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Luis Scola charla con un compañero de selección

La actualidad en celeste y blanco

  • Julián Pérez, desde los difíciles tiempos que se viven en Argentina, nos habla de la situación de Manu Ginóbili, Andrés Noccioni y del futuro de Luis Scola bajo un código muy especial
Hace un tiempo, un amigo español me contaba el siguiente chiste: "¿Cuál es el mejor negocio para hacer con un argentino? Comprarlo por lo que vale y venderlo por lo que dice valer".

Debo confesarlo, el presente artículo no hará demasiado por terminar con ese estereotipo del argentino.

Es que esto del básquetbol es cosa seria. Tenemos a un muchacho al que ya nos atrevemos a comparar con Dios (por si alguien del otro lado del
Atlántico no lo sabe, Dios es argentino, nació en Villa Fiorito y fue campeón mundial en México '86). Si, Manu Ginóbili ha entrado por mérito propio en el Olimpo del deporte argentino.

¿Recuerdan a Ginóbili, no? Tal vez lo hayan visto en un evento que organizan los norteamericanos, llamado All Star o Juego de las Estrellas. Parece ser que allí se reúnen los mejores jugadores del mundo, y decidieron invitar al bahiense.

Esta temporada Manu le anotó 48 puntos en un partido a Phoenix Suns, equipo con el que los Spurs decidían el título de la Conferencia Oeste.
También terminó como máximo goleador de su equipo (22.8 puntos) en la serie de playoffs frente a Denver Nuggets. ¿Tim Duncan? Bien, gracias. El goleador fue Manu Ginóbili.

En la serie frente a Seattle Supersonics (semifinales de conferencia), tampoco se quedó atrás. En el quinto juego sumó 39 puntos: hacía 20 años que un "guardia" de los Spurs no anotaba esa cantidad de puntos en un partido de postemporada. El anterior había sido un tal George Gervin, cuya camiseta número 44 cuelga en el estadio de los Spurs.

Si esto fuera poco para el orgullo nacional argentino, Ginóbili no está solo en los Estados Unidos. Andres Nocioni lo acompaña.

El Chapu fue uno de los máximos responsables para que los Bulls regresen a los playoffs por primera vez luego del retiro de Michael Jordan. Dicen los que saben que la diferencia entre los buenos y los grandes jugadores se ve en los momentos definitivos. Nocioni promedió 8.4 puntos, 4.8 rebotes y 1.5 asistencias en 23.4 minutos durante la temporada regular. Nada mal, por cierto. Pero mejor es promediar 12.8 puntos, 8.2 rebotes y 2.3 asistencias en 33.7 minutos en los playoffs.

En su temporada de novato, Nocioni se dio el gusto de entrar en la historia de la NBA al terminar con 25 puntos y 18 rebotes (si, apenas supera los dos metros de estatura) en el primer partido de la serie frente a Washington Wizards.

De acuerdo, hay argentinos que triunfan en la NBA. ¿Pero que hay de Europa?

Hay, por ejemplo, un premio que otorgan en España al jugador más valioso de cada temporada. El famoso MVP, según sus siglas en inglés. Al parecer, ser argentino es un requisito ineludible para obtener tan preciado trofeo.

Deslumbró Walter Herrmann cuando lo obtuvo hace dos años. La temporada pasada fue Nocioni, antes de comenzar su ya comentada carrera en la NBA. Y este año fue el turno de alguien que también tiene futuro norteamericano: Luis Scola.

No descubro nada si digo que en España están disfrutando de los últimos juegos de Scola en vivo y en directo. Es que Luisito tiene que jugar en la NBA. Pertenece a ese mundo. Lidera al Tau que llegó al subcampeonato de la Euroliga (¿vieron que no somos perfectos? La podría haber ganado...) y que va en búsqueda de la ACB.

Ginóbili, Nocioni, Scola...¿que pasaría si jugaran juntos?. Ah, cierto, ya lo hicieron. Fue cuando ganaron la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Atenas. Y la de plata en el Mundial de Indianápolis. O las dos victorias sobre el Dream Team de Duncan, Iverson y compañía.

En fin, es cierto que los argentinos no somos nada humildes. Pero necesitamos disfrutar un poco, che. Ya bastantes problemas tenemos por aquí.


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