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Paul Westhead, "The Guru of Go" (Jeramie McPeek/Mercury Photos)

Paul Westhead: la eterna búsqueda de la velocidad

  • Preciosos éxitos, rotundos fracasos... pero siempre buscando un ideal, anotar el mayor número de puntos posible con el estilo más ofensivo jamás visto

Puerto Rico, 1970. Aquí la liga empieza en verano, cuando han acabado las demás, por eso es un buen caldo de cultivo para entrenadores noveles. Los jugadores esperan ansiosos la llegada del nuevo técnico. Saben poco de él: que viene de Philadelphia y que cuando no entrena se dedica a estudiar Literatura.

Por fin aparece, enfundado en una americana poco adecuada para el calor de las fechas y el lugar. Después de las presentaciones inician una ligera charla técnica. O no tan ligera. La pizarra se llena de bloqueos indirectos, carreras por la línea de fondo y pronto acaba pareciendo un enmarañado dibujo que representa un encorsetado sistema táctico.

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Magic Johnson intercambiando impresiones con un colegiado (Foto: Miqui Forniés)
- Vaya, otro estirado que no nos va a dejar jugar como sabemos -piensa el capitán del equipo, que ve como un nuevo año tendrá que sufrir en la cancha a pesar de estar haciendo lo que más le gusta. Pero esta temporada es diferente. El jugador alza la voz y se rebela- "Coach", Esos sistemas están muy bien, pero si podemos correr, tirar y meterla ¿para qué hacer todo eso?

Paul Westhead, el entrenador, se quita la americana y se afloja el nudo de la corbata. Acaba de hacer un viaje agotador para que a la primera de cambio sus nuevos jugadores echen por tierra todo lo que ha aprendido. Y sin embargo, no puede negar la evidencia. El jugador acaba de realizar una sentencia de una lógica aplastante. El problema es que nadie se ha atrevido a llevarla a cabo todavía. Paul Westhead lo hará.


Philadelphia, 1971. "Never Stop Exploring", reza el lema de la Universidad de La Salle, que decide arriesgar y apostar por Paul Westhead como entrenador de su equipo de baloncesto. Y el "Guru of Go" hace honor a este lema.

Hablamos de un Westhead en formación. Todavía no ha destilado toda su esencia pero el virus caribeño que le infectó en Puerto Rico ya está haciendo su trabajo. En esta época aprovecha para estudiar nuevas tácticas de ataque directo y hasta se entrevista con Sonny Allen, famoso por los contraataques de su equipo -Old Dominion- y por ser reconocido por Bobby Knight como el entrenador que mejor supo contrarrestar la defensa de la Universidad de Indiana. Paul ya ha decidido llevar al extremo sus ideas.

Pronto su fama se extiende y el programa de La Salle atrae a jugadores como Kenny Durrett o Joe Bryant. Ambos siguieron sus carreras como entrenadores, y en el caso de Bryant -el padre de Kobe- su destino ha vuelto a cruzarse con el de Westhead en la WNBA, uno en el banquillo de las Sparks y otro en el de las Mercury... pero ellas se merecen un apartado propio.

El resultado de este primer experimento es esperanzador. El record tras nueve temporadas se esteblece en 142 victorias y 105 derrotas. El equipo llega en dos ocasiones a la March Madness -en esos años el mérito es mayor puesto que en vez de 65 participantes el número de equipos clasificados osciló entre 22 y 32- y Westhead recibe una interesante oferta procedente de California: los Lakers quieren tenerlo en su banquillo como entrenador asistente.


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Kareem Abdul-Jabbar lanzando un 'sky hook' en el mítico y desaparacido Boston Garden (Foto: Miqui Forniés)
Los Angeles, 1979.
Luces y sombras para todos. La luz para el entrenador principal -Jack McKinney- la trajo un joven -Earving Jonson- que derrochaba magia en su primer año como profesional. La portadora de la sombra fue la bicicleta que montaba cuando sufrió un accidente que le dejó KO para toda la temporada.

Westhead, como segundo entrenador (en esa época sólo había un asistente por equipo), vio la luz y fue nombrado entrenador principal. La sombra vino cuando su mejor jugador, Kareem Abdul Jabbar se lesionó su tobillo antes del sexto partido de las finales. La solución del entrenador fue tan atrevida como cabía esperar: Magic Jonhson recordó sus tiempos de Universidad y salió como pívot titular, llegando a jugar en todas las posiciones a lo largo del partido. El resultado: Los Lakers ganan el anillo y Paul Westhead se consagra en la liga.

Luz, de nuevo.

Su correspondiente sombra llegó a partir de la temporada siguiente. Para un técnico obsesionado con el ataque contar con un jugador de la talla de Kareem puede ser un problema. Westhead se obcecó en hacer llegar el balón a su pívot para que se las jugara todas. La situación se convierte en claro ejemplo de que un juego ofensivo no es sinónimo de alegría, y un año después Magic explota marcándose un órdago frente a la directiva angelina: "No me divierto, quiero ser traspasado".

Fue el fin para Paul, que a los dos días ya estaba de patitas en la calle y reemplazado por su asistente, un locutor al que reclutó como entrenador asistente dos años antes. ¿Su nombre? Pat Riley. Ese año los Lakers ganaron el anillo de nuevo


Chicago, 1982. Etapa para olvidar en la vida como entrenador de Westhead. De sorprender al planeta NBA consiguiendo el anillo en su primer año como entrenador principal pasó a ser el técnico de uno de los peores equipos de la liga.

Un récord de 28 victorias y 54 derrotas dio paso a un nuevo despido. Chicago esperaba un milagro pero Westhead no era el elegido... Él llegaría dos años después, luciendo el número 23.


Palos Verdes, 1983. Paul Westhead es un hombre culto, válido y multidisciplinar. Por eso no necesita entrenar para sobrevivir, sabe hacer otras cosas. Por ejemplo, es profesor de Literatura -especialista en Shakespeare, de hecho acostumbra a citar al dramaturgo en medio de los tiempos muertos-. Por eso, cuando salió de los Bulls no tuvo prisa por encontrar un nuevo equipo y se fue a vivir a California, donde encontró trabajo como profesor en la Universidad de Palos Verdes y vivió tres años felices junto a su mujer y sus hijos.


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Westhead sometió a estudio las redes
Los Angeles, 1985.
El virus de Puerto Rico seguía en su sangre, y todos sabían que tarde o temprano volvería a los banquillos. Su retorno se produjo a través de la LMU -Loyola Marymount Uniersity-, y su fruto fue una preciosa etapa de cinco años en la que convulsionó el baloncesto universitario con locamente atrevida filosofía, que esta vez si se vio acompañada de resultados.

Pero no todo son palabras y pensamientos en la vida del entrenador. El velocísimo estilo de Westhead requería ciertos "truquillos" que aceleraban más todavía el vertiginoso ritmo. Simplemente tuvo que cambiar la polaridad de los recursos utilizados por los entrenadores amantes del juego tosco y trabado. Veamos:

1. Es conocida la treta de utilizar redes duras y de salida estrecha que retardan la caída del balón para evitar transiciones rápidas después de canasta. Westhead dio un giro de tuerca con las "redes rápidas", que eran de tejido fino y salida ancha de manera que apenas ofrecían resistencia al balón, con lo que el juego no se interrumpía tras los encestes.

2. Aún así, había equipos que intentaban detener la avalancha cogiendo el balón tras anotar y retardando de esta manera el saque de fondo rival. La solución fue ordenar a los jugadores de la LMU que retardaran todo lo posible el saque de los contrarios tras la primera canasta del partido. Así, el árbitro se veía obligado a amenazar con pitar técnica en la siguiente jugada del mismo tipo. De esta manera Westhead impedía que los rivales tocaran la pelota tras anotar.

3. Cuando la LMU se enfrentaba a un equipo que intentaba agotar las posesiones y hacer el partido lento, Paul realizaba una casi irrechazable invitación al ataque eximiendo a uno o dos jugadores de sus responsabilidades defensivas y enviándolos al campo de ataque rival.

Con estas reglas y unos jugadores entregados a la causa, Westhead batió records de anotación durante cinco años, registrándose partidos superlativos como el 181-150 endosado a la US International.

Uno de los factores clave del éxito de Westhead fue el recruiting de grandes jugadores, entre los que destacaron dos: Bo Kimble y Hank Gathers.

Gathers protagonizó la nota más triste de la etapa. Le diagnosticaron problemas cardíacos y Westhead se negó -con todo el dolor de su corazón- a que jugara hasta que no recibiera el alta médica.

Sin embargo, todas las precauciones fueron pocas. Gathers recibió el OK de los médicos pero descuidó su medicación. Estaba decidiéndose el campeonato de la conferencia y él quería aportar todo lo que sabía. Entonces su corazón falló. Se desplomó al suelo en pleno partido. Dos horas después murió.

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Hank Gathers murió en la cancha
Westhead
y su equipo se repusieron del golpe como pudieron y experimentaron un aumento bestial de la emotividad con la que jugaban. Todo era por Gathers. Los jugadores se pintaron el 44 del compañero desaparecido en las zapatillas. Bo Kimble, que perdió a su amigo y su rival -ambos intentaban ser el máximo anotador nacional-, le homenajeaba en cada partido tirando su primer tiro libre con la izquierda (Hank no era zurdo, pero tiraba los libres con la izquierda en un intento por mejorar su punto más débil).

De este modo la LMU de Westhead dio sus últimas llamaradas rindiendo por encima de su nivel en el March Madness y derrotando a los campeones, Michigan, en los Elite Eight, o cuartos de final. Después la UNLV acabó con su sueño, pero ellos ya habían hecho historia, y Westhead estaba otra vez en el punto de mira.


Denver, 1990. Paul Westhead llegó a los Nuggets precedido de su abrumador éxito en la NCAA al mando de la LMU y con el crédito que le daba su anillo con los Lakers. Sin embargo, su etapa en Colorado fue una de las más bochornosas que se recuerdan en la historia de la Liga.

Nuestro protagonista no se hizo en ningún momento con el control del vestuario, no consiguió transmitir su filosofía jugadores de la talla de Michael Adams, Orlando Woolridge o Mahmoud Abdul-Rauf naufragaron completamente en el sistema del "Guru of Go".

Se batieron records, sí, pero todos negativos. Denver pasó a ser, con diferencia, el equipo que encajaba más puntos (¡más de 130 por partido!, 15 más que la segunda peor defensa de la liga, la de los Warriors del también superofensivo Don Nelson). Además, los partidos contra los Nuggets pasaron a ser ocasiones inmejorables para batir topes estadísticos individuales. Uno de los que todavía perdura son las 30 asistencias del ahora entrenador de los Bulls, Scott Skiles, cuando jugaba con los Orlando Magic.

Westhead ha defendido varias veces su actuación en los Nuggets basándose en que fueron el equipo más anotador con casi 120 puntos por noche. La cifra es cierta, pero el desequilibrio era mortal de necesidad. Los balances de victorias-derrotas así lo demustran: 20-62 el primer año y 24-58 (a pesar de contar con un rookie llamado Dikembe Mutombo). El experimento duró dos temporadas. Westhead fue despedido y entró en la "Lista de los malditos de Denver"

Esta lista de los malditos surgió en los años 80, cuando comenzó a circular por los mentideros NBA y por la prensa una leyenda negra según la cual todos los entrenadores pasaban por los Nuggets dejaban de tener éxito en los banquillos.

Algunos de los miembros de esta lista fueron: Pete Babcock, Dan Issel, Gene Littles, Bernie Bickerstaff, Dick Motta, Bill Hanzlik, Mike D'Antoni y Mike Evans. Afortunadamente para el Baloncesto, algunos como D’Antoni demostraron años más tarde que las maldiciones, como las estadísticas, están para romperse.

¿Por qué fracasó Paul en la NBA? Opiniones de prestigio echaron la culpa al reloj de 24 segundos vigente en la NBA, que marcaba un ritmo mucho más corto que los 35 segundos de posesión universitarios. Quizás el tempo NBA era demasiado parecido al que promulgaba Paul, y que con su vuelta de tuerca más acabó pasándose de rosca.


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La mascota de los Patriots sucumbió al "Efecto Westhead" (www.gmu.edu)
Fairfax, 1995. Tras una decepción importante lo más normal es buscar refugio en tiempos o lugares anteriores. Así lo hizo el entrenador, que regresó a la NCAA para fortalecerse y recuperar parte del prestigio perdido.

La universidad virginiana de George Mason confió en Westhead y le concedió el completo control sobre su programa, confianza casi infinita y hasta rindieron pleitesía a sus ideales deportivos, cambiando uno de sus símbolos más importantes: la mascota.

Hasta la fecha, un "patriota norteamericano" –ataviado como el de la película de Mel Gibson- de gomaespuma había tenido el privilegio de animar a los jugadores y los espectadores desde la banda. Pues bien, el rector de la universidad decidió cambiar la mascota para representar el nuevo estilo de juego del equipo. El diseño ganador fue un gorila que duró muy poco en las canchas.

A pesar de todo esta nueva etapa NCAA no iba a ningún lado, y tras cuatro años sin éxitos deportivos y fracasos académicos –varios jugadores abandonaron el programa debido a sus malas notas-, se acabó abandonando el proyecto, el crédito del entrenador se agotó. Resultado: despedido un año antes de que acabara su contrato.


La nada, 1999. Del éxito al fracaso. Paul Westhead ya sabía lo que era subir y bajar en la vida, pero cada vez lo hacía de forma más exagerada. Su etapa Nugget lo había dejado tan escaso de popularidad que nadie quería ofrecerle un puesto de trabajo.

Hasta que apareció su amigo PJ Carlesimo. El entrenador le ofreció un puesto de asistente en los Warriors. Era la época en la que irrumpía con fuerza un joven Sprewell, con tanta fuerza que acabó agrediendo a su entrenador y siendo traspasado a los Knicks.

Después Westhead sintió la necesidad de volar libre y buscó suerte en destinos más exóticos como la ABA, Japón, varios clinics en Europa... Años más tarde regresó de nuevo a la NBA como asistente, esta vez en los Orlando Magic.


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Diana Taurasi, la más importante de las Mercury (foto: Fiba.com)
Phoenix, 2005.
El Baloncesto de Arizona está calentando tan fuerte como el sol en el desierto. Los Suns han empezado a desarrollar un juego alegre y vistoso que recibe los elogios de la prensa y los aficionados. Steve Nash mueve el equipo y el europeizado Mike D'Antoni -uno de los malditos de Denver- da libertad en ataque a un equipo que hace soñar.

En Phoenix quieren lo mismo para su equipo femenino, las Mercury, y el entrenador libre de contrato cuyo juego ofensivo tiene más leyenda es Paul Westhead, que acepta el reto encantado. No tiene experiencia en dirigir equipos femeninos -aunque les ha dado clinics-, pero confía en alcanzar los playoffs.

La irrupción causa efecto inmediato. Las Mercury se convierten en el equipo que más puntos anota (87,1) por delante de las Mystics (segundas en esta categoría con 80,8). Además, aunque el ritmo frenético se nota porque son las que más puntos encajan, en este proyecto la diferencia entre puntos anotados y recibidos es positiva (¡no como aquellos caóticos Nuggets!).

El equipo consigue un balance de 18-16 y aunque no entra en playoff -el objetivo para la temporada- el juego gusta y las bases están sentadas. Además Diana Taurasi, su mejor jugadora, es elegida como una de las componentes del mejor quinteto de la liga.

Un año después las cosas mejoran. El equipo se va hasta los 89 puntos de media, casi 9 más que el segundo mejor ataque, son líderes de conferencia y se plantan en las finales. Allí esperan las Detroit Shock dirigidas por un antiguo Bad Boy de la Motown: el temible Bill Laimbeer.

Taurasi sigue siendo importantísima, pero esta vez está mejor arropada. Dos jugadoras han experimentado una gran mejoría de un año para otro y Westhead tiene explicaciones en clave cinética. Se trata de Cappie Pondexter -"sólo la hago jugar más deprisa"- y Kelly Miller -"nos aporta intangibles una y otra vez, y todo a 100 millas por hora"-.

Al final, las Mercury ganaron el título en una emocionante serie que se prolongó hasta el quinto partido y Westhead se convirtió en el primer entrenador de la Historia con un anillo NBA y otro WNBA. Igual que se fue, el éxito volvió a su vida, y como siempre, un punto álgido le lleva a un nuevo comienzo.


Seattle 2007. Igual que se acordó de él cuando las cosas iban mal, PJ Carlesimo llamó a Westhead cuando estaba en la cresta. Estos dos viejos amigos y paisanos de Pennsylvania empezaron a fraguar el retorno de Westhead a la NBA antes de que comenzara la serie final contra las Shock.

Al final, la alianza se consumó y los Sonics cuentan con un asistente de lujo. Si nos atenemos a los precedentes, seguro que la montaña rusa en la que se ha convertido la vida de Paul empieza a moverse pronto. De momento, los Sonics ya son el segundo equipo que más puntos recibe en esta casi recién estrenada temporada. ¿Casualidad?

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Magnífica artículo-resumen de la vida de Paul Westhead por Fran Martínez. Anunciaros que desde la próxima semana comenzaremos desde la nueva sección de NBA de Solobasket, conocida como "SoloNBA". Vamos a publicar dos artículos cada semana, de manos de firmas importantes como el propio Fran Martínez, u otros como Xesús Serrano, Fran Guillén, José Navas, Edgar Paz, meej, Fran Fermoso, José Manuel García, Jaime Novoa, Javier Torrecilla, David Vilares, Andrés Aragón, Andrés Monje, Gabriel Muela, Álvaro Paricio e Iñigo García. Un roster espectacular para esta temporada y para traerte, además de la actualidad, grandes historias. Todo esto acompañado del Coast to Coast, donde como siempre, esperamos tu opinión.