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Barkley y Malone, cariacontecidos en Edmonton (Foto: Spokane Chronicle)

“Miracle on Wood”: Cuando Canadá derrotó a Barkley y Malone

  • XII Universiada en Edmonton, Canadá. Viajamos hasta los primeros días de julio de 1983 para conocer el traspié internacional de dos jugadores históricos

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Barkley y Malone, cariacontecidos en Edmonton (Foto: Spokane Chronicle)
Con la decisión del boicot soviético a los Juegos de Los Ángeles en el horizonte, y empañada por uno de los sucesos más dramáticos de la historia del deporte en sus grandes citas, con el saltador Sergei Shlibashvili como triste noticia al fallecer una semana después de golpearse con la plataforma en la piscina, la XII Universiada en Edmonton no fue un éxito para los estándares del evento en ese momento. Nadia Comaneci acaparó en principio la atención por su posible participación, para dar paso al baloncesto masculino –España fue séptima en el femenino– como protagonista, con la Universidad de Alberta siendo testigo de un minúsculo borrón: la singular derrota internacional que cosecharon Charles Barkley y Karl Malone. El verdugo fue el anfitrión Canadá que, curiosamente, habían sido los únicos que ganaron a los estadounidenses en la edición previa en Rumanía.

Se recordaba aún esa escuadra USA campeona en 1981, que cautivó por su rapidez y en la que brilló en la trepidante final Kevin Magee. Autor de 27 tantos ante las torres rusas Tkachenko y Belostenny, con la compañía, entre otros, del inolvidable John Pinone. Cuatro oros consecutivos en este campeonato precedían a un combinado contestadísimo pese a nombres como Barkley, Malone, Kevin Willis, Ed Pinckney, el All-America Devin Durrant, Jay Humphries o Johnny Dawkins. Otro All-America, el tristemente frágil Keith Lee de Memphis State, iba a formar con ellos pero se quedó en casa cuidando de su madre enferma. Paradójicamente, sólo la selección del 95, con Duncan, Iverson y Ray Allen, ha presentado a este torneo más figuras rimbombantes desde entonces, siempre con el recuerdo de grupos fascinantes en los 70 y 60. En el banquillo estaba el mercurial Norm Stewart, “Stormin’Norman”, 32 años como entrenador en la Universidad de Missouri.

Apuntó antes de la competición que había varios equipos que le preocupaban, en especial los canadienses dirigidos por Jack Donohue, a los que habían derrotado en un encuentro preparatorio por un punto y en la prórroga. Alegando miedos por la escasa competencia inicial y, sobre todo, por no llevar a los mejores, en descargo de Stewart hay que reconocer que fue elegante su deseo de haberse medido a la URSS. Lamentaba que sólo dos o tres de esos chicos tenían opciones de participar en los Juegos del 84. De hecho, únicamente Ed Pinckney estaría en los más importantes Panamericanos de Caracas en agosto, con la base de los Jordan, Tisdale, Perkins y Mullin. Un Pinckney que sería la más dura caída en el primer corte de los Trials de Indiana del año siguiente. Allí el que se quedó más cerca fue el ya mediático Barkley, sorprendente en rebotes y timing de salto para intimidar, admirado por sus compañeros y pujante hasta la última criba (Malone cayó en la anterior); pesarían para Bobby Knight su presencia “diferente” en cancha, y el relajarse en ocasiones varado bajo el aro, malacostumbrado por aquellas pesadas defensas zonales de la época. Con sinceridad reconocía esa debilidad, como repetiría la noche del draft: “Mi defensa es fea”.

Frente a ese caudal de energía por canalizar que era Malone, muy lejos de la potencia explosiva que le haría único, Barkley semejaba una especie de muñeco articulado en aquel tiempo –una masa todo brazos y piernas– jugando muy interior. El comentario permanente se centraba en su peso, con algunas crónicas directamente llamando gordo al de Leeds. Stewart le atizaba diciendo que él no pensaba que quizás tuviera sobrepeso. Que directamente le sobraban 30 libras. Eso sí, reconocía que estábamos ante un asombroso jugador y sólo él determinaría lo bueno que sería con su esfuerzo.

El arranque fue ligeramente delirante con la renuncia de Nigeria, Ruanda y Benín, el rival USA para el primer partido. Se abriría así ante un Perú que perdería por sólo 109 tantos. Este tipo de marcadores no fue el mayor problema peruano. Los nueve miembros del equipo, que habían llegado a Edmonton a base de partidos de exhibición y con juegos de bingo, se quedaron sin dinero para costear los 200 dólares que necesitaba cada uno para ir en autobús a Washington, y regresar a casa en el avión militar de sus Fuerzas Aéreas que les estaría esperando. Sus tribulaciones provocaron que algunos piadosos canadienses ofrecieran financiación a esta pobre gente.

Tras la tunda del debut, Líbano encajó una de las mayores anotaciones de la historia por parte de un conjunto americano: 156-75 (94-30 al descanso). El mejor asiático era un alero de 1.78, casi nada.

El tercer choque sólo se ganó de cuarenta a un buen Costa de Marfil, muy insistente con sus zonas. En plena Guerra Fría, las amplias victorias del baloncesto servían de bálsamo ante el apabullante dominio soviético en el conjunto de los diez deportes de los Juegos. Un Dawkins casi sin fallos fue el destacado contra los Aussies el cuarto día. Ante un mejor rival Stewart valoraba positivamente la evolución defensiva de un partido que se pensaba más duro, aunque esta Australia venía de perder de paliza frente a los cubanos.

Con Knight ya en la grada llegaron los apuros en el cierre de la primera fase del grupo. Perdiendo con Cuba, rival clásico de los Panamericanos con los Morales, Abreu, Dubois y compañía, por uno al descanso, y con cinco abajo tras cuatro minutos del segundo tiempo, Dawkins (compañero en Philadelphia de Barkley y actual entrenador de Stanford) y Bernard Thompson comandaron un parcial de 14-0 que devolvió las aguas a su cauce. El marcador final fue 99-84. Las críticas volvieron a aflorar cuando, tras el susto, la prensa extranjera le recordó otra vez a Stewart si habían mandado un personal decente. Era el momento para que Barkley saliera con una de las suyas: “Pienso que ganaremos el oro por este partido. Estábamos siendo un poco engreídos. Pero hemos bajado a la tierra esta noche”.

El 8 de julio era la gran cita. Las semifinales contra Canadá, segundo de su grupo tras haber cedido por 63-54 a manos de Yugoslavia. La representación americana estaba fracasando en los Juegos y una de las últimas esperanzas residía aquí. La explicación de que jugaran mejor ese día la daba el héroe canadiense Jay Triano, expresando con claridad lo que llamó, parafraseando el famoso episodio del hockey, “un milagro en el parquet; nos mentalizamos cada vez que jugamos contra ellos porque pensamos que son los mejores del mundo. Quizás es que tenemos algo que probar ante los que luego vemos en la NBA”. Quién le iba a decir que, un cuarto de siglo después, acabaría siendo importante en la resurrección olímpica de los americanos en Pekín, y hasta dirigiendo los entrenamientos de la concentración USA 2009. Sensaciones reconfortantes junto al durísimo estreno en los Raptors 08-09.

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Eli Pasquale en Los Angeles'84 (Foto: Eli Pasquale)
Formado en la pequeña Simon Fraser en Burnaby (Columbia Británica), en aquellos tiempos en la NAIA y de actualidad por su desembarco en la División II NCAA, Jay había brillado con 19 puntos en el enfrentamiento de Bucarest. Pero esa noche lo mejoró con 24 en la primera parte, para acabar con un total de 29. Ayudaron mucho los 14 que metió también en ese primer tiempo Dan Meagher, que jugaba de alero en la Universidad de Duke. Sería el máximo encestador en la gran final. El base Eli Pasquale recuerda que al inicio del partido su plan era, tras meter canasta, hacer una zona press a toda cancha. El equipo USA no estaba acostumbrado a que les presionaran así. Canadá salió más agresivo y cree que eso les ayudó mucho. Al descanso se llegó con 53 a 42 para los locales.

Pasquale señala que otra clave fue usar una defensa en zona 2-3 la mitad del partido, que bajó el tempo del juego. Tras los fallos americanos —31 de 62 en tiros de campo, que valieron menos que el 28 de 69 rival—, Canadá supo correr para conseguir canastas fáciles o bien subir andando, todo dependiendo del tipo de rebote que obtuvieran. Estados Unidos se acercó a sólo un punto tras la reanudación, pero sus muchas faltas (29 de 40 tiros libres para Canadá) impidieron la remontada. En el cierre tomó el relevo Eli, leyenda de la Universidad de Victoria, también en la Columbia Británica, anotando 10 de sus 15 puntos en los últimos diez minutos. 85-77 acabó esa velada de viernes para deleite de más de 10000 afortunados aficionados. Básicamente controlaron el partido y es que, como recuerda con orgullo, tenían excelentes jugadores que no sentían miedo por ese rival. Los otros miembros del equipo eran Bill Wennington, Karl Tilleman, Gord Herbert, Howard Kelsey, John Hatch, Kelly Dukeshire, y nuestros viejos conocidos Gerald Kazanowski, Greg Wiltjer y Tony Simms. Quizás demasiado buen equipo como para hablar de milagro, pero hacía falta un titular.

Stewart se quejó de la inexperiencia (implícita la disparidad de edades admitida en este campeonato) y de la defensa para explicar el palo: “No puedes conceder tantas bandejas y esperar ganar un partido. Sus jugadores no son tan rápidos como los nuestros, y no hay motivos para que les dejáramos penetrar toda la noche”. Sonaba todavía peor la valoración final del papel del equipo: “Me he encontrado que hay muchas cosas que no puedes cambiar o controlar. Yo hice eso mucho tiempo”. Los mejores en la derrota serían los muy regulares Eric Turner y Pinckney, con 22 y 19. Barkley acabó con 13 y Malone no fue el de los choques anteriores.

El satisfecho Donohue, entrenador de Lew Alcindor en el Power Memorial Academy neoyorkino y aquí verdugo de sus compatriotas, pedía para sus chicos algo de reconocimiento: “¿Has oído hablar de la liga mexicana de baseball? Bien, pues estos chavales juegan en la liga mexicana de baloncesto”. Arquitecto desde principios de los 70 de esa obra inacabada que es el baloncesto moderno en Canadá, estaba exultante por lo que suponía la victoria: “Como americano no representa nada. Como entrenador canadiense significa mucho. Es un equipo joven de hombres increíbles. La intensidad, concentración y entusiasmo estarán contra Yugoslavia”. Meagher fue más arrogante: “Vi cómo reían los americanos el jueves cuando nos batieron los yugoslavos. Sólo deseo ganar el oro para Canadá en casa”.

Y así fue, tras derrotar 83-68 a la Yugoslavia de los Zizic, Perasovic, Cvjeticanin, Grbovic, Sunara, y un Drazen Petrovic que se resarciría con 35 puntos en la final de este campeonato cuatro años después en Zagreb. USA se conformaba con el bronce ganando cómodamente a los combativos cubanos, ahora tan tristemente hundidos.

Fiascos dolorosos desembocarían una década más tarde en el fenómeno Dream Team, con versiones quizás no tan distintas de los derrotados. Un Malone prepotente, que no soportó los torneos ni perdonó que no se le rindiera absoluta pleitesía; y un Barkley sobrado y sobreactuado, muy feliz en Barcelona y algo de vuelta en Atlanta (él y su espalda). En esos equipos había cuentas pendientes claras, como la de Robinson. Oculta quedaba la de esta pareja que, aparte de caer en los Trials de Los Ángeles, tenían otra pequeña espina internacional que sacarse.
 

Queremos agradecer a Eli Pasquale y Tony Simms su entrañable colaboración para recabar los datos finales que precisaba este trabajo

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Comentarios

Leo Rautins no jugó ese año con su selección? Para mí era el mejor jugador de Canadá en aquellos años. En el mundial de Calí se salió. Creo que ese mismo año fue elegido por los sixers de filadelfia, aunque no llegó a triunfar. Cuando vino a jugar a España ya estaba muy cascado, pero en aquellos años al principio de los 80 era una maravilla de jugador...

El torneo de Caracas también habría que estudiarlo, sí. Empezando por las humildes condiciones del país organizador con las que tuvieron que convivir los participantes. Uno de los más molestos caídos por los Trials del 84, Charlie Sitton, estuvo en ese equipo y decía (tímidamente, eso sí) no entender que se prescindiera tan rápido en Bloomington de varios de sus compañeros que habían adquirido allí una buena experiencia internacional. Lo lamentaba por él, claro; y por el citado en el texto Pinckney; por Cage; por Jim Master, un alero de Kentucky con una de las mecánicas de tiro más de libro que se recuerdan; o por ese Mark Price con una racha vital en la Final frente a Brasil. Pataletas comprensibles, que les habían hablado de defender, pasar y ser generosos, y luego estrellas como Tisdale no perdonaban un tiro (y con razón).

Sí, el de Brasil es el único que tengo. De los tres o cuatro combinados que tenían rulando, el de Caracas era el más pinturero. Lo entrenaba uno de los futuros ayudantes de Bobby Knight en Los Angeles, e incluía a la base de la selección olímpica. Creo recordar que Leon Wood se incorporó en el último momento por lesión de Mullin, y me suena que un año más tarde en los trials se dijo que no se habían olvidado de ese base tirador que se puso a disposición de la selección en cuanto lo llamaron. De bien nacidos etc.

EEUU no presentó un equipo competitivo porque en 1983 había creo que cuatro combinados nacionales de gira por el mundo. El mejor de ellos estaba en Caracas ganando los Panamericanos de la mano de Michael Jordan, Sam Perkins, Wayman Tisdale, Chris Mullin, Mark Price y... Greg Stokes.

No, Rautins ya no estuvo aquí. Una de las mayores dificultades del trabajo fue averiguar la plantilla canadiense campeona. Por ahí empezaron los contactos con los mismos protagonistas, porque nombres como Dukeshire estaban difíciles de obtener.