El Barça Lassa vuelve a creer y fuerza el cuarto partido (78-77)

El Barça compite como nunca para forzar un juego más

Foto de Joaquín Bacigalupo
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Ya lo avisaba Pesic en la rueda de prensa previa al partido, ‘no hay dos encuentros iguales’. La suerte, la ambición, la precisión, muchos factores influyen, pero al final lo importante es si la bola final entra, y en este caso el Barça vio pasar su última vida por delante, pero la cogió justo a tiempo. A tiempo para forzar un cuarto partido y para brindar un espectáculo más en su querido Palau.

Pesic dejó caer en horas previas que habría cambios, y así fue desde el principio. El conjunto blaugrana presentó cambios en el quinteto titular, colocando a Kuric por Pau Ribas para generar más peligro y a Oriola por Tomic para contrarrestar el efecto Tavares. Un quinteto mucho más rápido y ágil para intentar subir el volumen contrataques.

Sin embargo, algunas cosas siempre permanecen iguales, como la intensidad y el nivel físico al cuál se juega un clásico, o los triples in extremis de Rudy y Llull.

 

 

Por el lado de los de Pesic, Singleton salió más agresivo que en anteriores partidos, para suplir los puntos de un Oriola exhausto por su labor defensiva ante Tavares

Los blancos, en cambio, disfrutaron de un Campazzo más centrado que en el segundo partido y por ende más efectivo, agobiando a Pangos en defensa y ataque, como también lo hizo Rudy Fernández con Kyle Kuric. Rudy fue la sombra del tirador blaugrana, o incluso más, porque dicen que hasta la sombra nos deja solos en la oscuridad, y Rudy nunca lo hizo.

Y mientras Rudy siguió corriendo atrás de Kuric, el partido avanzó. Aunque eso es un mero decir, porque el juego era de todo menos fluído. La movilidad del primer cuarto ya no era tal y cada punto costaba más. Las defensas poco a poco fueron subiendo un punto de agresividad y el límite de contactos permitidos lo hizo a la par.

También aumentó la lucha en las pizarras. Pesic diseñó un sistema de ayudas en las salidas de bloqueos de Carroll que impidieron que el estadounidense recibiera liberado. Lo obligaron a ejecutar el roll y por ende anular la opción del lanzamiento de triple.

La defensa blaugrana iba en aumento, pero eso no frenaba el acierto del Madrid que encontró en Thompkins a su faro anotador. Desde el triple, desde la media distancia o incluso bajo el aro. El ala pivot de los blancos cada vez veía la canasta más grande.

 

 

Las sensaciones también comenzaron a jugar un papel importante. La mirada, desde un lateral, del trofeo de campeón de liga incomodaba a un Barça que subsistía, una vez más, gracias a Thomas Heurtel. Tras un cúmulo de exhibiciones en estos playoffs, sería de necio discutir la calidad del francés.

Pero un jugador no vive sólo de su calidad, no para Pesic. Aquí la intensidad es una de las condiciones indispensables para jugar. Y esta agresividad la trajo Adam Hanga, pero también Kuric que logró encender al Palau con un triple que acercaba a los suyos.

 

 

El punto cúlmine del tercer cuarto vino de la mano de Monsieur Heurtel. Mágico, talentoso, increíble, soberbio. Los adjetivos se van acabando, pero a él nunca se le acaba juego para repartir. Esta vez, una canasta al contrataque, en la que dejó a Taylor sin saber dónde estaba, fue la que hizo estallar al Palau.

El Madrid, de todas formas, aguantó la embestida con el puñal entre los dientes y con una ventaja de dos puntos al acabar el tercer período.

En el úlitmo período, se volvió a notar la mirada incómoda de ese trofeo de campeón. Su sola presencia ya amedrentaba a muchos, pero aquí es donde se hacen -y forjan- los grandes jugadores. Los que están hechos de buena madera.

La agresividad de los de Pesic no disminuyó, pero tampoco lo hacían los porcentajes de los blancos. Campazzo, Thompkins, Carroll, Rudy… Los mismos protagonistas de antes, poniéndose el traje de líderes para seguir creyendo en que la liga se podía definir en tres partidos.

 

 

Por los locales, a pesar de alguna aparición de Roland Smits, los actores principales también eran los mismos: Heurtel, Hanga, Singleton.

Mientras el reloj iba apretando cada vez más, aparecían los jugadores que han nacido para estos momentos. Los que cuanto más pesa la bola, más la quieren. Los Campazzo, Heurtel, Kuric, Singleton. Actores repetidos de una obra épica. Una de esas que queda en la memoria de todo aquel que estuvo presente ese día. Por el qué, pero también por el cómo.

 

 

Porque en un estadio repleto con más de siete mil personas gritando como si no hubiera un mañana, un grupo de de doce jugadores lucharon contra mar y marea para poder defender su templo. Porque no hay nada más preciado para un equipo que el hogar, ese sitio donde nadie puede ganar. Ese lugar tan sagrado que es el Palau Blaugrana. Porque a pesar de mil rebotes y mil intentos, el Madrid no pudo romper ese 78-77 que permaneció hasta el final del partido para dictarminar que el Barça Lassa sigue con vida. Que el Barça Lassa recorta diferencias en la final de la Liga Endesa y que,a pesar de que muchos los daban por muertos, ellos están más vivos que nunca. Ya lo había dicho Pesic, ‘no hay dos encuentros iguales’.

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