Si pienso en Zaragoza visualizo, entre otros, a José Ángel Arcega dirigiendo a su equipo, a su hermano Fernando haciendo mil cosas en la pista. Yo soy de Barcelona, sin embargo identifico, completamente a esos dos ex jugadores y a un buen puñado más con la camiseta del extinto CAI. Es evidente que el aficionado de Zaragoza lo debe tener más grabado aún. Imagino que el grado de compromiso de los Arcega con su club también estaba muy grabado en su corazón.

Me alegré mucho cuando me enteré de que Rodrigo San Miguel volvía a jugar en su Aragón natal después de 16 años. Vestirá la elástica del Casademont Zaragoza por tres temporadas. Será muy sencillo que la afición maña se identifique y fidelice con San Miguel. Lástima que el gran joven talento del club, Carlos Alocén, a sus 18 años ya juegue de rojo en condición de cedido a pesar de estar formado en la casa.

Es cierto que vivimos en un mundo muy mucho más global que el de aquellos 80 y 90 pero ahora, se está marcando una tendencia muy positiva: son muchos los clubes que firman a sus jugadores por 2 y 3 años. También hay una tendencia clara a hacer gestos como el de Rodrigo y no sólo en la Liga Endesa, en la LEB Oro el HLA Alicante ha firmado a Pedro Llompart por 2 años después de 9 años fuera del equipo alicantino. La gente no olvida que en el 2009 formó parte de la plantilla que ascendió al equipo a la ACB. Como diría uno de los hermanos Dupont en cualquier cómic de mi idolatrado Tintín… “yo aún diría más”, el Basquet Girona de la LEB Plata ha fichado al gironí, y hasta el momento ACB, Albert Sàbat. Urko Otegui, otro héroe por ascenso a ACB en Menorca (un año después que Llompart)  que vistió 6 años aquella también deaparecida camiseta, ha hecho lo propio estampando su firma con el nuevo Menorca Basket de la también tercera máxima competición española

El Real Madrid ha sido uno de los que ha mostrado ese camino como clave de éxito: dar continuidad a sus jugadores. El equipo blanco sólo ha realizado 2 fichajes este verano y el pasado fueron tantos como 3. Si algo funciona ¿por qué arreglarlo? Y no sólo eso, cuando Thompkins, Taylor o Randolph estuvieron en entredicho… también fueron renovados. Los jugadores, por muy profesionales que sean de este deporte y permitidme la obviedad, son tan personas como el aficionado. Necesitan adaptarse a una ciudad, a su clima, a su idioma, a su gastronomía, a sus compañeros, al entrenador, a su presidente… y, evidentemente, sus familias también les toca lidiar con muchas circunstancias de las que he listado. Obviedad que en la grada y tras el ordenador de los medios de comunicación nos dejamos, con frecuencia, en el tintero o… en el disco duro. 

Por experiencia propia puedo asegurar, que los que nacimos en los 70 tenemos mucho más impregnado a los Corbalán, Rullán, Romay, Fernando y Antonio Martín, Biriukov que a Petrovic o Sabonis por más que estos dos últimos sean los dos mejores jugadores que hayan vestido de blanco en toda su historia.

Otro ejemplo, desde otra prisma, se llama Albert Ventura y Badalona. Este chaval no tira, ni de lejos como lo hacía el ‘Matraco’ Margall ni Rudy. No es, ni de lejos, lo explosivo y talentoso que era Villacampa pero ¿saben qué? El público de la Penya se identifica tanto con Ventura, y viceversa, como lo hacían con esas leyendas verdinegres.

Si queremos que la gente llene los pabellones, consuman baloncesto y que los jugadores den lo mejor de sí mismos en la pista, la receta es clara. Por suerte, yo sólo os di algunos ejemplos, hay bastantes más. La tendencia se extiende de nuevo.