Solapas principales

Del showtime al Lob City

  • Los Clippers ya no son humillados por sus vecinos. La historia ha cambiado de guión.

La ciudad de Los Ángeles sigue contando con glamour, con caché y con todas las estrellas del mundo de Hollywood asistiendo al Staples Center. Los focos siguen dirigiéndose a una ciudad que respira baloncesto. No solo es un baloncesto atractivo para el aficionado, sino que suele marcar una época, con más o menos anillos, pero con un aspecto distintivo.

La época de los 80 pasará a la historia por un juego jamás visto. El showtime liderado por Magic levantaba a los aficionados de sus asientos, te sorprendía partido tras partido y conseguía resultados. Cada jugada desprendía ese aroma de espectáculo. Cuando el número 32 agarraba el balón y se disponía a correr el contraataque las defensas se aterrorizaban. El balón podía ir a cualquier parte. La imprevisibilidad y la visión de Magic permitía que lo menos esperado sucediera y que la admiración de condicionales y detractores fuese la tónica.

Los Ángeles vivía entonces el clímax. Un apogeo permanente en una ciudad dónde todo parece ser de oro. Los Lakers dejaban en la sombra a sus vecinos, los Clippers. Eran como el patito feo, el “otro equipo de la ciudad”, los eternos olvidados.

Pero las tornas han cambiado. La edad y la evolución de otros equipos de la liga han ido devaluando a los Lakers de Kobe Bryant, aunque éste intente mantener a los suyos lo más cerca posible de la cima. Ahora, tras muchos años de poner la cara y aguantar todo tipo de bromas, los Clippers son el equipo de moda en Los Ángeles. El espectáculo se vive con los Blake Griffin, DeAndre Jordan, Chris Paul y compañía. Doc Rivers ha sabido mantener el estilo de juego que aparece diariamente en los highlights y además ha sabido aportar su granito de intensidad defensiva y competitividad en momentos duros.

Para refrendar y poder validar este estilo de juego, denominado Lob City, los Clippers deberían ganar un anillo, algo poco probable viendo actualmente el nivel de Thunder, Heat, Pacers o los siempre perennes Spurs.

Chris Paul es el artífice de la imaginación. El arte de botar, botar y botar hasta encontrar el pase más claro para que Blake Griffin o DeAndre Jordan machaquen sin piedad y ante cualquier tipo de oposición es ya habitual en cada partido que estos dos colosos se enfundan la elástica de los Clippers.

El arte de los contraataques es su gran virtud, su seña de identidad. Correr, con pases, y mandarla al cielo para que la bajen BG o DJ. Quizás la diferencia está en la imaginación y la magia, pero la contundencia y brutalidad de los mates difícilmente se han visto en otra época de la NBA.

Los Clippers han sabido borrar, o guardar en esa carpeta del disco duro que jamás consultas, el showtime. Quizás cuando muera este estilo de juego la nostalgia volverá a colocar a Magic y su ADN en lo más alto por la eficiencia que tuvo. Ahora, Doc Rivers tapa los anillos de los amarillos con pósters de sus jugadores y la NBA habla bien de Los Ángeles para hablar de ellos.

De los vecinos pobres, aquellos que estaban hastiados de siempre perder. Los eternamente humillados. Quién ríe último ríe mejor dicen. 

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