Arqueología baloncestística con Gonzalo Vázquez

  • "101 Historias NBA. Relatos de gloria y tragedia": personajes en el olvido, anécdotas que marcaron historia, capítulos oscuros tapados por el aura de las estrellas...

A principios de los mundialmente convulsos años 60 un conjunto de decisiones aperturistas del gobierno federal no gustaron a los estados sureños de Estados Unidos. Estos promovían la segregación racial frente a los estados del Norte, firmes defensores políticos de la igualdad. Especialmente cruenta fue la situación en Mississippi, donde se sucedieron un sinfín de actos vandálicos contra la raza negra. En uno de ellos, en 1962, un grupo de radicales intentaron impedir que el estudiante James Meredith se matriculara en la universidad de Mississippi. Dos años después se sucedía el triste asesinato de tres activistas por los derechos de la raza negra. Dos de ellos eran de raza  blanca. Odio hacia los negros, pero también sobre los amigos de los negros. Los ejecutores fueron miembros del Ku Klux Klan, ayudados por personal de la oficina del sheriff del condado de Neshoba, en MS. Este hecho inspiraría la película 'Arde Mississippi', dirigida por Alan Parker.

Foto montaje con el Ku Klux Klan y Adoph Rupp.
Un año antes, a nivel deportivo, el panorama racial también estaba cromado de un claro blanco y negro. Especial importancia para derribar los muros del odio entre blancos y negros, para asentar los primeros pasos que acabaran con la segregación racital en el deporte tuvo el denominado 'Partido del Cambio' (Game of Chance). El baloncesto universitario estaba dominado, entonces, por los jugadores de raza blanca. Raro era el partido en el que podían coincidir, como mucho, 2 ó 3 jugadores negros. Los Ramblers de la Universidad de Loyola (Chicago) eran una de las formaciones a batir en aquella temporada y contaban con unos cuantos jugadores afroamericanos. Se acercaba el duelo contra los Marrons de Mississippi State (ahora apellidados Bulldogs). Decían que había una regla no escrita por la que las universidades del estado de Mississippi como ésta no jugaban contra formaciones que contaran con jugadores negros, como Loyola. El presidente del college, Dean Colvart, se jugó el cargo aceptando entrar a disputar el trofeo de la NCAA. Con esta decisión asumía jugar partidos contra equipos que no hicieran distinción de razas. Llegaba la velada crucial, en semifinales del cetro universitario, contra Loyola. Relatan las crónicas deportivas que jugadores y técncios tuvieron que salir de escondidas de la ciudad ante el riesgo de ser apaleados (el gobernador del estado Ross Barnett) era un segregacionista confeso. 

La cita tuvo lugar en East Lansing (Michigan). Estadio abarrotado, pero sin hinchas de los Marrons. Los capitanes de ambos equipos, Joe Dan Gold (Mississippi St.) y Jerry Harkness (Loyola) hablaron en el centro de la pista y estrecharon manos -futuros lazos de hermandad- bajo la luz cegadora de los flashes. Era una foto para la posteridad. Había mucho en juego. La comunidad negra presionaba a los Ramblers. Era una oportunidad histórica para fortalecer el orgullo negro. Se impuso la universidad del Norte por 61-51 que luego ganó el campeonato contra Cincinnati. Sin altercados. Fue un pequeño paso, como otros miles, que contribuyeron a que en 1964 aparecieran la Ley de los Derechos Civiles y la del derecho al voto, que anulaban las llamadas leyes de Jim Crown, con clara aceptación en el Sur, vigentes desde finales de 1800 y que basaban en la segregación racial, discriminando a los negros.

Una definición de arqueología defendida por los primeros teóricos la contemplaba como "el estudio sistemático de restos materiales de la vida humana ya desaparecida"Gonzalo Vázquez aborda una exitosa prospección en xy en la historia de la NBA, sin dejar de lado su admirada ABA y la forjadora NCAA. Escarbando, ha encontrado -y documentado- indicios de que hay mucha vida más allá de las estrellas que nos han acercado este seductor universo baloncestístico.

Jerry Harkness (Foot: nba.com).
Una competición cargada de fenómenos paranormales. De los out of place artefacts (ooparts), objetos  fuera de su lugar y tiempo. Hazañas que en su día fueron tratadas como un fenómeno paranormal. Uno de tantos es el que recoge el periodista de Barakaldo y que protagonizó en 1967 Jerry Harkness. Sí, aquel mocetón capitán de aquel equipo con más negros de más que se enfrentó y ganó  a la supremacía blanca personificada en los Marrons. Este base de 1.87 nativo del Bronx había sido elegido en segunda ronda del draft del 63 por los Knicks. Tras una discreta temporada rookie estuvo fuera de las canchas hasta que fichó por los Indiana Pacers, que militaban en la ABA, en la temporada 67-68. Ese mismo curso, en el encuentro contra los Dallas Chaparrals, protagonizaría una acción nunca jamás igualada en el baloncesto profesional USA. El pasado del base formado en Loyola forjó una personalidad en favor de los derechos de la población negra que fue reconocido en la Casa Blanca por el presidente Obama.

El autor inicia un recorrido por la intrahistoria de la NBA con inicio y fin en el profesor James Naismith. Él, que tropezó más de una vez con la portería cuando buscaba el remate final a su genial invención, y que, quién sabe, puede estar contemplando, entre néctar y ambrosía,  la evolución y magnitud en que se ha convertido aquel pasatiempo deportivo inicial. 

El resultado de sus inferencias saca a la luz algunos capítulos menos conocidos en la historia de algunas de las grandes estrellas. Catas que desvelan reversos oscuros, personalidades más acentuadas si cabe... ¿Cómo puede una pelea cabaretera influir en la pérdida de un anillo? ¿Qué pasó en aquel viaje a Japón para que una estrella de la NBA cambiara de opinión y que su sonrisa se convirtiera en campeonatos? ¿Por qué molestó aquella apuesta ciega por de un equipo profesional por un genio del baloncesto europeo? ¿Qué papel jugaron las gafas de un legendario jugador? Otros, más conocidos, pero relatados con cercanía, como la repulsa de la NBA a quién había sido la sonrisa de la liga.

Marvin Barnes (#24) busca la posición (Foto: remembertheaba.com).
Vázquez nos acerca, también, las miserias de la liga, porque los matices dorados combinan también con los tonos más oscuros. El agridulce del Gran Circo. Personajes que se autodestruyeron para desgracia propia y del deporte de la canasta. Memorable la recuperación del pasaje de los últimos suspiros de Len Bias -escena sublime de este gran teatro con el que se consagró- quien dejó magullada a una franquicia que había recibido muy pocos bofetones. Señores de las tinieblas fueron también jugadores como el rey de los 20 +20, Marvin Barnes; el siempre polémico Spencer Haywood; el redimido a tiempo Chris Mullin o el JailBlazer Isiah Rider, quien fue tipo malo desde antes de sus inicios profesionales. También una de las personalidades que ayudaron a alimentar este universo. Jason Williams, "mil veces más rápido que Maravich, de clarividencia similar a Magic Johnson". Como un niño con zapatos y bicicleta nueva se hubiera sentido Gonzalo de haber podido pintar en vivo las proezas de Earl 'The Goat' Manigault, la leyenda del playground neoyorkino subyugado al turbio ambiente que le alimentaba, que le hacía sentirse vivo, pero que a la vez le destruia.

Ricky Berry, en su etapa colegial.
En otros ejemplos versados en el el libro, la tragedia estuvo alimentada por la desgracia. Directa o indirecta. Las enfermedades arruinaron la vida al espigado Marvin Webster; el atropello que truncó la carrera de Bobby Hurley o el que acabó con la vida de Malik Sealy, en su momento más dulce; el calvario matrimonial finalizado de la peor manera del prometedor Ricky Barry. Sin duda, las rodillas de barro de Ralph Sampson -imprescindible leer sobre el empecinamiento de Auerbach- en su fichaje y Brandon Roy,  personajes que pudieron marcar una época...El tremendo error de Jayson Williams o "el puñetazo más duro en la historia de la humanidad", como acuñara en su día Jack McCloskey. Tampoco el pálpitante y trágico final -no deseado- de Brian Williams (Bison Dale) podía escapar de la larga lista de caídos en desgracia.

El autor no duda -al menos es lo que piensa este hipnotizado lector- una pequeña colleja a una franquicia repudiada por muchos; "sin historia" , como la definen los más críticos. También objeto de burla por parte de los parientes ricos. Una franquicia que ha obviado a ilustres anotadores como Bob McAdoo o a un gran jugador con apellido común. Un tal Smith, que pasa por ser uno de los jugadores menos valorados en la historia de la competición.

Y es imposible huir de algunos pasajes que marcaron a dos de los jugadores más idolatrados por el autor:'El bajito más dominante en la historia de la NBA' y un jugador que controla las dos leyes fundamentales que Phil Jackson quiso que imperara su entonces pupilo Kobe Bryant. Dos momentos claves en las carreras de ambos y que se desarrollaron en su plenitud, pero no del mismo modo en ambos.

Gonzalo Vázquez.
'101 Historias NBA' (si se me permite, 100 historias y una fantasía) es un libro imprescindible para los ávidos devoradores de la producción vazquiana (que siempre piden más) sino también para los consumidores moderados de las piezas que Gonzalo Vázquez publica regularmente en los medios de comunicación. Historias, algunas, en las que nos invita a adentrarnos más si cabe en la piel de los personajes desde su real ficción, Transmitiendo una fiabilidad mucho más cercana que la que desprenden los férreos géneros periodísticos. Consigue, así, arrancar un sentimiento de rabia hacia quienes hicieron llorar a Oliver Miller; un vuelco en el corazón al 'ver' de nuevo como humeaba la pistola de Kevin Williams o simplemente arranca una sonrisa después de que el lector imagine cómo demonios fue posible que se materializara la autocanasta más famosa en lal historia de la NBA.

Después de leer, y releer, deposítese en la librería. En el estante de la I. De Imprescindibles.

 

Sobre el autor

Antiguedad: 
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Comentarios

Corriendo a comprarlo... No sabemos la suerte que tenemos de tener a un tipo como Gonzalo regalándonos perlas como este libro. Mi sueño es ver un día un partido comentado por él y Antoni Daimiel :D