ante lo que Kyrie Irving hace en el campo, como uno de los prestidigitadores con más talento que nuestros ojos habrán visto jamás cuando toca la tecla correcta. Ante lo que hace fuera de él, esperando que sepa encauzar el endiablado rumbo que sus actos pueden tomar como su mente se (tras)torne un poco en sus propios pensamientos. Y esperar, a que la tormenta pase, el temporal de polémica amaine, y vuelva a hacer lo que siempre hemos sabido que hace. Destrozar al rival jugando al baloncesto.

Sobre el autor

 
Antiguedad: 
2 años 7 meses
#contenidos: 
171
#Comentarios: 
366
Total lecturas: 
482,399