Solapas principales

Joe Hammond: la leyenda del streetball marcada por la droga

  • La droga impidió a la leyenda del streetball alcanzar la NBA
  • Hammond aplastó a Julius Erving en un partido callejero

Buceando en la historia se puede encontrar que existió un jugador capaz de no solo plantar cara a Julius Erving, sino de superarlo y hacerlo quedar mal en una pista de baloncesto. Un jugador que además renunció a jugar en Los Angeles Lakers porque simplemente vivía más cómodo siendo el héroe de Harlem y del baloncesto callejero. Un jugador del que siempre quedará esta duda: ¿Qué hubiese pasado si hubiese aceptado ir a la NBA y no hubiese caído en la droga?

Aunque apenas hay documentos gráficos que lo puedan verificar, mencionar a Joe “The Destroyer” Hammond es sacar a la luz el nombre de una de las mayores leyendas del baloncesto callejero de Nueva York. Un jugador diferente, veloz, e incluso altanero respecto al resto, porque era muy consciente de su superioridad. La NBA deseaba hacerse con sus servicios, pero simplemente se negaba. Era feliz con su vida, su baloncesto en las calles.

Sin embargo, el héroe del barrio también fue uno de los mayores traficantes de drogas de su época. Superior en las pistas, superior en los negocios oscuros. Los 60 y 70 siguieron siendo una época de discriminación y de dificultades para la población negra. Por muy buenos que fuesen en el deporte de la pelota naranja, seguían siendo mal vistos por la sociedad blanca americana, y el mundo de la droga era demasiado tentador como para resistirse. Era dinero fácil y sencillo, que al mismo tiempo truncaría muchas carreras.

Durante muchos años, Hammond fue el motivo por el que cientos de personas se acercaban a Rucker Park a ver baloncesto. Un jugador que no bajó ninguna noche de los 40 puntos. Una suerte de Semidios negro que no encontraba rival. Jugadores de instituto, universidad, profesionales… The Destroyer machacaba sin piedad a quién intentaba superarlo. Partidos con récords de 50, 60, 70… y hasta 82 puntos, la anotación más alta de su carrera. Inimitable.

Todo el mundo quería ser como él; desde los niños que esperaban crecer y ser igual de buenos jugando, a toda clase de mujeres que deseaban estar cerca para obtener ese gran estatus. Así, durante mucho tiempo fue el rey del barrio, respetado por absolutamente todo el mundo.

El partido frente a Julius Erving

Los Milbank Pros, con Hammond y Kirkland (otro gran traficante e igual de buen jugador de baloncesto) al mando, fueron un equipo temible. Siendo el polo opuesto al baloncesto de la NBA y la ABA, con ese espíritu y mentalidad de Harlem, gozaban de un gran reconocimiento por parte de los profesionales al ser rivales atípicos y muy duros. Era otro baloncesto, pero baloncesto después de todo.

Un torneo disputado en 1970 sería el momento en el que Rucker Park obtendría esa fama que hoy en día sigue viva cuando se piensa en el streetball. Los mejores jugadores de la ciudad frente a auténticos profesionales. El choque de dos culturas, de dos mundos muy diferentes. Todo ello plasmado en una final de vértigo entre Milbank y Westsiders, el equipo capitaneado por un Julius Erving todavía universitario, pero que ya era un jugador dominante.

joe_recorte.jpg

Joe Hammond en el periódico

Algo estaba mal. Algo fallaba. Hammond todavía no había hecho acto de presencia en el partido más importante de su carrera callejera. Mientras que los jugadores de Milbank intentaban retrasar todo lo posible el partido, el público comenzaba a desesperarse. Público que no se podía contar, ya que fueron miles las personas que se presentaron en los alrededores de Rucker Park para ver el partido. Subidos a árboles, coches, tejados, desde los edificios de alrededor… era el evento más importante en el barrio, y aunque nadie se lo iba a perder, Hammond llegaba tarde.

Aun queriendo comprender la situación, el partido tuvo que arrancar sin Joe. Erving hizo gala de su superioridad, y pronto se vieron con dos dígitos de ventaja. La cosa parecía resuelta, y el público seguía reclamando a Joe. Un partido en el que por fin dos mundos iban a colisionar, pudiendo decidir quien era mejor, estaba siendo bastante descafeinado porque la estrella y referencia de uno de los dos bandos no había llegado.

Entonces, casi en el descanso, Hammond apareció a lo grande. Una limusina aparcó en la gran avenida, y de ella bajó un jugador de 21 añitos y 1.93 que atrapó todas las miradas. Jóvenes, adultos, y ancianos salieron corriendo hacia la carretera, intentando llamar su atención. Sin éxito, los periodistas intentaron dar con la respuesta a por qué llegaba tan tarde a un partido tan especial. Simplemente se vistió de corto y se preparó para salir a jugar en la segunda mitad.

A partir de aquí lo que hay es historia del baloncesto callejero. Un partido que necesitó dos prórrogas para declarar un ganador. Mientras que Julius Erving lograría anotar 39 puntos y obtener el trofeo, Hammond se fue hasta los 50 puntos en una exhibición casi sin precedentes, levantando el MVP del torneo.

Tanto público como periodistas y jugadores estuvieron de acuerdo en que seguramente fue uno de los mejores partidos disputados en esas canchas, y el nivel de juego alcanzado por Joe esa tarde solo ha sido visto de nuevo en los momentos de trance de superestrellas como Larry Bird o Michael Jordan. No importó que los Westsiders pusieran primero a Scott y posteriormente a Erving para defenderle. Nadie pudo pararlo aquel día.

Aunque salió derrotado en aquella ocasión, Hammond demostró ante miles de personas que tenía potencial para jugar entre los mejores y ser incluso superior a ellos. Pero no solo eso. Puso a Rucker Park en el mapa, entre los mejores lugares donde ver baloncesto. El baloncesto callejero ya no era solo un pasatiempo o una vía de escape para muchos, sino que podía ser un lugar del que saliesen profesionales y de altísimo nivel.

El Hardship Draft y el rechazo a los Lakers

A partir de este torneo nada sería como antes. La fama de Hammond se disparó, y Rucker Park se transformó en un lugar de culto para muchos aficionados. Pero para Joe todo seguía igual: la única vida que conoció fue la de la droga (introducido en ese mundo por su tío desde que era un niño) y rehuía constantemente del mundo blanco y de sus leyes, ya que consideraba que no estaban hechas para él.

hammond_drugs.jpg

Recorte de Hammond y su relación con la droga

Gracias a varios de sus amigos acabó jugando en los Allentown Jets, con la excusa de matar el tiempo libre y alejarse de los suburbios que tantas desgracias le acabarían trayendo. Además, jugar bajo techo también era algo agradable, y eso que la CBA no se encontraba en su mejor momento durante los 70. Fue una época de suspensión de pagos, plantillas con muy pocos jugadores, y otras deficiencias, fruto de la ardua competición entre las varias ligas de baloncesto.

Su fama, combinada con el hecho de competir finalmente en un entorno profesional, fueron dos motivos lo suficientemente grandes como para atraer las miradas de ojeadores. No quería nada de eso, pero Hammond era muy bueno, y las franquicias mandaban scouts para observarlo. Sin embargo, Joe quería evitar a toda costa cambiar su barrio y su baloncesto por el de la NBA, y directamente no acudía a partidos en los que supiese que había observadores. La situación derivó en que los informes de los scouts estuviesen repletos de mentiras, ya que muchos no pudieron verlo en las canchas.

Aunque antes de lograr varios campeonatos con los Jets sí hubo un equipo en 1971 que insistió en la idea de hacerse con tan interesante jugador. Los Lakers de Bill Sharman tenían claro que Joe era la pieza clave que requería el equipo para llegar al máximo nivel. Un equipo que venía de jugar 3 finales, pero que había sido superado por los Bucks de Kareem y Robertson.

La franquicia de oro y púrpura lo eligió con el número 5 en el Hardship Draft, un draft alternativo de jugadores que no completaron sus estudios. Le ofrecieron 50.000$, una casa, un coche, y 3 años de contrato, mucho más que al resto de jugadores. Era la oportunidad ideal de llegar a la NBA. Pero no solo eso: aterrizar en un equipo ganador, con mucha historia, y que estaba a punto de volver a escribirla. Joe ignoró todo esto y lo dejo pasar.

Sharman y sus Lakers llegaron tarde. Para cuando quisieron draftear y sacar de Harlem a Joe, este ya tenía la vida resuelta. O al menos, así lo veía él mismo:

"Aquellos tipos debían pensar que le estaban ofreciendo el mundo a un miserable negro del guetto, pero yo no necesitaba para nada su dinero. Vendía droga y jugaba a los dados en la calle desde que tenía diez años. Con quince tenía una cuenta secreta de mi padre en el banco de unos 50 mil dólares y cuando los Lakers me hicieron la oferta tenía unos 200 mil pavos en mi apartamento. Yo ganaba miles de dólares vendiendo heroína, cocaína, 'crack' y marihuana. ¿Para qué necesitaba los 50 mil dólares de los Lakers? Lo único que hice fue decirles que yo merecía lo mismo que sus jugadores porque en realidad era mucho mejor que la mayoría de ellos, pero rechazaron pagarme más. Ellos no podían entender cómo un pordiosero podría estar regateándoles así y por supuesto tampoco yo les dije por qué"

Las últimas balas y la caída final

Una vez los Lakers renunciaron completamente a Hammond, casi por efecto dominó lo hizo el resto de las franquicias. Nadie quería a un jugador tan protagonista en el mundo de las drogas, y con un carácter tan conflictivo y decidido a renunciar a oportunidades como aquella. Mientras disfrutaba de una vida repleta de excesos de todo tipo, su futuro en el baloncesto estaba muriendo.

Los Nets de Erving lo intentarían en el 73 una última vez. Quizá, y solo quizá, juntando a Hammond con quien fue un rival al que respetaba de tan sagrada forma fuese el camino para separarlo de la droga y explotar todo ese talento que mostraba en las pistas de baloncesto. Con el tiempo, Lou Carnesseca (dueño de los Nets por aquel entonces) llegó a afirmar que de alguna forma Joe fue Magic antes de Magic, un jugador único… al que nunca se vería jugar en una competición de alto nivel, ya que rechazó otro contrato de 3 años

julius-erving-dunk-nets-archive.jpg

Hammond pudo coincidir con Erving en los Nets [Foto: NBA]

A partir de este momento inició su particular descenso a los infiernos. Ya había heredado el puesto de capo de su tío, y en los siguientes años combinaría ganar campeonatos con los Jets y quemar todo su dinero en mujeres, fiestas, y más drogas para consumo propio. Poco a poco se fue autodestruyendo, y pese a que la gente se aproximaba a él para felicitarle por sus hazañas y grandes jugadas, el baloncesto iba perdiendo importancia en su vida.

Con el paso de los años, las nuevas generaciones de jugadores de baloncesto y de traficantes le fueron sucediendo. Los primeros, aunque eran menos talentosos, sí eran más ágiles y físicos, mientras que los segundos eran más violentos y estaban más preparados para los duros tiempos que llegarían. Poco a poco Joe se fue quedando solo, y cuando el dinero se agotó quedó abandonado a su suerte.

Finalmente, las redadas antidroga de Reagan le alcanzaron. Pasaría más de una década en varias prisiones, y para cuando salió todo había acabado. No tenía a nadie, no tenía dinero, y solo le quedaba su tío, también machacado por la droga y sin dinero. Ambos vivieron unos cuantos años a base de pedir dinero y vender lo que encontraban por la calle. De aquellos años gloriosos, repletos de dinero y excentricidades, no quedaba más que un vago recuerdo.

En pleno 2020 es posible encontrar a Joe Hammond por las calles de Harlem, su barrio de toda la vida. Aunque hay muchas cosas de su vida que no se conocen, y otras tantas que ha afirmado que en caso de ser conocidas serían su sentencia de muerte, volvió al barrio sin sentirse demasiado culpable, queriendo cambiar poco a poco las cosas. Desde que salió de la cárcel se transformó en otra persona, y simplemente se centra en no cometer errores del pasado y llevar una vida tranquila.

Quién sabe lo que hubiese sido de este jugador en el caso de firmar con los Lakers en una época que le hubiese traído muchas alegrías. O más tarde con los Nets de Erving, donde también hubiese celebrado algún éxito. Es una de las preguntas más interesantes que nos podemos hacer hoy. Pero al final, él mismo sabe que Joe Hammond no sería Joe Hammond de no haber tenido esa vida. Porque como el mismo dijo

"Imagino que esa también es la madera de la que están hechas las leyendas ¿no?"

 

 

Sobre el autor

 
Antiguedad: 
6 meses 3 semanas
#contenidos: 
16
#Comentarios: 
40
Total lecturas: 
25,147