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La NBA e internet: inmediatez y sobrerreacción

  • Las redes sociales hacen que solo se mire el resultado más inmediato
  • Se está perdiendo la vista a medio y largo plazo

En una era donde las personas reciben miles de estímulos a diarios, y donde la cantidad de horas destinadas a las redes sociales es probablemente demasiado elevada, la NBA afronta un problema complicado de resolver salvo que estas tendencias giren radicalmente: la pérdida de la vista a medio/largo plazo por parte del aficionado. Se busca el resultado inmediato, se emite un juicio rotundo para al día siguiente olvidarlo y cambiarlo totalmente. En ese proceso, la vista general desaparece para dejar paso a los highlights de la noche anterior que caducaran a las pocas horas.

Ser de un equipo grande debe ser divertidísimo. Sin ir más lejos, los Celtics apalizaron a los Lakers el otro día, y las redes sociales explotaron imaginando traspasos, peticiones de despedir al entrenador, derrumbar el proyecto entero y cambiar todo menos a LeBron y Davis… entre más cosas. Esto no sería excesivamente negativo si no fuese porque periodistas y personalidades relacionadas con la NBA cayeron en esto y fomentaron seguir en esa línea. No fue más que una derrota dolorosa en temporada regular. 1 derrota… de 82 partidos. Sí, son los Celtics, y como aficionado oro y púrpura debe molestar. Al mismo tiempo, esa derrota no es el fin de mundo, ni debe traducirse en dinamitar el proyecto.

Philadelphia es otro grandísimo ejemplo de perder de vista el largo plazo. Los 76ers están 20-2 en casa, jugando de manera sensacional en su feudo, demostrando fluidez en ataque y muy buenas defensas. Fuera de casa el récord es muy mejorable, y, sin embargo, les vale para mantenerse peleando la 2ª plaza, y les espera el 2º calendario más sencillo de la NBA.

Bien, ante cada partido, pueden suceder dos cosas con el proyecto. Si se salda con victoria, especialmente si es un equipo grande, los 76ers son una franquicia que va a por todo, y el anillo es su única meta. El caso más exagerado fue el partido navideño frente a los Bucks, donde los aficionados pasaron a celebrar un título. En cambio, si el resultado es una derrota, la misma afición propone traspasar hasta al chico que recoge las toallas. No hay término medio. De ganar el anillo por encadenar un par de victorias, a traspasar a los jugadores franquicia por perder 3 seguidos.

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Simmons suena para los traspasos tras cada derrota [Foto: NBA]

El ejemplo más grave de esta pérdida de visión general y de la capacidad de pensar en algo más que el último resultado es Portland.

  1. Arrancaron la temporada fatal, con varias derrotas seguidas. En esa racha, aficionados y periodistas empezaron a proponer traspasos a diestro y siniestro, desde McCollum, el principal objetivo, hasta los secundarios y finalmente Lillard. El proyecto se dio por muerto. Sin embargo, la franquicia no hizo ningún movimiento.
     
  2. Al cabo de unos días, firmaron a Carmelo Anthony y lograron varias victorias consecutivas. El resultado no es sorprendente: reaparecieron los artículos donde se celebraba que solo había sido un bache, que Melo es algo similar a un Dios, y que todas las tendencias negativas del equipo y sus problemas habían desaparecido. En apenas 10 partidos, del infierno se pasó al júbilo y la fiesta: nada quedaba de la desastrosa defensa, todo eran luces y la vida de color rosa.
     
  3. Pasado el efecto Melo, Portland volvió a encajar unas cuantas derrotas consecutivas, y, de nuevo, volvió la rumorología y la crisis a los aficionados y periodistas; “El proyecto está definitivamente roto”, “No hay nada que hacer”, “Traspasen hasta las escrituras del estadio si es posible, que esto se ha acabado”

Afortunadamente, ninguna persona que realizó comentarios en cualquiera de esos 3 momentos está al mando de la franquicia. Ha pasado media temporada, y los Blazers se encuentran en una 10ª posición, a solo 2 partidos de Playoffs. No es el resultado que un fan desea, evidentemente, pero la diferencia entre hablar de “proyecto acabado”, “mal momento”, o “renacimiento del ave fénix” la marcan dos miseros partidos, algo que cambia semana a semana.

Por si esto no ha quedado claro, hay todavía más ejemplos. La situación de los puestos top de la Conferencia Este produce que cada semana se hable de tal o cual franquicia como algo fallido o como un triunfo tremendo. Entre Miami Heat (2ª plaza) e Indiana Pacers (6ª posición) hay, ahora mismo, 2’5 partidos de diferencia.

Cada noche hay un baile de posiciones que, sin embargo, no evita que se hable en términos de fracaso si el equipo ocupa la 6ª plaza, y de gran éxito para el que está en la 2ª. La diferencia entre ocupar un lugar u otro, pese a todo, es mínima. Ganar un par de partidos consecutivos te impulsa hacia arriba. Una mala semana te hunde.

¿A qué se debe esa pérdida de visión a largo plazo?

La explicación es muy sencilla: la exigencia de inmediatez de las redes sociales ha llevado a las personas a juzgar únicamente los resultados más próximos.

Los Lakers siguen primeros de su conferencia y con cierto margen respecto al segundo. Sufren contra los equipos que pasan el 60% de victorias, y no afecta a seguir arriba. Portland está a un par de semanas positivas de confirmarse en puestos de Playoffs. El top del Este parece que tardará en definirse, pero la distancia entre unos y otros es lo suficientemente ajustada como para dejar de emitir juicios tan contundentes como “proyecto fallido” o “triunfo insospechado” cuando en una semana puede haber cambiado todo.

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Pese a la paliza, los Lakers siguen líderes [Foto: NBA]

Es complicado abstraerse lo suficiente como para hacer un balance general y certero. Especialmente si se piensa en el equipo propio, cuando cada derrota duele más y cada victoria sabe mejor. Pero es necesario dejar atrás esa inmediatez y empezar a juzgar por tendencias que se sostengan en el tiempo. Un partido no dice absolutamente nada, e incluso dos o tres. Los equipos tienen noches, hasta semanas malas. Desde falta de motivación hasta haber comido pizzas en mal estado dos días antes y no rendir igual, hay cientos de motivos que pueden explicar este fenómeno.

Aun con esta buena práctica, hay veces que no es suficiente. Los aficionados de los Jazz tienen por fin la buena suerte de no sufrir a inicios de temporada, algo que se había transformado en costumbre. Los primeros 41 partidos de Utah solían acabar en récord negativo para pegar un sprint los siguientes y acabar en Playoffs sin sudar. En esa primera mitad nada incentivaba a confiar en ellos. Llegaba la otra mitad y sorpresa, dejaban uno de los mejores récords desde ese día y alcanzaban las 50 victorias para colarse en la post-temporada.

Juzgar un proyecto por un resultado concreto es absurdo, y en la gran mayoría de casos inducirá al error. Incluso hacerlo por una mala semana puede llevar al mismo resultado. El objetivo debe ser recuperar esa capacidad de olvidar el plazo más cercano y ver un poquito más allá. Entonces, se dejará de reclamar traspasos por cada derrota contundente del equipo, y de celebrar el anillo por victorias ante rivales en momentos completamente intrascendentes de la temporada. Solo así se evitarán las decepciones en el largo plazo.

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Comentarios

Gran reflexión David. Creo que el problema podría extrapolarse a otras competiciones como la ACB (especialmente en equipos como Baskonia, Unicaja o Valencia Basket) y por supuesto a otros deportes con más seguimiento en las redes. Los aficionados debemos tener un poco más de calma y ser menos alarmistas.