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Aunque Fisher no quiso, el Canarias fue más equipo en el duelo de los milagros (71-68)

Dos equipos, dos milagros. El Canarias y el Joventut chocaron sus grandes actuaciones de la jornada anterior para crear un choque en el que reinó el desacierto y la locura. Solo hasta que Uriz puso la compostura y Sekulic (19 puntos) el acierto, el equipo local fue superior. No obstante, Fisher casi obra el milagro de la remontada (27 puntos) en los últimos minutos, pero le faltó tiempo. Más equipo y con más argumentos interiores, los de Alejandro Martínez consiguen su triunfo número once ante un equipo de Badalona que ha demostrado que si muere mil veces, renace una más.

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POR KHALID
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El milagro madrileño del Canarias no lo parecía tanto en los primeros minutos: orden, seguridad, confianza y eficacia. Con el orden que da la seguridad de confiar en la eficacia de lo que haces, así empezó el equipo de Alejandro Martínez: sin titubeos. Los tinerfeños prolongaban su estado de gracia en los primeros minutos del choque ante un Joventut atónito. Parcial esperanzador, parcial de Rost: 14-4.

La estela canarista se diluyó entre la locura de un partido de errores no buscados y consecutivos. Allí, en el desenfreno, en lo convulso de un encuentro sin acierto, reina el menos cuerdo, el más atrevido. Ese tren lo conduce con maestría Corey Fisher, que desde el banquillo salió, jugó, anotó y legisló. Su ley no era otra que un parcial de 1-12 que aplicó casi sin oposición, sin la protesta de un cuadro canario que pataleaba en vez de nadar (15-16).

Como nadie en la pista quería la tranquilidad de sus entrenadores, Martínez llamó a Uriz. El navarró salió y trajo consigo aquel Canarias de la sobriedad y el acierto. Su impacto fue inmediato: el Canarias dominó el marcador, Sekulic comenzaba a anotar y los de Badalona no se encontraban en defensa, ni la defesa a ellos (25-18).

La distancia se mantuvo (29-22) hasta que Oliver y Quezada fueron los dioses del tiempo, de los segundos. Tiempo de lujuria, segundos de no parar. Desacierto, desacierto y desacierto. En ese estado  de descomposición baloncestística, el Canarias cayó, el Joventut se levantó y se fue al descanso como un cazador que respira en el cuello del cazado (31-30).

Los locales sabían la fórmula y la compraron tras el descanso: defensa y Uriz al mando. En ese panorama, ni Corey, ni Albert, ni Manny; tampoco Fisher, Oliver ni Quezada. Esa ausencia fue una suerte de presencia para los canaristas, que transformaron con encanto un 36-33 en un 48-36. Salva Maldonado pidió el tiempo muerto con celeridad.

Uriz tuvo su descanso y Fisher vio su oportunidad para resurgir. Con más talento que casta y con más individuo que equipo, el neoyorquino encontró acierto en las mallas del aro rival. Sin embargo, Sekulic respondió a su revolución pulverizando a los interiores catalanes. Nadie paraba a Fisher como nadie paraba a Sekulic. Polos positivos se anulan y ventajas se mantienen ante el último cuarto (55-44).

A su superioridad manifiesta, el Canarias sumó su acierto exterior. Heras con un triple era el ejemplo que finiquitaba y casi enterraba al Joventut (68-54).

Allí llegó el miedo, el temor, o como Corey Fisher puede ganar él solo un partido. El exterior visitante tomo la batuta y creó un parcial de 0-11. Aquello fue tan brutal, que la remontada parecía posible. Nadie podía con Fisher y nadie del Canarias podía levantar la cabeza para anotar. Blanco clavó un triple sobre la bocina, pero Fisher estaba ensimismado en su hazaña y materializó un dos más uno (71-68).

Posesión del Canarias, posesión perdida, tiro fallado. Turno para el Joventut con casi tres segundos por jugar y tres puntos para empatar. El tiro último de Oliver tocó y no entró. El Canarias respiró, Fisher se quedó en un casi héroe y el electrónico no cambió: 71-68, victoria local. 

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