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Walter "Edy" Tavares: el último guerrero de Maio

Cuenta la leyenda que en una isla muy pequeña perdida en el Atlántico, hubo un guerrero que tuvo que luchar contra el propio destino. Todo lo tuvo en contra; vivir en una isla remota del mundo, aislado de todo y de todos, estar encerrado en un cuerpo enorme y por el mero hecho de tener la envergadura de un coloso, ser el foco de atención allá por donde fuere. El guerrero se hizo mayor, lleno de bondad y llegó a ser un ejemplo para los demás. Tuvo que luchar sí, pero su campo de batalla fue una cancha de baloncesto. Y sus armas no eran lanzas ni escudos, su única manera de defenderse era enseñar al mundo que con un balón de baloncesto se podían ganar muchas batallas y la guerra contra sí mismo.

El nombre de este guerrero es Walter Samuel Tavares da Veiga y esta es su historia.

Infancia y adolescencia en Maio

Walter Tavares, o como él mismo le gusta que le llamen, “Edy” Tavares nació el segundo día de la primavera de 1992 en la isla de Maio, Cabo Verde. Su padre, marinero de profesión y con largas temporadas de ausencia en casa. Su madre, bastante tenía con alimentar a sus 6 hijos todos los días. Edy se crió con su abuela para aliviar la carga de su madre, motivo por el cual hoy es el día que él le llama mamá a su abuela. Sus abuelos también eran muy altos llegando a los dos metros, altura a la que Tavares llegó con tan sólo 14 años. 

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Tavares con su madre

Walter, a pesar de las necesidades económicas que pudo tener en su infancia, vivió rodeado de felicidad, música, palmeras y mucho cariño. La vida en su conjunto te da y te quita cosas. Una de las primeras cosas contra las que tuvo que luchar Edy a lo largo de su niñez y adolescencia fue encontrar un calzado, en primer lugar, y luego en que este fuera adecuado a su pie. Su padre le solía traer algún par de lugares lejanos del mundo, pero no siempre acertaba con el número.

Enfrente de la casa de su abuela, había un bar regentado por un alemán de nombre “Joaquín”. Era muy amigo de su abuela y siempre estaba de broma.

-         ¡Hola Edy!

-         ¡Buenos días, Joaquín! – respondió Tavares.

-         Voy a preguntarte una cosa que llevo tiempo pensando

-         Usted dirá.

-         Con la altura que tienes, ¿nunca has pensado dedicarte a jugar al baloncesto?

-         ¡Sí, claro! – contestó.

Esta conversación casi sin importancia cambió la vida de Walter “Edy” Tavares. En ese momento él no le dio importancia. Joaquín siempre estaba de broma y Edy pensó que esta era una más. Tavares no había jugado nunca a baloncesto; es más, jamás había visto una canasta. Y por si esto fuera poco, en toda la isla no había ninguna donde los niños y niñas del lugar pudieran jugar a ese noble deporte.

Joaquín iba con frecuencia a Gran Canaria. Uno de sus mejores amigos trabajaba de contable en el club de baloncesto de la isla. El siguiente viaje que el alemán hizo a la isla, llamó a su amigo y le contó que allí lejos, en la isla de Maio había un gigante de 2,21 metros y que quería jugar al baloncesto pero que no tenía medios. Él se quedó perplejo ante la conversación de Joaquín, pero le propuso ir al club para ver qué se podía hacer. Allí se encontraban tres técnicos del equipo canario y Joaquín después de repetir la conversación ocurrida con su amigo, le propusieron al bueno de Joaquín que la siguiente vez que viniera a la isla les trajera unas fotos para ver al chaval. 

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Tavares recién llegado a Gran Canaria

Tavares, ajeno a todo esto, seguía con su día a día en Maio. Escuela, amigos, fútbol en la playa y familia. Un día fue a su casa Joaquín para sacarle unas fotos que quería llevarlas a Gran Canaria para que los técnicos del equipo le pudieran ver. Él le siguió la broma y se sacó unas cuantas fotos.

A los pocos meses Joaquín regresó a Gran Canaria y lo primero que hizo fue acercarse al club para enseñar esas fotos donde aparecía un coloso que justo libraba el dintel de la puerta de su casa, vestía una camiseta de tiras con unos pantalones cortos y calzaba unas chanclas que apenas se podían distinguir debajo de esos inmensos pies. Los tres se quedaron paralizados por el momento surrealista de la situación. Un propietario alemán de un bar en una isla perdida del Atlántico, les había llevado unas fotos de un vecino suyo, grande como una estatua, que jamás había jugado al baloncesto. Ellos pensaron que para entender todo esto, tendría que salir alguien con una cámara oculta para explicarles que era una broma. Pero no; no era broma.

Para que una locura tenga continuidad, hace falta que haya alguien más loco que quiera prolongar esa locura.Uno de los tres técnicos, tenía un hermano que vivía en Cabo Verde. Programaron un viaje de una semana a Cabo Verde para ver a un tal Walter Tavares que medía 2,21 y así hacerle una prueba. Tomaron un avión y allí que se fueron.

Quedaron una mañana con Edy para conocerle y hacerle una prueba sobre sus habilidades en el baloncesto. El último guerrero de Maio llegó un día tarde, retando al destino. El motivo fue que no encontró unas zapatillas de su número. Tuvo que llevar unas más pequeñas que le apretaban los pies como a una geisha. La prueba salió desastrosa. Lo primero que hizo fue lanzar una pedrada al tablero que casi lo rompe, el chico no tenía manejo de balón y al correr era torpe como no habían visto a nadie sobre una cancha.

-         Tú, chico ¿de verdad que quieres dedicarte al baloncesto?

-         Sí –contestó Edy con rotundidad.

Días más tarde se encontraba montado en un avión camino a Gran Canaria. Otras muchas batallas le esperaban al último guerrero de Maio.

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Tavares se desata tras el bocinazo final (ACB PHOTO)

Un año a prueba fue suficiente

La vida de un guerrero no es fácil. Debe luchar ante todas las adversidades que aparecen por el camino. Muchas veces la soledad es la única compañera. Vivir lejos de tu hogar, es una losa demasiada pesada con la que tienes que cargar todos los días, y en especial cuando el silencio de la noche estrellada te visita a diario.

Pero Edy es un chico fuerte. Se ha forjado en la dura escuela de la vida. Un año de tu vida, aunque esta sólo tenga 17 años, no es significante. Más si tu premio es aprender el noble oficio de jugador de baloncesto. Tavares estuvo su primer año en las categorías junior del Gran Canaria. Muchas veces decimos, casi de manera gratuita, que la vida te da mucho más de lo que te quita. Imaginemos estar por un momento en la piel de este chico. Con 17 años el único contacto que había tenido con el baloncesto fue la corta prueba que le hicieron en el vetusto “Pabellón” de Cabo Verde. Walter tenía ante sí la oportunidad de cambiar radicalmente su vida y porqué no decirlo, también la de los suyos.

Pero este camino no iba a ser fácil. Sacrificio, aprender con rapidez, luchar ante un ambiente hostil y centrarse en el baloncesto. Todas estas pruebas las superó con buena nota. En una año pasó de conocer el baloncesto por lo que le habían contado, a formar parte de su gran familia.

LEB Oro y enseguida llegó la ACB

La temporada 2011-12 comenzó su andadura profesional en la LEB Oro con el C.B. Palma. Allí coincidió con un tal Lucas Clayton Sikma. Le habían dicho que era hijo de Jack Sikma, que había sido 7 veces All Star de una liga llamada NBA. Pero todo esto al bueno de Tavares no le sonaba, ni de lejos. Él se iba a dedicar a trabajar duro para llegar lo más lejos posible en el mundo de la canasta.

En temporada regular obtuvo unos promedios algo escasos para las expectativas que había sembrado. Jugó una media de 5:19 minutos, anotando 1.3 puntos, atrapando poco más de 1 rebote y valorando 1.8 tantos. A todas luces insuficiente para las necesidades del equipo.

Pero Tavares, seguía siendo el último guerrero de Maio. Cuando los partidos se convierten en importantes y trascendentes, es cuando los buenos jugadores resurgen, como el Ave Fénix lo hace de sus cenizas. En Playoff promedió 3 puntos, 4.3 rebotes, valoró 4.8 en los 12:23 minutos que estuvo en pista.

Después de poco más de dos años en el oficio, Walter “Edy” Tavares se había acercado a la puerta del baloncesto Y esta puerta se abrió definitivamente meses después. 

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Tavares vuela hacia el aro (foto: Herbalife Gran Canaria)

Era el día de Reyes de 2013. La noche había ganado terreno a la tarde. En el Centro Insular de Deportes de Gran Canaria se dieron cita 4623 espectadores. Cada uno de ellos tienen el honor de haber visto la puesta de corto en la ACB de Walter “Edy” Tavares, el último guerrero de Maio. El chico que sorteó su destino en una pequeña isla del Atlántico, que dio el salto a otra isla, un poco más grande y que su futuro todavía no está escrito. Aquella noche debutó Tavares, ya con el número 22 en su espalda, de la mano de Pedro Martínez y con la compañía de Newley, Toolson, Báez, Xavi Rey y Beirán entre otros. Fueron tan sólo 4 minutos en los que no anotó a pesar de tirar una vez a canasta; pero en los que atrapó 3 rebotes, dio 1 asistencia y robó un balón.

De ahí en adelante, Edy para sus amigos y para los otros también, fue escribiendo su pequeña gran historia. Defendió con orgullo la camiseta amarilla en otros 82 partidos, desde la temporada 2013-14. En esta etapa promedió 19:30 minutos en los que anotó 6.22 puntos, capturando 6.6 rebotes y valorando 10.75 tantos. Como logro colectivo más importante tiene el de haber llegado a la final de la Eurocup 2015 y en el plano personal ha sido miembro del Mejor Quinteto Joven de la ACB 13.14 y máximo reboteador y taponador de la ACB aquella temporada. El curso siguiente fue MVP de la jornada 1 del Last 32 y de la ida de semifinales en la Eurocup 2015 y entró en el Quinteto Ideal de la ACB de esa temporada. 

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Edy en el Draft

NBA

Llegó el momento. Tomó una decisión. Se sentía fuerte, por fuera e interiormente. Se iba a presentar al Draft de la NBA de 2014. Hacía 5 años no tenía ni media noción de baloncesto y ahora se quería probar a sí mismo en la antesala de la mejor liga del mundo. Ese verano de 2014 viaja a EE.UU. para realizar varias pruebas con diferentes equipos de la NBA. Y la primera la hace ante la supervisión de un tal Larry Bird. De nuevo Walter no sabía bien quién era, cuáles habían sido sus enormes e interminables gestas. Había oído de él pero sin prestar mucha atención.

-         ¡Chico, me gustas! –le gritó el mito de los Celtics desde la grada.

-         ¡Gracias Larry! –contestó Edy como si se conocieran de toda la vida.

Entre otros equipos probó suerte con los Atlanta Hawks que a la postre sería su destino, pero para ello todavía tendría que esperar. Primero vendría el Draft, ver si era seleccionado por alguna franquicia y entonces tomar una decisión.

Esto de ir al Draft, y cuando digo ir, quiero decir exactamente eso, el mero hecho de vestirse, coger un taxi y acercarse al Barclayss Center de Brooklyn, que fue donde se celebró el Draft; tareas más que sencillas para inmensa mayoría de los mortales, para Walter “Edy” Tavares no era tan sencillo.

El calzado, otra vez el calzado. Evidentemente no buscaba unas chanclas ni una zapatillas para hacer deporte, la misión, casi policial, era buscar unos zapatos para los enormes píes de Tavares. Le recomendaron una tienda en el centro de New York y después de varios intentos fallidos, el dependiente sale de la trastienda con los zapatos más grandes que jamás habían elaborado.

-         Si quiere, pruébese estos. Son los últimos que me quedan.

-         ¡Me quedan perfectos! –gritó Edy con alegría y un poco de desesperación.

-         Nos los encargó Shaquille O´Neal, pero jamás vino a recogerlos.

Y así fue como Walter Tavares se presentó a la ceremonia del Draft. Trajeado, elegante y con los zapatos de O´Neal.

Andrew Wiggins fue a Cleveland, Jabari Parker a Milwaukee y Joel Embiid a Philadelphia fueron los 3 primeros en ser elegidos. Se  terminó la primera ronda y Edy no perdía la esperanza de ser seleccionado. Quería tener claro que podía vivir el sueño jamás soñado de poder jugar en la NBA. Y por fin llegó la selección en el número 43 por Atlanta. Ese era su destino.

Ese mismo verano se presentó a la Summer League de Las Vegas con su equipo NBA, los Atlanta Hawks. Pero después de terminarla volvió a Gran Canaria para disputar otra temporada que se la planteaba con la NBA en el horizonte.

Así fue. En julio se vuelve a presentar a la Summer League de Las Vegas con su equipo. Y ahora sí lo ve claro. Se queda con Atlanta para empezar la temporada 2015-16.

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Tavares con el 22 de Atlanta

Debuta y llega a jugar 12 partidos pero es cedido a la NBA D-League con los Canton Charge, equipo vinculado a los Cavs. Pero termina la temporada con Austin Spurs.

En verano de 2016 se queda en EE.UU. para volver a jugar la Summer League con su equipo, los Hawks; quienes no cuentan con él para disputar la temporada.

Pero no es momento de desfallecer. Un guerrero nunca se rinde. Si pierde una batalla, ya piensa en la siguiente para prepararse y ganarla. Tavares no desfalleció. De nuevo aceptó su destino y luchó contra él.

Edy Tavares 2016-17 NBA D-League Defensive Player of the Year Highlights

La temporada 2016-17 jugó en la NBA D-League con los Raptors 905. Edy tenía claro que era otra parada más en su camino. Una nueva oportunidad que quería aprovechar.

Logró casi todos los premios de la temporada: jugó el All Star de la NBA D-League, al final de la temporada fue nombrado como Mejor Defensor de la Liga, fue incluido en el Mejor Quinteto Defensivo de la Liga y también en el Quinteto Ideal.

Con este nuevo impulso terminó y comenzó una pretemporada más. La de 2017 iba a ser con su nuevo equipo, los Cleveland Cavaliers de su majestad Lebron James. Completó la pretemporada y también debutó con los Cavs, pero enseguida fue traspasado de nuevo a los Raptors 905 de la NBA D-League.

Era noviembre del pasado año. Había que tomar una determinación. Volver a abrir una puerta que jamás se había cerrado, la de la ACB.

Todo esto pasó muy rápido. En tan sólo dos años había debutado y se había despedido de la NBA, al menos de momento. Pero jamás será un fracaso. Es y será, el primer caboverdiano en jugar en la mejor liga del mundo. En esa que pocos años atrás, el propio Edy, ni sabía que existía. Con su 2.21 de estatura, sus 2.32 de envergadura y con su noble corazón de bondad a rebosar, regresaba a la ACB; la mejor liga doméstica de Europa. El castigo no era muy duro. 

Edy Tavares

(Foto: Juan Carlos García Mate ©)

Regreso a la ACB de la mano del Real Madrid

Cuando los astros se alinean y tú eres favorecido por ello, no tienes que decir no a nada de lo que se te presenta. Es más, puede ser el mensajero perfecto de buenas noticias.

Tavares estaba desencantado porque no quería jugar más en la NBA D-League. Ya se había probado, había logrado premios, pero quería más.

Al otro lado de la orilla del mar Atlántico, un equipo llamado Real Madrid, había forjado un equipo cuyas torres más altas, Ayón y Omic, habían tenido la mala suerte de caer lesionados.

Justo en ese momento coincidieron las necesidades de uno con las de los otros e hizo posible que Edy Tavares, el último guerrero de Maio, fichara por el Real Madrid para lo que queda de temporada y otras dos más.

El balance hasta el momento es más que significativo. Sus porcentajes de 21:08 minutos por partido de media, 7.61 puntos, 6.46 rebotes y una valoración de 12.23 tantos son mejores que sus medias en la ACB.

En la Copa ACB ha estado majestuoso con una importante aportación lo que le ha llevado a ser máximo reboteador y taponeador de esta competición.

Queda mucha ACB y Euroleague por delante para ver cuáles son sus prestaciones en su regreso a Europa. Pero en estos momentos tan sólo tenemos una duda: ¿cuál es su techo? La cancha será la que dicte sentencia.

7DAYS Magic Moment Walter Tavares Dunk, Real Madrid

Walter “Edy” Tavares, el último guerrero de Maio. El niño que jugaba a fútbol en las playas de su pueblo natal. El joven que a los 17 años ni había oído la palabra baloncesto. Se subió a un avión destino Gran Canaria, pero en verdad era una aventura maravillosa lo que comenzaba ese día para él. Creció como jugador en su otra isla, se presentó al Draft con los zapatos de O´Neal y terminó jugando en la NBA para regresar a la ACB.

Ese hombre de 2.21, grande y coloso como su corazón, sigue volviendo a Maio para ver a su familia. Cuando pasea por las calles de su barrio le siguen mirando. Pero ahora es porque además de ser una gran persona, significa una esperanza de mejor cambio para quien conozca de su historia.

 

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Comentarios

Edy Tavares. Un buen jugador sí, un pívot dominante no. Un buen refuerzo para el Madrid, sí. Un jugador franquicia, no. Empezó tarde a jugar y aún está en formación y creciendo (técnicamente hablando). Cada día tira mejor los libres. Deberá mejorar en el juego al poste bajo e incluso llegar a tener un tiro de media distancia que pudiera darle algunos puntos.
Lo más increíble es su historia. De película. Gran trabajo de formación en el Granca.

Un saludo.

Yo no apostaba por el en un estilo de juego como el madridista pero quién sabe si la ausencia de Llull le beneficia ha conseguido encontrar su rol. En gran Canaria lo necesitábamos como referente y no lo consiguió en muchos casos de forma comprensible,estaba aún por hacerse. En Madrid es un especialista. Lo que he oído por la isla es que es un buen chico. Tremendos los primeros partidos donde jugaba vendado como una momia y daba una imagen de puro cristal muy alejada de lo que es ahora.

Siempre hay un trozo de historia local, para un gigante, si pone de su parte.

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