Solapas principales

Famoso tiro de Christian Laettner en la prórroga que dio la victoria a Duke sobre Kentucky 103-102,  el 28 de Marzo de 1992 (Foto: Cortesía Duke)

Christian Laettner, 15 años de la canasta que le llevó a la gloria

  • 28 de marzo de 1992, Spectrum Arena de Filadelfia, 17.848 almas aguantando la respiración. Estamos en la prórroga de la final del este del campeonato universitario. Quedan dos segundos y Duke, la mítica y odiada universidad del estado de North Carolina, pierde 103-102. Un artículo de Mariano Galindo y Roberto Sonora
Grant Hill, el chico bueno del barrio, saca de fondo y su pase de béisbol recorre 33 metros para acabar en las manos de un consagrado Christian Laettner. Rubio, blanco, alto (2.11) algo espigado y con cierto aspecto de debilidad, Laettner no duda: recibe de espaldas, finta a la derecha y se da la vuelta por su lado izquierdo para lanzar a falta de dos décimas. No había fallado un lanzamiento en todo el partido (10/10 en tiros libres y 9/9 en tiros de campo) y tampoco lo iba a hacer entonces. Canasta limpia y la gloria para él.



Lo demás fue mucho más fácil. Duke ganó la Final Four en Minessota al imponerse en la final a Michigan 71-51. En realidad, sólo repetían lo que ya habían hecho un año antes al imponerse a Kansas 72-65.

Y es que Laettner sabía de esto: todos sus años de universidad se cuentan como presencias en la final a cuatro y es el único jugador de la historia que ha sido titular en todas ellas. Resultado de una carrera hasta entonces perfecta: Duke le rinde honores y retira su camiseta con el número 32. Laettner culmina el mejor año de su vida colgándose el oro olímpico en Barcelona, como parte del mejor equipo de la historia del baloncesto.

NBA ¿Fracaso o simple acomodamiento?

Pero antes de los Juegos Olímpicos los Timberwolves se hacían con sus servicios. Laettner cambiaba la cosmopolita y moderna costa Este por la fría Minessota. El hecho de que sólo fuese superado en la elección por Shaquile O’Neal y Alonzo Mourning nos da una idea de lo mucho que se esperaba de él en la mejor liga del mundo.

Sin embargo, los tiempos del mejor baloncesto de Laettner ya habían pasado. Aunque en su temporada de rookie consiguió formar parte del equipo de novatos y cinco años más tarde fuera suplente del equipo del ALL- STAR de la Conferencia Oeste, el chico prodigio de Duke jamás llegó al nivel que su ficha y su pasado presuponían.

Un año después de alcanzar su tope como jugador profesional, Laettner sufre varias lesiones que le dejan sin jugar gran parte de la temporada 1998- 1999, que estuvo marcada por una huelga de jugadores que redujo el calendario. A partir de aquí su paso es algo más discreto, primero en Detroit y más tarde en Dallas y Washington, para terminar en Miami. Allí, paradójicamente, se encuentra con dos hombres de su generación, los dos pivots que le habían precedido en el draft de 1992: O’ Neal y Mourning. El ex de Duke al igual que Mourning buscaba en los Miami su última oportunidad de conquistar un anillo. ‘Zo’ sí lo consiguió pero el bueno de Laettner se retiró antes de poder acompañar al gran Shaquile hacia la consecución de un nuevo anillo.

Sigue la pista del dinero

Pero el preferido de Duke tenía otros planes en su vida, que a partir de ahora iría entre los negocios, la especulación, compra y venta de equipos, bienes y empresas y la filantropía (ha donado 2 millones de dólares a Duke y otro a una escuela de Buffalo, Nueva York).

En 1995 Laettner crea, junto con su compañero de Duke Brian Davis, la compañía Blue Devil Ventures (BDV), un consorcio a medio camino entre la fundación y la actividad empresarial pura que igual rehabilita un barrio bajo en Durham que intenta comprar los Menphis Glizziers.

Laettner estudió sociología, pero no se le dan mal las finanzas. No se sabe con certeza cuál es su patrimonio o el de su empresa, pero lo cierto es que andan sobrados de ‘cash’. A la compra del equipo de béisbol Triple A, de Phoenix, junto a Jason Kidd o los famosos inversores hermanos Barry, se ha unido recientemente la compra, por 33 millones de dólares del United de la liga de ‘soccer’ de Estados Unidos.

Sin embargo, el dinero no fue suficiente para que el neoyorkino comprase el equipo de Gasol, que, por el momento, sigue perteneciendo a Michael Heisley. La fortuna de nuestro hombre no alcanza para pagar lo que pide el dueño de una de las peores franquicias de la NBA, valorada en 360 millones de dólares. Laettner y sus socios necesitaban 252 para hacerse con el paquete mayoritario pero no los consiguieron, o no los quisieron conseguir, y el 16 de enero abortaron la misión.

Al fin y al cabo, los Menphis no valen tanto. Ahora, Laettner y espermos que pronto Gasol, empieza nuevas aventuras lejos de la provinciana San Luis.


Este artículo está escrito en colaboración con Roberto Sonora, auténtico impulsor del texto.


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