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Mar del Plata, ciudad de baloncesto

  • El periodista marplatense Pablo Tosal inaugura el blog "Historias de Latinoamérica" hablando sobre la ciudad de Mar del Plata como referencia baloncestística de Argentina, donde rivalizan dos equipos importantes como son Peñarol y Quilmes por encima de cualquiera de los equipos de fútbol de la ciudad.

La ciudad de Mar del Plata ha logrado lo que muy pocas ciudades del país (me animo a decir del mundo) pueden hacer: florecer con el básquetbol en detrimento del fútbol. Una ciudad que se ha ganado el reconocimiento por los equipos que compiten en la máxima categoría del basquetbol argentino profesional.

Mar del Plata es la ciudad turística de Argentina por excelencia y la quinta con mayor población del país (650 mil habitantes). No obstante su importancia geográfica, turística, comercial y poblacional la ciudad ha permanecido ajena a las grandes gestas deportivas que vivió el país, en cualquier deporte. No hubo más que un puñado de equipos de la ciudad participando alternativamente y con escasa fortuna en los campeonatos nacionales de fútbol y acaso hayan sido las gestas deportivas individuales las que mayor felicidad le han traído a la ciudad.

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Juan y Gabriel Curuchet (Foto: C. Cichero / La Nación)
Los ciclistas Juan y Gabriel Curuchet, el boxeador Uby Sacco, las patinadoras Nora Alicia Vega y Claudia Rodríguez, algún futbolista que pisó algún club grande de Buenos Aires y la selección nacional, pilotos de diferentes categorías del automovilismo, pero siempre el hecho individual por sobre lo colectivo fue lo que dominó la escena del deporte de esta ciudad.

Quizás haya una relación antropológica en la explicación de esta situación. La ciudad de Mar del Plata pasó de 110 mil habitantes a 420 mil en menos de 35 años en la segunda mitad del siglo XX. El crecimiento vertiginoso fue originado por el respaldo político del entonces presidente Juan Domingo Perón, que envió a toda la clase media a vacacionar a la ciudad siendo la principal causa de este movimiento inusual de pobladores para una ciudad relativamente chica.

Llegado el fin de siglo, en Mar del Plata es muy difícil encontrar ciudadanos que sean marplatenses de tercera generación. Es más bien un hallazgo. Algo que para cualquier ciudad debería ser normal, aquí no lo es. Este armado cosmopolita de la ciudad, con pobladores que llegaron de todas partes del país, también le dio un carácter de ciudad universal al sentimiento de la gente. Es muy raro que la gente local se identifique con algo propio de la ciudad. 

Se consume y se vive al amparo de la Buenos Aires, en noticieros, diarios, revistas y todo lo que llegue desde la Capital del país. En verano las obras teatrales inundan las carteleras y por supuesto los espectáculos deportivos también. En la ciudad hay infinitamente más hinchas de Boca y River que de Alvarado y Aldosivi, hoy los dos equipos emblemáticos de fútbol de Mar del Plata.

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Facu Campazzo, en un Peñarol-Quilmes
En este contexto ¿Cómo es que el básquetbol tuvo su desarrollo?. En principio por una coyuntura fortuita. Cuando Kimberley, uno de los clubes patriarcas de la ciudad, se bajó de la competencia nacional, quedó un vacío deportivo que no fue llenado por otro club, pero si por el básquetbol de la Liga Nacional que comenzaba a dar sus primeros pasos en 1985. Allí el Club Atlético Peñarol picó en punta y fue seguido dos años después por el Club Quilmes.

Con el correr de los años, los fracasos estrepitosos de los clubes de fútbol por intentar volver a la escena nacional, alimentaron la posibilidad que los clubes de básquet de la LNB sean lo que representen a una ciudad que no quiere ser representada. De hecho, parte de los fracasos de los clubes de fútbol es la indiferencia de las empresas locales a la hora del patrocinio.

Otro hecho fundamental se sumó a mediados de la década de los 90 cuando las políticas neoliberales del entonces presidente Carlos Saúl Menem permitieron la compra de empresas públicas por el sector privado generando monopolios y oligopolios que terminaron sometiendo y comprando las empresas más grandes representativas de la ciudad. Sin industria local y con los comercios facturando hacia Buenos Aires, Mar del Plata perdió todo el peso de patrocinio para colaborar con causas del deporte profesional local.

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Quilmes y Peñarol
Peñarol y Quilmes sintieron el impacto en la Liga Nacional, pero más lo hizo el fútbol que quedó sepultado debajo de este problema. Desde septiembre de 1991, Mar del Plata tiene dos equipos en la Liga Nacional de básquetbol con el ascenso de Quilmes. En la máxima categoría Peñarol participa desde 1988. Esta rivalidad fue generada por la situación de 1990 cuando Peñarol votó en contra de Quilmes para que pueda ascender a la máxima categoría en virtud que había quedado una plaza libre en la "A". Allí comenzó una enemistad que también separó a la gestión de los dirigentes. En la historia previa, estos dos clubes no eran los grandes rivales entre si, ni el clásico de la ciudad.

Las canteras de ambos clubes se nutrieron con lo mejor y desde entonces han dominado la escena local, dentro de un panorama siempre chato del básquetbol en Mar del Plata, con clubes que desaparecían y otros que directamente no podían presentar la tira completa de categorías formativas de pre mini a Juveniles y primera local. A veces no fueron más de seis clubes con Quilmes y Peñarol presentando equipo "A", "B" y "C".

De todos modos el tiempo hizo lo suyo. Con el correr de estos más de 20 años la ciudad pudo disfrutar de valores genuinos, marplatenses que se consagraron como jugadores y también algunos técnicos, alimentando y ayudando el proceso de identificación del básquetbol con la ciudad. Hay hinchas que ya tienen más de 20 años viendo básquetbol profesional, que hoy llevan a sus hijos a la cancha, familias que se identifican y reconocen por los colores del club que aman.

La ausencia de fútbol profesional en la máxima categoría por más de 30 años (hoy Aldosivi vuelve a jugar la primera división) fue el hándicap que el básquetbol necesitó para crecer y desarrollarse. Hubo identificación en una ciudad que por lo general le da la espalda a casi todo lo que se propone. Básicamente Mar del Plata representa el lugar en el mundo que con más certeza se sabrá de dónde no nacerá una revolución.

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Un Argentina-Brasil en el Polideportivo Islas Malvinas
Los últimos años con las mieles de los triunfos de Peñarol saboreada por sus parciales, se ha generado también una estruendosa situación de exposición del básquetbol puertas afuera. La ciudad ha trascendido por las conquistas nacionales e internacionales de Peñarol y por la continuidad de un clásico con Quilmes que se llena de pasión, con clima muy futbolero, en un estadio que es único en el país, como el Polideportivo Islas Malvinas (capacidad para 7499 butacas).

La participación de los clubes y la continuidad en el tiempo en la máxima categoría ha logrado que Mar del Plata, al menos por 8 meses, tenga partidos de básquetbol profesional cada semana, alimentando la sapiencia de los periodistas, los técnicos, los espectadores que logran compartir el deseo de ver sin miramiento pasionales y que ha enriquecido enormemente la formación conceptual de este deporte.

Las cuentas pendientes aún son generar árbitros, cantera de nuevos jugadores y técnicos, formaciones dirigencial y creaciones de escenarios acordes. Mientras tanto, con tanto papel picado y banderas flameando por el momento alcanza para festejar.

Pablo Tosal
@pablotosal

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