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Thad McFadden, un Flintstone por el subtrópico

Si la lotería de las bolas de vida te hace nacer en la peligrosa y contaminada ciudad de Flint (Michigan) y además eres negro, muchas papeletas tienes para que tu vida no sea precisamente un camino de rosas, ya sean rojas o blancas. Eso, o te dedicas al baloncesto. Como muchos de sus compañeros de ciudad, coetáneos o no, Thaddeus McFadden se refugió o más bien, escapó de todo aquel infierno, haciendo lo que más y mejor sabe: meter canastas.

Hoy, a sus 31 años y con pasaporte georgiano, este “Flintstone” de mirada limpia y sonrisa casi perenne vive su experiencia europea más mediática a más de 6.000 kilómetros de aquellas tierras en la que las buenas amistades y mejores consejos le permitieron llegar hasta aquí. Tres continentes, nueve países y diez clubes después, Thaddeus no es un pipiolo no drafteado recién llegado de cualquier universidad que quiera comenzar a ganarse los garbanzos a costa de tirárselas todas y destacar en cualquier liga de medianías de la vieja Europa. Al contrario, McFadden es un apellido de larga trayectoria, curtido en mil pabellones de aquellos de parqué laminado del que se levanta cuando botas y de apenas un puñado de espectadores. Tras su paso por la República Checa, su fallido intento alemán y su despunte chipriota, la liga griega le ha dado la estabilidad de la que en La Laguna ahora se benefician. 

Ya lo tenían desde hace tiempo apuntado en su lista de futuribles tanto Aniano Cabrera como Txus Vidorreta, después de sufrirlo, o más bien secarlo, en su enfrentamiento de hace dos años con el PAOK, el año en el que los canarios fueron campeones. Si a eso se añade su buen último curso como capocannoniere heleno, no dudaron desde los despachos de La Hamburguesa en apostar por el bueno de Thadd, que se había dado un paseo por China en su ruta trotamúndica llena de triples y sacos de puntos.

Ahora, en la treintena de la madurez deportiva, a aquel chico de aquella ciudad de aquella universidad de los míticos Peterson, Cleaves y Bell (The Flintstones) le llegan los focos y las alfombras de una liga puntera, allá por latitudes subtropicales que tan bien le están sentando. Sus comienzos fueron brutales: casi 19 puntos de media en los cinco primeros partidos y un 47% en T3 como tarjeta de presentación. Su tope, los 26 que le endosó a Cafés Candelas Breogan en la segunda jornada.

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A partir de ahí, cierto es que los vouyers profesionales de los scoutings exhaustivos han bajado sus porcentajes y promedios, que no su importancia para los laguneros. Implantados en una cuasi inmutable quinta plaza en la clasificación doméstica, este nuevo combo aporta casi 15 puntos por partido a esa holgada posición en la tabla. El que más de la ristra a disposición de Vidorreta. El cuarto de toda la liga. Como a lo largo de todos sus viajes por la vieja Europa o la lejana China, el tiro de tres y el cambio por delante a derechas han sido sus armas predilectas. Puro baile de jugón.

En el equipo que más tira de tres, McFadden es el rey. Sus 26 dianas le colocan segundo en la clasificación global de francotiradores oficiales y en sólo tres partidos se ha quedado sin anotar desde detrás del arco. Aglutinador oficial de las posesiones de su equipo (30,7% de uso del total, gracias a @StatsLi) aprende, a partir de las afiladas miradas de Vidorreta desde la banca, a cuidar el balón, aunque siga perdiendo casi dos bolas por partido. Destacan, quizás por escasos, la cantidad de tiros libres que lanza; sólo tres de media, en un jugador que para nada rehúye el contacto y la penetración, a pesar de sus escasos 188 centímetros de pura diversión.

Tres cuartos de lo mismo demuestra en la competición europea, en la que va dejando gotas de su clase en función de las necesidades que un torneo no tan exigente demanda. Así, en la cancha más peligrosa de su grupo, en las lagunas de Venezia, el bueno de Thadd se marcaba 21 puntos para apuntalar el liderato y ser también el máximo anotador de los aurinegros en la BCL con 12,4 puntos de media por partido.

Sí, McFadden tiene pinta de ser el típico tópico combo jugón pequeño y rápido. El distintivo jugador eléctrico capaz de desestabilizar defensas desde su bote bajito, su primer paso explosivo, su cambio de ritmo a la velocidad de la cancha callejera o su muñeca caliente. Un dominador por habilidad, capaz de hacer jugadas más de malabarista que de jugador de basket.

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Pero el #12 de amarillo y negro es mucho más que eso. Un máximo anotador de perfil bajo y nada egoísta dentro y fuera de la cancha. El mejor agitador de toalla cuando las necesidades del partido así lo demandan. En definitiva, un “divertidor” de cara amable y sonrisa casi perenne, fabricado para el baloncesto en un entorno hostil y que consiguió escapar de todos los peligros para disfrutar de lo que más y mejor sabe hacer en la vida: meter canastas.

 

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Comentarios

Muy cierto el articulo, a muchos jugadores jugar en muchos paises les desorienta, les hace sentirse inseguros e inestables en ese rol de eternos trotamundos sin saber bien que haràn y donde lo haràn el año que viene, si en Chipre, Marruecos,Lituania o cualquier otro pais,en el caso de otros afortunados siguen luchando y haciendose valer sabedores de su talento que tarde o temprano acaba aflorando si lo acompañas de suerte , trabajo y circunstancias adecuados, es el caso del amigo McFadden, ahora que mentas a Charlie Bell, recuerdo ver un partido suyo en directo en el Paco Paz de Lugo contra el Valladolid que metia todo lo que tiraba, menuda metralleta que no desentonò en la NBA, hablando de Mateen Cleaves a fecha de Noviembre de este mismo año està capeando unas acusaciones de abusos sexuales por parte de una mujer , falta por saber condena o sentencia, saludos amigos y amantes del basket, McFadden esta temporada va a tener mas de 1 partido de 30 puntos si mi vecino Vidorreta se lo permite

Como un tal Charlie Bell... por cierto, recuerdo el chasco en la NBA de otro jugón Flintstone Mateen Cleaves ganador de la NCAA... qué sería de aquel buen hombre.