Solapas principales

El Real Madrid calma ánimos ganando al Bayern en Europa (91-78)

Todo allí estaba impregnado de un intenso olor. Y no era agradable. Un tufo contaminado por una repetición maldita y once tomas que sólo fueran dos. Era otra competición, claro. Pero, como en esas cocinas modernas pegadas al salón de la casa, el aire continuaba siendo irrespirable, como después de una digestión complicada. Era otra competición, sí. La de más lustre a nivel continental. Esa a la que irremediablemente tienden los equipos futboleros y de grandes presupuestos. ¿Qué mejor excusa que el supuesto hurto en forma de alegato?

En el mismo escenario en el que apenas cinco días atrás llovieran antideportivas, tapones que fueron rebotes, confeti en blau i grana, insultos y demasiada pelotera, el Real Madrid se ponía el traje de Euroliga, herido de orgullo y con la misión de recuperar para sí la segunda posición que el Chacho y los suyos hace unas semanas le arrebataran. Baloncesto como bálsamo contra la discusión. Y es que, por suerte, esto no es fútbol.

Venía el Bayern escaldado también, pero no por la vorágine copera, de la que le eliminara el Alba de Aíto allá por el mes de diciembre, sino por perder su primer partido de la competición en la última jornada, por un punto y frente al segundo clasificado…Se venía, en definitiva, otro partido de escudos y dineros generados desde el balón y el pie de los grandes apoderados.

Y para curar aquellos dudosos aromas, Causeur asumía todo el balón que no le suele caer, para sacar zurdita a pasear y para favorecer la buena forma copera de Gabi Deck. Contra todo eso, proponía el Bayern al corta-mantequillas de Maodo Lo y a ex blaugranas como Koponen para urgar más en heridas todavía abiertas. Le quitaban ritmo los bávaros a la partida. No entraban los triples blancos. Mala cosa para Pablo Laso que sacaba artillería de la banca y pizarra sobre la bocina, dibujando que Deck hiciera un triple, revisado por las once cámaras, para un 22-17 de inicio.  

Liberadas ya las mentes, rompía a sudar el Madrid, para marcar un 9-0 de parcial que Radonjic tenía que mandar a parar (31-17 min. 11). Se sujetaban al partido los alemanes, pero Carroll ya había puesto el enchufe para 13 puntos en un par de suspiros. Le iba bien el ritmo europeo a este Madrid enfadado con lo doméstico. Hasta que Barthel le encontrara las cosquillas al tímido Tavares para con un par de triples y una rápida transición acortaran la cosa hasta un 38-34. Incluso Hobbs volvía a recuperar las, últimamente, frágiles ventajas blancas y dejar todo para los siguientes veinte minutos: 42-39. Ya había más baloncesto y menos bulla, pero el hedor seguía ahí.

Gabriel Deck y sus tattoos seguían corriendo de vuelta de las cabinas y Randolph salía de su despecho eterno con un mate y un 2+1 que estiraban todo hasta los dos dígitos (56-45 min. 25). Se hacía grande e intenso el Madrid detrás…y delante, con Tavares de abusón y Randolph haciendo su triple de cada partido desde la esquina para subir una máxima ventaja (62-47 min. 27). Un desequilibrio que terminaba de deshilachar el ala-pivot nacido en Alemania con un 3+1 sobre la bocina de final de cuarto, para un +19 de cuasi finiquito (71-52).

Ya en la última escena, descuidaba el balance el Madrid, como jugando a dilapidar una nueva ventaja y los bávaros se ponían a 10 con un acelerón secundado por triples y transiciones: 78-68 min. 34. Dieciséis puntos en seis minutos para seguir discutiendo. Cansado de sustos y de tener que gastar milagrosas mandarinas, Llull hacía un par de canastas seguidas, para ser ya máximo anotador de la noche y volver al cauce de la serenidad y de los más de noventa puntos por partido. Plácido final y la clasificación para los play offs en la butxa...perdón, en el bolsillo (91-78). Mientras, la afición se acordaba de la ACB.

Finalizaba el partido de después de la madre de todas las trifulcas y el olor ya no era tan desagradable. Resquemaba todavía y mucho. Como esa herida que aún pica después de la ducha, pero ya se visualizaban de nuevo las sonrisas. No le queda otra al Real Madrid Baloncesto. Precisamente eso, canastas y mucho baloncesto como ungüento. Por suerte y por el bien de todas y todos…esto sigue sin ser fútbol.

1 Tras la tormenta, siempre escampa: no era fácil jugar este partido. Nunca lo es cuando pierdes un título. Peor aún si te lo escamotean en la última jugada. Si además, consideras que es injusto, tu cabeza está en todos lados menos donde debe. La tormenta sigue girando en torno a ella. Pero aún así, después de ella, siempre llega la calma, en este caso, a base de acierto exterior, control de rebote y la típica defensa en progresión que siempre marca este Real y que acaba asfixiando a la mayoría de sus rivales. Con un poquito de todo eso y la suma de muchos jugadores a la causa, el Madrid volvió a demostrar que tras la tormenta, siempre escampa.

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2 La víctima perfecta: no le cuadraba bien este partido al Bayern en el calendario. Después de perder su primer partido en su liga, se tenía que enfrentar a una bestia herida de orgullo casero. Nunca jugar en Madrid es fácil. Menos lo es con los antecedentes recientes de ambas escuadras. Aún así, aguanto lo que pudo el equipo de Bavaria, abusón desde el triple y falto de relevo por las lesiones varias. Un flojo tercer cuarto le condenó a la desgracia y a recibir los noventa puntos típicos del Real Madrid de casa. Maldicen los alemanes el almanaque por convertirse esta noche en la víctima perfecta.

3 Llull a pesar de todo: él forzó la prórroga que llevaría a aquella trifulca. Él, que no había hecho nada especial hasta aquella jugada, volviendo de la enésima lesión que tanto le hace regular a estas alturas de temporada. Hoy, con esa marcha lenta puesta, 15 puntos y 7 asistencias para poner orden ante el intento de bravuconada alemana. Acompañado estuvo, cierto, unas veces por Carroll, otras por Randolph, pero era él el que a todos alimentaba. A pesar de todo, siempre Llull.

 

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