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Treinta años de orgullo cajista

  • Repasamos la aportación de Baloncesto Sevilla a nuestro deporte, un club histórico con 27 años en ACB

El club sevillano llega a la recta final de un nuevo verano de agonía. Como hace justo un año, se ve contra la espada y la pared por la firme decisión de Caixabank de desprenderse del club de baloncesto que heredó el mismo día que decidió absorber a Banca Cívica y, con ella, a Cajasol. Hace un año, sin embargo, tras la fatal experiencia con Jefferson Capital Funding, a estas alturas del verano mandaba a la afición un mensaje de optimismo. El banco parecía decidido a conceder un año de tregua, aportando la totalidad del presupuesto, mientras se buscaba un comprador. A dos días de celebrarse la junta de accionistas que discutirá si procede o no liquidar la entidad, parece que hay opciones sobre la mesa, pero enfrentadas al férreo requisito de La Caixa de aportar un mínimo de dos millones por año. 

El mensaje público -que no oficial- de estos días ha sido de máximo pesimismo. En las redes sociales se ha visto desánimo y más de una despedida adelantada que se hace eco sin saberlo de la angustia con la que viven la situación los trabajadores. Y sin embargo, en cuestión de horas, de nuevo en ese campo de batalla de nuestro tiempo que son las redes sociales, ha florecido la pregunta: ¿cómo se puede imaginar una Sevilla sin baloncesto? Tuits de nombres grandes de este deporte y entre ellos el máximo, el de Pau Gasol, han unido fuerzas para provocar un nuevo latido que haga bueno aquello de que mientras hay vida hay esperanza. 

Un vuelco en la moral que hace justicia a ese club que de disputar la temporada 2016-17 cumpliría 30 años. Un proyecto que asumiendo desde el principio la posición del hijo menor en la ciudad, una vida a la sombra del Sevilla y del Betis, escogió sus dos colores, el rojo y el verde. Esa camiseta que pretendía unir dos pasiones la ha sudado una larga lista de jugadores grandes, cuando no leyendas, que nunca queda mal repetir: pisaron Sevilla Andre Turner, Mike Anderson, Richard Scott, Darrell Lockhart, Brian Jackson, Warren Kidd, Lou Roe... Y sin embargo, cuando se les nombra, hay que subrayar que no estuvieron de paso. Pusieron músculo, cerebro y corazón, mil y una imágenes para el recuerdo del aficionado cajista. Hicieron en esta ciudad del sur parte de su historia como jugadores profesionales y la misma historia de la ACB.

Y decimos que la situación le hace justicia porque así ha sido siempre el Caja San Fernando. Considerado una de las canchas más frías de la ACB, el Palacio de Deportes de San Pablo sabe lo que es convertirse en el infierno de los equipos grandes. Ese ambiente gélido de los miércoles invernales de Eurocup se ha encendido en épocas de poderío, que las hubo, y también de necesidad. Como todo equipo que cuenta sus historias por subcampeonatos, se guarda cierta épica: las finales de liga del 96 y del 99, la final de Copa ante el TAU y la final de Treviso de 2011; pero también aquellas semifinales de gloria en las que supo someter a todo un Real Madrid o esa Benetton que no logró crecerse en casa. Como todo equipo que hincó la rodilla ante el título, hablamos de David y su eterna búsqueda de Goliat, esperando contar con piedras suficientes en el zurrón para tumbar al gigante.

Y no todo son las finales. Porque si lo fácil es llenar el fortín cuando la victoria está de cara, tampoco faltaron gargantas durante sus años más negros. Hoy se puede hablar de baja afluencia de público, sí, pero también se contaron por miles los pulmones de las campañas 2005-06 o 2007-08. El problema entonces no era el presupuesto -más holgado, menguado por la gestión cuando al equipo se le esperaba entre los ocho primeros sí o sí-, ni tampoco la afición. San Pablo era entonces un coliseo. Es la raíz del barroco, ese movimiento que le sienta como un guante a Sevilla: el contraste más descarnado. De la desidia o la absoluta decepción por parte de sus aficionados al más intenso fervor. De dejar al equipo a la deriva a acudir de golpe, a voz en grito, para que viniera como viniera la cosa sólo se oyera "Caja".

Y como decíamos, mil imágenes: Carlos Cherry haciendo todo lo que ha podido hacer en cancha un jugador de baloncesto, Carlos Cazorla botando alto para demostrar que su juego era puro corazón, Lou Roe intentando sostener por sí solo todo el peso de la ACB, el paso relámpago pero también milagroso de Elmer Bennett, los triples con nieve de Raúl Pérez, la gloria y caída de Demetrius Alexander, los aspavientos de Branko Mirosavljevic para infundir coraje a una afición deprimida, los 40 puntos de Clay Tucker... Y más recientes: las defensas como gato panza arriba de Joan Plaza, el minuto milagroso ante Unicaja, ver nacer una estrella tardía como Tariq Kirksay, las exhibiciones mate tras mate de Paul Davis, Aíto hablando de qué pasaría si ganaba la liga con aquel equipo tan joven llegado a Playoff, la pancarta que rezaba eso de "Yo vi entrenar a don Alejandro"... En sus peores años mandaba desde la banda Manel Comas. Deshecho en gritos, reprimendas, algún gesto de cariño y con los brazos cruzados para ordenar la zona. Salvó al Caja San Fernando una vez, le despidieron al año siguiente y volvió una temporada después para conseguir, otra vez a pulso, una nueva salvación. Por entonces, de cara al abismo del descenso, llamando siempre a zafarrancho, lo único que no se discutía es que Sevilla quería baloncesto.

Son días de agonía, pero también ideales para recordar la aportación de todo un histórico a la ACB. Mientras en los despachos, a puerta cerrada, se decide la continuidad o el fin de la pasión de miles de personas, no está de más recordar ese legado humano que Sevilla ha dejado a este deporte con la formación de grandes promesas, algunas medio cumplidas, como Tomas Satoransky, Joan Sastre, Ondrej Balvin, Nikola Radicevic o la tormenta humana que desde hace un año no abandona Nueva York. Y tampoco sería un buen golpe para el baloncesto español ver desaparecer un club sin deudas, saneado, que supo ajustarse a los presupuestos con forma de nubarrones, mientras otros aparecen flotando en la lista de morosos. 

Efectivamente, la situación parece desesperada, pero todavía no ha sonado la bocina. Hace pocas horas se celebraba una nueva reunión entre representantes del club, la Caixa, el Betis y el Ayuntamiento. Se busca el acuerdo a contrarreloj. Juan Espadas, el alcalde de Sevilla insistiendo en su papel de moderador, ha pedido a La Caixa "un último esfuerzo" por "responsabilidad" para que no se pierdan los 30 años de historia del club. Fernando Moral, presidente del Baloncesto Sevilla, ha asegurado por su parte que trabajan "intensamente" en busca de una "solución de futuro" y ha apelado de nuevo a la esperanza: "Nos esforzaremos hasta el último segundo". David, bajo la inmensa sombra de Goliat, vuelve a llevarse la mano al zurrón. 

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Comentarios

El dueño del club es la caixa, que en ningún momento ha movido ficha para sacar acciones a la venta para que las puedan comprar los aficionados. A lo mejor es que tenemos que ir con el pasaporte USA para que nos den las llaves del club por 1 € como hizo con los amigos de Galilea.

Es dificil que en tres días se arregle lo que no se hizo en 362, pero bueno, es posible. Yo vuelvo a la misma solución que el año pasado, y que nadie por lo visto estuvo por la labor de plantear. Un club de sus socios, unos socios que sí quieren el club, volver al origen del deporte, a que los aficionados que más quieren un club se junten en una sociedad y cada uno con su granito de arena lo compren y lo gestionen.
Si La Caixa quiere 2 millones, y Baloncesto Sevilla tiene 3000 socios, no me parece descabellado 750 euros por socio, sobre todo porque no es a fondo perdido como pasa con el Canon ACB , no estás pagando un abono que consumirás o no durante la temporada, tienes algo que si se hace bien, podrás recuperar.

Estoy de acuerdo, a ver ese "señorito andaluz" que se deje ver antes de que finiquiten el asunto... No sé si somos conscientes de esto:

http://economia.elpais.com/economia/2016/06/03/actualidad/1464975342_978...

Qué para bilbainadas ya están las del botxo, accionistas de a pie dos veranos seguidos con los testículos por corbata no fueran a perder los más de 300 euros depositados a fondo perdido. Ole!

No es cuestión de "señorito andaluz", sino de que, si la afición realmente quiere que este club se salve, hay que hacer algo por ello, arrimar el hombro, y también el bolsillo. Tenemos que darnos cuenta de algo clave en esta historia, y es, entradas gratis, o a 5 euros, no pagan el espectáculo, y mucho menos el coste de las instalaciones y al equipo que juega, árbitros, fichas, y demás seguros. O se paga un precio real que asegure el precio de coste, o los equipos son una ruina.
Es muy bonito ir a un pabellón lleno, y que el 50% de las entradas sean invitaciones, porque el otro 50% está cabreado porque ha pagado la entrada, y lo que hace es dejar de pagarla. Spain is differert.

Qué bonitos recuerdos, mucho ánimo a los aficionados sevillanos que estarán pasando una pesadilla. Pensad que justo antes del amanecer es cuando la noche es más oscura.