Desde primera hora se vio que ni Estudiantes ni Betis iban a ofrecer el mejor de los partidos. Los colegiales iniciaron el choque con gran desacierto de cara al aro, aunque su circulación sí merecía mejor nota. En los verdiblancos Úriz puso ritmo a su equipo, pero la realidad era que la escuadra bética estaba muy ida en ataque. Especialmente Blake Schilb, que daba síntomas de una desgana preocupantes. Por entonces emergía la figura de Landesberg, que ya almorzó en Sevilla durante la primera vuelta, capaz de lo mejor y lo peor, de anotar un triple defendido y fallar una bandeja solo al contraataque. La irregularidad de Estudiantes se imponía a la mala regularidad sevillana (12-8, minuto 5).
 
El rebote marcaba las diferencias. Movistar Estudiantes tenía las ideas más claras y, por tanto, más facilidad para anotar. Landesberg se iba a los 11 puntos de los primeros 17 de los suyos, mientras que el Real Betis Energía Plus acumulaba error tras error desde el triple. Un parcial de 14-0 disparaba el marcador, con los colegiales aprovechando lo blando de la defensa visitante, que permitía hasta tiros de media distancia y cómodos de los pívots estudiantiles (21-8, minuto 7).
 
Golubovic volvió a ser el rescate de la segunda unidad hispalense. Con acierto repartido, Estudiantes mantenía las rentas obtenidas, con Landesberg, una vez más, como punta de lanza (29-17).
 
Pero el segundo cuarto fue aún más fallón. El Betis encontró en la escasez colegial una oportunidad para recortar a poco que acertara, que era lo complicado. De manera inexplicable, Estudiantes tonteó en la circulación de balón, se olvidó del patrón más sencillo, rebuscó en sus jugadas ofensivas y permitió al Betis anotar (31-22, minuto 12).
 
El acierto bético desde el triple destejía la ventaja conquistada por los madrileños. Los del Ramiro de Maetzu aprovechaban que la defensa rival era un solar para mantener la ventaja en un intercambio de canastas algo más entretenido que brillante (38-30, minuto 16). Poco a poco la desventaja se fue minando para los intereses verdiblancos. En un despoblado pabellón costaba entender cómo Estudiantes se perdía en lanzamientos horrorosos, en pases fuera de lugar, en una circulación de balón ausente, en guerras individuales y en una desconcentración de matrícula. El Betis aprovechó, pero pese a todo, como la rémora que persigue al colista, una condena constante, la diferencia se mantuvo (46-39).
 
Una técnica a Quintana nada más reanudarse el partido devolvió a Estudiantes la decena de ventaja, pero Franch, muy incisivo contra el aro rival, lideró al Betis, como de costumbre. Apretaron los verdiblancos en defensa, Estudiantes dejó de ver aro, con lanzamientos forzados y balones al poste, donde Savané no ofrecía claridad. Escasa brillantez en ambos lados que dejaba el marcador en los mismos paréntesis (51-45, minuto 24).
 
Como las hormiguitas, así comieron la desventaja los verdiblancos, que comenzaron a crecerse hasta ponerse a dos puntos. Estudiantes entró en nerviosismo, comenzó a fallar lanzamientos, a circular ahora en demasía y Blake Schilb despertó para poner pordelante a los suyos, en un pequeño arrebato de calidad (57-60).
 
Pequeño arrebato que aumentó. El nacionalizado checo guiaba los pasos de un dominante Betis en el marcador. El partido, bastante kafkiano, por parte de los colegiales, daba de bruces con una posibilidad real: perder ante el colista. Como el mal estudiante, pero con talento suficiente, Movistar Estudiantes se vio con el agua al cuello y retomó el buen quehacer, la disciplina de hincar los codos para darle la vuelta al luminoso fomentando el lanzamiento triple (68-67, minuto 33).
 
El Real Betis, pese a todo, se sostuvo en el partido un poco más, pero acabó cediendo terreno porque no hay defensa que resista ese caudal. Landesberg reencontró el apetito y Hakanson aceptó ser verdugo de su ex equipo (aunque en frente no quedara ningún ex compañero suyo). Ryan Kelly y Luke Nelson apretaron una última vez el marcador, pero la gestión verdiblanca, sobre todo defensivamente, terminó por descartar sus opciones de triunfo. Ahí era donde también aparecía un Goran Sutton que cuajó un excelente partido, también el el tramo inicial y el final. Y es que Estudiantes aprobó a última hora, aunque tuvo que pegarse el atracón, de 32 puntos, para evitar el suspenso ante una asignatura, la del Betis, fácil (89-83).