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Ginobili: una zurda para la leyenda

  • La majestuosa trayectoria del escolta

Hay jugadores que, por alguna razón, cautivan y atrapan más que otros. A ello contribuye en primer lugar la cuestión puramente baloncestística y de estilo: sus cualidades físicas y técnicas, el grado de espectacularidad, el hecho de que haga una o varias cosas a un nivel excelso, etc. Pero la fijación fetichista va más allá, porque a la hora de admirar a un jugador también interviene el aspecto mental, los valores/emociones que pueda transmitirte o la identificación personal con dicho deportista.

En mi caso influyó todo.

La primera vez que vi a Ginobili jugar pensé "este, este es el mío". Una conexión instantánea en la que tomas consciencia de que por algún motivo estás ante un jugador muy especial, que logra seducirte y cautivarte desde un prisma casi atávico. Estoy seguro de que a todos ustedes les ha pasado lo mismo con uno/varios jugadores. Saben de lo que hablo.

El desparpajo con la bola en las manos, la seguridad que transmite, su pasión aderezada de aroma latino…todo ello hacía y hace que, desde mi punto de vista, el argentino case a la perfección con ese sustantivo tan explotado, y hasta tergiversado, que se conoce como "ídolo".  

Por ello, y perdónenme el egoísmo, considero conveniente hacer una panorámica de la carrera y el legado que nos deja este jugador, y más si cabe después de lo ocurrido en las últimas Finales de la NBA. Simplemente me lo pedía el cuerpo. Les ruego que me disculpen si no he llevado a cabo un ejercicio profundo y mesurado de objetivismo (me resulta casi imposible), pero lo que si les puedo asegurar es que estas páginas están escritas con todo el mimo y el cuidado del mundo. 

Desde que diera sus primeros bandazos con la pelota en su ciudad natal, Bahía Blanca, pasando por su fichaje y triunfante periplo en Bolonia (donde ganó tanto liga italiana como euroliga), hasta su llegada a la NBA en la temporada 2002/2003, y como olvidar su trayectoria con Argentina, la carrera de Ginobili ha estado salpicada por éxitos, tanto individuales como colectivos, en absolutamente todos los lugares, niveles, países y competiciones en los que ha jugado. Su nombre es sinónimo de triunfo, de carácter ganador, de garantía competitiva.

Desconozco si en la gerencia deportiva de los San Antonio Spurs eran conscientes de lo que tenían entre manos cuando draftearon al escolta en 1999, nada más y nada menos que en la posición 57: es decir, un segunda ronda. Lo que si se es que acertaron de pleno. Durante la ceremonia del draft, a Rod Thorn se le intuía visiblemente incómodo tratando de pronunciar correctamente el nombre de "Emmanuel Ginobili", que por aquel entonces gozaba de un toque exótico importante. Incluso uno de los comentaristas, llegaba a afirmar (traducido):

"Este chaval entiende como salir de los bloqueos, entiende como moverse sin la pelota para conseguir su tiro, y es muy sólido defensivamente. Creo que es una buena elección en este punto del draft".

Manu Ginobili draft 6/30/99

Una frase que con el paso del tiempo resultaría ser lo que los americanos llaman "huge understatement". Es decir, una afirmación que se queda cortísima, demasiado corta. Casi como llamar a Michael Jordan un "buen jugador de baloncesto". De todas maneras, se la pasamos por alto al bueno de Hubie Brown, al fin y al cabo, eran los noventa y los equipos de scouting internacionales no gozaban de la sofisticación de la que hacen gala hoy día. Tampoco la cobertura de prensa americana (estábamos en la proto-era de Internet) sobre el baloncesto internacional era tan extensa.

En cualquier caso, el argentino tardaría muy poco en sorprender al mundo entero y hasta a su propio equipo. El Ginobili de los inicios era una auténtica pesadilla para la defensa. Ágil, absolutamente imprevisible, con una explosividad y una capacidad atlética muy superior a lo que su físico mostraba a simple vista, intuición privilegiada para anticiparse a las líneas de pase en defensa, buen tiro de tres, y por si fuera poco, zurdo. Por todo ello, y por salir siempre desde el banquillo (su territorio natural), el de Bahía Blanca se convirtió en el factor X de un equipo que alcanzaría el campeonato el mismo año de su debut, en la 2002/2003.

Lejos de rehuir y rechazar ese papel de sexto hombre que Popovich le ofreció desde el principio, Ginobili supo aprovechar al máximo e incluso adoptar con orgullo un rol que se tornaba igual o incluso más importante que el de los titulares estrella.

Su baloncesto suicida, ejemplificado en la tendencia a lanzarse sin remisión contra el aro rival, aunque este lo patrullara el mismo Shaq, desconcertaba al rival y provocaba el delirio exultante de la afición tejana. Cuantísimos partidos decidió Ginobili gracias a su "aportación microondas" desde el banquillo, perfecta para solucionar momentos crudos y faltos de ideas en San Antonio. Fueron muchos. Su objetivo siempre fue ganar y solo ganar. Jamás persiguió cultivar su gloria individual.

"Siempre he jugado así, de forma impredecible. Solo intento hacer lo que mejor se hacer, contribuir a que mi equipo gane".

Llegaría a declarar el propio jugador. Claro, conciso y sencillo. Sin más complicaciones.

La liga tampoco se quedaba corta a la hora de dedicarle loas de alto calado simbólico:

"Todo lo que hace es con el objetivo de ganar. Puede parecer que a veces hace cosas interesantes, pero no es con el objetivo de lucirse". Steve Nash

"Es el tipo de jugador que quiere el balón en las situaciones de mucha presión, y si no lo recibe, se queda mirando al entrenador como si dijera '¿no ves que estoy aquí?". Gregg Popovich

"Jugar con él es como jugar con un hermano". Tony Parker

"Puedes golpearle en el primer o en el último cuarto, da igual. Ese chico nunca se rinde". Kenyon Martin

 

ginobili_magazine_2005.jpg

Ginobili sports illustrated

Por aquel entonces, los Spurs eran el estandarte del baloncesto rocoso, lento y especulador. En esa filosofía baloncestística que concebía a Tim Duncan como su piedra filosofal, era el escolta argentino el que aportaba la chispa necesaria para romper la soporífera monotonía. Su juego fue subiendo enteros, de forma progresiva, para contribuir a que San Antonio se alzara con dos campeonatos más en 2005 (temporada en la que también debutó como all-star) y 2007. Al año siguiente la NBA por fin le rindió cuentas con un premio al "Mejor Sexto Hombre" que hacía mucho tiempo que venía reclamando.

Así pues, Ginobili había perfeccionado el arte de tener un impacto en el juego saliendo desde el banquillo. Ni Ricky Pierce, Schrempf, Kukoc, Starks, Ben Gordon, Vinnie Johnson, Terry o el actual Jamal Crawford. Ninguno estuvo a la altura de Ginobili. Quizás solo el primer Mchale en ese rol, y albergo mis dudas.

Curiosamente, el declive físico del argentino vino a coincidir con el declive de un estilo de juego en San Antonio, que había llegado al agotamiento conforme especialistas que lo encarnaban se retiraban (Bowen), o su jugador franquicia ya no podía soportar un bagaje alto de minutos durante una temporada entera (Duncan). En esta encrucijada, y sobre todo a partir de la temporada 2010-2011, Popovich modifica la ecuación y adopta un esquema distinto. En él sigue predominando el hambre competitiva, la solidaridad grupal y el premio (en forma de minutos) a los jugadores que se sacrifican en defensa. Pero algo ha cambiado. El punto de focalización en ataque pasa de Duncan a Ginobili, y sobre todo Parker, con lo cual la velocidad del juego aumenta, la creatividad se va abriendo paso y el pick n roll, con todas sus variantes y vectores, se convierte en la nueva seña de identidad del conjunto. Se combina a la perfección la superioridad física americana con el espíritu colectivo que es seña de identidad en Europa. Parker y Ginobili, y por supuesto todavía Duncan, son las puntas de lanza de un baloncesto que venera el movimiento de balón y el tiro para el hombre abierto.

En este escenario, el escolta se mueve como pez en el agua. Debido a los problemas de lesiones que arrastran jugadores importantes de San Antonio, en aquella 2010-2011 Manu aparece muchos partidos como titular cumpliendo de forma exitosa. Durante varios meses es el verdadero líder de los tejanos en pista, acumula varias canastas ganadoras sobre la bocina, e incluso cosecha algunos votos para el MVP. Una inoportuna lesión le dejaría fuera de los Playoffs, y prueba de su enorme importancia, los Spurs caerían en primera ronda ante los Grizzlies después de quedar primeros y octavos respectivamente. Echaron mucho de menos a uno de los vértices del triángulo.

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Manu Ginobili conduce el balón en busca de la mejor opción (Foto: Fiba.com)
Manu Ginobili conduce el balón en busca de la mejor opción (Foto: Fiba.com)

En cualquier caso, este era el nuevo Ginobili. Un jugador menos explosivo pero con la veteranía y la experiencia suficiente como para manejar su energía y capacidades físicas con mucha inteligencia, apoyado por el correcto reparto de minutos que ha sabido dibujar Popovich. Un jugador muy astuto, que conoce los pequeños trucos del juego, con su sempiterno "eurostep" que tantos quebraderos de cabeza sigue dando a los defensas, y con una visión para el pase inigualable,  a la altura de la de cualquier jugador. Su rol en la cancha sigue siendo en esencia el mismo, pero ejecutado de distinta forma. Cuando sale a pista, se convierte en el verdadero base y director de orquesta aunque esta no sea su posición natural. Tácticamente, es el hijo pródigo del entrenador.

Las críticas, esas que tanto tiempo se habían resistido a llegar, finalmente aparecieron tras las Finales de 2013, cuando una regulera actuación de Manu y una pérdida clave en el séptimo y definitivo partido, provocaron que muchos dieran carpetazo a su carrera y sentenciaran su final como jugador importante. Este año, y herido en ese fiero orgullo de campeón, quiso demostrarle a sus detractores que estaban equivocados, y ha ayudado a comandar una redención de película tanto a nivel individual como colectivo. Ha jugado una serie por el título prodigiosa, a muy buen nivel, y la actuación en el quinto y definitivo partido nos retrotrae a lo que siempre fue Ginobili, su razón de ser como miembro de esta franquicia legendaria. Cuando los Spurs más sufrían en el primer cuarto, incapaces de comprar una canasta ante Miami, y cuando la diferencia se agrandaba de forma apabullante, el de Bahía Blanca salió para anotar dos triples, una bandeja, dar varias asistencias y enchufar a su equipo de nuevo en el partido. Este es Ginobili. Siempre lo fue.

Incluso nos regaló un espectacular mate sobre Chris Bosh que significó un flash-back de su versión más joven y exuberante. El propio jugador bromeaba sobre el asunto en la rueda de prensa posterior al encuentro.

"La última vez que lo intenté fui taponado por Caron Butler de forma humillante ante OKC, y mis compañeros se cachondearon bastante de mí. Incluso me hicieron prometerles que no volvería a intentarlo…y yo dije que si, que no lo volvería a intentar. Pero…ya sabes, con el calor de la batalla, con la adrenalina a tope y la situación…realmente no se qué ocurrió. Fui con todo y una vez que estaba en el aire pensé que tenía una oportunidad".

Un relajado toque humorístico que emana de un hombre sabedor de que ha cumplido. Ya no tiene nada que demostrar.

Manu Ginobili's Monster Drive and Poster Dunk

Su cuarto anillo como miembro de los San Antonio Spurs se une a un palmarés inabarcable que se resume en: una liga italiana, dos copas italianas, una euroliga; y una medalla de oro olímpica con Argentina en 2004. Amen de otra de bronce en 2008 y un subcampeonato del mundo en 2002. Simplemente brutal.

No es de extrañar que se viera a uno de sus hermanos, Leandro, visiblemente excitado en twitter tras su reciente triunfo. Es para estar orgulloso.

Ginobili cumplirá 37 años en Julio, y la retirada tendrá que llegar más pronto que tarde para desgracia de muchos, servidor incluido. Pero el legado que acumula ya ondea firmemente en el subconsciente de todo buen aficionado al baloncesto. El día que decida colgar las zapatillas, le esperará el Salón de la Fama con los brazos abiertos, y los Spurs retirarán su eterno dorsal 20. Es lo mínimo que se puede hacer por uno de los mejores extranjeros en la historia de la NBA, y posiblemente el mejor escolta no norteamericano que ha dado este deporte (y soy consciente del puntiagudo terreno que piso al decir esto, con un nombre tan venerado como el de Drazen Petrovic, aunque mentiría si dijera que no es mi intención provocar la chispa del debate).

Tal vez su final como jugador abra una etapa distinta, una también desde el banquillo pero esta vez vestido de traje. Desde luego, creo que le sobran cualidades para ello:

Manu Ginobili Draws up the Game Winner

Hace poco me comentaba un amigo argentino que Ginobili es el único motivo de que comenzara a ver baloncesto. Como su caso habrá millones en toda Argentina, y parte del extranjero inclusive.

¿Acaso hay otra forma mejor de ponderar la valía y la calidad de un deportista?

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Comentarios

Que decir de Manu como argentino. Un crack, en el Olimpò de los deportistas argentinos para siempre. Con el gran Diego Maradona, Vilas, Fangio, Monzon, Luciana Aymar. El basquetbol le debía un miembro a tal preciado grupo de notables. No va a ver otro igual. En la selección va a ser difícil de reemplazar por lo que hizo dentro y por lo que representa afuera de la cancha. Lo comparó con Jasikevicius en Lituania, los Gasol-cuando lo hagan- en el caso de España. Son jugadores irreemplazables, que dejan un vació muy lejos de llenar. Ojala siga carrera en los banquillos como asistente de Gregorio Popovic y quien te dice luego sea Director Técnico. Eso es solo un sueño. Saludos desde Argentina.

Para sacar un tema más de alabanza, resaltar su excelente condición física este final de temporada... a su edad. Este si que sabe cuidarse, y no Wade, casi cinco años más joven que Manu. Alucinante.

Salta a la cancha en el Game 5 de las Finals. Se relaja y suelta la matraca. Escaramuza por acá, escaramuza por allá. Me pareció ver a Coppi camino de Briançon, cuando ya nadie creía, cuando todo se olvida. La diferencia radica en que no somos agnósticos, no, somos manudistas, carajo!

Mi tributo en forma de estas letras, que no son mias, son de Mario Ferretti (1949), y que me he permitido la licencia de variar en su final:

"Un hombre solo al mando, su maillot es blanco y celeste. Su nombre, Emmanuel Ginobili".

Amigo, este post pasará a la posteridad de esta web (aunque he de decir que me puede el subjetivismo jeje...) Nunca me atreví a redactar algo sobre Ginobili. Ya no hace falta. Enhorabuena!

Vaya con Hubbie, no andaba desencaminao. Y eso que el propio Popovich descnocía al inicio de la capacidad defensiva de Manu. He aquí las palabras de Pop hace unos días:

"Creo que he aprendido a callar, y es probablemente ha sido gracias a Manu Ginóbili. Cuando llegó, pensaba en convertirlo en un pedazo de jugador. Pero después de 20 minutos me di cuenta que no me necesitaba para hacerlo. Ya era un pedazo de jugador. A veces, estar callado y dejar que el jugador juegue es mucho más importante que tratar de ser el señor entrenador e intentar enseñarle esto o lo otro"

No necesitó de este último titulo para ser Hall of Famer. Sin olvidar que si no es por el 7º partido en Detroit de Duncan hubiera sido MVP de aquellas Finals.

p.d: Con permiso de Javier Bógalo, pasen y disfruten: http://espndeportes.espn.go.com/news/story?id=2076658&s=bas&type...

Parece un poco imparcial tu artículo Javier, jajaja y no te culpo por ello pues Ginobili también es uno de mis jugadores favoritos.
No me extrañaría verle, una vez retirado, como asistente o fogueándose como entrenador en Argentina, aunque realmente creo que mientras siga entrenado Popovich a San Antonio deberían contar con Ginobili, Parker y Duncan como asistentes del mejor entrenador que he visto en los últimos 20 años, en la medida en que ellos estén dispuestos a ello y no a dedicar su tiempo a otros asuntos.

Claramente la palabra de define a Ginobili es GANADOR. Es imposible verle jugar y no caer hipnotizado por su estética y por esa mirada de determinación que hace temblar a los contrarios. Debería de ser obligatorio que los jóvenes aprendieran de Ginobili su pasión y competitividad por este deporte. Grande MANUDONA!!!

Evidentemente es un grandísimo jugador, en el quinteto de Mejores No Americanos en la NBA supera a Petrovic por una razón tan simple de 12 años en la NBA, títulos y trayectoria, que a Drazen le fue drásticamente cortada (Parker, Ginobili, Dirk, Pau Sabonis). Evidentemente son estilos distintos para un carácter ganador parecido, Drazen era el paradigma del tirador, mecánica, velocidad, solo puedo compararle con Regie Miller. Manudona es otra cosa, más versátil en el juego, más facetas, pero de impacto en cancha similar.
Los Ojos, esos que denotan el carácter de un jugador de baloncesto, y los de Manu te dicen que es más listo que el hambre, que te robará la cartera y si te descuidas los pantalones.
Sinceramente, lo de Hall of Fame, quizás le que quede aún lejos, lo siento.

Me acuerdo cuando vino al Palau con la Kinder, que entonces empezaban unos tales Navarro y Gasol...y se hablaba de duelo de talentos entre Juan Carlos y él. Y el repaso que le pegó Manu a JC fue de órdago. Con ello quiero decir no que JC no sea un grande de la historia, que lo es, sino que Ginobili ha estado y está a otro nivel. Un placer haberte podido ver, Manudona!