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Tal y como comentamos en el análisis previo a esta jornada, el Real Madrid se enfrentaba a un Panathinaikos que, teniendo mismo balance, llegaba a la capital con un +2 de average que los blancos debían recuperar a toda costa, pensando en un posible empate a final de temporada.
Empezó con todo el Real Madrid, fruto de la importancia de la puesta en escena, poniendo el 8-0 en base a una defensa extraordinaria. Los verdes comenzaban con un 0/9 en tiros de campo y dos pérdidas, sometidos a un Edy Tavares que no hacía más que sumar en positivo (4 puntos, 2 rebotes, 2 tapones). Un mate de Randolph en transición llegó a colocar el 10-2, antes de que Panathinaikos encontrase en los triples su as para entrar en el partido. Cuatro, de forma consecutiva, provocaban un parcial de 2-14 que les ponía por delante (12-16). El banquillo verde carburaba mejor que el de los blancos, que, sin embargo, lograban dar un arreón y con una suspensión de Randle sobre la bocina ponían el 19-20 al final del primer cuarto.
Las defensas comenzaban a hacer mella en ambos equipos. Panathinaikos sobrevivía gracias al rebote ofensivo (13 capturados en la primera mitad), pero no encontraban espacios en un Real Madrid muy sólido atrás. Siete puntos consecutivos de Causeur y la vuelta de Campazzo al partido (2 puntos, 4 rebotes y 3 asistencias al descanso) parecía que devolvían el ritmo del partido para los blancos (38-34), pero un hiperactivo Mike James y los triples de Rivers (3/3) dejaban las cosas en un apretadísimo 38-37 al descanso. El Real Madrid se iba por delante a pesar de haber tenido 12 ocasiones menos de tiro que su rival.
Los blancos salieron con todo en el tercer cuarto. Un gran Taylor hacía que los suyos se fueran despegando hasta que un soberbio Campazzo tomó las riendas para dar el primer golpe serio. Parcial de 10-0 de los blancos tras otra gran racha ofensiva de Causeur (18 puntos) y máxima de 56-42 en poco más de 5 minutos. Despertó Panathinaikos, otra vez con Mike James en pista, en base a una gran selección de tiro. Con un triple del americano las cosas se ponían en -7 para los verdes con un minuto por jugarse del tercer cuarto. Una ventaja que Ayón se encargó de ampliar hasta el 64-55.
No perdió el Real Madrid la ventaja obtenida en el tercer periodo. Dos faltas muy rápidas de Calathes (en ataque y técnica) ponía las cosas más difíciles para los de Pascual que, sin embargo, se encomendaban al poderío anotador de James para tratar de realizar una remontada más que complicada (81-69, min. 35). Más aún, si enfrente tenía a un Fabien Causeur en modo asesino, como no se le había visto en toda la temporada. Con su punto número 26, el francés levantaba a un Wizink Center que gritaba “MVP” y celebraba la vital victoria ante Panathinaikos (92-75).
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El rebote ofensivo salva a Panathinaikos en la primera mitad. Hasta 13 (por 3 del Real Madrid) capturaron los griegos en una primera mitad desastrosa en los tiros de dos (7/27). Sin embargo, conseguían tener segundas oportunidades tras sus fallos cerca del aro. Y, lo que se dice: “tras rebote ofensivo, siempre te van a meter un triple”. Así fue para Panathinaikos, que con un notable 6/16 salvaba los muebles y ponía una distancia mínima al descanso (38-37). Insuficiente, si tenemos en cuenta que tiraron 12 veces más a canasta que el Real Madrid.
Campazzo se lleva el duelo ante Calathes y desequilibra el partido. Con muchísima responsabilidad sobre él (jugó 31 minutos) con al lesión de Doncic, el argentino volvió a dar una clase de “playmaker” ante el mejor de esta temporada en la Euroleague. Primero, haciendo “all-around-player” en la primera mitad (2 puntos, 4 rebotes y 3 asistencias) y reventando el encuentro con 9 puntos y una excelente defensa sobre Calathes en el tercer cuarto. Antes incluso de poner el balón en juego para comenzar el último, forzó una falta en ataque y la consecuente técnica para el griego, que puso 4 faltas en su casillero. Desquiciado en uno de sus peores partidos de la temporada. No fue casualidad que fuera ante el “Facu”.
El mejor Fabien Causeur de la temporada. Increíble partido del galo, que fue un martillo pilón cada segundo que estuvo sobre el parqué. Anotó a punto por minuto con una regularidad insufrible para su rival: 11 puntos en el segundo cuarto, 7 casi seguidos en el tercero y otros 8 en el inicio del último, antes de ser cambiado. Se asoció a la perfección con Campazzo para tener el ritmo del partido en sus manos durante la segunda primera mitad.
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