Drazen Petrovic: de Sibenik a la NBA

  • El genio de Sibenik: una leyenda europea que triunfó a nivel mundial.

Año 1964. Los Boston Celtics se proclaman campeones de la NBA, derrotando en las finales a los San Francisco Warriors por un contundente 4-1. Es el sexto título consecutivo (séptimo en ocho años) para la franquicia de Massachusetts, liderada por el legendario Bill Russell en la cancha y con Red Auerbach al mando en el banquillo. Pero pasemos a lo que nos concierne…

Ése mismo año, en concreto un 22 de Octubre, nació en la ciudad croata (en aquel entonces Yugoslava) de Sibenik, situada a orillas del mar Adriático, la persona que años más tarde protagonizaría las batallas baloncestísticas más importantes en el continente europeo. Su nombre era Drazen Petrovic. Jole y Biserka, padres de Drazen, tenían otro hijo cinco años mayor que éste, llamado Aleksandar. En su infancia, Drazen tenía bien claro cuál era su principal referente: su hermano mayor. Le tenía un enorme aprecio y siempre trataba de imitarle. Era como un espejo en el que mirarse. Un buen día, Aleksandar decidió probar suerte con el deporte, eligiendo así el baloncesto. En consecuencia, el pequeño Drazen siguió sus pasos y comenzó a familiarizarse con la pelota naranja que posteriormente pasaría a ser uno de los pilares más importantes de su vida.

Con 15 años, Drazen jugaba en las categorías inferiores del principal club de baloncesto de su ciudad, el Sibenka Sibenik. Ese mismo año (1979) en el que el joven Petrovic cumplió los quince años, el primer equipo de su club ascendió a la primera división del baloncesto yugoslavo. Fue entonces cuando nuestro protagonista comenzó a tener sus primeros contactos con el baloncesto profesional, pudiendo disfrutar de algunos minutos en algún que otro partido con el primer equipo.

Drazen era muy joven todavía. Según su propio hermano Aleksandar: “En aquella época tenía un tiro horrible”. Sin embargo, gracias a su disciplina de entrenamiento y sus inmensas ganas por mejorar, consiguió perfeccionar poco a poco su juego, y sus minutos en el equipo fueron incrementándose con el paso del tiempo. En su última temporada (82-83) con el Sibenka Sibenik, con tan sólo 18 años, ya era el líder indiscutible de su  equipo y el máximo anotador de la liga yugoslava, con 24 puntos de media por partido.En apenas tres años, había pasado de ser el juvenil que esporádicamente disputaba algunos minutos con el primer equipo, a convertirse en el máximo anotador de la competición nacional y líder absoluto de su equipo. Su superioridad frente a los rivales era palpable. Aquel año, Drazen recibió el galardón de mejor jugador de la liga. Su carrera no había hecho más que empezar.

Drazen Petrovic, jugando en el Sibanka, supera a su hermano Alexander, jugando en la Cibona.                    

(Drazen en su etapa con el Sibenka Sibenik. Al fondo, su hermano Aleksandar)

En la temporada 83-84 se produjo un parón en la carrera deportiva de este jugador. No, no había sufrido ningún tipo de lesión. Sin embargo, debía cumplir con el servicio militar obligatorio, lo cual le alejaría de las competiciones oficiales durante dicho periodo de tiempo. Drazen tomó la decisión de que el ciclo con el equipo de su ciudad natal había llegado a su fin. Quería aspirar a más, quería ir a un equipo más grande, quería comerse el mundo. Tenía todo ese año para decidir cuál sería su destino la temporada siguiente, y las ofertas empezaron a llegar.

Desde Estados Unidos, la Universidad Católica de Notre Dame y la Universidad de California Los Ángeles (UCLA) se interesaron seriamente por él. Las ofertas eran muy atractivas, sin embargo, Drazen decidió decantarse por la oferta que la Cibona de Zagreb le había propuesto. ¿Las razones principales para elegir este destino? En primer lugar, allí podría compartir equipo con su hermano Aleksandar, y en segundo lugar, jugando en ese equipo tendría la oportunidad de luchar por la Copa de Europa, título que por aquel entonces ansiaba conquistar a toda costa. Pero antes de empezar a jugar con la Cibona, el joven Petrovic debía cumplir con su servicio militar. Drazen fue destinado a la base militar de Pula, al noreste de Croacia. Allí coincidió con Velimir Perasovic. Ya se conocían de haber compartido equipo en las categorías inferiores de la selección yugoslava, pero durante este periodo de tiempo su amistad se afianzó y se hicieron buenos amigos.

En la actualidad, Perasovic recuerda con nitidez aquella etapa de su vida junto a su amigo Drazen: "Hicimos la mili juntos. Él estaba en un cuartel y yo en otro, pero después nos juntábamos. Estuvimos durante seis meses jugando baloncesto      1 vs 1 todos los días. Era un jugador que nunca quería perder. En aquella época había poco conocimiento de preparación física. Nos poníamos chalecos con pesas y corríamos como locos. Era un jugador con una ambición diferente. Entrenaba como un loco y vivía el baloncesto todos los días".

Tras seis meses en Pula entrenando su puntería, por las mañanas en el campo de tiro y por las tardes en la cancha de baloncesto, fue trasladado a Belgrado, donde finalizó su formación militar.

En la temporada 84-85 Drazen iniciaba su etapa en la Cibona de Zagreb. Sus objetivos estaban bien definidos: ganar todos los títulos posibles y seguir creciendo como jugador con la intención de, algún día, llegar a convertirse en el mejor jugador de baloncesto del mundo. Pues bien, aquella campaña nuestro protagonista se proclamó campeón de la Liga Yugoslava (siendo el máximo anotador de dicha competición y recibiendo el premio de mejor jugador de la misma en aquel año), campeón de la Copa Yugoslava y campeón también de la Copa de Europa (repitiendo galardón de máximo anotador y mejor jugador al igual que en la competición doméstica). Drazen había explotado por completo. Había demostrado que podía ser el líder de un equipo grande. Con 20 años era ya uno de los mejores jugadores de Europa.

En su siguiente temporada (85-86) con la Cibona subió un peldaño más en su rendimiento individual. No pudo conseguir el triplete de nuevo, pero fue capaz de revalidar el título de campeón de la Liga Yugoslava (liderando a su equipo en anotación con 40 puntos de media por partido entre la temporada regular y los playoffs) y el título de campeón de la Copa de Europa (anotando 37 puntos de media por partido).

                        (En su etapa con la Cibona dejó jugadas para el recuerdo)

Sus actuaciones sobre la cancha de baloncesto eran un regalo para los ojos de los espectadores. Drazen era un jugador muy especial. Había algo que le diferenciaba de los demás: su actitud y su ambición. Siempre quería conseguir la victoria, fuese como fuese. Era un ganador nato. Su desmesurada ambición hacía que se  transformara en otra persona completamente distinta cuando estaba en cancha. Broncas, empujones, tanganas, insultos, cortes de mangas al público rival… Petrovic también era un genio en este apartado del juego. Sabía cómo y cuándo utilizar estas triquiñuelas en beneficio de su equipo.

“Para mí lo importante es ganar el partido y para conseguirlo utilizo todos los recursos legales a mi alcance. No es importante jugar mal al si al final se gana.” “Reírme de los rivales es algo que no haría fuera de la cancha. Sé que en mí hay dos personas: una en la cancha con mucho temperamento y otra fuera, muy tranquila, cien por cien distinta” decía justificándose así ante los ataques hacia su persona.

Con tan sólo 22 años ya había ganado todo lo ganable a nivel de clubes en su país. Su ambición le pedía más. Él sabía que no estaba jugando contra los mejores jugadores del mundo, y también sabía que éstos se encontraban al otro lado del charco. La solución estaba clara y su objetivo también. Su siguiente sueño a cumplir: triunfar en la NBA. “Drazen hablaba todo el rato de la NBA. Estaba obsesionado con la liga y sus jugadores. Él siempre quería ir un paso más allá” reconoce su amigo Perasovic.

Fue en 1986 cuando Petrovic tuvo su primero acercamiento con la mejor liga de baloncesto del mundo. En junio de ese mismo año, fue seleccionado en la posición nº 13 de la 3ª ronda del draft de la NBA (posición nº 60 del total en el draft) por los Portland Trail Blazers. En agosto, los Blazers le ofrecieron un contrato de un año. Una de las cláusulas de dicho contrato era que no podría jugar con su selección nacional en verano. Ante tal situación, y sabiendo que había más equipos interesados en hacerse con sus servicios, Drazen rechazó la oferta.

El siguiente equipo que contactó con el yugoslavo fue el FC Barcelona. Estuvieron muy cerca de llegar a un acuerdo, pero finalmente la operación no se cerró. Fue entonces cuando el Real Madrid se introdujo en la puja por el jugador. Desde un primer momento ambas partes se entendieron, y a finales de octubre Drazen acabó firmando un contrato de cuatro años con el club español que le convertiría en jugador blanco en la etapa de 1988 a 1992. Pero antes, debía finalizar su andadura en Zagreb.

Jugó durante dos temporadas más (86-87 y 87-88) con la Cibona. En el 87 ganó la Recopa de Europa y en el 88 levantó (por tercera vez desde que llegó al club) el título de campeón de la Copa Yugoslava. Se podría decir que en su etapa en Zagreb, el éxito que experimentó Petrovic fue de más a menos y de menos a más.

Por un lado, en el apartado colectivo, en su primera temporada consiguió el triplete (liga y Copa yugoslava y Copa de Europa). Digamos que fue llegar y besar el santo. Sin embargo, los títulos conseguidos en las siguientes temporadas fueron disminuyendo progresivamente. Por el otro, su progresión como jugador fue siempre ascendente. Gracias a horas de arduos entrenamientos en solitario y a la experiencia adquirida mediante la disputa de numerosos partidos en competiciones oficiales (tanto con la Cibona como con la selección Yugoslava durante el verano), Drazen fue creciendo como jugador. Su técnica era cada vez más depurada y su visión de juego había dado también un salto de calidad.Su exitosa etapa en la Cibona de Zagreb había concluido. Tocaba cambiar de aires. Seguiría saciando su ambición, pero en otro lugar. Próximo destino: Madrid.

Petrovic llegaba a la capital española, en parte, como una herramienta de marketing. Era un jugador con mucho tirón mediático y la liga española quería aprovecharse de ello para seguir mejorando y creciendo hasta convertirse en la liga más competitiva del continente. A pesar de ello, indudablemente llegaba al Real Madrid como lo que era, uno de los mejores jugadores de baloncesto del momento en Europa. Aun así, no todo fueron alabanzas para el yugoslavo. La prensa era muy crítica con él. Decían que era demasiado individualista. Que no defendía. Que no acabaría triunfando en el Real Madrid. Era el turno de Drazen. Tocaba demostrar a toda esa gente que estaban equivocados.

En Octubre de 1988 Petrovic tuvo su primer contacto real con la NBA. Entre el 21 y 24 de ese mes se disputó en Madrid el Open McDonalds, que reunía a los mejores equipos continentales y a un representante de la NBA. Aquel año, el invitado americano fue el equipo de los Boston Celtics, que venían de conquistar recientemente unos cuantos títulos al otro lado del charco con el mítico Larry Bird como principal estrella. 

Tanto el Real Madrid como los Boston Celtics vencieron en sus respectivas semifinales, lo cual suponía que se verían las caras en la final del torneo. Petrovic tenía en este encuentro la oportunidad perfecta para demostrar a los americanos que estaba a su mismo nivel, que perfectamente podía jugar en la NBA. Al final, los Celtics se llevaron la victoria y Larry Bird fue elegido MVP del torneo. Drazen acabó la final con 22 puntos y unos malos porcentajes de tiro, probablemente a causa de su anhelo por demostrar a todo el mundo la mejor versión de sí mismo. Aun así, a pesar de no haber desplegado el mejor de sus juegos, había ofrecido una pequeña muestra de lo que era capaz de hacer frente a uno de los mejores equipos de la NBA por aquel entonces.

Open McDonald’s 1988: Real Madrid 96–Boston Celtics 111. Drazen Petrovic acabó el partido con 22 puntos, Larry Bird con 29 (Foto: Gigantes)

(Jugando la final del torneo contra los Celtics)

Pero si algún día quería llegar a jugar en la NBA, antes tocaba centrarse en hacer las cosas bien con el Real Madrid. La primera gran cita de la temporada 88-89 para Drazen llegó en la final la Copa del Rey. El rival a batir, el que podría haber llegado a ser su equipo en el pasado, el FC Barcelona. Tras un encuentro muy igualado, el Madrid terminó llevándose el gato al agua. Petrovic anotó 28 puntos y levantó el primer título de la temporada. Su andadura en el club blanco comenzaba con éxito.

El siguiente objetivo en el punto de mira era la Recopa de Europa, y el camino hasta la final no sería nada fácil. En semifinales, Drazen se enfrentaría a un viejo conocido, la Cibona de Zagreb. El resultado del primer partido (de la eliminatoria a ida y vuelta) en el pabellón de la Cibona fue de 91-92 a favor de los españoles. Igualdad máxima en la eliminatoria. Todo se resolvería en el partido de vuelta, en Madrid. Se esperaba que este segundo y definitivo partido fuera una lucha de tú a tú entre dos de los mejores equipos del continente europeo. Sin embargo, Drazen se adueñó del protagonismo del partido: 47 puntos con 13/17 en tiros de campo. El Real Madrid pasaba a la final por la puerta grande, donde se enfrentaría al Snaidero de Caserta del mítico Oscar Schmidt.

Martes 14 de marzo de 1989, Atenas, Grecia. El día de la gran final de la Recopa de Europa. Cibona vs Snaidero. Drazen vs Oscar. El encuentro disputado aquel día en aquella ciudad está catalogado como uno de los mejores partidos de la historia del baloncesto europeo. Una exhibición protagonizaba por dos de los mejores cañoneros del mundo en aquel entonces. Un espectáculo digno de ver.

El partido se decidió en la prórroga. Drazen (62 puntos) le ganó el duelo anotador a Oscar (44 puntos) y el Real Madrid se proclamó campeón por 117-113. Petrovic se había convertido en un dios del baloncesto. Con tan sólo 24 años había demostrado que no tenía rival. Su superioridad sobre el resto era indiscutible. Europa a sus pies.

La temporada no podía ir por mejor camino. Dos títulos conseguidos y todavía quedaba luchar por el trofeo de liga. Después de superar sin mayor dificultad sus eliminatorias de cuartos de final y semifinales frente a Taugrés Baskonia y Ram Joventut respectivamente, el Real Madrid se plantó en la final, donde le esperaba el eterno rival: el FC Barcelona. La final no puede estar más igualada y se llega al quinto y definitivo partido. El FC Barcelona ha finalizado en primera posición la temporada regular y cuenta con el factor cancha, así que el escenario será el Palau Blaugrana. El partido no tuvo mucha historia. El Barcelona fue superior al Madrid y se hizo con la victoria y con el título de campeón de liga. Drazen no ofreció la mejor de sus versiones en aquel decisivo encuentro. Había sido su último partido con el Real Madrid, a pesar de que le quedaban otros tres años de contrato.

(Defendiendo la camiseta blanca. Siempre fue un jugador muy expresivo en pista)

Al no haber ganado la liga, el Madrid no disputaría la Copa de Europa la temporada siguiente. Al mismo tiempo, la relación amor-odio entre Petrovic y Fernando Martín había llegado casi a su límite. Teniendo en cuenta estos dos factores y la obsesión que Drazen tenía por jugar en la NBA, su marcha del club madrileño era inevitable.

A finales del verano de 1989, después de haber ganado la medalla de oro del campeonato de Europa con la selección yugoslava, Drazen firmó un contrato con los Portland Trail Blazers. Ya era oficial, jugaría en la NBA. Eso sí, años antes (en concreto en 1986) ya había dejado bien claras sus intenciones con respeto a la liga americana: “Lo que no me gustaría es ir a la NBA para jugar sólo diez minutos. Jamás aceptaré ir a América para estar en el banquillo, a pesar del dinero”. Su objetivo era triunfar entre los mejores. Superar a las estrellas norteamericanas. Ser el mejor jugador del mundo.

El 3 de noviembre de 1989 Drazen Petrovic debutó en la NBA frente a los Sacramento Kings. Anotó 7 puntos en 10 minutos de juego. Su sueño se había cumplido, en parte. Ya estaba entre los mejores, pero ahora tenía que demostrar que era capaz de triunfar en aquella liga. Las semanas iban pasando y Petrovic veía que sus minutos en cancha no aumentaban. La realidad era que había llegado a un equipo que aspiraba a pelear por el título de campeón de la NBA. Teniendo en cuenta que Drazen se trataba de un rookie europeo cuyas carencias defensivas eran bastante evidentes, la opción de dejarle en el banquillo la mayor parte del tiempo fue la elegida por su entrenador Rick Adelman.

(Su etapa en Portland fue el primer obstaculo que Petrovic tuvo que superar en la liga)

El propio Petrovic ironizaba sobre su situación en el equipo: “Soy el jugador mejor pagado de la NBA, gano millones por jugar cinco minutos, eso si el entrenador está de humor y el partido está decidido”.

La temporada regular llegó a su fin. Sus estadísticas reflejaban 7,6 puntos por partido en 12 minutos de juego por encuentro, unos promedios bastante mediocres. Los Blazers se plantaron en las finales de la NBA, donde acabaron cayendo derrotados por 4-1 frente a los Pistons. Sus estadísticas en playoffs, muy parecidas a las registradas durante la fase regular: 6 puntos por partido en 12 minutos de juego.

Durante el verano de 1990 Drazen entrenó en solitario día tras día con un único objetivo en su cabeza: hacerse un hueco en el equipo la temporada que viene. Al mismo tiempo, ganó la medalla de oro en el campeonato del mundo de baloncesto disputado en Buenos Aires en la que sería su última competición oficial con la selección yugoslava. Parecía que el baloncesto volvía a sonreírle después de un primer mal año en la liga americana, sin embargo las malas noticias no tardaron en llegar. Ese mismo verano los Blazers ficharon a Danny Ainge, un base-escolta anotador de renombre con experiencia en la liga. Esta noticia no le sentó nada bien a Petrovic, y mucho menos aun cuando al empezar la temporada vió que sus minutos en pista disminuían.Estaba harto. No había llegado hasta la NBA para quedarse sentado en el banquillo. Drazen no aguantaba más y expresó su descontento a la directiva. Dejó bien claro que quería ser traspasado.

Los días pasaban y él seguía sin poder demostrar su valía. Estaba “castigado” al fondo del banquillo, era un mero observador. Su paciencia se estaba agotando. Pero de repente, llegó la noticia que llevaba meses esperando. El 26 de enero de 1990, a consecuencia de una operación a tres bandas, Drazen fue traspasado a los New Jersey Nets. “Se acabó, conseguí lo que quería. Nadie va a pararme ahora” declaró al conocer la noticia.

Desde su llegada a la franquicia de New Jersey las cosas mejoraron de inmediato. En los 43 partidos que jugó en su primera (media) temporada con los Nets promedió 20,5 minutos por partido en los que anotó 12,6 puntos de media. Drazen volvía a sonreír, volvía a disfrutar sobre una cancha de baloncesto.

Su segunda temporada (primera completa) con los Nets fue un verdadero triunfo a nivel personal. Titular indiscutible en los 82 partidos de temporada regular promediando 20,6 puntos por partido en 37 minutos de juego. 38 puntos una noche frente a los Pacers, 39 frente a los Celtics en otra, 40 puntos en su primer partido de post-temporada frente a los Cavs… Estaba desatado. El anotador compulsivo que había demostrado ser en Europa estaba de vuelta ahora en las canchas de la NBA. 

(Entrenó duro hasta conseguir una de las mecanicas de tiro más depuradas de la liga)

Ya lo había presagiado la temporada anterior nada más aterrizar en su nuevo equipo: “Los jugadores de la NBA son muy buenos, pero no son Superman. Si tengo treinta minutos por noche no hay ningún equipo al que no le meta más de veinte puntos”.

Al mismo tiempo que confirmaba sus predicciones pasadas, demostró a toda la liga lo buen tirador que era. Firmó un 44,4% de acierto en tiros de tres (123/277). La liga se hizo eco de su buena puntería a mediados de temporada y Drazen fue invitado al concurso de triples del All Star Weekend que se celebraba aquel año en Orlando. Sin embargo, quizás algo nervioso por la novedad del escenario, Petrovic no firmó buenas series de tiro y acabó eliminado en la ronda de semifinales.

El balance de 40 victorias y 42 derrotas le valió en aquella temporada a los Nets para meterse en playoffs. A pesar de caer en primera ronda frente a los Cavaliers por 3-1, Petrovic promedió 24,3 puntos de media en aquella serie. Su rendimiento individual a lo largo del año había sido excelente. Drazen Petrovic era ya una realidad en una liga plagada de estrellas.

Llegó el verano y sus compromisos deportivos continuaban. Era año de Juegos Olímpicos. Tras el conflicto de los Balcanes, justo el año anterior (1991), Croacia había declarado su independencia. Drazen ya no vestiría más la camiseta yugoslava. Aquel año viajaría hasta Barcelona para jugar con su nueva selección, la selección Croata.  

Después de avanzar sin muchas dificultades hasta las semifinales y tras derrotar por tan sólo un punto de diferencia en estas a la CEI (Comunidad de Estados Independientes), Croacia y Petrovic se plantaron en la gran final. Allí esperaba el que para muchos ha sido el mejor equipo de baloncesto de la historia, el Dream Team, la selección de los EEUU. La final fue un simple trámite para los americanos en su camino hacía el oro. Cómoda victoria por 117-85 frente a unos croatas que solo aguantaron el tirón durante los quince primeros minutos.

Más allá del resultado final, el emparejamiento en cancha entre Jordan y Petrovic fue un duelo digno de ser presenciado. El americano se mostró muy duro en defensa, pero el croata no se achantó, y llegaron a protagonizar algunos piques que no acabaron pasando a mayores. Finalmente Petrovic (24 puntos) le ganó el duelo anotador a Jordan (22 puntos). Final de torneo y vuelta a casa con una más que meritoria medalla de plata colgada al cuello.

Olimpiadas de Barcelona en 1992, Petrovic intente maniatar a Michael Jordan

               (Petrovic vs Jordan. Duelo de titanes)

Meses más tarde, Drazen afrontaba su tercera temporada en los Nets con el objetivo de seguir progresando en la liga tanto a nivel individual como a nivel colectivo. Las cosas marchaban muy bien para él. Seguía teniendo un peso importante dentro del equipo y se encontraba muy cómodo en cancha. El 24 de enero de 1993 batió su record de anotación en un partido en la NBA: 44 puntos frente a los Rockets con 17/23 en tiros de campo. Estaba tocado por una varita mágica.

Llegó el ecuador de la temporada y Petrovic se sintió ninguneado. Se había hecho pública la lista de jugadores que disputarían el All Star Game y él no formaba parte de la misma. Era el único jugador de los quince primeros en anotación de toda la liga que no había sido seleccionado para disputar el All Star Game. Sin embargo, volvió a ser invitado para participar en el concurso de triples al igual que en la temporada pasada.Drazen estaba indignado: "Si no me han elegido para el All Star Game de la NBA este año, no sé cuándo lo van a hacer. No sé cómo tomarme esta injusticia. Me invitaron para el concurso de triples, pero lo rechacé. Les dije: ‘No gracias, yo pertenezco a la cancha de juego’”.

Después de la decepción sufrida, las semanas fueron pasando y la liga regular llegó a su fin. Sus estadísticas reflejaban una media de 22,3 puntos por partido en 38 minutos de juego. Sus promedios habían experimentado una pequeña mejoría de un año para otro. Petrovic seguía mejorando progresivamente. Como premio a su gran temporada, fue incluido en el tercer mejor quinteto de la liga, siendo así el primer jugador europeo en lograr dicho galardón.

Con un balance de 43 victorias y 39 derrotas los Blazers finalizaron en la sexta posición de la conferencia este. El rival en primera ronda sería el mismo que el año pasado: Cleveland Cavaliers. Por desgracia, el resultado final también fue el mismo, y quedaron eliminados a las primeras de cambio. A pesar de ello, su cuarta temporada en la NBA había sido todo un éxito a nivel individual. Su trayectoria iba por buen camino.

Semanas más tarde, a finales de mayo, Petrovic recibe la llamada de la selección croata para disputar el preeuropeo de Polonia con el propósito de clasificarse para el Europeo que más tarde se disputaría en Alemania ese mismo verano. Su gente más próxima le recomienda descansar. A priori su selección no tendría grandes dificultades para clasificarse si él no acudía, pero su carácter competitivo y el amor que siente por su país le exigen asistir a dicha cita.

Croacia gana sus partidos sin dificultades y se mete en la final del torneo, donde se enfrentará a Eslovenia. Ambas selecciones están ya clasificadas para el Europeo. El 6 de junio se disputa la final, Eslovenia gana 94-90 y Petrovic anota 30 puntos. El objetivo ya está cumplido, es hora de descansar y desconectar durante un tiempo.

El equipo viaja de vuelta a Zagreb haciendo escala en Frankfurt. Estando en el aeropuerto de la ciudad alemana y a punto de embarcar para volver de vuelta a su país, Drazen decide a última hora cambiar de planes. Se irá a Munich a descansar durante un par de días con su novia Gabriela  y una amiga de esta.

Su novia y su amiga pasan a recogerle por el aeropuerto y se dirigen en coche a Munich conduciendo hacia el sur por la autopista A-9. Drazen duerme plácidamente con la satisfacción del deber cumplido en el asiento del copiloto

Son las 17:20 del día 7 de junio de 1993. De repente, todo se apaga. El sueño se termina. Un camión que viaja en dirección contraria derrapa a causa de la lluvia y se salta la mediana, golpeando bruscamente el lado derecho del automóvil en el que viajan Drazen y sus dos acompañantes. Las dos chicas resultan heridas, Drazen Petrovic muere en el acto.

Se escuchan sirenas a lo lejos. Gabriela llora desconsolada. El cielo se oscurece. La noticia comienza a extenderse. Su madre Biserka sufre una crisis de ansiedad al recibir la noticia. Nunca antes la realidad había dolido tanto. Un maldito accidente de tráfico había terminado sin previo aviso con su vida y con su exitosa carrera deportiva en el mundo de la canasta.

Muchos eran los rumores sobre su vuelta a Europa la temporada siguiente. Aunque su verdadero deseo era continuar en la NBA. Perseverar todo lo que hiciera falta hasta alcanzar el éxito. Ganar un anillo de campeón. Ser el máximo anotador de la liga. Sacar de sus casillas a todos los defensores que trataran de frenarle. Todos estos objetivos le rondaban por su cabeza, y su progresión a lo largo de las temporadas previas parecía indicar que iba bien encaminado para lograrlos. Quién sabe hasta donde habría llegado. Por desgracia, jamás lo sabremos.

Meses más tarde ese mismo año, en diciembre, la franquicia de los New Jersey Nets retiró su camiseta con el número 3. Pasaron los años, y en 2002, fue introducido en el prestigioso Hall Of Fame. El mundo entero se rendía ante su figura.

Aquel fatídico 7 de junio el destino nos privó de innumerables noches mágicas protagonizadas por el genio de Sibenik, haciendo diabluras con el balón en sus manos en su lugar preferido de La Tierra: la cancha de baloncesto. Aquel día, millones de personas lloraron su marcha.

Hoy, al menos, podemos disfrutar y sonreír con su recuerdo.

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Comentarios

Poco antes de su muerte crecían cada vez más los rumores de su incorporación a los Knicks, con los cuales creo que Drazen hubiera conseguido a buen seguro lo que tanto mereció ya en el 93 y que fue lo único que le faltó por conseguir: ser el primer europeo en conseguir jugar el All-Star sin haber pasado por la NCAA. Gracias por el artículo.

También se rumoreaba que le había ofrecido un cheque en blanco el dueño del Panathinaikos (como le ofrecieron a Sabonis antes de ir a la nba)...allí habría coincidido con Gallis. Casi nada

Cuando hay un artículo sobre Petrovic lo devoro en un momento, es una figura apasionante. El escrito me ha encantado, ya que me hace recordar partidos de una época en la cual el baloncesto tenía otro aroma...pero hay que matizar alguna cosilla: en el quinto partido de la final de liga, sí que tuvo historia ya que al descanso el Madrid ganaba por dos y acabó el partido con cuatro tíos en pista (a Petrovic lo echaron por toser); y en la final olímpica de Barcelona, en el minuto diez de partido los croatas ganaban por dos haciendo que Chuck Daly pidiera el primer y único tiempo muerto que aquella fantástica selección americana utilizó en todo el campeonato. Al final la paliza fue de 32 puntos, y en la fase previa los croatas perdieron contra EEUU por 33, siendo los dos partidos con menor diferencia de puntos en las victorias del dream team.

Con todo esto y con el aprecio que le tengo a Pau, coincido con a.walker en que Petrovic ha sido el mejor jugador europeo de la historia, por su físico, época, logros y posición en la cancha

Personalmente, habiendo visto jugar a los dos, tengo mis dudas al nombrar a Arvidas Sabonis o Drazen Petrovic, y me surgen dudas al compararlo con Dirk.
Petrovic era un genio al servicio del deporte; todo trabajo, disciplina, calidad y ambición para conseguirlo, Sabonis llevó la IQ en la cancha al límite y lo superó, minimizando el impacto del físico, mermado al extremo.
Dirk es el anotador por excelencia, alguien que marca una época, pero que nunca jugó en Europa, y lo consideramos un poco menos "Europeo" que a los otros dos.
Por debajo de ellos, Parker, Pau, Stojakovic, para mi al mismo nivel los tres, se acercan Divac o Kukoc que vivieron otra época, pero fueron ellos los que abrieron camino en USA a golpe de calidad, sin ellos y sin Petrovic, Dirk hubiera tenido más problemas para llegar a la NBA, y para destacar en ella.

Estoy muy de acuerdo en tu análisis pelolovic. Yo equipararía a Drazen y a Arvydas, el caso de Nowitzki no es equiparable (no digo que sea peor) porque como dices está más americanizado. Has nombrado auténticos fenómenos, pero además de talento y trabajo hay jugadores que han tenido un físico privilegiado que les ha ayudado a destacar (Sabonis, Pau, Kukoc, Nowitzki...)...por ejemplo Petrovic, Marciulonis o Parker lo han tenido más complicado (y además porque en la nba en esos puestos hay atletas). De todos modos, qué difícil es elegir al mejor de distintas épocas! y también que injusto para los otros...

Otro pequeño fallo: Sabonis no lideraba a la CEI en Barcelona 92, jugaba con Lituania la otra semifinal contra USA.
Enorme Petrovic, un gen competitivo único que le llevaba a ser un ganador incomparable. Para mí el mejor jugador europeo de la historia.

Buen artículo. Hay un párrafo que empieza "El balance de 40 victorias y 42 derrotas le valió en aquella temporada a los Blazers para meterse en playoffs." y creo que habla de los Nets, no de Blazers

Genio y figura, con defectos por pulir y alguna carencia pero en conjunto un crack, posiblemente uno de los 5 mejores europeos de la historia (Sabonis, Nowitzky, Parker, y me atrevo a poner Pau Gasol) y eso con 28 años.

Hay muchos candidatos a estar por ahí, de los que yo no vi jugar pero dicen que fueron muy buenos, Delibasic, Dalipagic, Belosteni, Valters, Belov, Korac, Cosic, Meneghin; o algunos más recientes como Marciulonis, Divac, Stojakovic, Schrempf o Toni Kukoc.

De los que comentas Belostenny (QEPD) no estaba a la altura del resto, aunque fue un buen pívot (en Zaragoza lo pudieron disfrutar). Efectivamente, ha habido tantos y tan buenos...

Seguro que lo son pero es que Pau es mucho Pau. Es más, en un combinado de méritos a nivel de logros NBA y selección, quizás sea el que más ha logrado

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